Wednesday, October 7, 2020

3 ideas importantes para nuestro tiempo. por Slovie Jungreis-Wolff

 

El mensaje de Sucot es relevante hoy más que nunca

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El mensaje de Sucot es relevante hoy más que nunca

3 ideas importantes para nuestro tiempo.


La gente está exhausta, fatigada. Los niños vuelven a la escuela y luego las cierran otra vez porque nuevamente aumentan los casos de COVID-19. Las tensiones dentro de los matrimonios y las familias están en aumento. Muchos se sienten aislados, solos y tristes. La preocupación por los trabajos y la inestabilidad financiera provocan noches de insomnio. ¿Qué nos depara el futuro?

Es hora de que construyamos nuestra “sucá de paz”. Debajo de las estrellas se nos ha otorgado el regalo de la serenidad. La festividad de Sucot llega justo cuando nos sentimos agotados y nos llena de energía renovadora. Sólo debemos detenernos y escuchar los susurros.

Aquí hay tres mensajes importantes que nos trae Sucot:

1. Refugio de fe

Vivimos en nuestra sucá durante siete días. Dejamos nuestros hogares y todo lo que hay dentro. La mesa del comedor, los espejos y la iluminación, la comodidad de nuestro sofá y nos sentamos en una cabaña temporal, una sucá.

¿Por qué una sucá?

Cuando el pueblo judío fue sacado de Egipto, Dios les proporcionó “sucot” o casetas de refugio. Sus nubes de gloria protegerían al pueblo judío en el duro desierto.

¿Por qué Dios no le daría a su nación una vivienda más permanente?

Esa generación que salió de Egipto era débil en fe. Dios quería que su pueblo supiera para siempre que la fuerza y la seguridad no provienen de una hermosa casa o de un automóvil lujoso. No se trata de nuestras posesiones, nuestros negocios, nuestras cuentas bancarias o trabajos. Se trata de fe.

“¡Ven!”, dice Dios. “Deja todos tus miedos atrás. Te protegeré bajo Mis alas. Encontrarás tu fe, descubrirás la serenidad. Nuestra conexión perdurará para siempre. El conocimiento de que nunca estarás solo es más importante que cualquier otra cosa. Encuentra tu refugio de fe”.

Reflexionar sobre nuestra sucá nos ayuda a abrir los ojos y a entender la definición de verdadera confianza en Dios. Sucot nos obliga a pensar: “¿Qué importa realmente en la vida? ¿Qué me sostiene? Todo lo que es importante está aquí conmigo. Todo lo demás es temporal. El refugio de lo Divino es el único refugio que permanece para siempre”.

En estos últimos meses hemos aprendido lo poco que realmente sabemos. Hemos visto cuántas cosas están fuera de nuestro control. Un virus prácticamente invisible, un germen minúsculo, ha puesto al mundo de rodillas.

Nuestra sucá nos recuerda que hubo un tiempo en que nuestro pueblo también se sintió totalmente impotente, cuando deambularon por el desierto. Y así como Dios los sostuvo y los alimentó, tanto física como espiritualmente, así también nosotros encontraremos nuestro sustento. Dios nunca abandonará a su pueblo. Por muy difícil que parezca la vida, recuerda siempre esta enseñanza. Hemos atravesado un viaje increíble, hemos sido exiliados y dispersados por los cuatro rincones del mundo. Dados por muertos. ¡Y, sin embargo, aquí estamos! Sentados en nuestras sucot así como lo hicieron nuestros antepasados en el desierto. El legado sigue vivo. Somos un milagro.

Renueva tu fuerza y coraje. Inspírate. Enciende la chispa que se encuentra dentro de tu alma.

2. Conéctate con tus raíces

Si no sabemos de dónde venimos, no sabemos hacia dónde vamos. No tenemos ni idea del poder que hay en nuestro interior.

¿Cuáles son mis fortalezas ocultas? ¿Cuál es mi potencial?

Así como tenemos genes físicos, así también poseemos genes espirituales. Nuestros patriarcas y matriarcas que caminaron antes que nosotros allanaron el camino. Ellos sufrieron dolores de parto, superaron obstáculos, fueron puestos a prueba una y otra vez, todo para que nosotros, sus hijos, encontremos la resiliencia para atravesar nuestros propios momentos de dificultad.

El Zohar escribe que cuando los judíos dejan sus hogares y entran en sus sucot, ameritan recibir la visita de la presencia Divina junto con siete invitados. Siete pastores descienden de los cielos y vienen como nuestros invitados 'ushpizin'.

Los siete ushpizin exaltados son Abraham, Itzjak, Yaakov, Iosef, Moshé, Aarón y David.

Es costumbre al ingresar a la sucá invitarlos a unirse a nosotros con una oración especial.

Cuando nos sentemos en nuestra sucá y nos sintamos abrumados por lo que está sucediendo en nuestras vidas, conectémonos con el poder de nuestras raíces. Nuestros invitados espirituales pasaron por desafíos increíbles. Sufrieron muchísimo. Abraham, Itzjak y Yaakov se mantuvieron firmes aferrándose a su fe mientras el mundo entero se oponía a ellos. Iosef fue vendido como esclavo, encarcelado y deshonrado. Yaakov pensó que nunca volvería a ver a su hijo. El dolor fue insuperable. Moshé y Aarón lidiaron con el dolor de la esclavitud, guiaron al pueblo a través del desierto durante cuarenta años, pero trágicamente nunca llegaron a entrar en su amada tierra de Israel. David fue objeto de rebelión, vergüenza y su propio hijo se rebeló contra él y lo echó de su palacio real. Nunca llegó a construir el Templo de Jerusalem, que había sido su sueño de toda la vida.

Y aún así.

Estos pastores fieles sólo buscaban traer bondad y verdad al mundo. Nunca perdieron su fidelidad, su compasión, su deseo de hacer de este mundo un lugar mejor.

Dios dice: “Ustedes, hijos míos, son pastores, y están aquí en este mundo para cuidarlo con amor. Por lo tanto, es bueno que los fieles pastores de la antigüedad habiten en el “refugio de la fe” junto con ustedes, sus fieles descendientes”.

Nos sentimos empoderados sabiendo que descendemos de una línea de grandeza, que tenemos el potencial de superar obstáculos tal como lo hicieron nuestros antepasados. Trae bendiciones al mundo. Invita a los ushpizin a entrar.

3. La fuerza proviene de la unidad

En la mañana del primer día de Sucot (cuando no es Shabat), nos levantamos temprano y recitamos las bendiciones sobre las cuatro especies. (La bendición shehejeianu solo se recita el primer día, la bendición restante se recita los otros días). Las cuatro especies que se toman son: el hermoso fruto, el etrog; la hoja de palma, el lulav; las ramas de mirto, hadasim; y las ramas de sauce, aravot. Las cuatro especies juntas son sólo una mitzvá. Si falta una de las especies, la mitzvá no se cumple.

Cada especie representa un tipo diferente de judío. Dios dice que debemos mantener las cuatro especies juntas como una. Cada tipo diferente de judío es necesario.

Quien cumple esta mitzvá trae paz y armonía para sí mismo y para el mundo entero.

En estos días, necesitamos la unidad más que nunca. Deja de juzgar. Empieza a amar. Llama a alguien que conozcas que esté solo. Comunícate con otro judío que no sea como tú. Regala una buena palabra, una sonrisa.

Dios nos concede paz cuando hay paz entre nosotros. Toma las cuatro especies y aprovecha el momento. La unidad trae paz. La paz trae fuerza.

Encuentra la verdadera felicidad en tu refugio de fe.


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Friday, October 2, 2020

Sucot y el coronavirus: tres mensajes importantes - por Rav Benjamin Blech

 

Sucot y el coronavirus: tres mensajes importantes

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Sucot y el coronavirus: tres mensajes importantes

La relevancia eterna de esta festividad judía.


Durante miles de años los judíos observaron el mandamiento de la Torá de dejar la comodidad y la seguridad de sus hogares y comer en una cabaña especial que llamamos sucá.

En este año de coronavirus, nuestra mitzvá ya no parece tan extraña. Gracias a que la ley ordena salir al aire libre, comer afuera ya no es una rareza judía, sino que se convirtió casi en un ideal universal. Esto es algo que el profeta Zejariá predijo hace mucho tiempo.

De todas las festividades de nuestro calendario, la que la Torá resalta por su significado mundial es Sucot. Zejariá (14:16-18) enseñó que en el futuro, Sucot y la mitzvá de "comer afuera de la casa" será la prueba de fuego para todas las naciones del mundo. Todos los que asciendan a Jerusalem después de la redención, para prosternarse ante Dios y celebrar junto con el pueblo judío, merecerán una gran bendición y se salvarán del horror de la plaga.

¿Qué tiene Sucot que lo vuelve tan relevante no sólo para los judíos sino también para toda la humanidad? ¿Cuál es el mensaje de esta festividad que demanda reconocimiento universal?

Para todos aquellos cuyas vidas se vieron traumáticamente transformadas por este cambio dramático del interior al exterior, pienso que hay tres ideas especificas relativas a Sucot que pueden ayudarnos a entender lo que hace que esta festividad sea tan importante.

El aire que respiramos

Quizás una historia de coronavirus que tuvo lugar en Italia hace unas pocas semanas puede resumirlo de la mejor manera.

Un hombre de 93 años se enfermó de COVID-19 y a pesar de su edad logró sobrevivir. Al ser dado de alta en el hospital, le entregaron el detalle de los gastos y una cuenta enorme. Parte del pago era por el respirador en el que había sido colocado por un solo día.

Al leer la cifra que debía, el hombre comenzó a llorar. El hospital sintió compasión y le dijo que no se preocupara, que probablemente podrían arreglar algo para reducir el costo a algo más accesible. Lo que el anciano respondió provocó que los empleados del hospital se largaran a llorar.

El anciano les explicó: "No lloro por el dinero que tengo que pagar. Afortunadamente tengo los medios para pagarlo sin problema. Lloro por otra razón. Lloro porque acabo de comprender, después de todos estos años en la tierra, que durante 93 años estuve respirando el aire de Dios, pero nunca tuve que pagar por él. Usar un respirador en un hospital por un solo día cuesta más de €500. ¿Tienen idea cuánto le debo a Dios? ¿Cómo puede ser que nunca le agradecí de corazón, ningún día de mi vida, por el milagro de este regalo Divino que di por sentado?".

En este mundo hay demasiadas cosas que damos por sentadas como si nos pertenecieran automáticamente o si fueran una merecida recompensa. Nos quejamos por las cosas que nos faltan y apenas nos tomamos el tiempo para agradecerle a Dios por los favores impagables de Sus bendiciones Divinas.

Eric Hoffer lo expresó de una forma muy bella cuando dijo que la matemática más difícil para casi todas las personas es la capacidad de contar sus bendiciones.

La festividad de Sucot es el momento para reconocer la fuente de "la cosecha" de nuestras vidas, los regalos divinos que hacen que nuestra vida sea posible y placentera. Incluso si nosotros elegimos no prestarles atención, ellos nos rodean constante y gratuitamente, tal como el aire que respiramos a cada instante.

La casa en la que vivimos

Nuestras casas son las señales más obvias de nuestra riqueza. Ellas representan la manifestación más obvia de nuestro estatus económico hacia el mundo exterior. Una mansión significa que lo hemos logrado; es un símbolo de nuestro éxito.

Pero, lamentablemente, a menudo la ostentación se nos sube a la cabeza. Engaña a nuestro ego haciéndole asumir el crédito por los logros financieros que en verdad tienen su fuente en el cielo. Debemos sentir pena por la pobre persona que comete el error de pensar "Mi poder y la fuerza de mis manos produjeron para mí esta riqueza" (Devarim 8:17).

No entender que es Dios —el mismo que creó toda la naturaleza y el universo— Quien decide la medida de nuestras bendiciones, es como pedir una reevaluación Divina que puede provocar que los más ricos pierdan la riqueza que acumularon, sus magníficas casas y sus propiedades.

Sucot es la época de la cosecha. Los granjeros que se esforzaban durante todo el año eran más ricos de lo que serían en cualquier otra estación. Precisamente entonces la Torá les ordenó a los judíos salir de sus casas para vivir en una pequeña choza. Esto era para entender el mensaje que el Rey Shlomó expresó sucintamente en Kohelet, el mismo libro de Kohelet que leemos en Sucot: "Vanidad de vanidades, todo es vanidad". Hay un tiempo para la alegría y hay un tiempo para la pena. Hay un tiempo para construir y un tiempo para destruir. La conclusión del libro es un resumen del conocimiento acumulado por el hombre más sabio de la tierra. En definitiva, el objetivo de todo es reverenciar a Dios y observar Sus leyes.

Las casas, incluso si son mansiones que valen innumerables millones, de repente pueden no ofrecernos la mínima seguridad, ni en términos de salud ni de que seguiremos teniendo riqueza, todo a causa de un virus minúsculo que no se puede ver a simple vista.

Sucot nos alienta a reconocer la verdadera fuente de nuestra riqueza y de nuestro bienestar al mudarnos del ‘interior’, lo que nosotros construimos, al ‘exterior’, la obra de Dios.

Una sucá es una vivienda temporaria, no demasiado diferente a nuestras vidas en esta tierra. Tanto el granjero adinerado como el billonario del siglo XXI necesitan recordarse a sí mismos que sin Dios, nuestros hogares rápidamente pueden convertirse en chozas y nuestra cosecha en la bancarrota.

Cuánto necesitamos realmente

Joseph Heller, autor de Trampa 22, y Kurt Vonnegut estaban en una fiesta organizada por un multimillonario en la isla Shelter.

—Joseph, ¿cómo te sientes al saber que nuestro anfitrión sólo ayer puede haber ganado más dinero que el que tu novela Trampa 22 ganará en toda su historia? —le preguntó Kurt.

—Yo logré algo que él nunca podrá tener —respondió Heller.

—¿Qué demonios puede ser eso, Joseph?

—Yo logré saber que tengo suficiente.

Sucot nos pide que temporariamente salgamos al exterior, que observemos las creaciones de Dios, que "comamos afuera" con nuestra familia, con nuestros hijos y quizás incluso con nuestros nietos, en una sucá desde la cual si miras hacia arriba puedes ver el cielo y recordar a Dios y tus bendiciones.

No es una mala idea para los granjeros ricos de la época bíblica y quizás tampoco para nosotros, las victimas contemporáneas de una plaga que nos golpeó severamente.

Sucot, que tiene lugar justo después de Rosh HaShaná y Iom Kipur, también puede ser la única festividad judía que tiene el mayor potencial para enseñarle a todo el mundo el verdadero significado de la felicidad y de lo que realmente significa tener éxito.


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Thursday, October 1, 2020

Los Dias Temibles: Puertas De Arrepentimiento - por Julia Blum - 24-9-2020

 

Los Días Temibles: Puertas De Arrepentimiento

El llanto sin palabras

Justo acabamos de celebrar Rósh HaShaná, —y desde luego fue el Rósh HaShaná más inusual en Israel—. Debido al confinamiento por el Coronavirus, no lo celebramos con familiares ni amigos; no pudimos rendir culto juntos; realmente no pudimos salir de nuestros hogares. Casi toda la celebración de este año fue diferente —pero a pesar de estas lamentables diferencias, hubo algo que realmente nos dio esperanza—. Es esta esperanza lo que me gustaría compartir hoy con ustedes.

Recordemos que la Torá se refiere a esta festividad como Zikhrón Teru’á ([un]) día conmemorativo [del] soplo de [las trompetas]), por eso, el punto central del servicio y celebración de cada Rósh HaShaná es soplar el shofár. ¿Alguna vez se han preguntado por qué?

La Torá no especifica por qué tenemos que soplar el shofár en Rósh HaShaná. Aunque se pueden encontrar muchas explicaciones y probablemente algunas de ella las conocen. «En Rósh HaShaná reconocemos a Dios como Rey del mundo. El llamado del shofár anuncia este emocionante evento: O bien “nos recuerda el sonido que se escuchó cuando Dios descendió en el Monte Sinaí y nos dio la Torá”. O bien “hecho del cuerno de carnero, el shofár nos recuerda la Aqedát Yitzják, El Sacrificio de Isaac, quien fue salvado cuando Dios ordenó a Abraham que sacrificase un carnero en su lugar”». Y desde luego, todas estas razones son válidas y verdaderas, pero hay algo más extremadamente importante que quiero mencionar aquí. Según los comentaristas judíos, ¿qué más simboliza el sonido del shófar?

Probablemente saben que el shofár de Rósh HaShaná abre el periodo de Diez Días de Arrepentimiento. Nuestros sabios enseñaron que el penetrante sonido del shofár simboliza el lamento de alguien que no tiene palabras —quien entra en estos días sin ser capaz de pronunciar palabras de arrepentimiento pero que aún así desea acercarse a Dios—. ¿No somos todos así? Todos deseamos que Dios nos escuche; deseamos contarle sobre nuestro más íntimo deseo —רצוננו לעשות רצונך «es nuestro deseo cumplir tu voluntad»— y sobre nuestro constante fracaso en cumplirlo. Ya sea si lo describimos como nuestra «inclinación al mal», como lo hace el judaísmo, o junto con lo que dice Pablo, decimos: «Porque lo que yo quiero no lo hago; pero lo que detesto eso es lo que hago»[1], sabemos que fracasamos plenamente al cumplir su voluntad; que estamos manchados por nuestros pecados y deseamos ser limpiados. Y para eso tenemos el shofár: su sonido representa el llanto del corazón que no tiene palabras, pero que aún así desea regresar al hogar espiritual. Y a pesar de que existen personas que no son movidas por el sonido del shofár, quienes atraviesan estos días temibles con los corazones dormidos y sin ninguna chispa de reconocimiento interior, siempre hay corazones que son despertados por este sonido penetrante, por este llanto y esperanza sin palabras de alcanzar el cielo.

Pero no termina aquí. El sonido del shofár no solo representa el llanto por ayuda espiritual —también es nuestro llanto por ayuda física—. El Talmúd dice que el shofár lleva delante de Dios el recuerdo del pueblo judío para su beneficio. Por eso estuve muy feliz de aprender, incluso antes de la fiesta, que se designó una hora en especial para que todos los israelíes de todo el país se pusieran a soplar el shofár simultáneamente. Y así sucedió: permaneciendo en las entradas y en los balcones de sus casas, los israelíes soplaron su shofár delante de Dios, reconociendo su absoluta soberanía y nuestra total y completa dependencia en Él —como la esperanza y el llanto sin palabras, como el desesperado llanto sin palabras que atraviesa los cielos—. Sé que muchos amigos de Israel se unieron a este desesperado llanto de nuestro shofár desde sus países y también desde sus hogares —y sinceramente creo que este año fue el punto más importante de Rósh HaShaná—.

¿Qué podemos decir?

Me gusta mucho el comentario judío respecto a los diferentes nombres de Dios, en los primeros capítulos de Génesis: «Dios» (Elohím) en Génesis 1, y «el Señor Dios» (Adonái Elohím) en Génesis 2. La tradición judía ve en estos nombres dos facetas de la naturaleza de Dios —donde «Dios» representa la cualidad de justicia y «el Señor Dios» representa la cualidad de misericordia—. Según algunos Midrashím, el mundo fue originalmente creado por Dios como Elohím en Génesis 1, pero luego Dios vio que, sin su misericordia, su creación no duraría, y por eso en Génesis 2 Él es llamado «el Señor Dios».

Sin su misericordia, su creación no perduraría… Hay una contraparte humana para esta declaración: sin la posibilidad de arrepentimiento, el mundo no existiría. Como nuestros sabios enseñaron y como todos sabemos por experiencia propia —el hombre tropieza más de lo que avanza—. Por eso el concepto de «teshuvá (arrepentimiento) tuvo que ser creado antes que el universo, porque Dios no crearía un mundo que estuviera condenado desde sus inicios».[2]

Ya sabemos que el shofár de Rósh HaShaná inicia los Diez Días de Arrepentimiento. Según los sabios judíos, el arrepentimiento durante estos diez días es especialmente importante y puede lograr más que cualquier otro periodo del año. En tiempos bíblicos, durante el solemne ritual deYóm Kipúr, el Sumo Sacerdote debía confesar delante de Dios «todas las iniquidades de los hijos de Israel».[3] Hoy en día, nosotros mismos confesamos nuestros pecados delante de Dios en Yóm Kipúr. La confesión es un paso muy importante ante los ojos de Dios, y aún así, la primera vez que la palabra «confesar» aparece, es en el libro de Levítico (Levítico 5:5) ¿Hubo confesión en la Torá antes de Levítico?

Sorprendentemente, no vemos a los patriarcas confesando sus pecados delante de Dios. Quizá lo hicieron, pero la Torá lo deja entre ellos y Dios. La primera persona que el libro de Génesis nos enseña confesando su pecado es Judá, el cuarto hijo de Jacob. Al final de la gran historia de Judá y Tamar que se pasó por alto, Judá admite su pecado y acepta su responsabilidad por ello.

¿Esa conexión entre Judá y la confesión es ocasional? Como todos sabemos, nada es ocasional en la Palabra de Dios —y sorprendentemente, el propio mensaje de confesión está oculto en el nombre de Judá—. Algunos de mis lectores pueden saber que el nombre de Judá (יהודה) viene del verbo lehodót (להודות), y el primer significado de este verbo es «agradecer» o «alabar». (Cuando Lea dio a luz a su cuarto hijo, ella declaró: «Esta vez alabaré al Señor. Por eso ella le puso por nombre Judá».) Sin embargo, pocos son conscientes de que el verbo lehodót también tiene otro significado: «admitir» o «confesar». Por ejemplo, una oración especial de confesión para Yóm Kipúr se llama Vidúi «confesión» y… viene de la misma raíz. Esto significa que el nombre de Judá podría ser traducido como «el que confiesa».

Para hacer este caso todavía más fuerte, quisiera citar las oraciones especiales llamadas Selijót —las oraciones que recitamos antes de Yóm Kipúr pidiendo perdón—: «¿Qué podemos decir? ¿Qué podemos hablar? ¿Y cómo podemos justificarnos?». Muchas personas no saben que estas son en realidad las palabras de Judá: las encontramos en Génesis 44, cuando Judá habla con José después del presunto crimen de Benjamín con la copa robada. Pueden recordar la historia y recordar que Benjamín no fue culpable de ese crimen, ni ninguno de sus hermanos —ellos no robaron la copa—. Sin embargo, Judá confiesa «la iniquidad» que «Dios había encontrado». Aún así, los hermanos no fueron culpables de este pecado en particular, ellos aceptaron la convicción y el castigo de Aquel ante quien pecaron terriblemente mucho tiempo atrás: «¿Qué podemos decir? ¿Qué podemos hablar? ¿Y cómo podemos justificarnos?».

Esta debería ser nuestra actitud cuando venimos al Señor con nuestra confesión y arrepentimiento. Incluso si al principio nos vemos a nosotros mismos como inocentes respecto a algunos pecados, cuando permanecemos delante de Dios y abrimos nuestros corazones ante los rayos  de su luz, Él trae cosas a la superficie y la confesión viene a ser profunda y real. Por eso es que las palabras de Judá que abren una de las más hermosas historias de confesión forman parte de las oraciones de las Selijót —al comenzar nuestro periodo de Selijót, decimos las mismas palabras—: “¿Qué podemos decir? ¿De qué podemos hablar? ¿Y cómo nos podemos justificar?”. No hay palabras que podamos decir para justificarnos, y por eso los Días Temibles se abren y se cierran con el llanto sin palabras del shofár.

[1] Romanos 7:15.

[2] Yom Kippur – it’s significance, laws and prayers, Mesorah Publications, ,p.15 ; Nedarim 39b

[3] Si están interesados en leer más sobre este sacrificio misterioso y su significado profético, pueden leer mi artículo en este blog: «Two Goats of Yom Kippur».

https://blog.israelbiblicalstudies.com/jewish-studies/yom-kippur-two-goats/

 

Si estos artículos les abrió el apetito por descubrir los tesoros ocultos de la Biblia hebrea, o estudiar en profundidad la Paráshat Shavúa, junto con ideas del Nuevo Testamento, estaré muy feliz en proporcionar más información (y también un descuento de maestro para nuevos estudiantes) respecto a los cursos de eTeacher (juliab@eteachergroup.com). Si les gusta los artículos de este blog, también podrían disfrutar de mis libros, pueden obtenerlos en mi página.

About the author

Julia BlumJulia is a teacher and an author of several books on biblical topics. She teaches two biblical courses at the Israel Institute of Biblical Studies, “Discovering the Hebrew Bible” and “Jewish Background of the New Testament”, and writes Hebrew insights for these courses.