Tuesday, April 6, 2021

La santidad del matrimonio - Rav Iehoshúa Berman

 

La santidad del matrimonio

Shminí (Levítico 9-11)

La santidad del matrimonio

Temas contemporáneos a través del prisma de la parashá semanal.


En Iom Kipur, cuando el cohen gadol realizaba el servicio en el Kódesh Hakodashim (el Santo Sanctórum), sólo usaba prendas blancas de lino, no las prendas dignas de un rey que vestía normalmente (1). Rashi explica que esto se debe a que ein kategor naasé sanegor, un fiscal no puede convertirse en defensor. Debido a que sus prendas regulares tenían oro, el cohen gadol no podía realizar el servicio en el Kódesh Hakodashim usando esas prendas, porque el oro fue el medio del pecado en el desierto, cuando los judíos cayeron y adoraron al Becerro de Oro.

En la parashá de esta semana aprendemos sobre el octavo y último día inaugural de Aharón y sus hijos en el sacerdocio. Una de las ofrendas que llevó Aharón fue un becerro. Rashi comenta: "Para informar que Dios, por medio de este becerro, le concedió la expiación por el incidente del Becerro de Oro y que la regla de que un fiscal no se convierte en un defensor sólo se aplica con respecto al servicio que se efectuaba en el Santo Sanctórum” (2).

Basado en lo dicho, podemos preguntarnos cómo se entiende la siguiente declaración de la Guemará (respecto a una mujer que se divorcia y se vuelve a casar):

El versículo dice "y saldrá y se convertirá" yuxtaponiendo su salida (del matrimonio con su primer marido), para convertirse (en la esposa de su nuevo marido)… entonces, ¿Por qué no decimos que así como puede convertirse (en esposa) por medio de dinero, no puede también salir (divorciarse) por medio de dinero? Abaie dice: "¿el dinero que la hace ingresar (al matrimonio, debería) sacarla (del matrimonio)? (De ser así) el defensor se convertiría en fiscal (Masejet Kidushín 5a).

En otras palabras, dado que un objeto con valor monetario es el medio a través del cual se efectúa la construcción positiva del matrimonio, no puede servir también como el medio para efectuar la destrucción negativa del mismo. Esto es resultado del principio de que un defensor no puede convertirse en fiscal.

Sin embargo, una vez que establecimos que el principio de que el fiscal no se convierte en defensor no es una regla general aplicable a todas las leyes de la Torá, sino que sólo aplica al servicio en el Kódesh Hakodashim, ¿cómo podemos utilizar este axioma para invalidar al dinero como un medio para efectuar un divorcio?

Amar Rabí Akiva… kol haketuvim kódesh veShir HaShirim kódesh kodashim - Dijo Rabí Akiva: todos los Escritos son sagrados, pero Shir HaShirim es el Santo Sanctórum (3).

El tema general de Shir HaShirim es la descripción de la intensa relación de amor que existe entre Hashem y el pueblo judío, comparándola con la profundidad del amor entre un hombre y su esposa. Aunque en ocasiones, somos descriptos como los hijos de Hashem, como sus primogénitos o como sus sirvientes, la declaración de Rabí Akiva enseña que la expresión más elevada de la relación entre Hashem y el pueblo judío es la de un hombre y su mujer, donde Hashem es el esposo y el pueblo judío su devota mujer (4).

Parece que la relación marital tiene mucho más que ver con el Kódesh Hakodashim de lo que podríamos haber pensado. De hecho, Jazal (5) nos dicen que si un hombre y una mujer son meritorios (es decir, si viven en armonía y buscan crecer en Torá y mitzvot), la Presencia Divina mora entre ellos. En un sentido muy real, la relación entre el hombre y su esposa es un microcosmos del Kódesh hakodashim, un lugar especial donde la Shejiná se siente en casa (por así decirlo).

A partir de esto aprendemos el increíble potencial que tiene cada sonrisa y cada gesto afectuoso entre el hombre y su mujer para traer kedushá al mundo. Podemos llegar a tener grandes sentimientos de significado y satisfacción al conversar tranquilamente, escuchar con verdadero interés y, en general, hacer todo lo que uno pueda para beneficiar a la pareja. Estas actividades son comparables al servicio en el Kódesh Hakodashim.

Ish veishá zajú, Shejiná beineihem - si un hombre y una mujer son meritorios, la Presencia Divina está entre ellos.


NOTAS

(1) Ajarei mot, 16:4

(2) 9:2

(3) ידים ג:התנחומה פרשת תצוה פרק ה

(4) Para una elaboración mayor sobre esta idea, ver los divrei Torá de las parashiot Vaerá Tetzavé

(5) Sotá 17a


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Sunday, April 4, 2021

Homilia del Papa Francisco en Vigilia Pascual 2021- ACI Prensa

 

3 de abril de 2021 - 1:49 PM

Homilía del Papa Francisco en Vigilia Pascual 2021

Redacción ACI Prensa

Este 3 de abril, Sábado Santo, el Papa Francisco presidió la celebración de la Vigilia Pascual, y aseguró que “siempre es posible volver a empezar, porque existe una vida nueva que Dios es capaz de reiniciar en nosotros más allá de todos nuestros fracasos”.

La celebración, realizada en el Altar de la Cátedra de la Basílica de San Pedro, comenzó a las 7:30 p.m. (hora de Roma).

A continuación, el texto completo de la homilía que pronunció el Papa Francisco en esta Vigilia Pascual 2021:

Las mujeres pensaron que iban a encontrar el cuerpo para ungirlo, en cambio, encontraron una tumba vacía. Habían ido a llorar a un muerto, pero en su lugar escucharon un anuncio de vida. Por eso, dice el Evangelio que aquellas mujeres estaban «asustadas y desconcertadas» (Mc 16,8). Desconcierto: en este caso es miedo mezclado con alegría lo que sorprende sus corazones cuando ven la gran piedra del sepulcro removida y dentro un joven con una túnica blanca. Es la maravilla de escuchar esas palabras: «¡No se asusten! Aquel al que buscan, Jesús, el de Nazaret, el crucificado, resucitó» (v. 6). Y después esa invitación: «Él irá delante de ustedes a Galilea y allí lo verán» (v. 7). Acojamos también nosotros esta invitación, la invitación de Pascua: vayamos a Galilea, donde el Señor resucitado nos precede. Pero, ¿qué significa “ir a Galilea”?

Ir a Galilea significa, ante todo, empezar de nuevo. Para los discípulos fue regresar al lugar donde el Señor los buscó por primera vez y los llamó a seguirlo. Es el lugar del primer encuentro y del primer amor. Desde aquel momento, habiendo dejado las redes, siguieron a Jesús, escuchando su predicación y siendo testigos de los prodigios que realizaba. Sin embargo, aunque estaban siempre con Él, no lo entendieron del todo, muchas veces malinterpretaron sus palabras y ante la cruz huyeron, dejándolo solo. A pesar de este fracaso, el Señor resucitado se presenta como Aquel que, una vez más, los precede en Galilea; los precede, es decir, va delante de ellos. Los llama y los invita a seguirlo, sin cansarse nunca. El Resucitado les dice: “Volvamos a comenzar desde donde habíamos empezado. Empecemos de nuevo. Los quiero de nuevo conmigo, a pesar y más allá de todos los fracasos”. En esta Galilea experimentamos el asombro que produce el amor infinito del Señor, que traza senderos nuevos dentro de los caminos de nuestras derrotas. Es así el Señor, traza senderos nuevos de nuestras derrotas. Él es así, y nos invita a ir a Galilea para hacer esto.

Este es el primer anuncio de Pascua que quisiera ofrecerles: siempre es posible volver a empezar, porque siempre existe una vida nueva que Dios es capaz de reiniciar en nosotros más allá de todos nuestros fracasos. Incluso de los escombros de nuestro corazón, y cada uno conoce las miserias de nuestro corazón, Dios puede construir una obra de arte, aun de los restos arruinados de nuestra humanidad Dios prepara una nueva historia. Él nos precede siempre: en la cruz del sufrimiento, de la desolación y de la muerte, así como en la gloria de una vida que resurge, de una historia que cambia, de una esperanza que renace. Y en estos meses oscuros de pandemia oímos al Señor resucitado que nos invita a empezar de nuevo, a no perder nunca la esperanza.

Ir a Galilea, en segundo lugar, significa recorrer nuevos caminos. Es moverse en la dirección opuesta al sepulcro. Las mujeres buscaban a Jesús en la tumba, es decir, iban a hacer memoria de lo que habían vivido con Él y que ahora habían perdido para siempre. Van a refugiarse en su tristeza. Es la imagen de una fe que se ha convertido en conmemoración de un hecho hermoso pero terminado, sólo para recordar. Muchos y también nosotros, muchas veces, viven la “fe de los recuerdos”, como si Jesús fuera un personaje del pasado, un amigo de la juventud ya lejano, un hecho ocurrido hace mucho tiempo, cuando de niño asistía al catecismo. Una fe hecha de costumbres, de cosas del pasado, de hermosos recuerdos de la infancia, que ya no me conmueve, que ya no me interpela. Ir a Galilea, en cambio, significa aprender que la fe, para que esté viva, debe ponerse de nuevo en camino. Debe reavivar cada día el comienzo del viaje, el asombro del primer encuentro. Y después confiar, sin la presunción de saberlo ya todo, sino con la humildad de quien se deja sorprender por los caminos de Dios. Tenemos nosotros miedo de las sorpresas de Dios. Generalmente tenemos miedo de que Dios nos sorprenda. Hoy el Señor nos invita a dejarnos sorprender. Vayamos a Galilea para descubrir que Dios no puede ser depositado entre los recuerdos de la infancia, sino que está vivo, siempre sorprende. Resucitado, no deja nunca de asombrarnos.

Luego, el segundo anuncio de Pascua: la fe no es un repertorio del pasado, Jesús no es un personaje obsoleto. Él está vivo, aquí y ahora. Camina contigo cada día, en la situación que te toca vivir, en la prueba que estás atravesando, en los sueños que llevas dentro. Abre nuevos caminos donde sientes que no los hay, te impulsa a ir contracorriente con respecto al remordimiento y a lo “ya visto”. Aunque todo te parezca perdido, déjate alcanzar con asombro por su novedad: te sorprenderá.

Ir a Galilea significa, además, ir a los confines. Porque Galilea es el lugar más lejano, en esa región compleja y variopinta viven los que están más alejados de la pureza ritual de Jerusalén. Y, sin embargo, fue desde allí que Jesús comenzó su misión, dirigiendo su anuncio a los que bregan por la vida de cada día, a los excluidos, a los frágiles, a los pobres, para ser rostro y presencia de Dios, que busca incansablemente a quien está desanimado o perdido, que se desplaza hasta los mismos límites de la existencia porque a sus ojos nadie es último, nadie está excluido. Es allí donde el Resucitado pide a sus seguidores que vayan, también hoy. Es el lugar de la vida cotidiana, son las calles que recorremos cada día, los rincones de nuestras ciudades donde el Señor nos precede y se hace presente, precisamente en la vida de los que pasan a nuestro lado y comparten con nosotros el tiempo, el hogar, el trabajo, las dificultades y las esperanzas. En Galilea aprendemos que podemos encontrar a Cristo resucitado en los rostros de nuestros hermanos, en el entusiasmo de los que sueñan y en la resignación de los que están desanimados, en las sonrisas de los que se alegran y en las lágrimas de los que sufren, sobre todo en los pobres y en los marginados. Nos asombraremos de cómo la grandeza de Dios se revela en la pequeñez, de cómo su belleza brilla en los sencillos y en los pobres.

Por último, el tercer anuncio de Pascua: Jesús, el Resucitado, nos ama sin límites y visita todas las situaciones de nuestra vida. Él ha establecido su presencia en el corazón del mundo y nos invita también a nosotros a sobrepasar las barreras, a superar los prejuicios, a acercarnos a quienes están junto a nosotros cada día, para redescubrir la gracia de la cotidianidad. Reconozcámoslo presente en nuestras Galileas, en la vida de todos los días. Con Él, la vida cambiará. Porque más allá de toda derrota, maldad y violencia, más allá de todo sufrimiento y más allá de la muerte, el Resucitado vive y gobierna la historia.

Hermano, hermana, si en esta noche tu corazón atraviesa una hora oscura, un día que aún no ha amanecido, una luz sepultada, un sueño destrozado, abre tu corazón con asombro al anuncio de la Pascua: “¡No tengas miedo, resucitó! Te espera en Galilea”. Tus expectativas no quedarán sin cumplirse, tus lágrimas serán enjugadas, tus temores serán vencidos por la esperanza. Porque el Señor te precede, camina delante de ti. Y, con Él, la vida comienza de nuevo.

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Friday, April 2, 2021

Pésaj y las tres fases de la vida. Rav Israel Roll en AishLatino.com

 

Pésaj y las tres fases de la vida

Pésaj y las tres fases de la vida

No es un accidente que la vida esté repleta de altibajos.


La vida está compuesta de tres fases que se vuelven a repetir una y otra vez. Conocer cómo funcionan estas tres fases te permite entender con mayor profundidad cómo vivir una vida más significativa.

La primera fase es un momento eufórico, emocionante, elevado, que es un regalo gratuito, una dádiva inmerecida, algo que no nos hemos ganado.

La segunda fase es el momento en el que se disipa la euforia, la gran emoción y los sentimientos elevados, y todo se vuelve mundano, difícil y agotador.

La tercera fase es el retorno de la sensación de elevación, sólo que ahora me pertenece, me lo merezco, me lo gané en vez de recibirlo como una dádiva o un regalo.

Veamos algunos ejemplos:

Fase uno : Sus ojos se encuentran en una sala llena de gente. Atracción instantánea, Fuegos artificiales. Química. Mientras caminan juntos por la calle oyes la canción de la película Titanic. Enamoramiento. Noviazgo. Romance. Esta fase es un regalo, te la dieron sin que te la hayas ganado. ¡Disfrútala!

Fase dos : Compromiso. Luego un anillo y el matrimonio. Entonces la realidad comienza a surgir. ¿Por qué dejaste destapado el dentífrico? ¿Por qué no llamaste para avisar que llegarías tarde? ¿Por qué no puedes apoyarme cuando me siento triste? Ya no me traes flores. Esta es la fase de prueba, cuando la emoción del período de noviazgo/luna de miel desaparece para darle a la pareja la oportunidad de resolver los problemas y hacer que la relación funcione a través de sus propios esfuerzos.

En nuestra sociedad de gratificación inmediata, este es el punto en el que muchas parejas se separan. Cuando el romance, los buenos momentos y la diversión de la relación ya no me resultan "buenos", me voy. El secreto es trabajar a través de las diferencias de la educación que cada uno recibió y pensar cómo "hacer que las cosas funcionen". La primera fase es un regalo para que podamos sentir cuán agradable puede ser el sabor de una buena relación. Entonces la magia desaparece, a propósito, para permitir que la pareja trabaje y se gane el regalo de la relación. Al trabajar sobre ellos mismos y sobre la relación, la hacen suya.

Fase tres: La pareja logra un modus operandi en la relación mediante el cual comienzan a entenderse mutuamente y a reconocer sus respectivas necesidades. La pareja aprende a darle al otro en lugar de ser meramente "receptores".

Aprenden a entender la forma en que piensa la otra persona y de esta manera aprenden a respetarse mutuamente, aunque no necesariamente estén de acuerdo. La relación comienza a unirse y a solidificarse. Fluye. Ahora la relación le "pertenece" a la pareja. Ellos se ganaron el éxito de su relación con esfuerzo, cada uno trabajando sobre su propia personalidad y sobre su autocontrol. Esto puede llevar tres, cinco o diez años. Ellos recrean los sentimientos que experimentaron en la Fase Uno, sólo que ahora los sentimientos están más arraigados a la tierra y basados en la realidad y no es una mera fantasía y enamoramiento.

Precisamente en el momento en el que la emoción y la euforia de la Fase Uno comienza a desvanecer, es el momento en el que hay que invertir más energía y esfuerzo para lograr que funcione.

El mismo modelo de tres fases se aplica a cualquier nuevo trabajo o proyecto. Aunque obtuve buenas calificaciones en la escuela, tuve buenas recomendaciones y logré buena experiencia en el trabajo, en definitiva, tengo que estar en el lugar correcto en el momento indicado, y por lo general eso no tiene nada que ver con mis propios y merecidos esfuerzos. Al principio me ofrecen el trabajo después de seleccionarme entre muchos candidatos. ¡Felicitaciones! ¿Acaso te ganaste esa oportunidad? No, es un regalo. Entonces te fijan plazos. Tienes que lograr que las cosas sucedan. Tienes que ganarte el regalo. Esa es la Fase Dos. Cuando cumples los plazos y logras éxito, el trabajo o el proyecto te pertenece, es tuyo. Esa es la Fase Tres.

Precisamente en el momento en el que la emoción y la euforia de la Fase Uno comienza a desvanecer, es el momento en el que hay que invertir más energía y esfuerzo para lograr que funcione.

En el momento en que muchas personas ceden a una relación, cuando pueden decir: "Esto no es para mí", es exactamente el momento en el que hay que seguir adelante y seguir intentándolo. De lo contrario la relación no es "mía". Tengo que volverla mía profundizando en mi centro espiritual, reflexionando cómo puedo cambiar yo y no cambiar la situación o a mi pareja. El desafío no me lo dan para quebrarme sino para volver a crearme. De mí depende re-crearme. Partir sin invertir un esfuerzo consciente es perder el punto del desafío.

Diseñado por Dios

En un principio, Dios nos da regalos para permitirnos sentir la dulzura del romance al presentarnos a nuestra futura pareja, el enamoramiento, el casamiento y la luna de miel. Entonces, cuando acabamos de probar la dulzura de estar enamorados, Dios deliberadamente nos hace caer a la realidad de establecer un hogar, pagar las cuentas y "¿por qué no guardas lo que usas?".

Dios es Quien quita la sensación de euforia de la luna de miel para que podamos comenzar a ganarnos el derecho al regalo que originalmente recibimos gratuitamente. Cuando trabajamos sobre los problemas, entonces nos ganamos el éxito de la relación a través de nuestro propio esfuerzo y llegamos a un nuevo nivel de entendimiento en la relación.

Apenas sentimos desvanecerse la euforia de la Fase Uno, es precisamente cuando tenemos que comprender que Dios nos desafía a mantener nuestra fe y a comenzar a ganarnos los regalos inmerecidos para poder llegar a la Fase Tres, que es un nivel nuevo y todavía más gratificante.

Las tres fases de Pésaj

La fuente de este modelo podemos encontrarla en Pésaj.

Fase Uno : Dios sacó a los israelitas de Egipto con mano fuerte y brazo extendido, a través de las Diez Plagas y partiendo el Mar, a pesar de que ellos no merecían ser redimidos. Los israelitas habían olvidado los caminos de sus antepasados, Abraham, Itzjak y Iaakov y se dedicaron a la idolatría al igual que sus amos egipcios. Dios les dio un regalo inmerecido al redimirlos de todos modos. Esto se debió a Su promesa original a Abraham respecto a que un día Él redimiría a los descendientes de Abraham y los llevaría a la Tierra Prometida.

Fase Dos : Después de experimentar la partición del mar y la euforia de la liberación de sus opresores, los israelitas debieron enfrentar el prospecto de vivir en el duro desierto del Sinaí. Aunque las Nubes de Gloria los protegían en gran medida de los elementos naturales, de todos modos tuvieron que enfrentar varias dificultades. Tuvieron que aceptar su libertad y mantener su fe en Dios a pesar de las dificultades, ganándose de esta forma la libertad que antes recibieron de forma inmerecida.

Fase Tres: Después de luchar sobre su fe en Dios en el desierto, los israelitas llegaron al Monte Sinaí para recibir los Diez Mandamientos de Dios. Ellos se ganaron el derecho de recibir el Plano para la Vida después de su lucha en el desierto, cuando se ganaron su redención espiritual. Su recompensa espiritual fue recibir los Diez Mandamientos.

A lo largo de la historia, muchas personas se vieron inspiradas por el éxodo de los israelitas de la esclavitud en Egipto. Thomas Jefferson quiso usar la escena del Éxodo como el motivo de la fundación de los Estados Unidos de América. El movimiento de los derechos civiles identificó su búsqueda por la igualdad de derechos como una recreación de la búsqueda de libertad de los israelitas.

De hecho, somos la sociedad más libre de la historia. La pregunta que debemos formularnos es: ¿Qué hacemos con nuestra libertad? ¿Aprovechamos constructivamente nuestro tiempo en este mundo o simplemente pasamos el tiempo? Cuando Dios nos desafía con crisis como la pandemia mundial de coronavirus, Él nos habla y nos alienta a pensar sobre nuestras prioridades. Él nos desafía a trabajar sobre nosotros mismos y redoblar nuestros esfuerzos para que nuestras vidas importen.

La partición del mar

El Midrash dice que Moshé tuvo un "diálogo" con el Mar Rojo cuando los israelitas estaban en sus orillas y los perseguían los egipcios. Moshé le dijo al mar que se abriera. El mar respondió que no lo haría, porque cumplía la voluntad de Dios de fluir en su estado natural. Pero cuando el mar vio que se acercaba el ataúd de Iosef HaTzadik (Iosef el justo) el Libro de Salmos nos dice que "haiam raá vaianus -el mar vio y huyó" (Salmos 114:3).

Iosef es llamado "el justo" porque él fue en contra de su inclinación natural y se resistió a la seducción de la esposa de Potifar. La Torá dice: "Pero el dejó su ropa en su mano y huyó…" (Génesis 39:12). El mar vio que Iosef se elevó por encima de su naturaleza, por lo tanto también él podía ir en contra de su "naturaleza" y dejar de fluir naturalmente, para permitir que los israelitas cruzaran el mar. Dado que Iosef "huyó", también el mar "huyó" y se partió, medida por medida.

Fuimos creados para desarrollar y refinar nuestras tendencias naturales, no para quedarnos atrapados en ellas.

Nuestro propósito en la vida es superarnos, crecer y refinar nuestro carácter. No podemos decir: "Bueno, esa es la forma en que Dios me hizo. Tengo mal genio, soy perezoso, me falta motivación. Eso es lo que soy". Fuimos creados para desarrollar y refinar nuestras tendencias naturales, no para quedarnos atrapados en ellas. Nuestra tarea es hacernos cargo de nuestra personalidad y cambiar nuestra forma natural de hacer las cosas para desarrollar nuestro potencial.

Cada persona tiene un área de talento constructivo que necesita desarrollar y brindar al mundo. Hay un área que le da completa expresión a tu atributo más elevado, ya sea la bondad, el liderazgo, la empatía, la integridad, etc. Desarrollar ese atributo y contribuir al mundo le da sentido y completitud a tu vida. Esa es nuestra ofrenda personal de Pésaj para el mundo.

Cada uno también tiene una debilidad particular que necesita rectificar y refinar, Puede ser el enojo, la tristeza o la negatividad. Mi gran maestro, Rav Moshé Shapiro ztz"l, enseñó que cada uno sabe en lo más profundo qué es lo que necesita corregir. La tarea de nuestra vida es hacer un inventario personal de nuestros puntos fuertes y débiles y trabajar sobre nosotros mismos para hacer nuestra contribución positiva única y rectificar nuestra debilidad personal singular.

El gran ético, Rav Israel Salanter, enseñó cómo podemos descubrir el defecto que necesitamos rectificar. El profeta Hoshea 14:2 dice: "Y tropezarás con tu error". Rav Salanter explica que si hay cierto error que cometo continuamente, y eso me molesta profundamente, la que me habla es mi alma, pidiéndome que lo corrija. Por ejemplo, si siempre pierdo el control, si siempre tengo envidia o siempre decepciono a la gente, y eso realmente me molesta, entonces es posible que se trate de un tema que necesito trabajar.

Si decidimos trabajar sobre nuestros defectos personales y dedicarnos a hacer nuestra contribución única al mundo, entonces lograremos una redención personal de nuestro propio exilio egipcio, el exilio de nuestro propio ser, y con ayuda de Dios nos redimiremos a nosotros y al mundo de esta plaga trágica. Cada uno puede y debe hacer su parte para redimir al mundo.