Todo ante la Cuaresma 2017 (1 marzo/13 abril 2017): Diez decálogos y
meditaciones
Por Jesús de las Heras Muela
Ref: http://www.revistaecclesia.com/ante-la-cuaresma-2017-1-marzo13-abril-2017-diez-decalogos-meditaciones/
La Iglesia católica se dispone a recorrer el tiempo litúrgico y
espiritual de la Cuaresma, los cuarenta días de camino hacia la Pascua. La
Cuaresma es siempre tiempo y don de Dios para la conversión, para la renovada y
permanente toma de conciencia de la obra de la salvación en Jesucristo y por
Jesucristo.
El ayuno, la limosna y la oración son los tres medios tradicionales y
bien fecundos para recorrer este tiempo de gracia, este día –cuarenta días- de
salvación. Desde estas claves, ofrecemos a continuación y con una clara
finalidad pastoral y catequética los siguientes decálogos.
(1).- Decálogo del signo cuaresmal de la ceniza
1.- Este signo quiere expresar el reconocimiento de nuestra condición
humana, tan limitada y corruptible. Así lo expresa una de las fórmulas con las
que el sacerdote puede imponer la ceniza a los fieles: “Recuerda que polvo eres
y en polvo te convertirás”. La ceniza habla de caducidad, de lo perecedero. La
ceniza es también signo de la posibilidad de resurgir. En el fuego quedan
siempre en el rescoldo las cenizas.
2.- La ceniza simboliza el árbol quemado y calcinado. Fue precisamente en un
árbol -el árbol de la cruz- donde Jesucristo fue crucificado. Evoca la cruz y
anticipa también la Pascua. El árbol de la cruz es el árbol de la vida.
3.- La ceniza nos llama asimismo a la humildad, a la austeridad. Nos alerta
sobre el orgullo y la autosuficiencia. ¡Qué más pobre e insignificante que la
ceniza!
4.- La ceniza nos interpela a poner el fundamento de nuestra existencia en Jesucristo,
Hoja y Árbol perennes. Sólo El nos puede liberar de la destrucción, de la
corrupción y de la muerte. Cristo es la verdadera y única medicina de
inmortalidad y eternidad.
5.- La ceniza es símbolo de conversión. Por eso, al imponer la ceniza, la fórmula
más usada es la que dice: “Arrepiéntete y cree en el Evangelio”.
De este modo, al hilo de un texto reciente de las publicaciones diocesanas
semanales de las Iglesias en Aragón, podemos afirmar que la ceniza que Dios
quiere, que la ceniza cristiana es:
1.- Que no te gloríes de ti mismo: Tus talentos los recibiste para servir.
2.- Que no te consideres dueño de nada: eres sólo un humilde administrador.
3.- Que aprecies el valor de las cosas sencillas y humildes, de los pequeños
gestos cotidianos.
4.- Que vivas el momento presente en compromiso y esperanza, vislumbrando en
el quehacer de cada día el rostro de la eternidad.
5.- Que no temas desesperadamente al sufrimiento, al dolor, a la
destrucción, a la muerte: La ceniza surge de un árbol y para los cristianos ese
árbol no es otro que el árbol de la cruz de Jesucristo, el árbol de la Vida
para siempre. n
(2).- Decálogo de los símbolos de Cuaresma
1.- La cuaresma es DESIERTO. Es sequedad, soledad, ayuno austeridad,
rigor, esfuerzo, penitencia, peligro, tentación.
2.- La cuaresma es PERDÓN. Las historias bíblicas de Jonás y de Nínive
y la parábola del hijo pródigo, son ejemplos de ello.
3.- La cuaresma es ENCUENTRO, es abrazo de reconciliación como en la parábola
del hijo pródigo o en la conversión de Zaqueo o en el diálogo de Jesucristo con
la mujer adúltera.
4.- La cuaresma es LUZ, como se pone de evidencia, por ejemplo, en el
evangelio del ciego de nacimiento. Es el tránsito de las tinieblas a la luz. Jesucristo
es la luz del mundo.
5.- La cuaresma es SALUD, símbolo manifestado en textos como la curación del
paralítico o la sanación del hijo del centurión.
6.- La cuaresma es AGUA. Es el tránsito de la sed de nuestra insatisfacción
al agua viva, el agua de Moisés al pueblo de Israel en el desierto o de Jesús a
la mujer samaritana.
7.- La cuaresma es superación victoriosa de las pruebas y dificultades. Es
LIBERACIÓN, TRIUNFO. Algunas figuras bíblicas, que sufren graves peligros y
vencen en la prueba, son José hijo de Jacob, la casta Susana, Ester, el profeta
Jeremías y, sobre todo, Jesús, tentado y transfigurado.
8.- La cuaresma es CRUZ. Signo y presencia permanente durante toda la
cuaresma. Prefigurada en el Antiguo Testamento y patentizada con el ejemplo de
Jesucristo y como su llamada cargar con ella como condición para el
seguimiento.
9.- La cuaresma es TRANSFIGURACIÓN. Es la luz definitiva del camino
cuaresmal, preanunciada y pregustada en la escena de la transfiguración de
Jesús. “Por la cruz a la luz”.
10.- La cuaresma es el esfuerzo por retirar el fermento viejo e incorporar
la LEVADURA NUEVA DE LA PASCUA RESUCITADA Y RESUCITADORA, ahora y para siempre.
(3).- Decálogo de la conversión cuaresmal
1.- La conversión es recordar que el Señor nos hizo para sí y que todos los
anhelos, expectativas, búsquedas y hasta frenesíes de nuestra vida, sólo
descansarán, sólo se plenificarán, cuando volvamos a El.
2.- La conversión es la llamada insistente a asumamos, reconozcamos y
purifiquemos nuestras debilidades.
3.- La conversión es ponernos en el camino, con la ternura, la humildad y la
sinceridad del hijo pródigo, de rectificar los pequeños o grandes errores y
defectos de nuestra vida.
4.- La conversión es entrar en uno mismo y tamizar la propia existencia a la
luz del Señor, de su Palabra y de su Iglesia y descubrir todo lo que hay en
nosotros de vana ambición, de presunción innecesaria, de limitación y egoísmo…
5.- La conversión es cambiar nuestra mentalidad, llena de eslóganes
mundanos, lejana al evangelio, y transformarla por una visión cristiana y
sobrenatural de la vida.
6.- La conversión es cortar nuestros caminos de pecado, de materialismo,
paganismo, consumismo, sensualismo, secularismo e insolidaridad y emprender el
verdadero camino de los hijos de Dios, ligeros de equipaje.
7.- La conversión es examinarnos de amor y encontrar nuestro corazón y
nuestras manos más o menos vacías.
8.- La conversión es renunciar a nuestro viejo y acendrado egoísmo, que
cierra las puertas a Dios y al prójimo.
9.- La conversión es mirar a Jesucristo -como hizo Teresa de Jesús a su
Cristo muy llagado- y contemplar su cuerpo desnudo, sus manos rotas, sus pies
atados, su corazón traspasado sentir la necesidad de responder con amor al Amor
que no es amado.
10.- Y así, de este modo, la conversión, siempre obra de la misericordia y
de la gracia de Dios y del esfuerzo del hombre, será encuentro gozoso, sanante
y transformador con Jesucristo.
(4).- Decálogo de los personajes de la Cuaresma
1.- LA SAMARITANA: Es el ejemplo de la persona alejada, que se encuentra con
Jesús, se abre a su diálogo, se deja interpelar, abre su conciencia y Jesús
transforma su vida. Necesitaba el agua viva para limpiar las adherencias y
suciedades de su vida anterior. El agua de Jesucristo la limpia y purifica y se
convierte en otra persona y en un testigo. (Jn 4, 1-31)
2.- LA MUJER ADULTERA: Personifica la capacidad de misericordia de
Jesucristo. Habla del misterio del perdón cristiano. Llama a la sinceridad del
corazón y de una vida recta partiendo de uno mismo. Alerta sobre nuestros
juicios y prejuicios. Habla de la necesaria apertura cristiana hacia todas las
personas, que siempre son dignas del amor y del perdón de Dios. Testimonia la
potencialidad salvadora de la mirada compasiva de Jesucristo. (Jn 8, 1-11)
3.- EL PADRE DE LA PARÁBOLA DEL HIJO PRÓDIGO: Es la imagen del Dios Padre
rico en misericordia. Nos recuerda su amor, su bondad, su espera. Cree en la
libertad y confía en el retorno de su hijo. No inquiere, no lleva cuentas del
mal, sino que siempre está dispuesto al abrazo del perdón, de la reconciliación
y de la vida nueva. Es justo desde el amor, un amor que no tiene medidas ni
reglas puramente humanas. (Lc 15,11-32).
4.- EL HIJO PRÓDIGO: Es, de nuevo, imagen de los alejados y de aquellos que
hacen, en algún momento, un uso indebido de su libertad y de sus derechos. Es
prototipo, en primera instancia, de quien piensa sólo en sí mismo y busca los
placeres rápidos, inmediatos y efímeros. Es después representación de la obra
de la gracia, que también desde situaciones, circunstancias y conveniencias
humanas, va moviendo el corazón hacia la conversión. Toma conciencia de su
situación de postración, se pone en camino, se deja guiar por la reconciliación
y experimentan el don y la gracia inmensos del perdón y del amor. (Lc
15,11-32).
5.- EL HERMANO MAYOR DEL HIJO PRÓDIGO: Es reflejo de tantos de los
planteamientos de los “cercanos”, de los que se mantienen en la Iglesia, pero
que no acaban de abrir del todo su alma a la sabiduría de Dios y a la plenitud
del Evangelio. Lleva “cuentas”, el calculador, lo tiene todo apuntado, tiene
sus razones y sus derechos. Pero necesita encontrar las verdades razones y
derechos de la gratuidad, del perdón y del amor.
6.- NICODEMO: Representa al hombre cabal, religioso y recto que busca la
verdad. La cuaresma es tiempo para no anclarnos en la “verdad” de nuestros
pensamientos y opciones sino de ponernos en camino en la búsqueda de la verdad
auténtica y definitiva. (Jn 3.1-21)
7.- EL ENFERMO DE LA PISCINA DE BETESDA: Es el prototipo del enfermo que
aguarda la salud y de quien necesita ayuda de los demás. Llevaba enfermo 38
años y nadie le había empujado a la piscina de las aguas sanadoras. El
cristiano debe estar alerta para descubrir a quien necesite de nosotros. El
enfermo de la piscina de Betesda, una vez sanado, es también modelo de
agradecimiento y de testimonio.
8.- EL CIEGO DE NACIMIENTO: Representa la oscuridad y la ceguera como
enfermedad del cuerpo y como enfermedad del alma. Cuaresma es descubrir las
oscuridades de nuestra vida cristiana y buscar la mano sanadora de Jesús, que,
a través de su Iglesia, unta el barro y el ungüento de la luz en los ojos de
nuestra alma. La fe es la luz; Jesús es la luz. Vivir sin la fe, vivir sin
Jesús es oscuridad y ceguera. Y el cristiano, como el ciego de nacimiento, una
vez recobrada la vista, debe ser testigo de la Luz. (Jn 9, 1-41)
9.- LÁZARO: Es el amigo de Jesús. Es el resucitado, signo y primicia de la
gran Resurrección de Jesucristo, prenda de nuestra futura resurrección. También
nosotros, si creemos, si mantenemos y cultivamos la amistad con Jesús, podremos
ver la gloria de Dios y dar testimonio de ella con nuestras obras. Lázaro,
junto a sus hermanas Marta y María, habla de la necesidad de mantener un trato
de intimidad con Jesús y de hacer de nuestra cuaresma tiempo y espacio para
nuestra Betania cotidiana. (Jn 11, 1-44).
10.- MARÍA DE NAZARET: Es la madre, es la solidaria, la asociada a la
pasión, muerte y resurrección de su Hijo Jesucristo. Mira la pasión y la pascua
con ojos y corazón compasivos, como Jesús. Está. Testimonia así la fuerza
decisiva de la presencia, de la compañía, de saber estar en el lugar donde
debemos estar. María de Nazaret nos ha de ayudar a permanecer al pie de la cruz
de nuestros hermanos y a saber acompañarlos con nuestra presencia y amor en sus
Vías Dolorosas. (Jn 19, 25-27).
(5).- Los lemas papales para las Cuaresmas de los diez últimos años
1.- “La Palabra es un don. El otro es un don”. La parábola
del pobre Lázaro y del rico (cf. Lc 16,19-31). (Año 2017). Francisco.
2.- “Misericordia quiero y no sacrificio” (Mt, 9, 13). Las
obras de misericordia en el camino jubilar. (2016). Francisco.
3.- “Fortaleced vuestros corazones” (Sant 5, 8). (2015).
Francisco.
4.- “Se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza (cfr.
2 Cor 8, 9)”. (2014). Francisco.
5.- Creer en la caridad, suscita caridad. “Hemos conocido
el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él” (1 Jn 4,16). (Año 2013).
Benedicto XVI.
6.- “Fijémonos los unos en los otros para estímulo de la
caridad y las buenas obras” (Hb 10, 24). (Año 2012). Benedicto XVI.
7.- “Con Cristo sois sepultados en el Bautismo, con él
también habéis resucitado» (Col 2, 12) (Año 2011). Benedicto XVI.
8.- “La justicia de Dios se ha manifestado por medio
de la fe en Jesucristo” (Rom. 3, 21-22) (Año 2010). Benedicto XVI.
9.- “Jesús, después de haber ayunado cuarenta días y
cuarenta noches, al final sintió hambre” (Mt 4, 1-2) (Año 2009).
Benedicto XVI.
10.- “Nuestro Señor Jesucristo, siendo rico, por
vosotros se hizo pobre” (2 Cor. 8,9) (Año 2008). Benedicto XVI.
(6).- Cuaresma y Piedad Popular
La Cuaresma en el “Directorio sobre la Piedad Popular y la Liturgia”
(Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, 2002)
1.- PREPARACIÓN A LA PASCUA: La Cuaresma es
el tiempo que precede y dispone a la celebración de la Pascua.
2.- LAS DIMENSIONES Y ÁMBITOS DE LA CUARESMA: La
Cuaresma es tiempo de escucha de la Palabra de Dios y de conversión, de
preparación y de memoria del Bautismo, de reconciliación con Dios y con los
hermanos, de recurso más frecuente a las “armas de la penitencia cristiana”: la
oración, el ayuno y la limosna (cfr. Mt 6,1-6.16-18).
3.- LA CENIZA, SU SÍMBOLO POR EXCELENCIA: El comienzo
de los cuarenta días de penitencia, en el Rito romano, se caracteriza por el
austero símbolo de las Cenizas, que distingue la liturgia del Miércoles de
Ceniza.
Propio de los antiguos ritos con los que los pecadores convertidos se
sometían a la penitencia canónica, el gesto de cubrirse con ceniza tiene el
sentido de
reconocer la propia fragilidad y mortalidad, que necesita ser
redimida por la misericordia de Dios. Lejos de ser un gesto
puramente exterior, la Iglesia lo ha conservado como
signo de la
actitud del corazón penitente que cada bautizado está llamado a asumir en el
itinerario cuaresmal. Se debe ayudar a los fieles, que acuden en
gran número a recibir la Ceniza, a que capten el significado interior que tiene
este gesto, que abre a la conversión y al esfuerzo de la renovación pascual.
4.- TIEMPO PARA DEJAR LO SUPERFLUO E IR A LO FUNDAMENTAL: A
pesar de la secularización de la sociedad contemporánea, el pueblo cristiano
advierte claramente que durante la Cuaresma hay que dirigir el espíritu hacia
las realidades que son verdaderamente importantes; que hace falta un esfuerzo
evangélico y una coherencia de vida, traducida en buenas obras, en forma de
renuncia a lo superfluo y suntuoso, en expresiones de solidaridad con los que
sufren y con los necesitados.
5.- TIEMPO PARA LA CONFESIÓN Y LA COMUNIÓN: También
los fieles que frecuentan poco los sacramentos de la Penitencia y de la
Eucaristía saben, por una larga tradición eclesial, que el tiempo de
Cuaresma-Pascua está en relación con el precepto de la Iglesia de confesar lo
propios pecados graves, al menos una vez al año, preferentemente en el tiempo
pascual.
6.- EL SENTIDO DEL AYUNO CUARESMAL: La práctica del
ayuno, tan característica desde la antigüedad en este tiempo litúrgico, es un
“ejercicio” que libera voluntariamente de las necesidades de la vida terrena
para redescubrir la necesidad de la vida que viene del cielo:
“No sólo
de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mt
4,4; cfr. Dt 8,3; Lc 4,4; antífona de comunión del I Domingo de Cuaresma).
7.- CAMINO CUARESMAL, CAMINO HACIA LA CRUZ: El camino
cuaresmal termina con el comienzo del Triduo pascual, es decir, con la
celebración de la Misa
in Cena Domini. En el Triduo pascual, el
Viernes Santo, dedicado a celebrar la Pasión del Señor, es el día por
excelencia para la “Adoración de la santa Cruz”.
Sin embargo, la piedad popular desea anticipar la veneración cultual de la
Cruz. De hecho, a lo largo de todo el tiempo cuaresmal, el viernes, que por una
antiquísima tradición cristiana es el día conmemorativo de la Pasión de Cristo,
los fieles dirigen con gusto su piedad hacia el misterio de la Cruz.
8.- LO QUE ES Y DICE LA CRUZ DE CRISTO: Contemplando
al Salvador crucificado captan más fácilmente el significado del dolor inmenso
e injusto que Jesús, el Santo, el Inocente, padeció por la salvación del
hombre, y comprenden también el valor de su amor solidario y la eficacia de su
sacrificio redentor.
En las manifestaciones de devoción a Cristo crucificado, los elementos
acostumbrados de la piedad popular como cantos y oraciones, gestos como la
ostensión y el beso de la cruz, la procesión y la bendición con la cruz, se
combinan de diversas maneras, dando lugar a ejercicios de piedad que a veces
resultan preciosos por su contenido y por su forma.
9.- ILUMINAR EL SENTIDO DE LA ADORACIÓN DE LA CRUZ DE CRISTO: No
obstante, la piedad respecto a la Cruz, con frecuencia, tiene necesidad de ser
iluminada. Se debe mostrar a los fieles la referencia esencial de la Cruz al
acontecimiento de la Resurrección: la Cruz y el sepulcro vacío, la Muerte y la
Resurrección de Cristo, son inseparables en la narración evangélica y en el
designio salvífico de Dios. En la fe cristiana, la Cruz es expresión del
triunfo sobre el poder de las tinieblas, y por esto se la presenta adornada con
gemas y convertida en signo de bendición, tanto cuando se traza sobre uno
mismo, como cuando se traza sobre otras personas y objetos.
10.- LOS OTROS ASPECTOS DE LA PIEDAD POPULAR SOBRE EL MISTERIO DE
CRISTO CRUCIFICADO: El texto evangélico, particularmente
detallado en la narración de los diversos episodios de la Pasión, y la
tendencia a especificar y a diferenciar, propia de la piedad popular, ha hecho
que los fieles dirijan su atención, también, a aspectos particulares de la
Pasión de Cristo y hayan hecho de ellos objeto de diferentes devociones: el
“Ecce homo”, el Cristo vilipendiado, “con la corona de espinas y el manto de
púrpura” (Jn 19,5), que Pilato muestra al pueblo; las llagas del Señor, sobre
todo la herida del costado y la sangre vivificadora que brota de allí (cfr. Jn
19,34); los instrumentos de la Pasión, como la columna de la flagelación, la
escalera del pretorio, la corona de espinas, los clavos, la lanza de la
transfixión; la sábana santa o lienza de la deposición. Estas expresiones
de piedad, promovidas en ocasiones por personas de santidad eminente, son
legítimas. Sin embargo, para evitar una división excesiva en la contemplación
del misterio de la Cruz, será conveniente subrayar la consideración de conjunto
de todo el acontecimiento de la Pasión, conforme a la tradición bíblica y
patrística.
(7).- La Cuaresma en los prefacios de la Misa
El itinerario hacia la Montaña Santa
El Prefacio es la parte de la plegaria eucarística de la Santa Misa, previa
a la consagración, en la que el sacerdote, en nombre todo el pueblo santo,
glorifica a Dios Padre y le da las gracias por toda la obra de la salvación o
por algunos de sus aspectos particulares, según las variantes del día, fiesta o
tiempo litúrgico.
En el actual Misal Romano hay cinco Prefacios generales de Cuaresma, dos
para los tres días primeros de la Semana Santa y otros seis para los seis
domingos de este tiempo litúrgico. Su lectura y meditación nos muestra
espléndida y hermosamente la identidad de la Cuaresma, de sus signos, símbolos
y praxis, y siempre en unidad íntima con la Pascua. En seis bloques temáticas
agrupamos ahora estos Prefacios, algunos de los cuales repetimos en su
emplazamiento en razón de la riqueza y hondura de su contenido:
1.- CUARESMA, TIEMPO DE PREPARACIÓN A LA PASCUA:
“Por El concedes a tus hijo anhelar año tras año con el gozo de habernos
purificado la solemnidad de la Pascua, para que dedicados con mayor entrega a
la alabanza divina y al amor fraterno, por la celebración de los misterios que
nos dieron nueva vida, lleguemos a ser en plenitud hijos de Dios”.
“Tu abres a la Iglesia el camino de un nuevo éxodo a través del desierto
cuaresmal, para que llegados, a la montaña santa, con el corazón contrito y
humillado, reavivemos nuestra vocación de pueblo de la alianza, convocado para
bendecir tu nombre, escuchar tu Palabra y experimentar con gozo tus
maravillas”.
2.- CUARESMA, TIEMPO DE AYUNO Y PENITENCIA:
“Porque con nuestras privaciones voluntarias nos enseñas a reconocer y
agradecer tus dones, a dominar nuestro afán de suficiencia y a repartir
nuestros bienes con los necesitados, imitando así tu generosidad”.
“Porque con el ayuno corporal refrenas nuestras pasiones, elevas nuestro
espíritu, nos das fuerza y recompensa por Cristo Señor nuestro”.
“El cual, al abstenerse durante cuarenta días de tomar alimento, inauguró la
práctica de nuestra penitencia cuaresmal, y al rechazar las tentaciones del
enemigo, nos enseñó a sofocar la fuerza del pecado: de este modo, celebrando
con sinceridad el misterio de esta Pascua, podremos pasar un día a la Pascua
que no se acaba”.
3.- CUARESMA, EL CAMINO DE LA CRUZ SALVADORA:
“En la pasión salvadora de tu Hijo el universo aprende a proclamar tu
grandeza y por la fuerza de la cruz el mundo es juzgado como reo y el
Crucificado exaltado como juez poderoso”.
“Porque se acercan ya los días santos de su pasión salvadora y de su
resurrección gloriosa: en ellos celebramos su triunfo sobre el poder de nuestro
enemigo y renovamos el misterio de nuestra redención”.
“Quien, después de anunciar su muerte a los discípulos, les mostró en el
monte santo el esplendor de su gloria, para testimoniar, de acuerdo con la ley
y los profetas, que la pasión es el camino de la resurrección”.
4.- CUARESMA, EN BUSQUEDA DEL AGUA VIVA Y DE LA LUZ
“Quien, al pedir agua a la Samaritana, ya había infundido en ella la gracia
de la fe, si quiso estar sediento de la fe de aquella mujer fue para encender
en ella el fuego del amor divino”.
“Quien se hizo hombre para conducir al género humano, peregrino en
tinieblas, al esplendor de la fe; y a los que nacieron esclavos del pecado, los
hizo renacer por el bautismo, transformándolos en tus hijos adoptivos”.
5.- CUARESMA, ANTICIPO DE LA PASCUA ETERNA:
“Porque has establecido generosamente este tiempo de gracia para renovar en
santidad a tus hijos, de modo, que, libres de toda afecto desordenado, vivamos
las realidades temporales como primicias de las realidades eternas”.
“El cual, al abstenerse durante cuarenta días de tomar alimento, inauguró la
práctica de nuestra penitencia cuaresmal, y al rechazar las tentaciones del
enemigo, nos enseñó a sofocar la fuerza del pecado: de este modo, celebrando
con sinceridad el misterio de esta Pascua, podremos pasar un día a la Pascua
que no se acaba”.
6.- CUARESMA, HACIA EL TIEMPO NUEVO DE LA VIDA DEFINITIVA:
“El cual, hombre mortal, como nosotros, que lloró a su amigo Lázaro, y Dios
y Señor de la vida que lo levantó del sepulcro, hoy extiende su compasión a
todos los hombres y por medio de sus sacramentos los restaura a una vida
nueva”.
“El cual, siendo inocente, se entregó a la muerte por los pecadores, y
aceptó la injusticia de ser contado entre los criminales. De esta forma, al
morir, destruyó nuestra culpa, y, al resucitar, fuimos justificados”.
(8).- La Cuaresma en la liturgia de la Palabra
1.- La Cuaresma, que llega a nosotros ya desde el Miércoles de Ceniza como
tiempo por excelencia para la gracia y salvación y para la autenticidad,
encuentra siempre en el
primer domingo los llamados relatos
sinópticos –los de los evangelios de Mateo, Marcos y Lucas- sobre las
tentaciones de Jesús en el desierto. Ello nos indica que la Cuaresma es un
tiempo de desierto, de prueba y de superación de las distintas tentaciones: del
poder, del tener, del aparentar.
2.-
La transfiguración del Señor centra siempre el segundo domingo
cuaresmal. Ello nos habla que la Cuaresma es tiempo para dejar y
alternar el valle de la vida con la subida a la montaña de la contemplación.
Esto es, que la Cuaresma debe ser aprovechada con tiempos fuertes de oración,
retiro, oración y encuentro personal y transformador con el Señor. Ello
nos habla también que estos tiempos fuertes de oración se han de iluminar y
nutrir de la Palabra de Dios, que nos mostrará el destino transfigurado de la
existencia humana. Y ello nos habla finalmente que después de subir y
permanecer en la montaña es preciso regresar al valle de la vida para continuar
la misión, conscientes, eso sí, de que la transfiguración –la Pascua, en suma-
es nuestro futuro.
3.- En el ciclo A, en los
domingos tercero, cuarto y quinto
se proclaman los pasajes evangélicos de la Samaritana, la curación del ciego de
nacimiento y la resurrección de Lázaro. Son símbolos de la iniciación
cristiana, de la fuerza del encuentro transformador con Jesucristo, del destino
que aguarda a los cristianos. La importancia de estos mensajes es tal que
siempre se pueden leer estos relatos evangélicos, aunque el año en cuestión no
sea del ciclo A.
4.- ¿Qué nos señala todo esto? Que el tiempo de gracia y de salvación de la
Cuaresma debe ser aprovechado para, en primer lugar, tomar conciencia de las
distintas tentaciones que amenazan nuestra salud cristiana. En segundo lugar,
que el discernimiento y la fuerza para superar las tentaciones la encontramos
en la oración y en la Palabra de Dios. Y, en tercer lugar, que la vocación
cristiana es la misión de cada día para transmitir con nuestra vida que el
Evangelio de Jesucristo es la novedad y la transformación definitiva –de
ahí los símbolos del agua, de la luz y de la resurrección- que todos y cada uno
de nosotros y nuestra entera humanidad tanto necesitamos.
5.- La Cuaresma –recordamos- es el tiempo para tomar conciencia y superar
las tentaciones de cada día; para llenarnos de la luz transfigurada de
Jesucristo y salir al valle de la vida a transmitir con nuestra vida que El,
solo El, es el agua, la luz y la vida que tanto anhelamos y necesitamos.
En este último sentido, los domingos tercero, cuarto y quinto del ciclo B
nos presentan la novedad y singularidad de la salvación cristiana. Es
Jesucristo quien nos salva. Solo El. Con la promesa y certeza de su
resurrección –“destruid este templo y en tres días lo levantaré”-. Con su cruz,
que se eleva sobre la tierra para que todo el que crea en el Crucificado tenga vida
eterna. Como el grano de trigo que solo florece en la espiga de oro siendo
enterrado en la tierra.
6.- En el ciclo C, los domingos tercero, cuarto y quinto, el tema central es
la conversión, a la luz del evangelio de San Lucas. Se trata, en el tercer
domingo, de un triple conversión: liberadora a luz de Moisés, conversión
para no perecer y conversión en las actitudes y estilo de vida. En el cuarto
domingo C se proclama el evangelio de la parábola del Hijo Pródigo, que es el
mejor mosaico, la más bella e interpeladora historia para todos (“los hijos
menores” y “los hijos mayores”) sobre la conversión. Por fin, en el quinto
domingo de Cuaresma, de la mano del conocido relato del evangelio de San Juan
del encuentro de Jesús con la mujer adúltera, se nos invita a todos
(a los “intachables” y a los pecadores públicos) a vivir la conversión con
sinceridad, radicalidad, agradecimiento y seguimiento.
7.- Por su parte, las lecturas del Antiguo Testamento se refieren a los
principales acontecimientos de la historia de la salvación, que es uno de los
temas básicos de la primera y fundamental catequesis cristiana. Estos textos
parten desde el principio de la historia de la salvación hasta la promesa de la
nueva alianza. Dios es fiel a su promesa y a su alianza, idea central que se
retoma en la selección de las epístolas paulinas, que buscan esta gran
convergencia y llamada a la conversión, es decir, a aprovechar la gracia
inmensa de la Cuaresma.
(9).- Cuaresma y Vía Crucis: caminos de misericordia
“El Vía Crucis –afirmaba Benedicto XVI al término del rezo del Vía Crucis en
el Coliseo Romano, en al anochecer del Viernes Santo- es el camino de la
misericordia. Es el camino de la bondad, de la verdad, de la valentía, del
amor. No es simplemente una lista de lo oscuro y triste del mundo, no es
tampoco un moralismo ineficiente, y no es un grito de protesta que no cambia
nada; por el contrario, es el camino de la misericordia, la misericordia que
pone un límite al mal. Es el camino de la misericordia y así es el camino de la
salvación. Y nos invita emprender el camino de la misericordia y a poner
con Jesús un límite al mal”.
El Vía Crucis es, en efecto, amigos, memoria viva de la historia más
sagrada, escuela de fe y de virtudes e interpelación para el compromiso y el
testimonio de la vida cristiana. Es contemplar y mirar al que atravesaron. Es
reproducción vivida, escenificada y sentida de los misterios de la pasión y
muerte de Jesucristo. Es compartir y completar en nosotros lo que le falta a la
Pasión de Cristo. Es inmersión en la historia de fe y de devoción del pueblo
cristiano. Es apurar la compañía de Jesús y pregustar y presentir los mismos
sentimientos de Cristo, Quien a pesar de su condición divina no hizo alarde de
su categoría de Dios, despojándose de su rango, actuando con un hombre
cualquier y sometiéndose a una muerte y muerte de cruz.
El Vía Crucis es celebrar y anticipar la Pascua. Es hogar de contemplación y
unción. Es escuela de perdón, de arrepentimiento y de conversión. Es horno de
caridad. Es hontanar de vida y de compromiso. Es fuente de transformación y de
apostolado. Es una de las más bellas plegarias que ha brotado del alma del
pueblo fiel y una de las más extraordinarias, oportunas y fecundas praxis de
Cuaresma.
El Vía Crucis es la Vía Dolorosa jerosolimitana, traspasada y trasplantada a
nuestros templos, a nuestras comunidades, a nuestras calles y a nuestras
plazas. Es recorrer las estaciones del dolor y del amor más grandes: del
Pretorio de la condena nuestra de cada al jardín de la vida y del sepulcro
abierto, vacío y resucitado; del Getsemaní del Cristo y del hombre que
permanecen en agonía hasta el final de los tiempos hasta la tumba florecida en
la Pascua sin ocaso.
(10). Lo que la Cuaresma es: colofón y síntesis de los anteriores
1.- La cuaresma nació como desarrollo pedagógico de un aspecto central del
misterio cristiano celebrado en el triduo pascual. Destaca la perspectiva de su
referencia a Jesucristo.
2.- La cuaresma ha sido siempre el tiempo litúrgico más caracterizado del
cristianismo. Es un conjunto de cuarenta días, cuya razón de ser originaria fue
la de imitar el ayuno previo del Señor al comienzo de su ministerio apostólico.
3.- La cuaresma es privilegio aptísimo para vivir en y de la Palabra de
Dios. Vivir en y de la Palabra significa leerla, rezarla, meditarla, abrirse a
ella, confrontarse con ella, poner a su tamiz y a su luz nuestra propia
existencia. Llenarse de ella para sea la música y la letra de la pletina de
nuestra alma y de la partitura de nuestro corazón.
4.- Toda la liturgia de la cuaresma, tanto en sus aspectos rituales como en
la misma liturgia de la palabra, está transida de hermosísimos símbolos que
ayuden y hagan visible el camino cristiano de la conversión. Estos símbolos son
el desierto, la luz, la salud, el agua, el perdón, la liberación, la cruz y la
resurrección.
5.- Los personajes bíblicos que iluminan el camino cuaresmal son José hijo
de Jacob, Ester, la casta Susana, Jeremías, el ciego de nacimiento, el hijo
pródigo, el padre del hijo pródigo, la samaritana, la mujer adúltera y
arrepentida, Zaqueo, el buen ladrón… y, sobre todo, Jesús de Nazaret.
6.- La cuaresma encuentra en la oración la más apropiada de sus atmósferas y
de sus escuelas. La oración cuaresmal debe más frecuente y habitual. Su tonalidad
propia es la humildad, la insistencia, la confianza. Es oración de súplica y de
petición. La oración cristiana de la cuaresma debe intensificar sus dimensiones
bíblica y litúrgica, de gran riqueza, variedad, matices y contenidos durante
los cuarenta días de este tiempo. En este sentido, la oración litúrgica ha de
ser más pausada, sencilla, cordial, humilde, pobre, seria y profunda.
7.- El ayuno es el segundo camino cuaresmal, según el Papa San León Magno.
Se trata del ayuno del hombre viejo, del ayuno del pecado, de la renuncia a los
propios caminos para abrazar los caminos de Jesucristo. Se trata de privarnos
de algo en favor de alguien necesitado, que podemos nosotros mismos o nuestro
prójimo. El ayuno no es, pues, una ejercitación meramente voluntarista o hasta
masoquista. Es una opción de purificación y de intercesión.
8.- La vigente normativa eclesiástica de la abstinencia de carne durante
todos los viernes de cuaresma y del ayuno y de la abstinencia el miércoles de
ceniza y el viernes santo pueden ayudarnos a recorrer esta segunda vía
cuaresmal y penitencial, antes citada.
9.- La limosna, la caridad, la solidaridad es el tercero de los caminos
tradicionales y permanentes de la cuaresma. ¡Tenemos tantas demandas de
justicia para vivir la limosna, la caridad cuaresmal!
10.- La cuaresma es un tiempo para vivir de ella. Es un tiempo para
practicarla, para ejercitarla no como un fin en sí mismo sino como un medio, un
camino hacia la pascua. Por ello, para recorrer adecuada y cristianamente la
cuaresma debemos buscar y desarrollar nuevos espacios oracionales y
devocionales. El rezo, antes tan habitual del Vía Crucis, durante, al menos,
los viernes de cuaresma, es una praxis que, lejos de haber perdido su vigencia
y sentido, debe ser potenciada y recuperada en nuestra Iglesia en medio de una
sociedad donde la realidad y el misterio de la cruz siguen presentes y
desafiantes. Otras maneras espléndidas y siempre fecundas para recorrer este
camino cuaresmal de la oración será practicar algún día de retiro o de ejercicios
espirituales, que nos llenarán de fuerza, de gracia y de vida, siempre
necesarias para todos y participar en conferencias, charlas y escuelas
cuaresmales.