Tuesday, February 7, 2017

Mensaje del Papa Francisco para la Cuaresma 2017: La Palabra es un don. El otro es un don


Mensaje del Papa Francisco para la Cuaresma 2017: La Palabra es un don. El otro es un don


Queridos hermanos y hermanas:

La Cuaresma es un nuevo comienzo, un camino que nos lleva a un destino seguro: la Pascua de Resurrección, la victoria de Cristo sobre la muerte. Y en este camino, recibimos siempre una llamada a la conversión: el cristiano está llamado a volver a Dios “de todo corazón” (Jl 2,12), a no contentarse con una vida mediocre, sino a crecer en la amistad con el Señor. Jesús es el amigo fiel que nunca nos abandona, porque incluso cuando pecamos espera pacientemente que volvamos a Él, y con esta espera manifiesta su voluntad de perdonar (cf. Homilía, 8 de enero de 2016).

La Cuaresma es un tiempo propicio para intensificar la vida del espíritu a través de los medios santos que la Iglesia nos ofrece: el ayuno, la oración y la limosna. En la base de todo, está la Palabra de Dios, que en este tiempo se nos invita a escuchar y a meditar con mayor frecuencia. En concreto, en la parábola del hombre rico y del pobre Lázaro (cf. Lc 6,19-31). Dejémonos guiar por este relato tan significativo que nos da la clave para entender cómo hemos de comportarnos para alcanzar la verdadera felicidad y la vida eterna, exhortándonos a una sincera conversión.

1.- El otro es un don

            La parábola comienza presentándonos a los dos personajes principales, pero es el pobre el que viene descrito con más detalle: él se encuentra en una situación desesperada y no tiene fuerza ni para levantarse, está echado a la puerta del rico y come las migajas que caen de su mesa, tiene llagas por todo el cuerpo y los perros vienen a lamérselas (cf. vv. 20-21). El cuadro es sombrío, y el hombre degradado y humillado.Principio del formulario

Final del formulario

La escena resulta aún más dramática si consideramos que el pobre se llama Lázaro: un nombre repleto de promesas que significa literalmente “Dios ayuda”. Este no es un personaje anónimo, tiene rasgos precisos y se presenta como una historia personal. Mientras que el rico es como si fuera invisible, para nosotros es alguien conocido y casi familiar, tiene un rostro; y, como tal, es un don, un tesoro de valor incalculable, un ser querido, amado, recordado por Dios, aunque su condición concreta sea la de un desecho humano ((cf. Homilía, 8 de enero de 2016).

Lázaro nos enseña que el otro es un don. La justa relación con las personas consiste en reconocer con gratitud su valor. Incluso el pobre en la puerta del rico, no es una carga molesta, sino una llamada a convertirse y a cambiar de vida. La primera invitación que nos hace esta parábola es la de abrir la puerta de nuestro corazón al otro, porque cada persona es un don, sea vecino nuestro o un pobre desconocido. La Cuaresma es un tiempo propicio para abrir la puerta a cualquier necesitado y reconocer en él o en ella el rostro de Cristo. Cada uno de nosotros los encontramos en nuestro camino. Cada vida que encontramos es un don y merece acogida, respeto y amor. La Palabra de Dios nos ayuda a abrir los ojos para acoger la vida y amarla, sobre todo cuando es débil. Pero para esto hay que tomar en serio también lo que el Evangelio nos revela acerca del hombre rico.

2.- El pecado nos ciega

            La parábola es despiadada al mostrar las contradicciones en las que encuentra el rico (cf. v. 19). Este personaje, al contrario que el pobre Lázaro, no tiene un nombre, se le califica solo como “rico”. Su opulencia se manifiesta en la ropa que viste, de un lujo exagerado. La púrpura, en efecto, es muy valiosa, más que la plata y el oro, y por eso estaba reservada a las divinidades (cf. Jr 10, 9) y a los reyes (cf. Jc 8. 26). La tela era un lino especial que contribuía a dar al aspecto un carácter casi sagrado. Por tanto, la riqueza de este hombre es excesiva, también por la exhibía de manera habitual todos los días: “Banqueteaba espléndidamente cada día” (v. 19). En él se vislumbra de forma patente la corrupción del pecado, que se realiza en tres momentos sucesivos: el amor al dinero, la vanidad y la soberbia ((cf. Homilía, 20 de septiembre de 2013).

El apóstol Pablo dice que “la codicia es la raíz de los todos los males” (1 Tim 6, 10). Esta es la causa principal de la corrupción y fuente de envidias, pleitos y recelos. El dinero puede llegar a dominarnos hasta convertirse en un ídolo titánico (cf. Exhortación apostólica Evangelii gaudium, 55). En lugar de ser un instrumento a nuestro servicio para hacer el bien ye ejercer la solidaridad con los demás, el dinero puede someternos, a nosotros y a todo el mundo, a una lógica egoísta que no deja lugar al amor e impide la paz.

La parábola nos muestra cómo la codicia del rico lo hace vanidoso. Su personalidad se desarrolla en la apariencia, en hacer ver a los demás lo que él se puede permitir. Pero la apariencia esconde un vacío interior. Su vida está prisionera de la exterioridad, de la dimensión más superficial y efímera de la existencia (cf, ibíd., 62).

El peldaño más bajo de esta decadencia moral es la soberbia. El hombre rico se viste como si fuera un rey, simula las maneras de un dios, olvidando que es simplemente mortal. Para el hombre corrompido por el amor a las riquezas, no existe otra cosa que el propio yo y por eso las personas que están a su alrededor no merecen su atención. El fruto del apego al dinero es una especie de ceguera: el rico no ve al pobre hambriento, llagado y postrado en su humillación.

Cuando miramos a este personaje, se entiende por qué el Evangelio condena con  tanta claridad el amor al dinero: “Nadie puede estar al servicio de dos amos. Porque despreciará a uno y querrá a otro; o al contrario, se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero” (Mt 6, 24)

3.- La Palabra es un don

El Evangelio del rico y del pobre Lázaro nos ayuda a prepararnos bien para la Pascua que se acerca. La liturgia del Miércoles de Ceniza nos invita a vivir una experiencia semejante a la que el rico ha vivido de manera muy dramática. El sacerdote, mientras impone la ceniza en la cabeza, dice las siguientes palabras: “Acuérdate de que eres polvo y al polvo volverás”. El rico y el pobre, en efecto, mueren, y la parte principal de la parábola se desarrolla en el más allá. Los dos personajes descubren de repente que “sin nada vinimos al mundo y sin nada nos iremos” (1 Tim 6, 7).

También nuestra mirada se dirige al más allá, donde el rico mantiene un diálogo con Abraham, que llama “padre” (Lc 16, 24-27), demostrando que pertenece al pueblo de Dios. Este aspecto hace que su vida sea todavía más contradictoria, ya que hasta ahora no se había dicho nada de su relación con Dios. En efecto, en su vida no había lugar para Dios, siendo él su único dios.

El rico solo reconoce a Lázaro en medio de los tormentos de la otra vida, y quiere que sea el pobre quien le alivie en su sufrimiento con un poco de agua. Los gestos que se piden a Lázaro son semejantes a los que el rico hubiera tenido que hacer y que nunca realizó. Abraham, sin  embargo, le explica: “Hijo, recuerda que recibiste tus bienes en vida, y Lázaro, a su vez, males; por eso, encuentra aquí su consuelo, mientras que tú padeces”  (v.25). En el más allá se restablece una cierta equidad y los males de la vida se equilibran con los bienes.

La parábola se prolonga, y, de esta manera, su mensaje se dirige a todos los cristianos. En efecto, el rico, cuyos hermanos todavía viven, pide a Abraham que les envíe a Lázaro para advertirles; pero Abraham le responde: “Tienen a Moisés y a los profetas; que los escuchen” (v. 29). Y frente a la objeción del rico, añade: “Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no harán caso ni aunque resucite un muerto” (v. 31).

De esta manera, se descubre el verdadero problema del rico: la raíz de sus males está en no prestar oído a la Palabra de Dios; esto es lo que le llevó a no amar ya a Dios y por tanto a despreciar al prójimo. La Palabra de Dios es una fuerza viva, capaz de suscitar la conversión del corazón de los hombres y orientar nuevamente a Dios. Cerrar el corazón al don de Dios que habla tiene como efecto cerrar el corazón al don del hermano.

Queridos hermanos y hermanas, la Cuaresma es el tiempo propicio para renovarse en el encuentro con Cristo vivo en su Palabra, en los sacramentos y en el prójimo. El Señor –que en los cuarenta días que pasó en el desierto venció los engaños del Tentador- nos muestra el camino a seguir. Qué el Espíritu Santo nos guíe a realizar un verdadero camino de conversión, para redescubrir el don de la Palabra de Dios, ser purificados del pecado que nos ciega y servir a Cristo presente en los hermanos necesitados. Animo a todos los fieles a que manifiesten también esta renovación espiritual participando en las campañas de Cuaresma que muchas organizaciones de la Iglesia promueven en distintas partes del mundo para que aumente la cultura del encuentro en la única familia humana. Oremos unos por otros para que, participando de la victoria de Cristo, sepamos abrir nuestras puertas a los débiles y a los pobres. Entonces viviremos y daremos un testimonio pleno de la alegría de la Pascua.



Vaticano, 18 de octubre de 2016,

 fiesta de san Lucas evangelista

Tiempo de gracia - Hna Isabel Ardanza Mendilibar, CCV

Carta del monasterio de Buenafuente para febrero de 2017
Monasterio Cisterciense Madre de Dios Buenafuente del Sistal, 5 de febrero de 2017
Tiempo de gracia
Durante los meses de invierno, en estos páramos de la serranía del Alto Tajo se experimenta, de manera dramática, la emigración de sus gentes por razón de la intemperie, la soledad, el frío y la distancia a los centros de salud.
Toda circunstancia aciaga y adversa, sin embargo, se puede convertir en tiempo propicio para consolidar la determinación interior y objetivar las opciones identificativas de la vida. En Buenafuente es más recio el desierto, el silencio, el encuentro con la soledad, el tú a tú con Dios en los espacios naturales cubiertos de escarcha
He leído que la merma de efectivos en las congregaciones religiosas y la pirámide de edades, que en principio parece una desgracia, se puede convertir en “tiempo de gracia” (La reducción, tiempo de gracia para vivir de la fe, Hna Isabel Ardanza Mendilibar, CCV).
En la debilidad asalta el miedo, el sufrimiento, la desesperanza, incluso se llega a desconfiar de la Providencia. Sin embargo, según las Sagradas Escrituras y según la espiritualidad cristiana, las experiencias de sufrimiento son motivo para madurar en la fe, y hasta un tiempo de bendición para vivir con mayor radicalidad el seguimiento de Jesús.
La clave para interpretar como bendición lo que se siente adverso estriba en la mirada teologal sobre los acontecimientos, que implica relación con el Señor y por ella, la reacción de abandono en sus manos.
En todo proyecto evangélico, Jesucristo es la referencia emblemática, y observamos que Él, a lo largo de su paso por nuestro mundo, resolvió las encrucijadas más adversas rindiendo su voluntad y abrazando el querer de su Padre.
En general nos sentimos bien cuando nos parece que somos útiles y que nuestro trabajo redunda en obras buenas. Sin mermar el mérito de quienes se entregan totalmente en la tarea y misión recibidas, cuando se es fuerte, joven, exitoso, no se descubre del todo si en la actividad hay proyección protagonista, afán posesivo, hasta narcisismo. Sin embargo, si en tiempo de desolación, de prueba, de aparente inutilidad, nos mantenemos en fidelidad, entonces es el momento de dejar que Dios obre a través de nuestras pobrezas, y que sea Él quien realice su obra a través de nuestra indigencia.
La experiencia del límite es el tiempo del ejercicio supremo de amor y de abandono en Dios, como lo hizo Jesús en manos de su Padre. Es Dios quien nos conduce. Es momento propicio para vivir como creyentes.
[TOMADA DEL SITIO http://www.revistaecclesia.com/carta-del-monasterio-de-buenafuente-para-febrero-de-2017/]
Con cariño,
Noel y Silvia


Monday, February 6, 2017

Addendum - [GAUDIUM ET SPES – P. PABLO VI – 7 de diciembre 1965]


Nota: Ante la reacción de algunos de los lectores del post de ayer del autor A. Pronzato, propongo lo que el Santo Padre, Papa Pablo VI publicó en la exhortación apostólica Gaudium et spes – extracto parcial de la Conclusion. - Para aminorar el dolor y aclarar que los golpes de pecho ayudan, pero no sanan. - N. S. Rios O.


CONCLUSIÓN [GAUDIUM ET SPES – P. PABLO VI – 7 de diciembre 1965]

http://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html

 Tarea de cada fiel y de las Iglesias particulares

91. Todo lo que, extraído del tesoro doctrinal de la Iglesia, ha propuesto el Concilio, pretende ayudar a todos los hombres de nuestros días, a los que creen en Dios y a los que no creen en El de forma explícita, a fin de que, con la más clara percepción de su entera vocación, ajusten mejor el mundo a la superior dignidad del hombre, tiendan a una fraternidad universal más profundamente arraigada y, bajo el impulso del amor, con esfuerzo generoso y unido, respondan a las urgentes exigencias de nuestra edad.

Ante la inmensa diversidad de situaciones y de formas culturales que existen hoy en el mundo, esta exposición, en la mayoría de sus partes, presenta deliberadamente una forma genérica; más aún, aunque reitera la doctrina recibida en la Iglesia, como más de una vez trata de materias sometidas a incesante evolución, deberá ser continuada y aplicada en el futuro. Confiamos, sin embargo, que muchas de las cosas que hemos dicho, apoyados en la palabra de Dios y en el espíritu del Evangelio, podrán prestar a todos valiosa ayuda, sobre todo una vez que la adaptación a cada pueblo y a cada mentalidad haya sido llevada a cabo por los cristianos bajo la dirección de los pastores.

El diálogo entre todos los hombres

92. La Iglesia, en virtud de la misión que tiene de iluminar a todo el orbe con el mensaje evangélico y de reunir en un solo Espíritu a todos los hombres de cualquier nación, raza o cultura, se convierte en señal de la fraternidad que permite y consolida el diálogo sincero.

Lo cual requiere, en primer lugar, que se promueva en el seno de la Iglesia la mutua estima, respeto y concordia, reconociendo todas las legítimas diversidades, para abrir, con fecundidad siempre creciente, el diálogo entre todos los que integran el único Pueblo de Dios, tanto los pastores como los demás fieles. Los lazos de unión de los fieles son mucho más fuertes que los motivos de división entre ellos. Haya unidad en lo necesario, libertad en lo dudoso, caridad en todo.

Nuestro espíritu abraza al mismo tiempo a los hermanos que todavía no viven unidos a nosotros en la plenitud de comunión y abraza también a sus comunidades. Con todos ellos nos sentimos unidos por la confesión del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo y por el vínculo de la caridad, conscientes de que la unidad de los cristianos es objeto de esperanzas y de deseos hoy incluso por muchos que no creen en Cristo. Los avances que esta unidad realice en la verdad y en la caridad bajo la poderosa virtud y la paz para el universo mundo. Por ello, con unión de energías y en formas cada vez más adecuadas para lograr hoy con eficacia este importante propósito, procuremos que, ajustándonos cada vez más al Evangelio, cooperemos fraternalmente para servir a la familia humana, que está llamada en Cristo Jesús a ser la familia de los hijos de Dios.

Nos dirigimos también por la misma razón a todos los que creen en Dios y conservan en el legado de sus tradiciones preciados elementos religiosos y humanos, deseando que el coloquio abierto nos mueva a todos a recibir fielmente los impulsos del Espíritu y a ejecutarlos con ánimo alacre.

El deseo de este coloquio, que se siente movido hacia la verdad por impulso exclusivo de la caridad, salvando siempre la necesaria prudencia, no excluye a nadie por parte nuestra, ni siquiera a los que cultivan los bienes esclarecidos del espíritu humano, pero no reconocen todavía al Autor de todos ellos. Ni tampoco excluye a aquellos que se oponen a la Iglesia y la persiguen de varias maneras. Dios Padre es el principio y el fin de todos. Por ello, todos estamos llamados a ser hermanos. En consecuencia, con esta común vocación humana y divina, podemos y debemos cooperar, sin violencias, sin engaños, en verdadera paz, a la edificación del mundo.

Edificación del mundo y orientación de éste a Dios

93. Los cristianos recordando la palabra del Señor: En esto conocerán todos que sois mis discípulos, en el amor mutuo que os tengáis (Io 13,35), no pueden tener otro anhelo mayor que el de servir con creciente generosidad y con suma eficacia a los hombres de hoy. Por consiguiente, con la fiel adhesión al Evangelio y con el uso de las energías propias de éste, unidos a todos los que aman y practican la justicia, han tomado sobre sí una tarea ingente que han de cumplir en la tierra, y de la cual deberán responder ante Aquel que juzgará a todos en el último día. No todos los que dicen: "¡Señor, Señor!", entrarán en el reino de los cielos, sino aquellos que hacen la voluntad del Padre y ponen manos a la obra. Quiere el Padre que reconozcamos y amemos efectivamente a Cristo, nuestro hermano, en todos los hombres, con la palabra y con las obras, dando así testimonio de la Verdad, y que comuniquemos con los demás el misterio del amor del Padre celestial. Por esta vía, en todo el mundo los hombres se sentirán despertados a una viva esperanza, que es don del Espíritu Santo, para que, por fin, llegada la hora, sean recibidos en la paz y en la suma bienaventuranza en la patria que brillará con la gloria del Señor.

"Al que es poderoso para hacer que copiosamente abundemos más de lo que pedimos o pensamos, en virtud del poder que actúa en nosotros, a El sea la gloria en la Iglesia y en Cristo Jesús, en todas las generaciones, por los siglos de los siglos. Amén." (Eph 3,20-21).

Todas y cada una de las cosas que en esta Constitución pastoral se incluyen han obtenido el beneplácito de los Padres del sacrosanto Concilio. Y Nos, en virtud de la autoridad apostólica a Nos confiada por Cristo, todo ello, juntamente con los venerables Padres, lo aprobamos en el Espíritu Santo, decretamos y establecemos, y ordenamos que se promulgue, para gloria de Dios, todo los aprobado conciliarmente.

Roma, en San Pedro, 7 de diciembre de 1965.

Yo, PABLO, Obispo de la Iglesia católica.

Sunday, February 5, 2017

Sal y luz de la tierra... A. Pronzato


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por rj71

Ocasión para darse golpes de pecho

El hecho de que los discípulos se acercaran al Maestro, según la imagen que nos proponía el evangelio del domingo pasado, no puede sugerir la idea de una relación intimista, de un circuito cerrado. 

Está presente la muchedumbre. Está allí esperando. Provoca, por así decirlo, un cortocircuito.

Los discípulos reciben el encargo de escuchar una palabra al oído para gritarla en los techos. Tienen que percibir un mensaje para interpretarlo existencialmente y difundirlo.

El evangelio de hoy presenta precisamente la vocación cristiana en clave de «función pública», de servicio que se hace a todos.

Es la función, indispensable, de la sal, de la luz.

«Vosotros sois la sal de la tierra... Vosotros sois la luz del mundo». Evidentemente, uno no es sal ni luz con las palabras, con las declaraciones, con las buenas intenciones, sino con las obras.

Las obras surgen del amor y son un signo de amor. Tienen que manifestar el amor, no servir de soporte al prestigio y al Poder (y, desde luego, las «obras buenas» no deben confundirse con el «hacer muchas cosas», aunque algún negociante desaprensivo hace tiempo que tuvo la desfachatez de sostener que no hay ninguna página del evangelio que prohíba hacer buenos negocios. Evidentemente, había interpretado de forma muy atrevida la frase: «Que los hombres vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en el cielo». (Algo así como: A Dios la gloria; nosotros nos contentamos con... los cuartos) 

Sin embargo, estas frases que concretan nuestro papel no nos confieren necesariamente un certificado de superioridad sobre los demás, no son un título de honor, ni pueden interpretarse en clave de elogio o dar lugar a reivindicaciones triunfalistas de condecoraciones.

Sirven simplemente para que tomemos conciencia de nuestras responsabilidades y, todo lo más, para medir nuestras faltas y nuestras culpas. 

Por tanto, más que motivo de orgullo, deberían constituir una ocasión para un examen descarnado de conciencia.

O sea, un examen de lo que deberíamos haber sido en relación con la llamada que se nos ha dirigido de ponernos al servicio del mundo.

Intentemos una reflexión: ¿cuál ha sido nuestra aportación en la promoción de la tolerancia, de la descolonización, de la liberación? ¿Qué guerras hemos impedido (no sólo deplorado)?

¿Qué persecuciones hemos evitado (no sólo condenado)?

¿Qué movimientos de emancipación hemos fomentado (no sólo asumido como nuestros después del riesgo que otros asumieron)? 

¿Qué barreras hemos suprimido? ¿qué injusticias hemos abolido? 

¿Qué esperanzas hemos encendido en el mundo de los desesperanzados, a través de acciones concretas y provocativas, y no de simples invitaciones a la esperanza?
¿De qué movimientos de paz, de unidad, de comprensión, hemos sido protagonistas?

Por consiguiente, no se trata tanto de hinchar el pecho ante estas palabras del sermón de la montaña.

Mejor sería darnos golpes de pecho con ellas.

Más que sufrir porque no nos han llamado, porque nos han marginado y apartado, preguntémonos si por casualidad nuestra sal no se ha vuelto insípida. Ya el Señor había previsto que la sal que ha perdido su sabor tiene que ser «pisada por la gente».

Sobre todo, tenemos que darnos cuenta de que, si no conseguimos iluminar mucho, quizás sea porque somos poco trasparentes al único que es la luz del mundo.

Cuando uno está demasiado cargado, demasiado lleno de sí mismo, demasiado preocupado por brillar, es natural que la opacidad se haga más densa.

El sentido de la mesura

La sal es también cuestión de dosificación. Ni poca, ni mucha. Si falta sal, el plato resulta insípido. Pero el exceso de sal puede hacer que la sopa sea desagradable, incomestible.

Hay un estilo cristiano insulso, cobarde, tímido, tembloroso. Pero hay también un estilo cristiano invasor, aplastante, agresivo, desapacible, jactancioso, alborotador.
No es compatible con la vocación cristiana una actitud suspirante, impotente, lacrimosa, resignada.

Pero el testimonio bajo el signo de la franqueza y de la audacia no tiene nada que ver con la perversidad, con el gusto por la provocación clamorosa.

Puede haber un pecado de excesiva «buena educación».

Pero el remedio no es ciertamente el insulto, la grosería, la vulgaridad, la villanía, la falta de pudor.

La presencia no debe confundirse con el adueñamiento.

Se puede aceptar la recomendación de Andrei Siniavski, que denuncia el peligro de que «se sequen las raíces».

Sin embargo, hay que tener presente que la función del árbol no es la de producir bastones nudosos para empuñarlos contra los enemigos.

La sal, en tiempos de Jesús, se usaba también como abono (también hoy muchos fertilizantes se componen de sales minerales).

La sal quema, ciertamente -porque contiene fuego-; por eso hay que impedir que amenace y apague la vida.

Por otra parte, sabemos que ciertos productos empleados para la agricultura contaminan por desgracia las capas acuíferas y hasta envenenan los frutos que deberían favorecer y conservar.

Esto mismo puede decirse de la luz. No podemos ni debemos ocultarla. La lámpara no debe apagarse.

Sin embargo, la luz evangélica es siempre una luz discreta, respetuosa, no clamorosa, no... bulliciosa.

La visibilidad no debe confundirse con la exhibición, con el espectáculo.

El sentido de la mesura no disminuye en lo más mínimo la fuerza de irradiación, sino que le confiere por el contrario una mayor intensidad y eficacia.

Ese dedo es peor que una puerta cerrada

Isaías (primera lectura) nos ofrece una gama discreta de obras francamente «buenas».

Pero es preciso quitar un impedimento: la costumbre de «apuntar con el dedo».

El dedo que apunta al prójimo es señal de juicio, de condenación. El dedo que apunta constituye una especie de pared que me impide ver al otro, que no permite que me acerque a él. Es el obstáculo más insuperable.

Tras el dedo amenazador hay además normalmente una lengua en movimiento. Maledicencias, críticas, calumnias, sentencias inexorables, palabras envenenadas. El juicio inapelable se expresa en un tono de dureza, de frialdad, de falta de compasión.

«Hospeda a los pobres sin techo...».

No hablamos de puertas cerradas. A veces basta con un dedo apuntando para cerrar el acceso a los indeseables.

Ese dedo apuntando constituye la manera más hipócrita de defenderse de las personas incómodas.

El dedo apuntando impide la vista, esconde el rostro del hermano. Y le impide, le bloquea inexorablemente, la entrada.

El dedo apuntando es cerrazón, rechazo, barrera infranqueable. El prójimo no «pasa» a nuestro corazón.

Mientras la mano siga ocupada, comprometida, atada a aquel dedo apuntando como un arma, no podrá abrirse al gesto del don, de la acogida, de la disposición a compartir.

Pasión y pudor

Un ejemplo iluminador del equilibrio entre la pasión apostólica y el pudor, entre la urgencia de la comunicación y el respeto a las personas, entre el fuego interior y la delicadeza, es el que nos ofrece Pablo (segunda lectura): «No vine a vosotros con sublime elocuencia o sabiduría... sino débil y temeroso».

Nunca se valorará lo suficiente esta vacilación, esta inseguridad, este introducirse de puntillas, esta negativa a derribar la puerta. Pablo no tiene nada de conquistador ni de maestro vanidoso («mi palabra y mi predicación no fue con persuasiva sabiduría humana»). Ninguna petulancia. Y ninguna presunción.

No se presenta como un desenvuelto dominador de la situación. Ni como un hábil dialéctico.

Ni la gloria, ni el poder, ni la sabiduría humana. Sino la debilidad y la humillación de la cruz y la fuerza persuasiva del amor.

Pablo no pretende forzar ni tampoco seducir. Quiere convencer a través de la fuerza del Espíritu, no con otros medios.

En Atenas había preparado un discurso deslumbrante, de intelectual, con todas las citas necesarias.

Después de su fracaso, comprendió que no se trataba de hacerse el intelectual, sino que había que fiarse de la palabra escabrosa de la cruz, del lenguaje «inspirado».

Podemos decir que Pablo se presenta como quien sigue aprendiendo. No pretende impresionar, asombrar, adoctrinar, manejar a su gusto a las personas. Intenta encontrar palabras sencillas que remuevan el fondo de los corazones, que despierten la libertad, que iluminen las conciencias. Evita toda coacción, toda constricción.

Pablo descubre y presenta la verdad del hombre en el Crucificado. Por eso no tiene necesidad de modelar el mensaje del evangelio con la sabiduría y las ideologías humanas.

Prescinde tranquilamente de los discursos doctos.

Pablo no se olvida de que fueron los poderosos, con la complicidad de los sabios, los que crucificaron a Jesús. Y es consciente de que pueden también crucificar al hombre. No está ni mucho menos dispuesto a cambiar la necedad de la cruz por la sabiduría humana en el tenderete de la última moda o de la última ideología (¡que es siempre la penúltima!).

Sabe que sólo a través de la cruz puede seguir en contacto con el Espíritu y establecer una relación real, profunda, con el hombre, llegando a sus aspiraciones más profundas, a sus esperanzas más acuciantes.

A. Pronzato

Tuesday, January 31, 2017

Palestina en Tiempos de Jesus


PALESTINA EN TIEMPOS DE JESÚS






INTRODUCCIÓN

Los cristianos confesamos que en la persona de Jesús de Nazaret se ha revelado plenamente el misterio de Dios. La grandeza y el escándalo de nuestra fe se halla en la humanidad y en la concreción de Jesús; él vivió en un país concreto, Palestina; con una geografía y una cultura partículares; en una época también muy concreta, el siglo I.

Si queremos comprender la riqueza del mensaje de Jesús, la grandeza de su persona, su lenguaje, sus comparaciones, hemos de estudiar e intentar conocer cómo era el país de Jesús, cómo era la religión de entonces, qué grupos sociales y religiosos había, qué problemáticas políticas y económicas existían... De este modo entenderemos mejor no sólo la persona y el mensaje de Jesús, sino cómo él desborda y transciende a su misma época, para convertirse en centro y clave de la historia humana.


1. LA GEOGRAFÍA

"Recorría toda Galilea enseñando en las sinagogas y proclamando el Evangelio del Reino, curando las enfermedades y dolencias del pueblo. Su fama se extendió por toda Siria y le traían todos los enfermos aquejados de toda clase de enfermedades y dolores, endemoniados, lunáticos y paralíticos. Y él los curaba. Y le seguían multitudes venidas de Galilea, Decápolis, Jerusalén, Judea y Trans¡ordanía" (Mt 4,23-25).

Palestina, que significa "tierra de los filisteos", ha recibido diversos nombres a lo largo de la historia: Canaán, Israel, Judea, Tierra Santa...

Es un territorio de Asia Occidental, situado entre el Mediterráneo (Oeste), Siria (Norte), el desierto de Arabia (Este) y la península del Sinaí (Sur). Es una franja de tierra en forma de trapecio de 50 y 100 km en sus bases y de 220 km de altura.

El clima de Palestina se caracteriza por tener veranos calurosos y secos e inviernos templados y no demasiado lluviosos. Su agricultura es muy parecida a la del secano español: en las llanuras, cereales; y en la sierra, vid, olivo e higuera.

De oeste a este se pueden distinguir en Palestina tres grandes regiones naturales:

* la llanura costera;
* la zona montañosa, que recorre el país de norte a sur a ambos lados del río Jordán,
* y la depresión del río Jordán, en la que se hallan el mar Muerto y el mar de Galilea (llamado también mar de Genesaret o lago Tiberíades). El Jordán divide el territorio en dos grandes regiones: la Cisjordania, al este del río, y la Transjordania, al oeste. En la Cisjordania se encuentran escalonadas, de norte a sur, las regiones de Galilea, Samaría y Judea.

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1.1. Galilea 

Es una región montañosa, al norte de Palestina, con una fértil llanura bordeando el mar de Genesaret. En su parte montañosa están las poblaciones de Naín, Nazaret y Caná. La llanura del mar de Genesaret era abundante en cereales, fruta, olivos y vid, así como en pesca y derivados. Allí estaban las ciudades de Cafarnaún, Corozaín y Betsaida.

De Galilea era originario Jesús y en Nazaret vivió hasta el comienzo de su vida pública. De ahí que el lenguaje de Jesús esté plagado de comparaciones agrícolas y pesqueras. También gran parte de sus discípulos eran de esta región. En Cafarnaún Pedro tenía su casa, en ella descansaba el Señor a menudo, después de sus viajes recorriendo todas las aldeas.

Por haberse fusionado la población con extranjeros, no judíos de religión, los galileos no eran bien vistos por los judíos fervientes, que llamaban a la región "Galilea de los gentiles", algo así como "el distrito de los ateos".

1.2. Samaría:

Está situada entre Galilea y Judea. Es fértil y con alto nivel urbano. Sus habitantes nunca fueron auténticamente judíos de religión, ya que muchos de ellos descendían de colonos extranjeros.

Los samaritanos eran seguidores de la Ley: admitían sólo el Pentateuco, rechazaban el resto de los libros del Antiguo Testamento y no reconocían a Jerusalén como centro religioso. Ellos tienen su templo en el monte Garizín, en Síquén. Entre ellos y los judíos existía un odio mutuo.

Ciudades importantes eran Samaría, Siquén y Cesarea.

1.3. Judea:

Es la región sur de Palestina, la más extensa y la más despoblada y pobre. La ciudad principal de Judea es Jerusalén. Su importancia es, en primer lugar, religiosa: allí está el único templo judío del mundo, al que todos deben peregrinar. A este motivo hay que añadirle su importancia política, ya que es la sede del sanedrín, cuya competencia se extiende a todos los judíos del mundo. Los dos motivos anteriores producían un tercero: su importancia económica. La gran afluencia de peregrinos la hacía centro de grandes negocios monetarios, de banqueros, recaudadores de impuestos, mercaderes de esclavos y de ganado.

Otras ciudades importantes de Judea son Hebrón, Belén, Emaús, Betania y Jericó (la ciudad residencial de los sacerdotes de Jerusalén).


2. LA ORGANIZACIÓN POLÍTICA

"En el año quince del reinado del emperador Tiberio, siendo Poncio Pilato gobernador de Judea, y Herodes virrey de Galilea, y su hermano Felipe virrey de Iturea y Traconitide, y Lisanio virrey de Abilene bajo el sumo sacerdocio de Anás y Caifás, vino la Palabra de Dios sobre Juan, hijo de Zacarías en el desierto" (Lc 3,1-2)

2.1. La dominación romana

En el año 63 a.C., Pompeyo conquista Jerusalén, y Palestina pasa a depender del poder de Roma. Cuando nace Jesús gobierna en Roma el emperador Octavio Augusto (del 31 a. C. al 14 d.C.). Cuando Jesús muere, es el emperador Tiberio (del 14 d.C. al 37 d.C.).

En los territorios conquistados, Roma procura conservar las costumbres locales. Se reserva la política exterior, controla la moneda y los caminos y exige un tributo elevado. Para conseguir estos fines se sirve de hombres fieles.

El judío Herodes el Grande es uno de esos hombres. Roma lo utiliza para gobernar la Palestina ocupada. Fue puesto por el Senado romano como rey vasallo para toda Palestina. Gobernó desde el año 37 a.C. al 4 a.C. Estaba obsesionado por mantener su soberanía mediante dos métodos: estar siempre al lado del que mandaba en Roma y eliminar a los que podían aspirar a su puesto. De hecho hizo ejecutar a dos de sus hijos acusados de tramar su destitución. Hizo muchas obras públicas, entre las que se encuentran la reconstrucción del templo y la edificación de un teatro y de un anfiteatro en Jerusalén. En el terreno económico su reinado fue próspero.

http://www.mercaba.org/ARTICULOS/P/Palestian2.jpg2.2. La herencia de Herodes

Herodes quiso que le sucedieran tres de sus hijos, partiendo el reino, pero Roma sólo los admitió en calidad de gobernadores, no de reyes:

-Arquelao heredó Judea y Samaría. Gobernó desde el 4 a.C. hasta el 6 d.C. en que fue depuesto y desterrado a causa de su crueldad. Roma, en su lugar, nombró a un procurador romano. El quinto procurador fue Poncio Pilato que gobernó Judea desde el 26 al 37 d.C., en que fue depuesto, y que condenó a Jesús a muerte.

-Herodes Antipas gobernó Galilea y Perea desde el año 4 a.C. al 39 d.C. Repudió a su mujer y se casó con Herodías, mujer de su hermano Filipo, con lo cual se ganó los reproches de Juan Bautista. En el momento de la pasión de Jesús se encontraba en Jerusalén para celebrar la Pascua y Pilato, al saber que Jesús era galileo, se lo envió.

-Filipo gobernó Iturea y Traconítide desde el 4 a.C. al 34 d.C.

En Judea, y después en toda Palestina, el procurador romano dejaba que el Sanedrín ejerciera la justicia, pero se reservaba la pena de muerte.

2.3. El Sanedrín

El Sanedrín ("Consejo", "sentarse juntos") era la institución más importante de la sociedad judía. Una especie de parlamento con poder legislativo, ejecutivo y judicial. Sólo estaba limitado en sus funciones por los ocupantes romanos.

En la época de Jesús, el Sanedrín constaba de 71 miembros, que se elegían de entre estas tres clases:
-los ancianos (representantes de la aristocracia laica);
-los sumos sacerdotes retirados y los miembros de las cuatro familias de las que se elegían generalmente los sumos sacerdotes;
-los escribas o doctores de la Ley, pertenecientes las más de las veces al partido de los fariseos.

El presidente del Sanedrín era el Sumo Sacerdote. Su cometido era gobernar el país bajo la tutela romana. Los sumos sacerdotes de la época de Jesús fueron: Anás (del año 6 al 15 d.C.) y Caifás, su yerno (desde el 16 al 37 d.C.).

El Sanedrín era a su vez el consejo de gobierno y la corte suprema de justicia para todos los judíos, estuvieran en Palestina o en el extranjero.

Ejercía la justicia según las leyes judías, que eran reconocidas como leyes del imperio para todos los judíos de los países sometidos a Roma. Sus decisiones tenían fuerza de ley, que los romanos se cuidaban de aplicar.

Su competencia se extendía a todas las cuestiones religiosas y a todo lo que se derivaba de la ley judía. No tenía poder para condenar a muerte (esto es algo que se reservaba al Prefecto o Gobernador romano).


3. LAS INSTITUCIONES RELIGIOSAS

3.1. Fiestas

Las tres fiestas de peregrinación son las más importantes: reúnen al pueblo junto al templo y refuerzan la fe común.

- La fiesta de Pascua sobre la liberación del Éxodo. En esta ocasión acuden unos 200.000 peregrinos a Jerusalén. La tarde del 14 de nisán se inmola en el templo a los corderos que la familia come después de ponerse el sol. La fiesta se prolonga durante 8 días. Se celebraba a primeros o mediados de abril. Su fecha cambia, al igual que nuestra Semana Santa, a causa del calendario lunar. Coincidía con la primera luna llena de primavera.

- Pentecostés, 50 días más tarde, fue primero la fiesta de la cosecha, pero pasó a ser luego, en la época de Jesús, la celebración del don de la Ley en el Sínaí, fiesta de la alianza y renovación de esa alianza. Se celebraba a finales de mayo o primeros de junio, dependiendo de la fecha de la Pascua.

- La fiesta de las Tiendas o de las Chozas es la más espectacular. Para recordar la estancia en el desierto, cada familia se hacía una choza de ramaje en los alrededores de la ciudad. Se celebra a  mediados de octubre.

3.2. El templo

El templo de Jerusalén era el otro polo de la vida judía. En él se celebraba a diario el culto a Yahvé y los sacerdotes ofrecían los sacrificios. El templo significaba la presencia permanente del Señor en medio de su pueblo.

3.3. La Ley

La Ley, dada por Dios a Moisés, debía ser explicada y adaptada a las circunstancias cambiantes de la vida. Ello dio lugar a la Ley oral o tradiciones de los padres. El trabajo de interpretación y adaptación de la Ley fue realizado por los escribas o doctores (verdaderos teólogos y juristas). En tiempos de Jesús muchos pertenecían al partido fariseo y gozaban de una gran autoridad ante el pueblo.

3.4. El sábado

El sábado es, con la circuncisión, la práctica más sagrada. Era el día dedicado a Dios y al descanso. No se podía trabajar, ni llevar encima más de medio kilo de peso y sólo se podía caminar alrededor de un kilómetro.

3.5. La sinagoga

Era el lugar de reunión de los judíos para la oración y el estudio de la Ley. Más aún que el templo, lejano para muchos y adonde sólo iban en las fiestas, es el lugar donde se forja la fe y la piedad del pueblo. La ceremonia se dividía en dos partes: primero el Shemá, que terminaba con una bendición. Después se hacía la lectura de la Ley, iluminada por un texto de los profetas, y seguida por una homilía.


4. GRUPOS SOCIO-RELIGIOSOS

"Uno de aquellos días, mientras enseñaba al pueblo en el templo anunciándoles el Evangelio, se presentaron los sumos sacerdotes y los escribas con los ancianos..." (Lc 20,1)

" ... Le enviaron unos fariseos y partidarios de Herodes, para cazarlo con una pregun ta..." (Mc 12,13)

"...Se le acercaron unos saduceos, de los que dicen que no hay resurrección, y le preguntaron..." (Mc 12,18)

4.1. Sumo Sacerdote 

Era el responsable máximo del templo y presidente del Sanedrín. Gozaba de una gran dignidad y una situación económica confortable. Pertenecía al partido saduceo y era colaboracionista con el poder romano. Su cargo era vitalicio, pero los diversos procuradores nombraban y destituían al sumo sacerdote cuando querían.

4.2. Saduceos

Pertenecían a la clase alta del país, aristocracia sacerdotal y grandes propietarios. Políticamente colaboraban con el poder romano, intentando mantener el orden público. Religiosamente eran muy conservadores: se atenían a la Ley antigua, no creían ni en el reino venidero ni en la resurrección.

4.3. Sacerdotes 

En Israel el sacerdocio era hereditario y se adquiría por nacer en la tribu de Leví. Unos 7000 sacerdotes se encargaban de atender el templo. En general era gente pobre, vivían de las ofrendas y de oficios que se buscaban por su cuenta.

4.4. Escribas

La mayoría eran laicos. Su misión consistía en explicar y actualizar la Ley en función de los nuevos tiempos y de los problemas que se planteaban.

4.5. Fariseos 

La palabra "fariseo" significa " separado". Eran hombres piadosos que conocían bien la Ley y la cumplían a rajatabla (ayunos, penitencia, oración ... ). Ejercían una enorme influencia entre el pueblo, hasta el punto de que los jefes religiosos seguían siempre sus consejos. Pertenecían a una clase media (artesanos, pequeños comerciantes ... ). Los fariseos quieren estar separados de los impuros, es decir, de los que no conocen la Ley ni la cumplen. Eran nacionalistas y hostiles a los romanos, pero no usaban la fuerza, sino que esperaban un Mesías que establecería el reino de Dios echando a los romanos del país. Se consideraban el resto de Israel y esperaban en la resurrección de los muertos.

4.6. Zelotas

Eran un movimiento extremista y armado. Su nombre significa "celosos de Dios". Pertenecían a las capas más pobres del pueblo (agricultores, jornaleros, pescadores de Galilea...). No se enfrentaban directamente con el ejército romano, sino que organizaban revueltas y asesinatos aprovechando las reuniones masivas. Solían esconderse en cuevas de Galilea y contaban con el apoyo de las clases populares. Entre los seguidores de Jesús había antiguos zelotas: Simón, el zelota, Judas Iscariote...

4.7. Esenios

Eran una especie de monjes que vivían en comunidad a orillas del mar Muerto, en Qumrán. Esperaban la venida de dos mesías, uno político y otro religioso, que restablecerían la justicia, el final del pecado y la restauración del imperio de Israel.

4.8. Pueblo

Era la clase social inferior, la plebe, compuesta fundamentalmente por habitantes del campo, muchas veces descendientes de extranjeros, que no conocían la Ley más que en lo fundamental y ni siquiera eso cumplían. Pertenecían a este grupo los jornaleros, curtidores, carniceros, pastores y todos aquellos cuyos oficios eran considerados impuros. Era la gran masa del país.

4.9. Mujeres

La mujer no tenía los mismos derechos civiles ni religiosos que el hombre. Una mujer dependía totalmente de su padre hasta la edad de 12 años. A esta edad, se celebraban normalmente los desposorios, y un año después tenía lugar el matrimonio. A partir de entonces la mujer pasaba a depender totalmente del marido. Éste podía divorciarse; la mujer, no. En el templo, la mujer no podía pasar del atrio reservado a los gentiles y a las mujeres. En el culto de la sinagoga no jugaba papel alguno. Solamente se limitaba a escuchar. En los juicios su testimonio no valía. En resumen, la mujer estaba considerada como menor de edad y una posesión del hombre.

4.10 Marginados

En la sociedad palestina había grandes grupos marginados por distintas causas: religiosas, morales o racistas.

- Los publicanos eran marginados porque cobraban, por arriendo de los romanos, los tributos sobre las mercancías importadas. Para que les quedara algo de ganancia tenían que cobrar algo más del tributo. Cometían muchos abusos, y el pueblo en general los odiaba y los tenía por ladrones.

- Algunos enfermos, sobre todo de la piel, leprosos y, de afecciones mentales o nerviosas, endemoniados se veían apartados de toda vida social, incluso de la religiosa. Los minusválidos (cojos, ciegos, paralíticos ... ), frecuentemente convertidos en mendigos, eran otro tipo de marginados.

- Los gentiles (los que no son judíos) y los pecadores públicos (prostitutas, adúlteras ... ) eran discriminados por motivos m orales-relígiosos.


La Presentación del Señor - José Manuel Bernal Llorente "Nuevo Año Cristiano"


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La Presentación del Señor - ["Nuevo Año Cristiano", Ed. Edibesa, 2001
José Manuel Bernal Llorente]

A esta fiesta la solíamos llamar antiguamente -quiero decir, antes del Concilio- la Candelaria o Fiesta de la Purificación de la Virgen. Venía considerada como una de las fiestas importantes de Nuestra Señora. Lo más llamativo era la procesión de las candelas. De ahí el nombre de <Candelaria>. Era una procesión clásica, tradicional, atestiguada ya en antiguos documentos romanos. En concreto, el Liber Pontificalis nos asegura que fue el Papa Sergio I, a finales del siglo VII, quien dispuso que se solemnizaran con una procesión las cuatro fiestas marianas más significativas por su antigüedad: la Asunción, la Anunciación, la Natividad y, por supuesto, la Purificación. Éste sería seguramente el origen de la procesión de las candelas.

Esta fiesta había sido importada de Oriente. Su nombre original -hypapante-, de origen griego, así lo indica. Esa palabra, que significa <encuentro>, nos desvela el sentido original de esa fiesta: es la celebración del encuentro con el Señor, de su presentación en el templo y de la manifestación del día cuarenta. Los más antiguos libros litúrgicos romanos aún siguieron conservando durante algún tiempo el nombre original griego para denominar esta fiesta.

Todo esto ya quedó aclarado en el volumen anterior en que se intentó, con toda lógica, vincular esta fiesta al ciclo navideños de la manifestación del Señor. Allí quedó señalado que esta fiesta, tal como ha quedado diseñada en el actual calendario de la Iglesia a raíz del Concilio Vaticano II, recuperando de este modo su sentido original, no es precisamente una fiesta de la Virgen, sino del Señor.

Sin embargo, hay que reconocer el carácter tradicional de la Candelaria, cercana además a la fiesta de San Blas, de indudable raigambre popular y rodeada de importantes elementos tradicionales de carácter cultural y floklórico, como la bendición de los roscos de San Blas, y en algunas regiones la ofrenda de un par de tórtolas o dos pichones. Este hecho nos invita a diseñar, aunque sea de forma esquemática, la evolución histórica de la fiesta que, ya a partir de la Edad Media, se reviste de un carácter marcadamente mariano. Eso lo demuestra el contenido de las viejas oraciones y antífona, recogidas en el viejo Misal Romano, para ser utilizadas en la bendición y procesión de las candelas y que aparecen por vez primera en libros litúrgicos de los siglos XIII y XIV. El protagonismo de la Virgen en casi todos esos textos es altamente significativo y responde, sin duda, al carácter mariano que la fiesta adquiere en esa época.

El nuevo calendario litúrgico, establecido a raíz de la reforma del Vaticano II, considera de nuevo esta solemnidad como fiesta del Señor. Sin embargo, sin renunciar a este carácter fundamental de la fiesta, la piedad popular bien puede alimentar su devoción mariana y seguir celebrando a María, íntimamente vinculada al protagonismo de Jesús, en este acontecimiento emblemático de la presentación en el Templo, por el que Jesús es reconocido como Salvador y Mesías por los dos ancianos Simeón y Ana, representantes singulares del pueblo elegido.

Oración: Dios todopoderoso y eterno, te rogamos humildemente que, así como tu Hijo unigénito, revestido de nuestra humanidad, ha sido presentado hoy en el templo, nos concedas, de igual modo, a nosotros la gracia de ser presentados delante de ti con el agua limpia.

"Nuevo Año Cristiano", Ed. Edibesa, 2001
José Manuel Bernal Llorente

Monday, January 30, 2017

Amoris laetitia - Francisco I - 17-1-30


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por rj71

246. La Iglesia, aunque comprende las situaciones conflictivas que deben atravesar los matrimonios, no puede dejar de ser voz de los más frágiles, que son los hijos que sufren, muchas veces en silencio. Hoy, «a pesar de nuestra sensibilidad aparentemente evolucionada, y todos nuestros refinados análisis psicológicos, me pregunto si no nos hemos anestesiado también respecto a las heridas del alma de los niños [...] ¿Sentimos el peso de la montaña que aplasta el alma de un niño, en las familias donde se trata mal y se hace el mal, hasta romper el vínculo de la fidelidad conyugal?»[269]. Estas malas experiencias no ayudan a que esos niños maduren para ser capaces de compromisos definitivos. Por esto, las comunidades cristianas no deben dejar solos a los padres divorciados en nueva unión. Al contrario, deben incluirlos y acompañarlos en su función educativa. Porque, «¿cómo podremos recomendar a estos padres que hagan todo lo posible para educar a sus hijos en la vida cristiana, dándoles el ejemplo de una fe convencida y practicada, si los tuviésemos alejados de la vida en comunidad, como si estuviesen excomulgados? Se debe obrar de tal forma que no se sumen otros pesos además de los que los hijos, en estas situaciones, ya tienen que cargar»[270]. Ayudar a sanar las heridas de los padres y ayudarlos espiritualmente, es un bien también para los hijos, quienes necesitan el rostro familiar de la Iglesia que los apoye en esta experiencia traumática. El divorcio es un mal, y es muy preocupante el crecimiento del número de divorcios. Por eso, sin duda, nuestra tarea pastoral más importante con respecto a las familias, es fortalecer el amor y ayudar a sanar las heridas, de manera que podamos prevenir el avance de este drama de nuestra época.



[269] Catequesis (24 junio 2015): L’Osservatore Romano, ed. semanal en lengua española, 26 de junio de 2015, p. 16.

[270] Catequesis (5 agosto 2015): L’Osservatore Romano, ed. semanal en lengua española, 7-14 de agosto de 2015, p. 2.
rj71 | 26 enero, 2017 en 16:00 | Categorías: ExhortacionesTextos del papa Francisco | URL: http://wp.me/p1A27S-czL


Con cariño,
Noel y Silvia