Friday, October 4, 2019

DEBEMOS SER SENCILLOS, HUMILDES Y PUROS - San Francisco de Asís - 4/10/2019


4 de octubre

SAN FRANCISCO DE ASÍS. (MEMORIA)
Nació en Asís el año 1182; después de una juventud frívola, se convirtió, renunció a los bienes paternos y se entregó de lleno a Dios. Abrazó la pobreza y vivió una vida evangélica, predicando a todos el amor de Dios. Dio a sus seguidores unas sabias normas, que luego fueron aprobadas por la Santa Sede. Inició también una nueva orden de monjas y un grupo de penitentes que vivían en el mundo, así como la predicación entre los infieles. Murió el año 1226.


SEGUNDA LECTURA

De las Cartas de san Francisco de Asís, dirigidas a todos los fieles
(Opúsculos, edición Quaracchi [Florencia], 1949, 87-94)

DEBEMOS SER SENCILLOS, HUMILDES Y PUROS

La venida al mundo del Verbo del Padre, tan digno, tan santo y tan glorioso, fue anunciada por el Padre altísimo, por boca de su santo arcángel Gabriel, a la santa y gloriosa Virgen María, de cuyo seno recibió una auténtica naturaleza humana, frágil como la nuestra. Él, siendo rico sobre toda ponderación, quiso elegir la pobreza, junto con su santísima madre. Y, al acercarse su pasión, celebró la Pascua con sus discípulos. Luego oró al Padre, diciendo: Padre mío, si es posible, que pase de mi este cáliz.

Sin embargo, sometió su voluntad a la del Padre. Y la voluntad del Padre fue que su Hijo bendito y glorioso, a quien entregó por nosotros y que nació por nosotros, se ofreciese a sí mismo como sacrificio y víctima en el ara de la cruz, con su propia sangre, no por sí mismo, por quien han sido hechas todas las cosas, sino por nuestros pecados, dejándonos un ejemplo para que sigamos sus huellas. Y quiere que todos nos salvemos por él y lo recibamos con puro corazón y cuerpo casto.

¡Qué dichosos y benditos son los que aman al Señor y cumplen lo que dice el mismo Señor en el Evangelio: Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma y a tu prójimo como a ti mismo! Amemos, pues, a Dios y adoremoslo con puro corazón y con mente pura, ya que él nos hace saber cuál es su mayor deseo, cuando dice: Los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad. Porque todos los que lo adoran deben adorarlo en espíritu y en verdad. Y dirijámosle, día y noche, nuestra alabanza y oración, diciendo: Padre nuestro, que estás en el cielo; porque debemos orar siempre y no desfallecer jamás.

Procuremos, además, dar frutos de verdadero arrepentimiento. Y amemos al prójimo como a nosotros mismos. Tengamos caridad y humildad y demos limosna, ya que ésta lava las almas de la inmundicia del pecado. En efecto, los hombres pierden todo lo que dejan en este mundo; tan sólo se llevan consigo el premio de su caridad y las limosnas que practicaron, por las cuales recibirán del Señor la recompensa y una digna remuneración.

No debemos ser sabios y prudentes según la carne, sino más bien sencillos, humildes y puros. Nunca debemos desear estar por encima de los demás, sino, al contrarío, debemos, a ejemplo del Señor, vivir como servidores y sumisos a toda humana creatura, movidos por el amor de Dios. El Espíritu del Señor reposará sobre los que así obren y perseveren hasta el fin, y los convertirá en el lugar de su estancia y su morada, y serán hijos del Padre celestial, cuyas obras imitan; ellos son los esposos, los hermanos y las madres de nuestro Señor Jesucristo.

RESPONSORIO Mt 5, 3-4. 6

R. Dichosos los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos . * Dichosos los sufridos, porque ellos heredarán la tierra.
V. Dichosos los que tienen hambre y sed de ser justos, porque ellos quedarán saciados.
R. Dichosos los sufridos, porque ellos heredarán la tierra.

ORACIÓN.

OREMOS,
Señor Dios, que en el pobre y humilde Francisco de Asís has dado a tu Iglesia una imagen viva de Jesucristo, haz que nosotros, siguiendo su ejemplo, imitemos a tu Hijo y vivamos, como este santo, unidos a ti en el gozo del amor. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.
Amén


Thursday, October 3, 2019

Espíritu Santo - verdadero animador de la misión - Papa Francisco -GAUDIUMPRESS - 2 octubre 2019

Papa habla del Espíritu Santo como verdadero animador de la misión
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2 de Octubre de 2019 
 
 
Ciudad del Vaticano (Miércoles, 02-10-2019, Gaudium Press) En la Audiencia General de hoy miércoles, cuando el Papa continúa a reflexionar sobre el texto de los Hechos de los Apóstoles, el turno fue para el encuentro del diácono Felipe con el tesorero de la Reina de Etiopía.
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"Después del martirio de Esteban se desató en Jerusalén una violenta persecución contra la Iglesia, muchos cristianos tuvieron que dejar la ciudad y se dispersaron por Judea y Samaría. Esa persecución en lugar de detener la evangelización, la impulsó. Así lo observamos en el testimonio del diácono Felipe que fue a evangelizar las ciudades de Samaría, donde el anuncio de la Palabra estaba acompañado por muchos signos de liberación y curaciones", dijo el Pontífice.
El Espíritu Santo inspiró al diácono Felipe a encontrar a un etíope eunuco y que además era prosélito judío, funcionario etíope, que con el corazón abierto a Dios, leía un trecho de Isaías: Felipe se acerca a la carroza y le pregunta: "¿Comprendes lo que estás leyendo?». El etíope responde: «¿Cómo lo puedo entender, si nadie me lo explica?»".
Era un hombre poderoso, seguramente rico, "pero humilde", que "reconoce que necesita ser guiado para comprender la Palabra de Dios".
Palabra de Dios que nos invita a "ir más allá de los propios límites para encontrar a Dios y conformarse a Cristo, que es la Palabra viva del Padre".
"El diálogo entre Felipe y ese hombre, que reconoció no entender la Palabra de Dios, nos dice que no es suficiente leer la Escritura, ya que la clave para entenderla se encuentra en Jesús, Palabra encarnada del Padre, que con su misterio pascual le da pleno sentido. El encuentro con Felipe impulsó al etíope a pedirle el Bautismo; al recibirlo lo convirtió en un hombre nuevo y lo marcó con «el sello» de la alegría del Espíritu Santo, fuente de esperanza para su camino", dijo el Papa.
Felipe también iba movido por el Espíritu Santo: "El protagonista de la evangelización pues, es el Espíritu Santo y ¿cuál es el signo de que tú, cristiana, cristiano, eres un evangelizador? La alegría. También en el martirio. Y Felipe lleno de alegría fue a otra parte a predicar el Evangelio".
Predicación que comúnmente llevaba unida la persecución. Sin embargo, "la persecución, en lugar de apagar el fuego de la evangelización, lo alimenta aún más". Siempre bajo el soplo del Espíritu Santo.
Con información de Vatican News
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Wednesday, October 2, 2019

Festividad de los Angeles Custodios - beatajuanadeaza - 2 octubre 2017

Hoy celebra la Iglesia la festividad de los ángeles custodios.

Santos ángeles custodios

Hoy celebra la Iglesia la festividad de los ángeles custodios.

En primer lugar recordemos que la existencia de los ángeles es un dogma de fe definido en varias ocasiones: Credo Niceno y Credo Constantinopolitano y más explícitamente, en el IV Concilio Lateranense, cuya doctrina es recuperada por el Concilio Vaticano I.

El elemento más característico de la doctrina bíblica sobre los ángeles, está constituido, sin duda alguna, por su estrecha relación con el género humano. Su mismo nombre en griego (άγγελοι), significa “mensajero” e indica perfectamente que ésta es su misión. Pero, en las Sagradas Escrituras, los ángeles no aparecen sólo como simples mensajeros, sino como verdaderos ayudantes del hombre, que acuden a su rescate cuando éste lo necesita. Algo similar a lo que es un socorrista en una playa o en una piscina.

En la Biblia existen numerosas citas: Dios ordena a los ángeles que custodien al hombre justo durante toda su vida: “Porque Él te encomendó a sus ángeles para que te cuiden en todos tus caminos” (Salmo 90, 11); “El ángel del Señor acampa en torno de sus fieles y los libra” (Salmo 33, 8). Mediante la realización de una serie de milagros, el ángel Rafael protege al joven Tobías (leer el Libro de Tobías) e incluso San Pablo nos dice que los ángeles son espíritus al servicio de Dios, enviados para favorecer nuestra salvación: ¿No son todos ellos espíritus ministradores, enviados para servicio a favor de los que serán herederos de la salvación?” (Hebreos, 1, 14)

Asimismo, los Santos Padres resaltan en numerosas ocasiones la misión de los ángeles en la ayudar a los hombres. Dice Orígenes:También está presente en la predicación eclesiástica, que algunos ángeles de Dios utilizan sus poderes para servirle, conduciendo a los hombres hacia su salvación” (De Principiis”, 1). Esta misma doctrina es apoyada por San Juan Crisóstomo en su comentario a la Epístola a los Hebreos.

Aunque el magisterio de la Iglesia no ha declarado como verdad de fe “que Dios se sirva de los ángeles para conseguir la salvación de los hombres”, sin embargo, en numerosas ocasiones, en los textos litúrgicos se hace mención a esta actividad angélica. Como dice Santo Tomás de Aquino en su “Summa Theologica”, la Providencia ha dispuesto que los hombres seamos guiados por seres que no están sometidos a los cambios propios de una realidad inferior, como es la realidad humana. Los ángeles no sólo acuden esporádicamente en ayuda de los hombres, sino que se puede afirmar que cada hombre tiene a su lado un ángel que lo protege; es lo que llamamos un ángel custodio” o “un ángel de la guarda”. En el evangelio de Mateo tenemos una prueba: “Mirad, no menospreciéis a uno solo de estos pequeños, porque os digo que sus ángeles en los cielos ven siempre el rostro de mi Padre” (Mateo, 18, 10). Por eso, la doctrina comúnmente aceptada admite que todos los hombres, aun los que no lleguen a salvarse, tienen un ángel protector.

Resultado de imagen para San BasilioAlgunos Padres de la Iglesia, como San Basilio, sólo asignaban un ángel custodio a quienes permanecían fieles, pero sin embargo, San Juan Crisóstomo hablaba de la protección de los ángeles a favor de todos los hombres: “Toda alma, desde su nacimiento, tiene un ángel que la cuide”. Incluso siglos más tarde, San Bernardo – sobre quien escribimos el pasado mes – en su obra “De Consideratione” nos habla sobre este tema. La doctrina de los Santos Padres se recoge en la liturgia, estando la oración “Ángel de Dios” beneficiada con multitud de indulgencias: “Ángel de Dios, que eres mi custodio, pues la bondad divina me ha encomendado a ti, ilumíname, guárdame, defiéndeme y gobiérname. Amén”.

Según Santo Tomás, no puede descartarse que el hombre reciba de su ángel una comunicación directa. “Un ser superior puede iluminar a un ser inferior presentándole la verdad según su propia actitud, pero el ángel no puede iluminar al hombre de tal modo que su intelecto no pueda percibir lo inteligible de la verdad desnuda, sino solamente un pensamiento representado de manera sensible” (Doctrina que sobre la “Iluminación” da Santo Tomás al Pseudo-Dionisio). Y lo mismo dice refiriéndose a la voluntad: “El ángel no puede cambiar la inclinación de la voluntad humana; esto sólo pertenece a Dios, en cuanto es causa de la voluntad y de su inclinación al objetivo humano. El ángel no tiene acceso a las facultades espirituales del intelecto humano ni a la voluntad del hombre; sólo Dios puede suscitar un pensamiento en nuestro intelecto o cambiar directamente nuestra voluntad”. Esto lo decía Santo Tomás de Aquino, aunque yo no pienso exactamente igual que él, ya que Dios nos ha dotado de un libre albedrío que siempre respeta, como no puede ser de otra manera. La voluntad del hombre siempre permanece libre para consentir o para resistirse a las tentaciones.

Con este lenguaje, que hoy nos parece anticuado como he dicho anteriormente, Santo Tomás afirma que los ángeles actúan en nosotros a través de impresiones sobre “los espíritus y los humores”. Llevando este pensamiento a la manera de expresarnos actualmente, diríamos que Santo Tomás afirma que los ángeles “conmueven el sistema nervioso, actuando sobre nuestro cerebro e, indirectamente, provocando ideas en nuestro intelecto”. El proceso cognoscitivo humano se inicia en los sentidos externos para concluir en el intelecto, por lo que nuestro ángel, actuando sobre nosotros, puede dejar de lado la primera etapa y activar nuestros sentimientos internos directamente y, a través de estos, a nuestro intelecto. Está claro que sobre estas ideas tienen mucho que decir quienes han estudiado psicología.

Por tanto, el ángel custodio ha de iniciar en el hombre que está bajo su protección un buen sentimiento que sólo la libre voluntad humana podrá proseguir por sí misma, aunque esta realidad no disminuye la influencia de nuestro ángel sobre cada uno de nosotros. El ángel puede neutralizar las influencias peligrosas, ayudarnos a calmar nuestros instintos e incluso a rechazar las insinuaciones maliciosas a las que podamos vernos sometidos.

Las Sagradas Escrituras hablan también de otras tareas llevadas a cabo por los ángeles, como por ejemplo, ofrecer a Dios nuestras plegarias y nuestros sacrificios (Tobías, 12, 12; Apocalipsis, 5, 8 y 8, 3-4), de las que hacemos mención en el Canon de la Misa: “Supplices te rogamus, omnipotens Deus, iube haec perferri per manus sancti Angeli tui in sublime altare tuum, in conspectu divinae maiestatis tuae; ut quotquot ex hac altaris participatione sacrosanctum Filii tui Corpus et Sanguinem sumpserimus, omni benedictione caelesti et gratia repleamur. Per Christum Dominum nostrum. Amen”.

Las Sagradas Escrituras también nos sugieren la idea de que determinados pueblos y naciones tienen sus ángeles protectores: “El Príncipe del reino de Persia me opuso resistencia durante veintiún días, pero Miguel, uno de los primeros Príncipes, ha venido en mi ayuda. Yo lo dejé allí, junto al Príncipe de los reyes de Persia” (Daniel, 10, 13). Los Santos Padres ven en el “Príncipe del reino de los persas”, al ángel tutelar de aquel pueblo.

Es también comúnmente aceptado que, al igual que los hombres y los pueblos, la Iglesia Universal y las iglesias locales tienen sus ángeles protectores. Es posible extender esta vigilancia o tutela especial a otras realidades particulares e incluso a las sociedades civiles y religiosas, en tanto en cuanto existen valores naturales y sobrenaturales que deben ser protegidos por estos seres celestiales. Quiero terminar este breve artículo con una oración que nos enseñaron desde niño y que, aunque ahora nos parezca una ñoñería, no por eso dejamos de enseñársela a nuestros hijos: Ángel de mi guarda, dulce compañía. No me desampares ni de noche ni de día. Si me desamparas, ¿qué será de mí? Ángel de mi guarda, ruega a Dios por mí.

Fuente: preguntasantoral.es

Santos Ángeles Custodios – 

Santos Ángeles Custodios – Santo del dia 02 de Octubre


 

Ángeles Custodios


 

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Tuesday, October 1, 2019

EN El CORAZÓN DE LA IGLESIA, YO SERÉ El AMOR - Santa Teresa del Niño Jesus


1 de octubre



SANTA TERESA DEL NIÑO JESÚS. (MEMORIA)

Nació en Alençon (Francia), el año 1873. Siendo aún muy joven, ingresó en el monasterio de carmelitas de Lisieux, ejercitándose sobre todo en la humildad, la sencillez evangélica y la confianza en Dios, virtudes que se esforzó en inculcar, de palabra y de obra, en las novicias. Murió el día 30 de septiembre del año 1897, ofreciendo su vida por la salvación de las almas y por el incremento de la Iglesia.


SEGUNDA LECTURA

De la Narración de la vida de santa Teresa del Niño Jesús, virgen, escrita por ella misma
(« Manuscrits autobiographiques», Lisieux 1957, 227-229)

EN El CORAZÓN DE LA IGLESIA, YO SERÉ El AMOR

Teniendo un deseo inmenso del martirio, acudí a las cartas de san Pablo, para tratar de hallar una respuesta. Mis ojos dieron casualmente con los capítulos doce y trece de la primera carta a los Corintios, y en el primero de ellos leí que no todos pueden ser al mismo tiempo apóstoles, profetas y doctores, que la Iglesia consta de diversos miembros y que el ojo no puede ser al mismo tiempo mano. Una respuesta bien clara, ciertamente, pero no suficiente para satisfacer mis deseos y darme la paz.

Continué leyendo sin desanimarme, y encontré esta consoladora exhortación: Aspirad a los dones más excelentes; yo quiero mostraros un camino todavía mucho mejor. El Apóstol, en efecto, hace notar cómo los mayores dones sin la caridad no son nada y cómo esta misma caridad es el mejor camino para llegar a Dios de un modo seguro. Por fin había hallado la tranquilidad.

Al contemplar el cuerpo místico de la Iglesia, no me había reconocido á mi misma en ninguno de los miembros que san Pablo enumera, sino que lo que yo deseaba era más bien verme en todos ellos. En la caridad descubrí el quicio de mi vocación. Entendí que la Iglesia tiene un cuerpo resultante de la unión de varios miembros, pero que en este cuerpo no falta el más necesario y noble de ellos: entendí que la Iglesia tiene un corazón y que este corazón está ardiendo en amor. Entendí que sólo el amor es el que impulsa a obrar a los miembros de la Iglesia y que, si faltase este amor, ni los apóstoles anunciarían ya el Evangelio, ni los mártires derramarían su sangre. Reconocí claramente y me convencí de que el amor encierra en sí todas las vocaciones, que el amor lo es todo, que abarca todos los tiempos y lugares, en una palabra, que el amor es eterno.

Entonces, llena de una alegría desbordante, exclamé:

«Oh Jesús, amor mío, por fin he encontrado mi vocación: mi vocación es el amor. Sí, he hallado mi propio lugar en la Iglesia, y este lugar es el que tú me has señalado, Dios mío. En el corazón de la Iglesia, que es mi madre, yo seré el amor; de este modo lo seré todo y mi deseo se verá colmado.»

RESPONSORIO Cf. Sal 20,4; cf. Jb 31, 18; cf. Ef 3, 18; Sal 30, 20

R. Te adelantaste, Señor, a bendecirme con tu amor, el cual fue creciendo conmigo desde mi infancia; * y aun ahora no alcanzo a comprender la profundidad de tu amor.
V. ¡Qué bondad tan grande, Señor, reservas para tus fieles!
R. y aun ahora no alcanzo a comprender la profundidad de tu amor.

ORACIÓN.

OREMOS,
Dios y Padre nuestro, que abres las puertas de tu reino a los pequeños y a los humildes, haz que sigamos confiadamente el camino de sencillez que siguió santa Teresa del Niño Jesús, para que, por su intercesión, también nosotros lleguemos a descubrir aquella gloria que permanece escondida a los sabios y a los prudentes según el mundo. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.
Amén