Saturday, May 9, 2020

Comentario del Santo Evangelio del domingo, 10 de mayo de 2020

Comentario al Evangelio del 

Fernando Torres cmf

Somos linaje elegido, nación consagrada, pueblo de Dios
      Está avanzado ya el tiempo de Pascua y conviene que los cristianos tengamos una idea clara de nuestra identidad más profunda. A veces, de tanto caminar por los días de diario y los trabajos de cada cual, se nos olvida que hemos sido elegidos como portaestandartes de una bandera que no es sólo para nosotros sino para toda la humanidad. En Cristo Jesús resucitado somos todos sacerdotes que celebramos la acción de gracias por la salvación que Dios ha regalado al mundo. Así es como construimos el reino de Dios. Porque los sacrificios que ofrecemos no son como los de la Antigua Alianza –holocaustos de carneros y toros– sino la entrega de nuestras vidas al servicio del Reino de Dios, comprometidos en formar ya aquí la familia de Dios, donde reina la verdad, el amor y la justicia. 
      Eso es lo que los cristianos somos por nuestro Bautismo. El desafío está en llegar a ser en la vida real lo que ya somos en la presencia de Dios. Nuestra llamada consiste en llevar a la práctica de cada día ese amor con el que Dios nos amó en Jesús y que nos transformó en “pueblo elegido y nación consagrada”. Para llegar a nuestra meta, el evangelio de hoy nos muestra el camino: el mismo Jesús que dice de sí mismo que es “el Camino, la Verdad y la Vida”. A los apóstoles les costó comprender que mucho más importante que aprender unas verdades era seguir a Jesús. Les costó comprender que no se trataba de aprender teología sino de encontrarse con Jesús y dejarle que fuese el guía que les llevase hasta el Reino del Padre. No había más camino que seguir sus huellas. Hoy nos tenemos que decir lo mismo: ser cristiano es seguir las huellas de Jesús, comportarnos como él lo haría, amar a nuestros hermanos y hermanas hasta darlo todo, como él hizo. 
      Hacer eso en la vida cotidiana no siempre es fácil. Hoy enfrentamos problemas y situaciones que no tienen nada que ver con las que enfrentaron Jesús o los apóstoles. Pero ése es precisamente nuestro desafío: encontrar soluciones creativas, en línea con el Reino, a los problemas que nos encontremos. Como hicieron los apóstoles en la primitiva iglesia, al ver que un grupo de la comunidad, las viudas de los “griegos”, no recibían la atención que debían. Inmediatamente solucionaron el problema creando un grupo que las atendiese: los diáconos. Así tenemos que ejercer nuestro seguimiento de Jesús: tratando de ofrecer soluciones a los problemas que nos encontramos, preguntándonos siempre: ¿qué haría Jesús en una situación como ésta? Y dejándonos llevar por el Espíritu. Hasta encontrar las formas y los modos concretos que nos lleven a expresar de la forma más eficaz posible el amor por los hermanos y hermanas, especialmente por los más necesitados. 

Para la reflexión
      ¿Hay personas en nuestra parroquia, comunidad o familia que se quedan sin atender, que sufren sin que nadie les haga caso ni ayude? ¿Qué podemos hacer para estar cerca de ellos y aliviar sus sufrimientos? ¿No es ésa la mejor forma de seguir a Jesús, camino, verdad y vida?

Thursday, May 7, 2020

El impacto de las pequeñas acciones - Emor (Levítico 21-24) por Rav Elisha Coffman

El impacto de las pequeñas acciones

Emor (Levítico 21-24)



El impacto de las pequeñas acciones



Enseñanzas sobre crecimiento personal basadas en la parashá de la semana.

Serán santos a su Dios y no profanarán el Nombre de su Dios…” (Vaikrá 21:6).
Esta parashá habla acerca de la obligación de los cohanim de conservar su santidad y la necesidad de “Serán santos a su Dios” más que el resto del pueblo de Israel. La parashá anterior habló de la obligación de cada judío de ser santo, pero los cohanim tienen una obligación adicional de buscar y conservar esa santidad mayor que la que Dios le otorgó al resto del pueblo.
Sin embargo, es curioso que Dios les haya pedido a los cohanim en un mismo versículo algo tan elevado como ser santos e, inmediatamente después, prohibirles algo tan obvio y bajo como no profanar el Nombre de Dios. Rav Yaakov Neiman formula y responde esta pregunta1 señalando que si uno no busca la santidad, uno simultáneamente está a punto de profanar el Nombre de Dios.
Esta idea aparece también en el segundo párrafo que leemos en el Shemá: “He aquí que si obedecen Mis preceptos que Yo les ordeno hoy, de amar a Hashem su Dios, y de servirlo con todo su corazón y con toda su alma, entonces Yo proporcionaré lluvia para su Tierra en su momento propicio, las primeras y las últimas lluvias, para que puedas cosechar tus granos, tu vino y tu aceite. Proporcionaré hierbas en tu campo para tus vacunos y comerás y te saciarás. Sean precavidos, para que su corazón no sea seducido y se desvíen y sirvan a otros dioses y se inclinen ante ellos” (Devarim 11:13-16). En otras palabras, debemos amar a Dios y ser precavidos de nos servir a otros dioses: si no amamos a Dios, corremos el riesgo de servir a otros dioses.
Aparentemente la idea no tiene sentido, pero los sabios nos dicen: “Esta es la manera de actuar de la inclinación al mal: te incita a hacer esto y después lo otro hasta que te incita a adorar ídolos”2. Esto también explica por qué en la lectura de la Torá de Iom Kipur en la tarde leemos los versículos de las relaciones prohibidas: si uno no aprovecha Iom Kipur y se une a Dios, puede eventualmente violar inclusive las prohibiciones más severas.
No debemos menospreciar el impacto de los pequeños actos que poco a poco moldean nuestra personalidad. De hecho, no hay acto inocuo en la vida. Cada acto que llevamos a cabo, minúsculo o impactante, deja huella en la personalidad. Tomemos por ejemplo manejar un automóvil por algunos minutos: ¿corriges tu egoísmo al ceder el paso ante los peatones o lo fomentas al no hacerlo?3. Uno no permanece igual inclusive después de hacer algo tan aparentemente insignificante como trasladarse de un lugar a otro en automóvil.
Cada acto deja un impacto. Si no estamos en un camino que busca santificar el Nombre de Dios, muy posiblemente estamos en un camino que eventualmente lo profanará.

1 En Darké Musar sobre esta parashá.
2 Shabat 105b.
3 Ejemplo de Rav Aryeh Leib Malin, antiguo Rosh Yeshiva de Beis haTalmud en Nueva York.


147
SHARES


Tuesday, May 5, 2020

SÉ SACRIFICIO Y SACERDOTE PARA DIOS De los Sermones de san Pedro Crisólogo, obispo

SEGUNDA LECTURA
De los Sermones de san Pedro Crisólogo, obispo
(Sermón 108: PL 52, 499-500)
SÉ SACRIFICIO Y SACERDOTE PARA DIOS
Os exhorto por la misericordia de Dios. Pablo, o, mejor dicho, Dios por boca de Pablo, nos exhorta porque prefiere ser amado antes que temido. Nos exhorta porque prefiere ser padre antes que Señor. Nos exhorta Dios, por su misericordia, para que no tenga que castigarnos por su rigor.

Oye lo que dice el Señor: «Ved, ved en mí vuestro propio cuerpo, vuestros miembros, vuestras entrañas, vuestros huesos, vuestra sangre. Y si teméis lo que es de Dios, ¿por qué no amáis lo que es también vuestro? Si rehuís al que es Señor, ¿por qué no recurrís al que es padre?

Quizás os avergüence la magnitud de mis sufrimientos, de los que vosotros habéis sido la causa. No temáis. La cruz, más que herirme a mí, hirió a la muerte. Estos clavos, más que infligirme dolor, fijan en mí un amor más grande hacia vosotros. Estas heridas, más que hacerme gemir, os introducen más profundamente en mi interior. La extensión de mi cuerpo en la cruz, más que aumentar mi sufrimiento, sirve para prepararos un regazo más amplio. La efusión de mi sangre, más que una pérdida para mí, es el precio de vuestra redención.

Venid, pues, volved a mí, y comprobaréis que soy padre, al ver cómo devuelvo bien por mal, amor por injurias, tan gran caridad por tan graves heridas.»

Pero oigamos ya qué es lo que nos pide el Apóstol: Os exhorto -dice-, por la misericordia de Dios, a presentar vuestros cuerpos. Este ruego del Apóstol promueve a todos los hombres a la altísima dignidad del sacerdocio. A presentar vuestros cuerpos como hostia viva.

Inaudito ministerio del sacerdocio cristiano: el hombre es a la vez víctima y sacerdote; el hombre no ha de buscar fuera de sí qué ofrecer a Dios, sino que aporta consigo, en su misma persona, lo que ha de sacrificar a Dios; la víctima y el sacerdote permanecen inalterados; la víctima es inmolada y continúa viva, y el sacerdote oficiante no puede matarla.

Admirable sacrificio, en el que se ofrece el cuerpo sin que sea destruido, y la sangre sin que sea derramada. Os exhorto -dice-, por la misericordia de Dios, a presentar vuestros cuerpos como hostia viva.

Este sacrificio, hermanos, es semejante al de Cristo, quien inmoló su cuerpo vivo por la vida del mundo: él hizo realmente de su cuerpo una hostia viva, ya que fue muerto y ahora vive. Esta víctima admirable pagó su tributo a la muerte, pero permanece viva, después de haber castigado a la muerte. Por esta razón, los mártires nacen al morir, su fin significa el principio, al matarlos se les dio la vida, y ahora brillan en el cielo, cuando se pensaba haberlos suprimido en la tierra.

Os exhorto -dice-, por la misericordia de Dios, a presentar vuestros cuerpos como hostia viva, santa. Es lo que había cantado el profeta: No quisiste sacrificios ni ofrendas, pero me has preparado un cuerpo.

Sé, pues, oh hombre, sacrificio y sacerdote para Dios; no pierdas lo que te ha sido dado por el poder de Dios; revístete de la vestidura de santidad, cíñete el cíngulo de la castidad; sea Cristo el casco de protección para tu cabeza; que la cruz se mantenga en tu frente como una defensa; pon sobre tu pecho el misterio del conocimiento de Dios; haz que arda continuamente el incienso aromático de tu oración; empuña la espada del Espíritu; haz de tu corazón un altar; y así, puesta en Dios tu confianza, lleva tu cuerpo al sacrificio.

Lo que pide Dios es la fe, no la muerte; tiene sed de tu buena intención, no de sangre; se satisface con la buena voluntad, no con matanzas.
RESPONSORIO    Ap 5, 9. 10
R. Eres digno, Señor, de tomar el libro y abrir sus sellos, porque fuiste degollado * y por tu sangre nos compraste para Dios. Aleluya.V. Has hecho de nosotros para nuestro Dios un reino de sacerdotes.R. Y por tu sangre nos compraste para Dios. Aleluya.
ORACIÓN.
OREMOS,
Dios todopoderoso, concédenos que la celebración de las fiestas de Cristo resucitado aumente en nosotros la alegría de saber que estamos salvados. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.
Amén

Monday, May 4, 2020

Propone en Francia misas y oratorios en casa - Gaudium Press 4/5/2020

Como en los primeros tiempos de la Iglesia: sacerdote propone en Francia misas y oratorios en casa

El P. François-Maria Léthel, consultor de la Congregación para las Causas de los Santos, afirma que lo “más urgente es poder dar la comunión a los fieles”.
París (30/04/2020 17:29, Gaudium Press) Ante la negativa del gobierno francés de retomar el culto en las iglesias al menos hasta antes del 2 de junio, las iniciativas para proporcionar la eucaristía a los fieles empiezan a pulular. Una de ellas es la del P. François-Maria Léthel, carmelita descalzo y consultor de la Congregación para las Causas de los Santos.
No perdamos tiempo luchando con los gobiernos. Lo más urgente es poder dar la comunión a los fieles. En comunión eclesial y en un diálogo confiante y abierto entre obispos, sacerdotes y laicos, es preciso buscar, explorar e inventar todas las vías posibles para dar Jesús Eucaristía a todos, también fuera de la celebración de la misa y de los lugares de culto, como se hace por los enfermos”, expresa el carmelita.
Propuestas concretas
“Se podría así dar ampliamente a los sacerdotes el permiso de celebrar eucaristías domésticas en las casas de los fieles, para llegar hasta las familias, también con el permiso de guardar la Presencia Eucarística en esas casas seguras, recordando que ya en el pasado, familias cristianas tenían el permiso excepcional de un oratorio. Así sería posibles para esas familias y sus vecinos vivir en conjunto la adoración eucarística, la celebración de la Palabra y la comunión”, dice el P. Léthel.
Recuerda el sacerdote que en los tres primeros siglos de la Iglesia – tiempos de persecución – la vida sacramental no estaba ligada a lugares de culto determinados: “Antes de Constantino, se celebraba en casas privadas, particularmente en aquellas de las grandes damas romanas. Si hoy el gobierno impide la celebración en las iglesias, nada nos prohíbe celebrar la misa en las familias, e incluso en las familias ampliadas (parientes, amigos, vecinos…)”.
Nuevas misiones para los ministros de la Eucaristía
Las anteriores propuestas darían pie a un visión ampliada y renovada de los ministros de la eucaristía. Estos, en el pensamiento del P. Léthel “deberían ser ahora más numerosos, con una formación acelerada y adaptada a la nueva situación. Cada vez más fieles son ya bien preparados para ello. (…) Ellos están listos para llevar la comunión pero también para guardar la eucaristía la casa. Los sacerdotes deben simplemente confiar esta misión a cristianos serios que ellos conozcan, nada más”.
Comunión espiritual – comunión sacramental: la voz de los santos
Reconoce el carmelita los beneficios de en estos días invitar a través de los medios a realizar la comunión espiritual, “pero esta comunión espiritual no reemplaza la comunión real. Hay hoy una gran necesidad de dar la comunión a los fieles fuera de la misa. Hay urgencia. El pueblo de Dios no debe quedar mucho tiempo en esta situación”.
Recuerda en sus declaraciones a Famille Chrétienne el sacerdote carmelita el gran aprecio de santos por la comunión sacramental frecuente, como Santa Teresita del Niño Jesús, la co-patrona de Europa Santa Catalina de Siena o el Venerable vietnamita Monseñor Vant Thuan, quien “desde el inicio de su detención en las prisiones comunistas vietnamitas, había logrado tener un poco de vino en un frasco de ‘medicamentos contra el mal de estómago’, con pequeñas hostias escondidas. Él podía pues celebrar la misa cada día con tres gotas de vino en la palma de la mano y un fragmento de hostia en la otra. Él celebraba totalmente solo durante el periodo de aislamiento. ¡Qué ejemplo! Los santos tienen este amor de la eucaristía que ellos consideran como la más grande unión con Dios en Jesucristo”.
Y concluye el sacerdote recordando la encíclica Mysterium fidei, de Pablo VI, texto muy importante sobre la devoción eucarística, donde se trata de la necesidad del cristiano del acceso a Jesús sacramentado.

Monday, April 27, 2020

Amor conyugal en tiempos de covid-19 - Bonifacio Fernandez, cmf - Martes, 21 de abril de 2020

Amor conyugal en tiempos de covid-19

Bonifacio Fernandez, cmf - 
La pandemia que estamos sufriendo, entre otras muchas cosas, nos mete por los ojos la fragilidad de nuestra condición humana personal, social y política.  Pone palmariamente de manifiesto las heridas más hondas de nuestra condición humanas: su finitud y contingencia. El número de contagios y de muertes nos muestra insistentemente cada día que estamos amenazados de muerte, que nuestros seres más queridos pueden ser los enemigos de nuestra vida. Se generaliza la sospecha de que incluso el más cercano puede ser un “apestado”.
Esa fragilidad radical la grita cada uno de los enfermos y los fallecidos. Es un grito ensordecedor. Constituye una potente advertencia global que nos recuerda que no somos autosuficientes, que no estamos seguros y no podemos vivir disimulando la condición humana precaria, pero llamada a la plenitud. Todas las personas humanas somos seres de necesidades y deseos. Nacemos menesterosos.  Las necesidades tienen dos dimensiones fundamentales: son carencia y son potencia, ausencia y anhelo. La carencia la podemos caracterizar como una herida. Implica dolor; anhela y requiere curación. Como toda herida se va curando en una lucha por la regeneración de las células. Al mismo tiempo, todos llevamos la “cicatriz umbilical”. Nos muestra que venimos de otros, que hemos nacido, que la relación nos constituye como personas. Y una relación que nos remite más allá de nosotros mismos. Es el sello de nuestro origen y de nuestro destino. Y también del camino. Las profundas carencias con las que todos nacemos, podemos reducirlas a tres, siguiendo el conocido poema de Miguel Hernández: La del amor, la de la vida, la de la muerte.
La vida matrimonial, por su parte, es una forma específica de vivir en relación. El amor conyugal es la esencia de esa relación. Pero se vive con esas tres heridas abiertas. En el momento de romance, las tres quedan como disimuladas. Da la impresión de que el amor llena del todo la vida y supera la soledad y la muerte, es un enamoramiento que durará para siempre. Pero ellas siguen ahí año tras año a lo largo de la vida.
  1. La herida del amor
La realidad personal y viva del matrimonio es la relación de amor. Tiene sus tiempos de génesis, de crecimiento y maduración. Es un amor conyugal, es decir, que une; que expresa el deseo de unión en el ejercicio de la afectividad, la ternura, la sexualidad. Es un don de sí mismo/a al otro, inspirado por la totalidad, la intimidad y la incondicionalidad.  Pero tiene que correr el camino de la superación de la condicionalidad, del do ut des, te doy si me das. La actitud mercantil de dar y exigir el 50% alivia la carencia, y nada más, no cura la herida del amor. Es persistente la herida en forma de egoísmo, de limitación, de temporalidad. El deseo insaciable sigue estando ahí; la carencia sigue haciéndose notar como se hacen notar el hambre y la sed en nuestro cuerpo. La herida del amor se cura con la experiencia de la gratuidad, del amor incondicional. Te quiero porque te quiero. Esa experiencia, sin embargo, parece que sólo se da como un aperitivo en esta tierra. Nos remite al amor que es Dios mismo, siempre gratuito, íntimo e incondicional.
  1. La herida de la vida
La herida de la vida busca curación a través de la comunicación. La soledad, la incomunicación, la precariedad terminan secando las motivaciones de la existencia. El deseo de vivir plenamente se expresa en la búsqueda de compañeros de camino que estimulen a encontrar el verdadero rumbo de la vida, el rumbo que conduce hacia la felicidad. Sentir la pasión por ser feliz haciendo feliz a otra persona es ya una manera de experimentar la propia satisfacción. Ser abierto y transparente es una manera de intentar curar la propia soledad. Compartir el territorio de la propia intimidad con el cónyuge forma parte de esa búsqueda de unión y pertenencia, de ser dos en una sola carne. Acontece, sin embargo, que la herida de la vida inclina a esperar que sea el otro el que te haga feliz. La herida de la vida se traduce en la espera de recibir la compañía y pertenencia que palíe la soledad, las dudas sobre sí mismo y los temores. Que el cónyuge te haga vivir, vibrar, más allá del desgaste y de la limitación, no te exime de la responsabilidad de gestionar activamente tu vida. Ello implica asumir que la herida de la soledad sigue estando ahí. Y duele. Y no termina de cicatrizar. Y sigue estando ahí la herida de la vulnerabilidad y fragilidad de la misma vida. Las amenazas sibilinas del covid-19 acechan cada día sobre la pertenencia conyugal y la relación interpersonal.
  1. La herida de la muerte
La herida de la muerte se hace visible como amenaza: puede acabar con todos los sueños y todos los planes en cualquier momento. Puede truncar la relación amorosa, por muy intensa y gratificante que sea. El covid-19 nos lo hace terriblemente patente cada día. Estamos amenazados de muerte. Estos días lo sentimos masivamente. La muerte describe un gran interrogante sobre la vida y su sentido.  La verdad es que la vida quiere prolongación, expansión. Busca la curación de la herida de la muerte en las múltiples formas de fecundidad, como pueden ser, las obras de arte, el descubrimiento científico, la puesta en marcha de una empresa cultural, económica etc... También la paternidad y la maternidad van en este se sentido. Por eso tienen tan gran atractivo. Se trata de una lucha contra la muerte en medio de la vida; implica la superación personal.  El sueño de vida conyugal es una gran apuesta contra la mortalidad de la muerte.  Amar para siempre, continuar el apellido en los hijos y en los nietos, dejar una huella en la vida social que no se olvide, ser reconocido y recordado, son aspiraciones que constituyen potentes motores en la lucha contra la herida de la muerte.
Amar a alguien es decirle: tú no morirás para siempre. La gran esperanza de la resurrección y la vida eterna traerá la curación definitiva de las tres heridas. Es la buena noticia para el matrimonio.

Saturday, April 25, 2020

De como unos que iban a Emaús volvieron a Jerusalén - Fernando Torres cmf

Comentario al Evangelio del 

Fernando Torres cmf

De como unos que iban a Emaús volvieron a Jerusalén
      Para todo cristiano que quiera vivir seriamente su fe, Emaús ha sido en algún momento de su vida el destino de sus pasos. ¿Quién no ha sentido el fracaso en su vida? ¿Quién no ha tenido la tentación de dejarlo todo y de buscar otros caminos? Son muchas las razones que nos han podido llevar a querer abandonar, a dejar Jerusalén, para buscarnos un lugar más cómodo y menos comprometido para vivir. Pero, y ésa es también una experiencia común, de algún modo en el camino de Emaús nos hemos encontrado con el Señor, hemos sentido que nuestro corazón ardía con su Palabra y le hemos terminado reconociendo al partir el pan. Y hemos vuelto a Jerusalén. 
      La historia de los discípulos que, desesperanzados, dejan Jerusalén y se vuelven a sus casas es nuestra historia. Cada uno podría contar su propia experiencia. Las veces que hemos experimentado el desamor, el egoísmo, incluso la traición, y totalmente abatidos hemos pensado que lo mejor era abandonar, retirarnos, dejarlo todo. Nos hemos dicho: “¡Qué luchen los otros, yo ya he tenido bastante!” Pero también podemos contar cómo en ese mismo camino del abandono, del dejarlo todo, nos hemos encontrado con la fuerza que nos ha invitado a empezar de nuevo, a volver a Jerusalén y creer que, con la ayuda del Señor, todo es posible. Muchos matrimonios han vuelto así a vivir con renovada ilusión su amor, muchos cristianos han descubierto de esa manera la fuerza y el poder de la oración, muchos que no esperaban ya nada de la vida se han levantado y han vuelto a caminar.
      El camino de Jerusalén a Emaús y de Emaús a Jerusalén es, pues, nuestro mismo camino. Pero hay algunos elementos en este relato que nos pueden ayudar a reconocer mejor a Jesús en nuestros próximos Emaús –los momentos de abandono, de huida, de pocos ánimos–, que vendrán. Primero, hay que estar atentos a los caminantes desconocidos. En ellos, puede estar presente el Señor. De ellos nos puede llegar la Palabra que ilumine nuestro corazón, que lo haga arder con nueva ilusión. 
      Segundo, la Eucaristía es el momento privilegiado para reconocer al Señor y descubrir el sentido de nuestra vida como cristianos. En torno al altar nos sabemos hermanos que compartimos el mismo pan. No en vano el momento de partir el pan fue cuando a los discípulos se les abrieron los ojos y lo reconocieron. ¿No tenemos muchos de nosotros una experiencia parecida de la Eucaristía?
      Y, tercero, no hay que tener miedo en compartir con los demás nuestras experiencias de Emaús tal y como hicieron estos dos discípulos. Todos estamos en camino y todos experimentamos cansancio, desilusión y desesperanza. Quizá, en más de una ocasión, simplemente compartiendo nuestra experiencia y ayudando al que está cansado y a punto de abandonar, podemos ser el caminante desconocido que ilusione de nuevo el corazón de un hombre o de una mujer. ¿No es eso ser misionero?

Monday, April 6, 2020

Pésaj y la plaga número 11 5/4/2020 | por Rav Benjamín Blech

Pésaj y la plaga número 11

Pésaj y la plaga número 11
La conexión entre Pésaj y Tishá BeAv nos brinda enorme esperanza y consuelo en este momento trágico.

La Hagadá de Pésaj enumera diez plagas. Hoy nuestras mentes están ocupadas con la plaga número once. De repente nos enfrentamos a la realidad del coronavirus, que nos convirtió en víctimas contemporáneas como los antiguos capataces egipcios de nuestros ancestros.
Cuando recitamos las plagas durante el Séder, derramamos una gota de vino de nuestra copa. Cuando era pequeño, mi padre me enseñó la razón de esta bella costumbre. Aunque los egipcios eran nuestros enemigos y nos esclavizaron de forma brutal, necesitamos recordar que seguían siendo seres humanos; y cuando hay seres humanos que sufren, nuestra alegría no puede ser completa. Tenemos que sentir por lo menos un poco de compasión por el dolor de los demás.
¿Cuánto vino debemos derramar entonces este año, durante esta pandemia global?
Tengo un amigo que puso en clara perspectiva el problema de celebrar Pésaj este año. “Simplemente este año no se siente que llegamos a Pésaj, la sensación es más bien como si nos acercáramos a Tishá BeAv”.
Tishá BeAv es el día más triste de nuestro calendario. La lista de tragedias que conmemora, los terribles eventos que ocurrieron precisamente en esta fecha hebrea, son una improbabilidad estadística de máximo orden, comenzando con la destrucción de ambos Templos exactamente el mismo día. Por otro lado, Pésaj es la festividad más observada de todas las festividades judías. De acuerdo con la encuesta más reciente, el año pasado en Israel el 93% de los israelís participaron en un Séder. El Séder siempre fue sinónimo de alegría, la máxima expresión de amor judío por la familia, el hogar, las glorias de nuestro pasado y las esperanzas para nuestro futuro.
Por cierto, que la plaga actual pueda despertar la sensación de que este año Pésaj se parece más a Tishá BeAv, debería hacernos llorar. Pero sorprendentemente la tradición judía hizo esta misma conexión entre el día más triste y el día más dichoso hace muchos años: ambos tienen lugar el mismo día de la semana. ¿Qué significa este nexo? Que es una conexión que nos ofrece enorme esperanza y consuelo en este momento tan trágico.
La tradición enseña que el Mashíaj, a quien esperamos dar la bienvenida en Pésaj, nacerá en Tishá BeAv. De la tragedia de uno surge la redención del otro.
Pésaj nos recuerda que a pesar de nuestros desafíos, hay un plan superior que se está desarrollando.
Puede ser que no comprendamos los caminos de Dios, que no entendamos el sufrimiento. Podemos sentarnos perplejos en nuestros hogares, incapaces de seguir adelante, mistificados de la misma manera que Iov en la Biblia tuvo que enfrentar desgracias inexplicables. Pero hay una verdad que no podemos abandonar. El nombre del mes en el que ocurrieron nuestras tragedias colectivas es av. Av significa 'padre', y sin importar lo que nos ocurra, continuamos creyendo que nuestro Padre en el Cielo nunca nos olvida. Por eso Tishá BeAv tiene en su interior la semilla de la festividad de Pésaj. En la mesa del Séder colocamos una copa para el Profeta Eliahu con plena confianza de que el 15 de nisán, el mes de los milagros, él llegará personalmente para prepararnos para la llegada del Mashíaj.
En el Séder se acostumbra a comer un huevo duro. Algunos comentaristas explican que esto conmemora la comida de duelo previa al comienzo del ayuno de Tishá BeAv. Una vez más, esto tiene el objetivo de recordarnos que de la tragedia viene la redención.
Lamentablemente no sabemos cuándo llegará el Mashíaj. Pero los Sabios nos dejaron de forma profética una clave para alertarnos de su llegada inminente. Esto quedó registrado en el Midrash a través de una parábola fascinante.
Un estudiante le preguntó a su rabino: “Hace mucho tiempo que esperamos que llegue el Mashíaj, sin embargo todavía no ha aparecido. ¿Cómo sabremos cuando se revelará finalmente? ¿Cuál es la señal que podemos buscar y que nos anunciará su llegada inminente?”.
El rabino le respondió: “Te responderé con una historia. Un padre y su hijo hicieron una larga caminata por el desierto. Su destino era una ciudad lejana. Cansado del camino, el hijo le pidió a su padre que le diera una señal para saber cuando estuvieran cerca de su destino final. El padre le respondió: ‘Esta será tu señal: cuando veas un cementerio, sabrás que la ciudad está cerca’. Esta parábola responde a tu pregunta. Cuando veas un cementerio, sabrás que la redención está cerca. Así también Dios les reveló a Sus hijos que después de ser acosados por una terrible tragedia, muerte y destrucción, Él tendrá misericordia y responderá a las plegarias de los judíos, como está escrito (Salmos 20:2): ‘Y Dios te responderá en el día de tu tribulación”.
Quizás el Tishá BeAv de la plaga actual sea el "cementerio" de la parábola.
La historia cumple un orden dirigido por la Divinidad que nos lleva a un destino profetizado. El último Séder.
Thomas Cahill, el irlandés que escribió el exitoso libro El legado de los judíos, argumentó que a los judíos se les debe dar el crédito por brindarle al mundo la idea de la historia, porque nosotros fuimos los primeros en captar el significado del pasado y la relevancia de la memoria. Lo que debería haber agregado es que los judíos unieron la idea de destino con el significado de la historia. La historia tiene un propósito. La historia tiene un plan. Mejor dicho, la historia cumple un orden dirigido por la Divinidad que nos lleva a un destino profetizado. ¿Cómo se dice orden en hebreo? Séder, el mismo nombre que recibe el importante ritual de Pésaj.
Una de las plegarias más poderosas registradas durante el Holocausto fue la plegaria de un rabino que le suplicó a Dios con estas palabras: “Padre Celestial, yo no te pido que me expliques por qué. Sé que Tus pensamientos no son como nuestros pensamientos. Entiendo que nuestras mentes finitas no pueden captar la forma en que diriges el universo. Por favor, no me digas por qué. Sólo te pido que me asegures que hay un por qué”.
Y de hecho, este es el mayor mensaje de Pésaj. Celebrar Pésaj es reafirmar nuestra creencia en que la historia es Su historia, que incluso los eventos dolorosos son parte de un Séder dirigido por la Divinidad, un orden destinado; que incluso las tragedias como Tishá BeAv de alguna manera son un preludio para el último Pésaj de la redención final.