Monday, May 7, 2018

Retratos BÍblicos: JudÁ (2) By Julia Blum

Retratos BÍblicos: JudÁ (2)


Seguimos dibujando nuestro retrato bíblico —en estas páginas seguimos observando a Judá—. Hemos visto que al colocar la historia inmediatamente después de la venta de José, la Torá nos hace saber que las historias están conectadas. Antes de que el lector profundice en la saga de José y siga la transformación del carácter de José, la Escritura nos muestra la transformación del carácter de Judá. En el capítulo 37, en medio del horroroso crimen de los hermanos, somos testigos de la sorprendente autoridad que tenía la voz de Judá: fue de acuerdo a la sugerencia de Judá que José fuera vendido. Esta autoridad, don especial de Dios a la tribu de Judá, fue evidente incluso después, pero es aquí, en la historia de Judá y Tamar en el capítulo 38, que vemos realmente los frutos del trabajo de Dios en su corazón. La transformación de su corazón y de su carácter.
DOS HIJOS
Podríamos recordar que Judá se separó de sus hermanos y que el Midrash lo explica por el hecho de que sus hermanos culparon a Judá por la venta de José. Sin ver esta conexión entre las historias, el principio del capítulo 38 parece como algo desagradable. ¿Por qué la Torá de repente encuentra necesario contarnos sobre el matrimonio de Judá con cierta mujer cananea (incluso no se nos dice ni el nombre de ella, es “una hija de Súa”) y sobre el nacimiento de sus tres hijos de este matrimonio? Y entonces leemos:
6 Después Judá tomó mujer para su primogénito Er, la cual se llamaba Tamar. Y Er, el primogénito de Judá, fue malo ante los ojos de Jehová, y le quitó Jehová la vida. Entonces Judá dijo a Onán: Llégate a la mujer de tu hermano, y despósate con ella, y levanta descendencia a tu hermano. Y sabiendo Onán que la descendencia no había de ser suya, sucedía que cuando se llegaba a la mujer de su hermano, vertía en tierra, por no dar descendencia a su hermano. 10 Y desagradó en ojos de Jehová lo que hacía, y a él también le quitó la vida.[1]
Hagamos una pausa aquí. Normalmente vemos la historia como la historia de “Judá y Tamar” y olvidamos completamente la enorme tragedia que le sucedió a Judá. No hay palabras para expresar el pesar de un padre cuyos dos hijos mueren uno después del otro. Más aún, la Torá enfatiza que no murieron de muerte natural, sino que “Dios los mató” (וַיְמִתֵהוּ יְהוָֽה׃). Esta expresión es poco frecuente —rara vez la encontramos en la Torá—. ¿Qué pasaba aquí? ¿Era un castigo? ¿Había una conexión con la historia de José?
A través de toda la saga de José, descubrimos diferentes pistas que sugieren esta conexión. Por ejemplo, cuando más adelante leemos que a José le nacieron dos hijos en Egipto, la imagen viene a ser casi gráfica: Quien fue responsable del crimen, pierde a sus dos hijos, mientras que el que fue víctima del crimen, tiene dos hijos.
Incluso parece aun más claro cuando reflexionamos sobre las extrañas palabras de Rubén cuando intenta convencer a Jacob para que deje ir a Benjamín con ellos a Egipto: Y Rubén habló a su padre, diciendo: Harás morir a mis dos hijos, si no te lo devuelvo; entrégalo en mi mano, que yo lo devolveré a ti”.[2] Estas palabras suenan muy extrañas: después de todo, los hijos de Rubén son los nietos de Jacob —¿por qué mataría Jacob a sus dos nietos?—
Sin embargo, si a los ojos de los hermanos, la muerte de los dos hijos de Judá fue juicio y castigo de Dios por no traer de regreso a José, entonces podemos entender que Rubén en efecto, está diciendo: Yo te lo traeré de regreso —y si no, estoy preparado para pagar el precio—.
CONTEXTO LEGAL
Antes de ir más lejos, vamos a presentar algunos términos legales que nos ayudarán a entender mejor la situación. Según la ley levirata (del latín Levir, cuñado) un hermano estaba obligado a casarse con la viuda de su difunto hermano, y un hijo nacido de esa unión se le consideraba hijo del difunto. En hebreo, a tal unión se le llamaba yibum. Leemos esto en Deuteronomio:
Cuando hermanos habitaren juntos, y muriere alguno de ellos, y no tuviere hijo, la mujer del muerto no se casará fuera con hombre extraño; su cuñado se llegará a ella, y la tomará por su mujer, y hará con ella parentesco.[3]
Más tarde, el hermano podría rechazar el yibum, haciendo una declaración pública mediante la ceremonia de chalitzah (Deuteronomio 25:5-10). Sin embargo, en épocas anteriores, el yibum probablemente no podía ser evitado: un hombre estaba obligado a casarse con la viuda de su hermano. Así pues, cuando Er, el primogénito de Judá, murió sin hijos, el segundo hijo de Judá, Onán, debía casarse con Tamar por la ley de yibum. Cuando el SEÑOR le arrebató también la vida, de acuerdo con la ley levirata, el tercer hijo de Judá, Sela (cuyo verdadero nombre שלה significa “de ella”), debía casarse con Tamar. Judá conocía su responsabilidad en entregar su tercer hijo a Tamar, e intenta evitarlo. Y Judá dijo a Tamar su nuera: Quédate viuda en casa de tu padre, hasta que crezca Sela mi hijo; porque dijo: No sea que muera él también como sus hermanos. [4]
Judá no quiere que Sela se case con Tamar, y piensa que si Tamar es enviada fuera del hogar, la obligación de Sela de casarse con ella vendría a ser menos apremiante conforme pasara el tiempo. Como resultado, él deja a Tamar “aguna”, עגונה, literalmente “anclada” o “encadenada” —un término halájico para una mujer judía que está “encadenada” a su matrimonio—. El ejemplo clásico es un hombre que marcha de viaje y no ha regresado, o bien ha ido a la guerra y está desaparecido. Una aguna no tiene marido —aún así, ella no puede casarse con otro hombre, sin importar el tiempo que ha transcurrido desde que se convirtió en aguna por primera vez—. La situación de aguna es extremadamente difícil —y eso es lo que debemos tener en mente en cuanto entramos en la parte más intrigante de la historia—.

Continuará…
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[1] Génesis 38: 6-10
[2] Génesis 42:37
[3] Deuteronomio 25:5
[4] Génesis 38:11


Saturday, May 5, 2018

Papa Francisco en Tor Vergata - 50 Aniversario del Camino Neocatecumenal - Aciprensa

5 de mayo de 2018 5:40 am | ÚLTIMA ACTUALIZACIÓN HOY 8:15 am

El Papa se reúne con 150 mil miembros del Camino Neocatecumenal en su 50 aniversario

Redacción ACI Prensa


El Papa Francisco y Kiko Argüello. Foto: Daniel Ibáñez / ACI Prensa
El Papa Francisco y Kiko Argüello. Foto: Daniel Ibáñez / ACI Prensa
Con motivo del 50 aniversario de la llegada a Roma del Camino Neocatecumenal, el Papa Francisco se reunió con 150 mil personas en el campus universitario de Tor Vergata, Roma, este sábado 5 de mayo, en un encuentro internacional en el que han participado fieles de 135 países.
En el encuentro, en el que participó el iniciador, Kiko Argüello, y Cardenales y Obispos de todo el mundo, el Santo Padre hizo el envío de 36 nuevas missio ad gentes que evangelizarán en zonas secularizadas o con poca presencia de la Iglesia.
En su discurso ante los congregados, el Papa llamó la atención sobre la importancia del número 50 en la Biblia: “Al quincuagésimo día el Espíritu del Resucitado descendió sobre los apóstoles y manifestó la Iglesia al mundo”.
Además, en otro lugar de la Biblia se dice que “el quincuagésimo año será para vosotros un jubileo”. Es decir, continuó el Papa, “un año santo en el cual el pueblo elegido habría tocado con la mano una realidad nueva, como la liberación y el regreso de los oprimidos a casa”.
Por lo tanto, “después de estos 50 años de Camino sería bello que cada uno de vosotros dijese: ‘Gracias, Señor, porque realmente me has liberado; porque en la Iglesia he encontrado a mi familia; porque en tu Bautismo las cosas viejas han pasado y disfruto de una vida nueva; porque por medio del Camino me has marcado el sendero para descubrir tu amor tierno de Padre’”.
En el acto central del Encuentro, los participantes cantaron el “Te Deum” dando las gracias a Dios por su amor y fidelidad. “Es muy bello eso –señaló Francisco–: agradecer a Dios por su amor y por su fidelidad”.
“Con frecuencia le damos las gracias por sus dones, por aquello que nos da, y está bien. Pero es todavía mejor darle las gracias por aquello que es, porque Dios es fiel en el amor”.
El Papa recordó que la bondad de Dios “no depende de nosotros. Hagamos lo que hagamos, Dios continúa amándonos fielmente”.
El objetivo de la misión
A continuación, el Obispo de Roma se dirigió a las 34 nuevas missio ad gentes y les recordó que “la misión es dar aquello que hemos recibido. La misión es cumplir el mandato de Jesús que hemos escuchado: ‘Id y haced discípulos en todos los pueblos’”.
En primer lugar, el Papa reflexionó sobre el significado del verbo “ir”. “Es el verbo de la misión”, destacó. Además, subrayó el hecho de que Jesús lo conjugaba en plural. “El Señor no dice ‘ve tú, y luego tú…’. Él dice ‘id’, ¡juntos! El que va solo no es plenamente misionero, sino el que camina junto a otros”.
“Caminar juntos es un arte que se debe aprender a lo largo de toda la vida. Debemos tener cuidado, por ejemplo, de no pisar el paso de los demás. Más bien debemos acompañar y esperar, recordando que el camino de los demás no es idéntico al mío”.
A continuación, Jesús dijo “haced discípulos”. “Esa es la misión”, subrayó el Pontífice. “No dice: conquistad, ocupad, sino ‘haced discípulos’, es decir, compartid con los demás el don que habéis recibido, el encuentro de amor que os ha cambiado la vida”.
“Ese es el corazón de la misión: dar testimonio de que Dios nos ama y de que con Él es posible el verdadero amor, aquel que nos lleva a regalar nuestra vida en todo lugar, en la familia, en el trabajo, como consagrados, como esposos”.
El Papa continuó: “La misión es hacerse discípulos con los nuevos discípulos de Jesús. Es redescubrirse parte de una Iglesia discípula. Cierto, la Iglesia es maestra, pero no puede ser maestra si antes no es discípula, así como no se puede ser madre si antes no se es hija. Así es nuestra Madre: una Iglesia humilde, hija del Padre y discípula del Maestro, feliz de ser hermana de la humanidad”.
Por último, Francisco señaló que cuando Jesús habla de hacer discípulos en todos los pueblos “es necesario subrayar que en su corazón hay sitio para todos los pueblos. Ninguno queda excluido. Como los hijos para un padre y una madre, incluso aunque se sean muchos, grandes y pequeños, cada uno es amado con todo el corazón. Porque el amor, entregándose, no disminuye, aumenta”.
“Id así en misión, pensando en ‘jugar en casa’. Porque el Señor es de casa en todo pueblo y su Espíritu ya se ha sembrado antes de vuestra llegada. Pensando en nuestro Padre, que tanto ama el mundo, sed apasionados de humanidad. Amad la cultura y las tradiciones de los pueblos, sin aplicar modelos preestablecidos”.
El Papa terminó recordando a los miembros del Camino que “vuestro carisma es un gran regalo de Dios para la Iglesia de nuestro tiempo. Demos gracias a Dios por estos cincuenta años”.
Además de las 34 nuevas missio ad gentes, el Santo Padre también envió 20 comunidades de las parroquias de Roma –que han concluido esta iniciación cristiana– a otras de la periferia de la ciudad cuyos párrocos han solicitado su ayuda para llamar a los alejados de la fe.
 En el encuentro también se recordó de manera especial a Carmen Hernández, co-iniciadora del Camino Neocatecumenal junto a Kiko, fallecida el 19 de julio de 2016.

Friday, May 4, 2018

Retratos Biblicos - Judá 1 - Julia Blum


Retratos BÍblicos: JudÁ (1)
By Julia Blum - abril 11, 2018
¿POR QUÉ JUDÁ?
Muy pronto el Estado de Israel celebrará el 70º aniversario (El Día de la Independencia en Israel se celebra siempre de acuerdo con el calendario judío, y este año se celebrará muy pronto, el 18-19 de abril). En un principio planeé escribir algo especial en este post sobre el Estado de Israel, pero me di cuenta de que probablemente ustedes saben tanto como yo al respecto y aunque no fuese así, existen muchísimos artículos sobre Israel en Internet, especialmente en esta feliz ocasión. Pero como saben, este es un blog de Estudios Bíblicos —y personalmente me sentí dirigida a comentar algo sobre el Judá bíblico—.
Sí, Judá del libro de Génesis, el hijo de Jacob y hermano de José. Podrían preguntarse, ¿por qué Judá? ¿Qué tiene que ver Judá con el aniversario de Israel? Más adelante, en la Biblia, Judá viene a representar el reino del sur, cuya capital es Jerusalén, mientras que Israel era el nombre del reino del norte. A primera vista, el retrato bíblico que vamos a describir aquí, parece no estar conectado del todo con el 70º aniversario de Israel. Aún así, todos sabemos que el Rey David —quien es el símbolo del Israel Unido y el prototipo y símbolo de Mesías— fue descendiente de Judá. El libro de Samuel lo deja muy claro, Dios otorga Su unción, para siempre, en la línea monárquica que proviene de la tribu de Judá en la persona del Rey David. Y Jesús, quien es designado como ‘Hijo de David’, también es descendiente de Judá. Por eso, el retrato de Judá tiene mucho que ver, tanto con Israel como con la fe cristiana. Cuando los israelitas cantan “David Melech Israel”  (David es el Rey de Israel) todo comenzó con Judá. Y cuando leemos en Apocalipsis sobre el “León de la tribu de Judá”, también comenzó con Judá.
¿Alguna vez se han preguntado por qué? ¿Por qué fue Judá —cuya debilidad, incluso pecados, están tan claramente revelados en el libro de Génesis, tanto en la historia de José como en la historia de Tamar— quien fue honrado con ese extraordinario privilegio? Más aún, si sabemos que la tribu de Judá estaba destinada a tener este honor único —traer al Rey David y también a Jesús— ¿cómo conectamos los puntos entre este glorioso destino y la cuestionable conducta de Judá en el libro de Génesis? Y, una vez más, ¿qué tiene que ver todo esto con el 70º aniversario de Israel?
Vayamos a solucionarlo. ¿Quién fue Judá y qué sabemos de él?
EL COMIENZO
Empecemos por el principio —desde el nacimiento de Judá—. Cuando Lea dio a luz a su cuarto hijo, ella dijo: “Esta vez alabaré a Jehová; por esto llamó su nombre Judá”. En inglés, por supuesto, no vemos una conexión: Creo que esto es una de las mayores pérdidas que tenemos cuando leemos únicamente nuestra Biblia traducida —el significado de los nombres hebreos se pierden completamente en la traducción—. Las traducciones y adaptaciones no cambian simplemente el significado original, sino que hacen que el nombre no tenga sentido. A menos que dediquemos tiempo y volvamos al hebreo, los nombres bíblicos de las personas y lugares en la traducción continuarán del todo sin conexión con los puntos originales de referencia y con las ideas enterradas en el mismo texto. Las palabras de conexión: “por cuanto” o “y” o “así pues” parecen sin sentido alguno en estos casos —como en Génesis 3:20  “Y llamó Adán el nombre de su mujer, Eva, por cuanto ella era madre de todos los vivientes” o en Génesis 25:26 “Después salió su hermano, trabada su mano al calcañar de Esaú; y fue llamado su nombre Jacob”. Sin embargo, cuando leemos las Escrituras en Hebreo, las conexiones son evidentes —y esto está completamente claro en el nombre de Judá—: el verbo lehodot (להודות) significa agradecer o alabar y el nombre hebreo de JudáYehudah (יהודה), es el nombre formado por la raíz Y-D-H (ידה), “agradecer o “alabar”.
Por eso, el nombre hebreo de Judá, Yehudah (יהודה), puede traducirse literalmente como acción de gracias—y esto es algo que muchos de los lectores de la Biblia conocen (incluso aquellos que no saben hebreo) —. Esta es también la primera, y muy importante, lección del nombre de Judá: necesitamos agradecer al Señor para que podamos ser parte de Su plan y de Su historia, y para atraer Sus bendiciones sobre nuestros descendientes. Sin embargo, hay algo más que podemos aprender de este nombre, pero para poderlo hacerlo, necesitamos ir más allá.
LA HISTORIA MÁS OLVIDADA EN EL LIBRO DE GÉNESIS
Justo después de que José fuese vendido por sus hermanos en Génesis 37, leemos la historia de Judá y Tamar en Génesis 38. Efectivamente, esta historia rompe el flujo de la narrativa de José en lugar de seguir contándonos como fue la ida de José a Egipto, la Torá encuentra que es necesario interrumpirla con la historia de Judá. Leemos cómo Judá se separa de sus hermanos (y nos preguntamos ¿por qué?), de su matrimonio, de la muerte de sus hijos, de la seducción de Tamar, y del clímax de la historia —la confesión de Judá—. A simple vista, esta historia no está conectada en modo alguno con la venta de José, y su posición en el texto parece fortuita y extraña. He estado enseñando esta lección por varios años hasta hoy, y cada vez que pregunto a mis estudiantes: Por favor, ¿pueden explicar por qué la historia de Judá fue colocada en medio de la saga de José? ¿Por qué se interrumpe la historia de José? Hasta hoy, no he recibido ninguna respuesta a estas preguntas.
El capítulo 38 abre con estas palabras “Aconteció en aquel tiempo”. Este comienzo ya insinúa alguna conexión entre la narrativa previa y lo que estamos a punto de leer: esta expresión es usada comúnmente para indicar conexiones, tanto cronológicas como temáticas. Entonces leemos “que Judá se apartó de sus hermanos”.
¿Por qué Judá se marchó?
Volvamos a la historia de la venta. ¿Se han dado cuenta que la voz de Judá fue absolutamente decisiva en esta historia? Mientras Rubén tenía buenas intenciones (pero fue incapaz de llevarlas adelante), es de acuerdo con lo sugerido por Judá que el destino de José fue decidido y vendido. Incluso en medio de este terrible crimen, somos testigos de la sorprendente autoridad de Judá por primera vez (y definitivamente no la última) en la saga de José. Como veremos más adelante, el corazón de Judá cambiará, su carácter será transformado —pero esta increíble autoridad, el maravilloso don de Dios a esta tribu, estará siempre con él—.
Y aquí también encontramos una explicación de por qué él marchó: leemos en un midrash que los hermanos culparon a Judá y dijeron: “tú sugeriste que vendiésemos a José, y nosotros te seguimos. Si hubieras sugerido que dejásemos libre a José, también te hubiéramos seguido. Esa es la razón por la “que Judá se apartó de sus hermanos”.
Continuará…

Ref: https://blog.israelbiblicalstudies.com/es/jewish-studies/retratos-biblicos-juda-1/

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Con mucho agradecimiento y cariño,
Noel y Silvia
"La Porciúncula"
Guatemala 

Wednesday, May 2, 2018

Nuestra porción... Rav Yehonatan Gefen


Emor(Levítico 21-24)

Nuestra porción en el Olam Habá - Rav Yehonatan Gefen
La porción de la Torá termina con la dolorosa historia del hijo de un hombre egipcio y una mujer judía, que cometió el grave pecado de blasfemia y, como resultado, fue severamente castigado. El episodio comienza con las palabras “el hijo de una mujer israelita salió, y era el hijo de un hombre egipcio, entre los hijos de Israel…” (1).
Las fuentes rabínicas y los comentaristas señalan que el significado de la palabra “salió” no es claro; ¿de dónde salió? Rashi, citando el Midrash, explica que la Torá nos dice que “salió de su Olam (mundo)” (2). Los comentaristas explican que esto significa que, con el terrible pecado que cometió, resignó a su porción en el Olam Habá. El Taz, en su comentario a la Torá, enfatiza el uso del lenguaje “su mundo”, en lugar de “el mundo”. Dice: “La explicación parece ser que, desde el día de su nacimiento, todo miembro del pueblo judío está conectado al Mundo Superior (Olam Habá) en un lugar sagrado. Pero, cuando peca, deja ese lugar al cual estaba conectado, por lo que se dice que ‘salió’ (3).
Esta explicación nos da un importante entendimiento de la perspectiva de la Torá respecto al tema de ‘recompensa y castigo’ en el Olam Habá. Podría pensarse que, en este mundo, una persona no tiene una conexión intrínseca con el Olam Habá, mientras que, cuando muere y asciende, recibe premios por las mitzvot que hizo y pierde cosas por sus pecados. La recompensa del Olam Habá se considera su “premio”, al igual que una persona recolecta su premio después de ganar una rifa. El Taz nos muestra que no es así, sino que, desde su nacimiento, un judío está intrínsecamente conectado al Olam Habá. ¿Cuál es la raíz de esta conexión? Obviamente, su alma. Al realizar mitzvot, alimenta su alma y, por lo tanto, mejora la naturaleza del Olam Habá al cual está conectado. Al pecar, daña su alma y, por ende, pierde ciertos elementos de su Olam Habá. Sin teshuvá (arrepentimiento), tiene que ir al Gueinom para limpiarse de las impurezas que el pecado generó en su alma (4). El pecado del mekalel fue tan grande que perdió su Olam Habá. Así, vemos de aquí que la recompensa y el castigo en el mundo venidero no son arbitrarios, sino que una persona crea su propio Olam Habá, o la ausencia del mismo (5).
Hay una segunda enseñanza importante que puede aprenderse del Taz. Algunas religiones creen que las personas son intrínsecamente malvadas por el pecado de Adam, y que uno debe dejar atrás esa condición de mal inherente. Vemos del Taz que lo opuesto es verdad. Somos intrínsecamente buenos y sagrados; estamos conectados al Olam Habá. Nuestra tarea es no perder nuestra conexión inherente, cuidando así nuestra porción.
Esta idea es citada por la Mishná en Sanhedrín que declara: “Todo judío tiene una porción en el Mundo Venidero…” (6). Los comentaristas preguntan si es cierto que todo judío tiene Olam Habá. De hecho, ¡la Mishná continúa enumerando las personas que no tienen Olam Habá! La respuesta es que la Mishná no dice que toda persona termine recibiendo Olam Haba, sino que todos tienen una porción, y depende de ellos conservarla y desarrollarla. Si desatienden su tarea, corren riesgo de perderla, como fue el caso de las personas mencionadas en la Mishná.
Para entender mejor la Mishná, puede utilizarse una analogía sobre la posesión de tierra. La “porción” descrita aquí es como un lote de tierra: cada persona hereda un lote de tierra árida. Depende de ella cuidar el lote y plantar para producir granos saludables. Si, al final de su tenencia, el grano se desarrolló bien, puede cosechar la recompensa de su arduo trabajo. Sin embargo, si no atiende el grano, quedará subdesarrollado y, peor aún, si lo maltrata arrojándole, por ejemplo, peligrosos químicos, lo dañará. Al final de su tenencia, quedará con un lote inútil de tierra.
Entonces, todos nacemos con una elevada alma que es nuestra conexión con el Olam Habá. Si una persona observa la Torá y las mitzvot, elevará su alma para que ésta, después de la muerte, sea un recipiente adecuado para disfrutar las maravillas espirituales del Olam Habá. Pero, si desatiende y daña su alma, quedará tan mancillado que no podrá beneficiarse del Olam Habá, y esa alma deberá atravesar el doloroso proceso del Gueinom para poder entrar al Olam Habá (7).
Vimos cómo cada judío tiene una conexión inherente al Olam Habá y cómo la forma en que nos conducimos en este mundo determinará la naturaleza de nuestra porción en el Mundo Venidero.
Hay una lección práctica muy importante que debería derivarse de este conocimiento. El iétzer hará (inclinación negativa) puede decirle a una persona que, incluso si actúa mal, Dios perdonará fácilmente sus transgresiones y así evitará consecuencias negativas sin necesidad de hacer teshuvá. Sin embargo, este entendimiento es completamente incorrecto. Cuando una persona peca conscientemente, daña automáticamente su alma; no es cuestión de que Dios lo perdone o no, sino que Dios generó un sistema en el que las acciones de la persona tienen consecuencias espirituales naturales. Entonces, así como en el mundo físico se entiende que ciertas acciones generan un gran daño (como saltar desde un acantilado), lo mismo es cierto para el mundo espiritual. Sólo la teshuvá puede rectificar el daño hecho por el pecado (8).
Que todos ameritemos cuidar nuestra porción en el Olam Habá de la mejor manera posible.


Notas:
(1) Vaikrá, 24:10.
(2) Rashi, Vaikrá, 24:10, en nombre de Vaikrá Rabá, Emor, 32:3.
(3) Dibrei David, citado en Talelei Orot, 24:10.
(4) El tema de la naturaleza del Gueinom y su objetivo está más allá del alcance de este ensayo. Es suficiente con decir que la idea no judía del Infierno no tiene ningún parecido con la descripción de Gueinom de la Torá. En breve, a pesar de su naturaleza claramente incómoda, el Gueinom tiene la función beneficiosa de limpiar a una persona hasta el punto en que ya pueda entrar al Olam Habá y beneficiarse del mismo.
(5) El Etz Yosef sobre el Midrash nota que es evidente que el mekalel no hizo teshuvá de su pecado, él aprende esto del hecho que el Midrash dice que perdió su Olam Habá.
(6) Sanhedrín, Pérek Jélek, 90a. También es la Mishná que se encuentra en el comienzo de cada capítulo de Pirkei Avot.
(7) El Jafetz Jaim usó una analogía muy similar para explicar la Mishná. Se encuentra en Mishel Avot, Volumen 1 p. 6.
(8) Debería señalarse también que la teshuvá de quien peca con la intención de hacer teshuvá después del pecado no es aceptada. Es perdonado sólo si peca por debilidad y luego se arrepiente genuinamente de sus acciones.
8/5/2017