Tuesday, September 22, 2020

Una lluvia dulce - por Iehoshúa Berman

Una lluvia dulce

Haazinu (Deuteronomio 32)

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Una lluvia dulce

Temas contemporáneos a través del prisma de la parashá semanal.


“Goteará como lluvia mi lección, fluirá como rocío Mi enunciado; como vientos tempestuosos sobre la vegetación y como gotas de lluvia sobre la hierba”.

¿La lluvia es dulce?

¡Sí, es muy dulce! Imaginemos a un granjero que pasó horas arando y sembrando (además de todas las otras labores asociadas al cultivo) y que espera ansiosamente que llegue la lluvia.

Ahora avancemos un paso más e imaginemos al mismo granjero, pero en esta imagen después de realizar el extenuante trabajo enfrenta una terrible sequía.

Es fácil imaginar su inmensa alegría cuando después de una semana de sequía ve llegar la lluvia. ¡Qué dulce puede ser la lluvia!

Ahora imaginemos otro escenario, algo que en una época era muy común.

Piensa en el ishuv iashán de Éretz Israel a comienzos del siglo XX. Si necesitabas agua, debías buscarla en un pozo o en una cisterna, o pagarle al aguatero para que te la trajera. En tu casa no había cañerías que trajeran agua desde depósitos distantes. Dependías por completo de las reservas de agua que se almacenaban durante la temporada de lluvia o de los manantiales naturales que tienen agua incluso durante los áridos días de verano… pero ellos pertenecían a algunos árabes poco amigables.

Después de un verano largo y seco, si el invierno no traía lluvia rápidamente uno quedaba a merced de los árabes, que podían cobrar un precio altísimo por pequeñas cantidades de agua. En ese entonces, ni siquiera podías tener la seguridad de contar con suficiente agua para lavarte las manos por la mañana. Imagina la abrumadora alegría de esas personas al ver que comenzaba a llover después de un debilitador período de sequía. La lluvia puede ser muy dulce… ¡y en este ejemplo incluso era deliciosa!

Vemos entonces que la lluvia se asocia con una gran alegría y júbilo, así como con la satisfacción de una necesidad y un deseo esperado mucho tiempo.

El Rey David dijo: “Sas anojí al imrateja kemotzé shalal rav” - Me deleito en Tus enunciados como quien encuentra un gran tesoro.(2) David Hamélej nos revela la gran alegría y el deleite que esperan a quien estudia Torá y se sumerge en sus profundidades. Al adquirir un nuevo conocimiento de Torá o descubrir una nueva idea, la persona siente el deleite de su alma, el placer de obtener aquello que le brinda la máxima alegría.

“Como quien encuentra un gran tesoro” también tiene otro aspecto.

“Si la procuras como a la plata y la buscas como a los tesoros ocultos. Entonces entenderás el temor a Hashem y el conocimiento de Dios te encontrará”.

¡Hay un tesoro oculto! Lleva semanas buscándolo; sabe que está allí y está decidido a encontrarlo. Lo busca incansablemente, día tras día. Con cada minuto que pasa su corazón late más fuerte ante la expectativa de que llegue el momento en que… “¡Finalmente lo encontré! ¡Finalmente es mío!”

Estudiar Torá, esforzarse para obtener el entendimiento correcto, buscar las profundas y brillantes ideas que contiene y ascender a perspectivas más elevadas de irat Shamáim es una tarea que genera mucha expectativa e interés. Él sabe que con cada porción de Torá que obtenga estará más cerca del Creador. Cada vez que aprende otra suguiá, cada idea nueva que aprende, lo llena de una vitalidad indescriptible, su sensación de placer y satisfacción es inigualable.

“Que mis enseñanzas sean dulces como la lluvia”– “Torat Hashem temimá meshivat náfesh… Pekudei Hashem iesharim, mesamjei lev mitzvat Hashem bará meirat eináim”. “La Torá de Hashem es perfecta y completa, restaura el alma. Los estatutos de Hashem son rectos, alegran el corazón. Los mandamientos de Hashem son claros, puros, brillantes; iluminan los ojos”.(3)

Estudiar Torá y respetar sus estatutos no es simplemente cuestión de cumplir obligaciones o de realizar rituales de forma mecánica. Se trata de una experiencia de vida vigorizante y estimulante. “Porque es tu vida y la longitud de tus días”.(4)

Obviamente, algunas veces uno experimenta una gran alegría y otras veces está más calmo y serio, pero la experiencia general de la Torá y las mitzvot es una sensación constante de verdadera felicidad y satisfacción, la alegría que resulta de la sensación constante de vivir la vida con el máximo significado y sentido, una vida de acercamiento a la Fuente de toda la existencia.

Cuanto más se valora lo que es la Torá, y mayor sea el anhelo de comprender su realidad, más fuerte es la sensación de simjat jaim.

“Si la procuras como a la plata y la buscas como a tesoros ocultos, entonces entenderás el temor a Hashem”. “Me deleito en Tus enunciados como quien encuentra un gran tesoro”.

Mientras más reconozcas que la Torá es un gran tesoro y la busques como tal, más disfrutarás al descubrirla.

En verdad es una relación recíproca. Cuanto más uno aprecia y anhela la Torá, más se esforzará por conseguir sus tesoros; y cuanto más uno se esfuerza para obtener los tesoros de la Torá, más reconoce su valor y su belleza infinita.

Esta es una idea fundamental a recordar al estar a unos pocos días de Iom Kipur. Acabamos de terminar el período de Aséret Iemei Teshuvá, durante el cual evaluamos el año y nos esforzamos por corregir los errores y fracasos, y para lograr construir sobre nuestros logros y éxitos.

Queremos llegar y mantenernos en el camino del bien y de la verdad, seguir la luz guía que Hashem nos dio en Su sagrada Torá. Sería un terrible error permitirnos creer que nos sometemos a una carga de difíciles obligaciones y restricciones. Por supuesto, debemos tener plena consciencia de nuestras obligaciones, pero igualmente importante es ser concientes de que la Torá de Hashem nos brinda la máxima felicidad. Reconocemos que las restricciones que la Torá nos impone tienen el objetivo de protegernos de los obstáculos que se encuentran en el camino al objetivo de nuestra vida, para protegernos de la contaminación y los daños. Asimismo, seguir el camino de la Torá facilita el crecimiento personal y el ascenso espiritual, lo que nos lleva a la grandeza. Esto junto a las mitzvot asé y el estudio de la Torá, es nuestro deleite en la vida.

Hashem nos ordenó seguir la Torá para nuestro bien supremo, para que vivamos una vida dichosa con satisfacción y sentido en este mundo, y para que ganemos la recompensa del placer eterno en el Olam Habá.


NOTAS

1. Devarim 32:2.

2. Tehilim 119:162.

3. Tehilim 19:8-9.

4. Parashat Nitzavim 30:20.


 

Thursday, September 17, 2020

Comienzos: El Arca de Noé - por Julia Blum - septiembre 10, 2020

 

Comienzos: El Arca De Noé

Hemos estado comentando la historia del diluvio y tocando diversos temas. Sin embargo, creo que todos ustedes estarán de acuerdo en que el arca de Noé es el verdadero corazón de esta historia. Por eso, el arca es lo que viene a ser el mensaje profético de Dios para la futura humanidad. En tiempos antiguos, las personas lanzarían una botella al mar con un mensaje, años después se encontraría esa botella y el mensaje sería leído. Esta es la imagen que tengo para el arca de Noé: el mensaje profético está dentro de esta historia, y nuestra tarea es «abrirlo» para poder entender el mensaje. Probablemente el mismo Noé no se dio cuenta realmente del significado profético de su propia historia (al igual que las personas que lanzaron la botella al mar, tampoco sabían cuándo ni quién la encontraría) pero Dios sin duda lo sabía: Él lanzó esta arca sellada a las olas para que nosotros la abriéramos y la leyéramos. Hoy ¿qué encontramos?al abrir este antiguo mensaje.

¿Sellar o expiar?

Primeramente quería compartir una vez más el maravilloso secreto del arca —sód— que descubrimos cuando leemos esta descripción en hebreo. Cuando Dios mostró a Noé cómo construir el arca, Él le ordenó «sellar por dentro y por fuera con brea».[1] Suena como una mera descripción técnica, y quizá nunca le han dado mucho que pensar a este versículo. Sin embargo, cuando lo leemos en hebreo, casi inesperadamente encontramos aquí la raíz  כפר (kafár: káf-péi-résh): «vehafartá otá mibáit umihútz bekofér».

Si ustedes incluso saben un poquito sobre Israel y hebreo, probablemente sabrán qué es Yóm Kipúr, y por lo tanto, conocerán el significado de la raíz כפר. Todos los posibles significados de esta raíz tienen que ver con «expiación» (o eso piensan las personas). Pero Yóm Kipúr, al igual que todo el concepto de expiación, solo será introducido mucho más tarde. ¿Entonces, ¿por qué se usa este verbo aquí, en la historia de Noé? No encontramos la palabra «expiación» o algo parecido a expiación en la traducción del texto, entonces, ¿qué pasa aquí? ¿Por qué esta sorprendente palabra-raíz aparece aquí en el texto hebreo y por qué entonces desaparece en la traducción? Esta palabra es demasiado significativa, muy profunda, muy importante por todos sus significados futuros de redención y por eso no puede ser ignorada.

Vuelvan conmigo al diccionario si lo desean, y una vez más quedarán sorprendidos (como estuve y he estado desde entonces) por la increíble profundidad de Su Palabra y Su lenguaje. En mi último artículo, al comentar otro ejemplo del mismo capítulo, escribí: «Los verbos en hebreo son derivados de raíces, la mayoría de las veces cambian vocales y añaden prefijos y sufijos, formando así diferentes ramificaciones. Dependiendo de su rama (binyán) los verbos con la misma raíz pueden tener diferentes significados, como vemos aquí en nuestro texto. No obstante, al derivar todos de la misma raíz, todos ellos tienen algo en común, todos relatan la misma “esencia”». Definitivamente deberíamos recordar que, en este caso, en el diccionario encontramos dos verbos derivados de la misma raíz, con dos significados completamente diferentes:

(qal): כפר (kafár) – sellar algo con brea; y

(piel): כיפר (kipér) – expiar, perdonar

Así pues, este mandato tan técnico —«sellar por dentro y por fuera con brea»— en hebreo suena casi igual a una declaración teológica. Desde luego, todos sabemos que el diluvio y el arca son grandes símbolos de castigo para los malvados y de salvación para los justos, sin embargo, sin el hebreo, perdemos completamente algo que es evidente en el texto original: la historia de Noé es la historia de expiación, porque la raíz «expiar» está ahí desde el comienzo de la historia.

Dios se acordó de Noé

Probablemente conocen que muchas culturas del Cercano Oriente también tienen  historias sobre un gran diluvio. Más aún, hay un acuerdo entre estas historias y el relato bíblico del diluvio en muchos detalles (el arca, el cuervo, etcétera). Aún así, todos entendemos que el relato bíblico es muy diferente de las otras antiguas leyendas populares. ¿Hay alguna forma de probarlo al analizar la estructura literaria de la narrativa de la Biblia hebrea?

Hoy voy a mostrarles un consejo literario muy bonito, se llama paralelismo invertido; otra palabra para ello es chiasm. El término chiasm viene de la letra griega chi que parece como una «x». Un chiasm (quiasmo) es un método literario en el cual, una secuencia de ideas es representada y después repetida «en modo inverso», por ejemplo: la estructura ABBA se refiere a dos ideas (A y B) repetidas a la inversa (B y A). En algunos casos, un quiasmo incluye otra idea en medio de la repetición: ABXBA; entonces esta idea en medio representa el punto central del quiasmo —el punto más importante de toda la historia, el foco principal no debe perderse—.

Algunos quiasmos son bastante simples. Por ejemplo Benjamín Franklin dice: «al caer para prepararte, te preparas para caer» presenta un quiasmo simple donde las palabras están repetidas a la inversa. Pueden encontrar muchísimos patrones quiásmicos en las Escrituras —tanto en poesía como en prosa, en hebreo y en griego—.

¿Por qué se necesitó el quiasmo? Hoy en día vivimos en una cultura visual, pero antiguamente la gente vivía en una cultura audible —y hubo varias técnicas disponibles para los antiguos israelitas— (no solo israelitas, también hubo quiasmos fuera del lenguaje hebreo, pero su uso más frecuente fue en hebreo) que les ayudaba a recordar cierta unidad del texto; dónde inicia la unidad y dónde termina, y cuál es su estructura y cuál es su centro. En este sentido, la historia del diluvio es uno de los quiasmos más largos y expresivos en la Torá: El quiasmo del diluvio comienza en Génesis 6:10 y termina en Génesis 9:19 —y los paralelismos son importantes—.

No obstante para mí el detalle más impactante de este quiasmo es su centro. Su centro está en Génesis 8:1: «Dios recordó a Noé». Como acabo de mencionar, el centro es el punto más importante de toda la historia, y por lo tanto, podemos ver claramente que el relato bíblico es mucho más que un recuerdo prehistórico, o una variación de una típica leyenda antigua; primero y ante todo, es la historia sobre Dios y el hombre. El hombre viviendo de acuerdo con la voluntad de Dios, y Dios recordando a su justo —este es el tema central de la historia—. Gracias a este quiasmo y a su punto focal, podemos destacar una diferencia fundamental entre la historia bíblica y otras historias del diluvio del Cercano Oriente.

[1] Génesis 6:14.

Los extractos que leen en estas páginas, son típicos de lo que compartimos con nuestros estudiantes durante las clases DHB (Discovering the Hebrew Bible/Descubriendo la Biblia Hebrea) o WTP (Weekly Torah Portions/Porciones Semanales de la Torá). Si estos artículos les abrió el apetito por descubrir los tesoros ocultos de la Biblia hebrea, o estudiar en profundidad la Paráshat Shavúa, junto con ideas del Nuevo Testamento, estaré muy feliz en proporcionar más información (y también un descuento de maestro para nuevos estudiantes) respecto a los cursos de eTeacher[1] (juliab@eteachergroup.com).

Si les gusta los artículos de este blog, también podrían disfrutar de mis libros, pueden obtenerlos en mi página.

[1] Por el momento solo ofrecemos el curso WTP en inglés, mientras que el curso DHB está en español y portugués.

About the author

Julia BlumJulia is a teacher and an author of several books on biblical topics. She teaches two biblical courses at the Israel Institute of Biblical Studies, “Discovering the Hebrew Bible” and “Jewish Background of the New Testament”, and writes Hebrew insights for these courses.

Wednesday, September 16, 2020

¿Qué nos dice Rosh HaShaná? por Rav Jonathan Sacks - 15-9-2020

 

¿Qué nos dice Rosh HaShaná?

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¿Qué nos dice Rosh HaShaná?

Diez ideas esenciales del judaísmo.


¿Qué nos dice Rosh HaShaná? ¿Cómo puede transformar nuestra vida? La genialidad del judaísmo fue tomar verdades eternas y traducirlas en tiempo, en experiencias de vida. Rosh HaShaná, el aniversario de la creación de la humanidad, nos invita a vivir y a sentir la condición humana de forma gráfica.

Lo primero que nos dice es que la vida es corta. Sin importar cuánto se haya elevado la expectativa de vida, en una vida no podremos lograr todo lo que desearíamos alcanzar. Unetané Tokef describe poéticamente la mortalidad con un patetismo inquietante:

El hombre fue creado del polvo y vuelve al polvo. Él dedica su alma para llevar pan a su hogar. Es como un fragmento roto, como hierba seca, como una flor marchita, como una nube pasajera, como una ráfaga de viento, como un remolino de polvo, como un sueño que se desvanece.

Todo lo que tenemos es la vida. ¿Cómo podemos aprovecharla? Sabemos que no lograremos terminar la tarea, pero tampoco tenemos la libertad de quedarnos parados al borde del camino. Esta es la primera verdad.

La segunda es que la vida misma, cada día, cada vez que respiramos, es un regalo de Dios:

Recuérdanos para la vida, O Rey que te deleitas en la vida, e inscríbenos en el libro de la vida, por Tu honor, Oh Dios de la vida. (Zijronot)

La vida no es algo que podemos dar por sentado. Si lo hacemos, no podremos celebrarla. Maimónides dice que Dios nos dio un regalo por encima de todos los demás: la vida misma, y al lado de ella todo lo demás es secundario. Otras religiones buscaron a Dios en el cielo, en la vida después de esta vida, en el pasado lejano o en un futuro distante. Aquí hay sufrimiento, allí recompensa; aquí hay caos, allí orden; aquí hay dolor, allí bálsamo; aquí hay pobreza, allí plenitud. El judaísmo implacablemente busca a Dios en el aquí y ahora de la vida en la tierra. Sí, creemos en la vida después de la muerte, pero donde verdaderamente encontramos la grandeza humana es en la vida antes de la muerte.

Tercero: somos libres. El judaísmo es la religión de los seres humanos libres que responden libremente al Dios de la libertad. No estamos atrapados por el pecado. No estamos determinados por fuerzas económicas, por impulsos psicológicos ni por impulsos codificados genéticamente que no podemos resistir. El mismo hecho de que podamos hacer teshuvá, de que podamos actuar mañana diferente de lo que lo hicimos ayer, nos dice que somos libres. A los filósofos esta idea les resultó difícil. También a los científicos. Pero el judaísmo insiste en ella, y nuestros ancestros lo probaron desafiando cada ley de la historia, sobreviviendo contra todas las probabilidades, negándose a aceptar la derrota.

Cuarto: la vida es significativa. No somos meros accidentes de la materia, generados por un universo que cobró existencia sin ninguna razón y que un día, también sin ninguna razón, dejará de existir. Estamos aquí porque un Dios lleno de amor dio existencia al universo, a la vida y a nosotros. Un Dios que conoce nuestros miedos, escucha nuestras plegarias, cree en nosotros más que nosotros mismos, nos perdona cuando fallamos, nos levanta cuando caemos y nos da la fuerza de superar la desesperanza.

El historiador Paul Johnson escribió: "Ningún pueblo insistió con más firmeza que los judíos en que la historia tiene un propósito y la humanidad un destino". Él concluyó: "Por lo tanto, los judíos se encuentran en el centro del intento perenne de dar a la vida humana la dignidad de un propósito" (Paul Johnson, "La historia de los judíos". Prólogo). También esta es una de las verdades de Rosh HaShaná.

Quinto: la vida no es fácil. El judaísmo no ve el mundo a través de lentes rosadas. Los sufrimientos de nuestros ancestros acechan nuestras plegarias. El mundo en el que vivimos no es el mundo que debería ser. Es por eso que, a pesar de todas las tentaciones, el judaísmo nunca pudo decir que llegó la era mesiánica, aunque la aguardamos cada día. Pero no estamos privados de esperanza porque no estamos solos. Cuando los judíos salieron al exilio, la Shejiná, la Presencia Divina, salió con ellos. Dios está siempre ahí, "cerca de todos los que lo invocan con sinceridad" (Salmos 145:18). Puede ser que Él esconda Su rostro, pero está aquí. Puede estar callado, pero nos escucha y nos cura de formas que quizás no logramos comprender en ese mismo momento, pero que en retrospectiva quedan claras.

Sexto: la vida puede ser dura, pero a pesar de ello puede seguir siendo dulce, tal como la jalá y la manzana que sumergimos en miel en Rosh HaShaná. Los judíos nunca precisaron riquezas para ser ricos ni poder para ser fuertes. Ser un judío es vivir por las cosas simples: el amor entre marido y mujer, el vínculo sagrado entre padres e hijos, el regalo de una comunidad donde ayudamos a los demás y nos ayudan a nosotros y donde podemos aprender que la alegría se duplica y el dolor disminuye cuando se los comparte. Ser un judío es dar, ya sea a través de tzedaká o guemilut jasadim (actos de bondad). Es aprender y nunca dejar de buscar, rezar y nunca dejar de agradecer, hacer teshuvá y nunca dejar de crecer. Allí reside el secreto de la alegría.

A lo largo de la historia hubo culturas hedonistas que idolatraron el placer y culturas ascéticas que lo negaron, pero el judaísmo tiene un enfoque diferente a ambos: santificar el placer convirtiéndolo en parte del servicio a Dios. La vida es dulce cuando se conecta con lo Divino.

Séptimo: nuestra vida es la única y la mayor obra de arte que podemos hacer. Rav Iosef Soloveitchik, en una de sus primeras obras, habló sobre el ish hahalajá, la personalidad halájica y su anhelo de crear, de hacer algo nuevo, original. También Dios anhela que nosotros creemos y de esa forma nos convirtamos en Sus socios en la obra de renovación. "El principio más fundamental es que el hombre debe crearse a sí mismo". Esto es la teshuvá, un acto de volver a crearnos. En Rosh HaShaná, damos un paso atrás en nuestra vida tal como un artista se aleja de su cuadro, y observamos qué hace falta cambiar para que el cuadro quede completo.

Ocho: somos lo que somos debido a quienes nos antecedieron. Nuestras vidas no son partículas desconectadas. Cada uno es una letra en el libro de la vida de Dios. Pero las letras aisladas, aunque son vehículos de significado, no tienen significado cuando están solas. Para tener significado deben unirse a otras letras para formar palabras, frases, párrafos, una historia. Ser un judío es ser parte de la historia más extraña, antigua, inesperada y contraria a la lógica que ha existido. La historia de un pueblo pequeño, nunca demasiado numeroso y a menudo sin hogar, que de todas formas sobrevivió a los más grandes imperios que hubo en el mundo, a los egipcios, los asirios, los babilonios, los griegos y los romanos, los imperios medievales del cristianismo y del islam, al Tercer Reish y a la Unión Soviética. Cada uno, a su turno, pensó que era inmortal. Cada uno desapareció. El pueblo judío sigue vivo. Por lo tanto, en Rosh HaShaná lo recordamos y le pedimos a Dios que recuerde a quienes nos antecedieron: Abraham e Itzjak, Sará, Janá y Rajel, los israelitas de los días de Moshé, y los judíos de cada generación, cada uno de los cuales dejó una herencia viva en las plegarias que decimos o en las melodías con las cuales las entonamos.

En uno de los versículos más emotivos en medio de la sección de Musaf, recordamos las grandiosas palabras que Dios dijo a través del profeta Jeremías: "Recuerdo la bondad de tu juventud, tu amor cuando eras una novia, cómo caminaste detrás de Mi en el desierto, por una tierra no sembrada" (Jeremías 2:2). Nuestros ancestros pueden haber pecado, pero nunca dejaron de seguir a Dios, aunque el camino fuera difícil y el destino lejano. No comenzamos de la nada. Hemos heredado riqueza, no material sino espiritual. Somos los herederos de la grandeza de nuestros antepasados.

Noveno: también somos los herederos de otra clase de grandeza, la de la Torá misma y sus elevadas demandas, sus arduos ideales, su abanico de mitzvot, sus desafíos intelectuales y existenciales. El judaísmo nos pide grandes cosas y al hacerlo nos vuelve grandiosos. Caminamos tan altos como los ideales por los cuales vivimos, y los ideales de la Torá realmente son muy elevados. Moshé dijo que somos los hijos de Dios (Deuteronomio 14:1). Isaías dijo que debemos ser Sus testigos, Sus embajadores en la tierra (Isaías 43:10). Una y otra vez los judíos hicieron cosas que parecían imposibles. Ellos lucharon contra los poderosos en nombre de la justicia. Lucharon contra la esclavitud. Mostraron que era posible ser una nación sin una tierra, tener influencia sin tener poder, ser considerados los parias del mundo pero no perder su propio respeto. Ellos creyeron con una convicción inamovible que un día retornarían a su tierra, y aunque esa esperanza parecía absurda, ocurrió. Su reino puede haber estado limitado, pero los judíos se consideraban reyes del espacio infinito. El judaísmo fija el objetivo bien arriba y aunque podamos quedarnos cortos una y otra vez, Rosh HaShaná y Iom Kipur nos permiten volver a empezar, perdonados, limpios, imperturbables, listos para enfrentar el siguiente desafío, el nuevo año.

Y, finalmente, viene el sonido del shofar, que perfora nuestras defensas; un grito sin palabras en una religión de palabras, un sonido producido por un suspiro, como para decirnos que eso es todo lo que es la vida: un mero suspiro. Sin embargo, un suspiro no es nada menos que el espíritu de Dios en nuestro interior: "Entonces Hashem Dios formó al hombre del polvo de la tierra e insufló en su nariz aliento de vida, y el hombre se convirtió en un ser vivo" (Génesis 2:7). Somos polvo de la tierra, pero dentro nuestro está el espíritu de Dios. Y ya sea que el shofar sea nuestro clamor a Dios o el clamor de Dios hacia nosotros, de alguna manera esta tekiá, shevarim, truá, (la llamada, el sollozo, el lamento) es todo el patetismo del encuentro entre lo Divino y lo humano, cuando Dios nos pide que recibamos Su regalo, la vida misma, y hagamos de ella algo sagrado al actuar de forma tal que honremos a Dios y a Su imagen en la tierra, a la humanidad.

Porque nosotros derrotamos a la muerte no viviendo para siempre, sino viviendo según los valores que viven para siempre; haciendo obras y creando bendiciones que seguirán vivas después de nosotros, y uniéndonos en medio del tiempo a Dios, Quien vive más allá del tiempo, "el Rey, el Dios vivo y eterno".

La palabra hebrea lehitpalel, "rezar", más precisamente significa "juzgarse a uno mismo". En Rosh HaShaná nos presentamos para ser juzgados. Sabemos lo que se puede saber. Y aunque sabemos lo peor sobre nosotros mismos, Dios ve lo mejor. Cuando nos abrimos ante Él, Él nos da las fuerzas de llegar a ser lo que verdaderamente somos. Quienes entran por completo al espíritu de Rosh HaShaná, emergen al nuevo año cambiados, energizados, focalizados, renovados, sabiendo que ser un judío es vivir la vida ante la presencia de Dios, santificar la vida por Dios, realzar las vidas de los demás, porque Dios vive donde damos bendiciones a otras vidas.


Extraído de "Ceremony and Celebration: Introduction to the Holidays" por Rav Jonathan Sacks.


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Thursday, September 10, 2020

Comienzos: Noé (2) por Julia Blum - septiembre 3, 2020

 

Comienzos: Noé (2)

Un predicador de justicia…

Me gustaría continuar con mi línea de pensamiento respecto al artículo anterior, donde notamos que algunos judíos sabios compararon a Noé con Abraham al decir que, mientras que Abraham intercedió por los pecadores de Sodoma, Noé no intercedió por su generación. Sin embargo, esto no es lo que encontramos en el Nuevo Testamento. Los escritores del Nuevo Testamento creyeron que durante los años de preparación, Noé estuvo predicando justicia a sus contemporáneos, advirtiendo del juicio que estaba por llegar mientras seguía construyendo el arca en completa obediencia a Dios. Tal vez por eso «encontró gracia ante los ojos del Señor» y Dios que «no perdonó al mundo antiguo, pero salvó a Noé, a una de las ocho personas, a un predicador de justicia…».[1]

Después de escribir esto me volví muy curiosa: ¿podría ser que a los escritores del Nuevo Testamento se les ocurrió este pensamiento sin llegar a la percepción de que Noé ya existía en la tradición judía? Encontramos una continuidad entre el Antiguo y el Nuevo Testamento en muchos aspectos, entonces, ¿podría ser que este pensamiento de Noé como «predicador de justicia» llegara de la nada?

En algunas ocasiones he mencionado aquí que aunque muchos comentarios judíos fueron escritos mucho después que el Nuevo Testamento, algunos todavía reflejan la tradición interpretativa del judaísmo del Segundo Templo. Por eso es que cuando encontré este comentario en uno de los Midrashím, lo vi como una prueba del hecho de que «Noé, el predicador de justicia» se introdujo dentro del Nuevo Testamento desde el judaísmo del Segundo Templo. Leemos: «Muchas formas de traer alivio y rescate son accesibles para Él; ¿por qué pues le cargó con esta construcción? Para que las personas de la generación del diluvio le vieran ocupándose de él mismo en ello durante ciento veinte años y le preguntasen: “¿Para qué necesitas esto?” Y él les respondiera: “El Santo, bendito sea, ha destinado traer un diluvio sobre la tierra”. Quizá se arrepentirían”».

Por eso vemos que los comentaristas judíos también creyeron que durante los años de construcción del arca, Noé había estado predicando justicia a sus contemporáneos, avisándoles del juicio que vendría y esperando por su arrepentimiento.

El diluvio y la torre

Desde las perspectivas, tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento, Dios puso en marcha su plan de redención con el llamado de Abraham. Cuando Dios llamó a Abraham, Él, personal y activamente intervino con misericordia —y la historia de la redención comenzó aquí—. Sin embargo, en los 11 capítulos anteriores vemos la intervención de Dios al juzgar: tanto en la historia del diluvio como en la historia de la torre de Babél, Dios castiga al hombre por su pecado y rebelión. ¿Cómo están conectadas estas dos historias?

Hay algunas conexiones muy importantes entre estos dos eventos bíblicos que solo se pueden ver en hebreo. Primero que todo, la palabra hebrea para diluvio es mabúl suena muy parecido a la raíz bilbél  de la cual, según muchos comentaristas, deriva el nombre de Babél. Rashi, un famoso comentarista medieval judío, conecta incluso la palabra mabúl con esta raíz; él escribe: ( המבול; hamabúl) es algo que «lo mezcla (בלבל) todo». Y aún así, los lingüistas modernos no lo confirman, debemos estar todavía atentos a estas similitudes. Quizá recuerdes lo que escribí sobre las palabras hebreas para hombre y mujer. Estas palabras en hebreo ísh e ishá suenan tan relacionadas, como si vinieran de la misma raíz. No obstante, la mayoría de los lingüistas modernos dicen que las palabras  «hombre» ( איש; ísh) y «mujer» (אשה; ishá) etimológicamente no están relacionadas. Ísh viene de la raíz אוש, que denota «fuerza», mientras que la palabra ishá viene de la raíz אנש, que significa «débil» o «frágil». Este es un excelente ejemplo de lo que algunas veces sucede con el hebreo: a veces falsas conexiones etimológicas podrían expresar realmente la conexión bíblica en sí. Creo que es lo que descubrimos en las palabras mabúl y babél —en las similitudes entre los dos mayores juicios que Dios trajo sobre el mundo—.

¿Corrupción o destrucción?

La historia del diluvio hace obvia la importancia de leer la Biblia en hebreo —o al menos con algo de hebreo—. Ya escribí que cuando empecé a leer en hebreo, tuve que ir y regresar entre el hebreo y la traducción para asegurarme de que estaba leyendo los mismos capítulos: ¡parecía una historia completamente diferente! Hubo muchos descubrimientos sorprendentes que hice entonces —y hoy me gustaría compartirte uno de mis primeros descubrimientos—.

Te recuerdo que todavía estamos ante el diluvio. En Génesis 6:8, se nos dice que Noé «encontró gracia ante los ojos del Señor» (y ya sabemos lo que significa, que Noé le gustó a Dios); en Génesis 6:9 se nos dice que «Noé fue justo en su generación»; en Génesis 6:10 son nombrados los tres hijos de Noé. Pero entonces, al iniciar en Génesis 6:11, la Torá vuelve atrás para describir la corrupción y el desorden sobre la tierra.

«11- Y la tierra se corrompió delante de Dios, y la tierra estaba llena de violencia.

12- Y miró Dios la tierra, y he aquí estaba corrompida; porque toda carne había corrompido su camino sobre la tierra».

Y entonces encontramos algo extremadamente interesante. La palabra hebrea que se interpreta como «corrupto» en muchas traducciones inglesas se deriva de la raíz (שחת; shájat). Por favor recuerda la historia de Éxodo: al destructor de la historia de Pésaj en hebreo se le llama (המשחית; hamashjít), —un nombre que viene de la misma raíz—. ¿Por qué, de súbito, en la historia del diluvio que sucedió tantos años antes de la Pascua, encontramos una palabra que suena como si hubiese sido tomada de la historia de la Pascua? Siempre he estado convencida de que esta raíz (שחת; shájat), tiene que ver con muerte, crimen y destrucción —como «el destructor»—. ¿Por qué pues, aparece aquí esta palabra, al principio de la historia de Noé?

Así, el verbo en consideración —השחית— dependiendo de su forma, puede tener ambos significados: ser corrupto y destruir. ¿Entiendes lo que pasa aquí? El lenguaje de la Torá es diferente de cualquier otro lenguaje humano: los significados que están por venir se muestran aquí a través del significado regular de las palabras. En este sentido, cada palabra de la Torá está cargada con todos los significados futuros —con algo que todavía no ha llegado, que no ha sido visto por el hombre pero que en definitiva es visto por Dios—. En este punto de la historia de Noé, el castigo y la destrucción —el diluvio— todavía no ha llegado, ni se les ha prometido aún. La Torá solo nos está contando sobre el pecado y la corrupción, y no sobre el castigo. Sin embargo, ya ahí, en el mismísimo principio de la historia, esta aterradora palabra הִשְׁחִית suena como un aviso severo y sobrio (por cierto, completamente perdido en la traducción) de que castigo y destrucción son consecuencias inevitables del pecado y la corrupción. Este es un ejemplo sorprendente de cuán importante son la Escrituras hebreas. Algunos de ustedes quizá sepan que el hebreo es principalmente un lenguaje raíz —las raíces son grupos de tres consonantes que contienen la «esencia» del significado de la palabra—. Los verbos en hebreo son derivaciones de raíces, muy a menudo cambiando vocales o añadiendo sufijos y prefijos, formando así diferentes ramificaciones. Dependiendo de su raíz (binyán), los verbos de la misma raíz pueden tener diferentes significados, como vemos aquí en nuestro texto. No obstante, al ser derivados de la misma raíz, todos tienen algo en común, todos relatan la mismísima «esencia».

[1] 2 Pedro 2:5.

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About the author

Julia BlumJulia is a teacher and an author of several books on biblical topics. She teaches two biblical courses at the Israel Institute of Biblical Studies, “Discovering the Hebrew Bible” and “Jewish Background of the New Testament”, and writes Hebrew insights for these courses.