Monday, July 17, 2017

Las Seis Mitzvot Constantes - Mitzvá 1: Saber que Dios Existe - por Rav Noaj Weinberg zt"l

Guatemala
17 de julio de 2017

Queridos hermanos,
Ya anteriormente se los había prometido. Hoy cumplo con este bello post del Rav Noaj Weinberg, quien ha escrito en multiples ocasiones en Aish Latino... Es un poco largo, pero vale la pena. Shalom!


Las Seis Mitzvot Constantes - Mitzvá 1: Saber
que Dios Existe
Cultiva la mejor relación posible con los mejores beneficios posibles.
El principio fundamental de la Torá es: "Debo imaginar a Dios frente a mí en todo momento" (Shulján Aruj, Oraj Jaim 1:1). Aquel que quiera cumplir con este principio debe ser cuidadoso en cumplir lo que el Sefer Hajinuj escribe en su introducción y en los capítulos 25, 26, 417, 418, 432, 487.
"Existen 6 mitzvot que es obligación cumplirlas constantemente; uno nunca está exento de ellas incluso por un instante, durante toda su vida. Cada momento en el que uno piensa sobre ellas cumple una mitzvá y la recompensa recibida es infinita".
Beur Halajá 1:1 (Ver también Jaié Adam, Klal 1, y Aruj Hashulján: 1;14)
(Cada punto está desarrollado en artículos separados.)
1. Saber que hay un Dios Cada vez que recordamos que el Todopoderoso está con nosotros, arreglando todo para nuestro bien, cumplimos esta mitzvá.
2. No Creer en Otro Poder: Cada vez que decimos: "Gracias a Dios", en lugar de decir: "Mira que inteligente soy", cumplimos esta mitzvá. Regocíjate, no te enorgullezcas.
3. Saber que Dios es Uno: Cada vez que nos damos cuenta de que todo el mundo es una ilusión, reconociendo que nuestro Creador es verdaderamente real y que Él es todo lo que anhelamos, cumplimos esta mitzvá.
4. Amar a Dios: Cada vez que recordamos que el Creador del universo nos ama más que nuestros padres, más que todo el amor del mundo, cumplimos esta mitzvá.
5. Temer a Dios: Cada vez que recordamos que vale la pena dejar todos los placeres de este mundo para obtener la recompensa de una mitzvá, con sólo sonreír, cumplimos esta mitzvá.
6. No te Dejes Llevar por Tus Ojos y Tu Corazón: Cada vez que hacemos lo que Dios quiere de nosotros en lugar de hacer lo que sentimos que queremos hacer, cumplimos esta mitzvá
Mitzvá 1 Saber que Dios Existe
Un "ideal de vida" es aquel que te lleva a un estado elevado. Por ejemplo, el objetivo de un hombre de negocios es ser rico. Hacer transacciones en la bolsa o invertir en bienes raíces son sus medios para alcanzar su objetivo.
Una fórmula similar se aplica al Judaísmo. El objetivo del Judaísmo es cultivar la relación más increíble con Dios.
Las 613 mitzvot son conductos que nos enseñan sobre la realidad de la existencia de Dios y cómo vivir con esa conciencia.
La mayoría de las 613 mitzvot de la Torá requieren que hagamos algún tipo de acción, como dar caridad o comer matzá en Pesaj. Estos son medios para lograr un objetivo final.
Las "Mitzvot-objetivo" son los seis mitzvot constantes. En lugar de requerir la realización de alguna acción, estas mitzvot son una vivencia en sí mismas - vivir con la realidad de la existencia de Dios.
Las Seis Mitzvot Constantes son:
1. Saber que existe un Dios.
2. No creer en otros dioses.
3. Creer que Dios es uno.
4. Amar a Dios.
5. Temer a Dios.
6. No guiarte erróneamente por tus ojos y tu corazón.
Cada momento de conciencia es otra oportunidad para llevar a cabo estos ideales. Ninguna de las otras mitzvot te brinda la misma oportunidad, y es por eso que las Seis Mitzvot Constantes son nuestra prioridad. Todas las demás mitzvot sólo construyen y refuerzan estos ideales.
Conocimiento Intelectual de Dios
El primero de los Diez Mandamientos declara: "Yo soy el Señor, Tu Dios, que te ha sacado de la tierra de Egipto" (Éxodo 20:2).
Esta es la mitzvá de "Saber que existe un Dios".
La lógica que se encuentra detrás de este mandamiento parece difícil de entender. Alguien que ya observa los mandamientos de Dios obviamente cree en Su existencia - entonces ¿para qué necesitamos un nuevo mandamiento que nos ordene hacerlo? Y si alguien no sabe que Dios existe ¿por que habrá de escuchar este mandamiento?
Entonces, ¿para quién es esta Mitzvá?
La respuesta es que no debemos creer en Dios "sólo con fe". Investiga la evidencia. Obtén conocimiento. Busca. Estudia. Analiza. Es un principio fundamental del Judaísmo: tienes que saber, no sólo creer.
Confianza Emocional
"Tienes que saber este día, y entenderlo en tu corazón, que el Todopoderoso es Dios" (Deuteronomio 4:39, el rezo del "Aleinu").
Pero hay más. No es suficiente sólo saber intelectualmente que existe un D-os que está a cargo de todo. También lo debes saber en tu corazón. Este conocimiento emocional es mucho más profundo porque afecta a la manera en la que la persona conduce su vida. El protagonista del circo está dispuesto a caminar en la cuerda floja porque tiene la confianza de que hay una red debajo de él. Similarmente, un niño saltaría de una repisa a los brazos de su padre, con la plena confianza de que su padre lo agarrará.
Todo el sentido de la vida es enderezar nuestra conciencia de Dios. ¿Cómo sabes si realmente estás consciente respecto de Dios? Por medio de la confianza. Si estás consciente, estarás dispuesto, por decirlo así, a caminar sobre una cuerda floja o a saltar a los brazos de tu padre.
Pasos Para Creer en Dios
Rabenu Bejaie (siglo XII) en su libro de superación personal, "Los Deberes del Corazón" (Jovot Halevavot), describe cuatro pasos claves para construir la fe en Dios:
El primer paso es darnos cuenta de que el Todopoderoso nos quiere con un amor ilimitado. La cosa más cercana que tenemos para relacionarnos con esta idea es el amor que le tiene un padre a sus hijos. El Todopoderoso es nuestro Padre. Su amor hacia nosotros excede todo el amor de este mundo. Tener conciencia de Dios es vivir con esta realidad.
Muy dentro nuestro sabemos que Dios nos ama. Cualquier persona en peligro le reza a Dios. Esto es cierto, inclusive con gente que Lo ha ignorado toda su vida. Como dice el dicho: "No hay ateo en una cueva de lobos". Inclusive que hayas hecho todo equivocadamente, cuando necesitas a tu Padre, ahí Él estará.
Segundo Paso: Línea Directa
El Departamento de Defensa de los Estados Unidos gasta millones de dólares anualmente para mandar señales a estrellas distantes con la esperanza de que exista vida allí. Puede tomar 2,000 años para que las señales lleguen hasta allí, pero siguen esperando...
Si alguna vez recibirán una respuesta – inclusive un solo "hola" - todo el mundo se impresionará.
¿Alguna vez tu rezo ha sido contestado? Cuatro de cinco personas dirían "sí". El Creador de este universo se ha comunicado privadamente contigo. No es increíble!
La mayoría de la gente cuyo rezo fue contestado ni siquiera supo en qué dirección mandar la señal. Simplemente dijeron: "D-os, por favor ayúdame...". Cinco billones de seres humanos, toda una galaxia de planetas y estrellas y Dios le contestó a este individuo!
La mitzvá de creer en Dios significa vivir con la realidad de que no estás solo. El saber que Dios existe y que atiende cada detalle, debe ser un pensamiento constante.
Tercer Paso: Él Hace Todo
Si tu padre te da un dólar, está disminuyendo su cuenta bancaria - inclusive que sea un multimillonario. Pero si el Todopoderoso te da un billón de dólares, no le quitas nada. Dios tiene todo el poder. Creó el universo de la nada. Puede hacerte un genio. Puede sanar a tu hijo. Puede hacer lo que quiera.
Piensa en la cantidad de milagros que Dios hizo para que des tu primer respiro. Un feto no utiliza sus pulmones; toma oxígeno de la sangre de la madre. Cuando un niño nace, el bebé tiene que respirar por si mismo y todo el sistema biológico cambia. Una válvula del corazón se cierra, los pulmones se inflan y todo tiene que encajar en el lugar correcto, en el tiempo correcto.
Piensa cuánto Dios te ha dado desde que naciste, dirigiéndote en cada paso de tu vida.
Todo lo que Dios hace por ti es un regalo. Y cualquier cosa que quieras de Dios no es nada comparado con lo que D-os ya te ha dado. Si estás pidiendo por un billón de dólares, no se compara con el par de ojos que te dio gratis.
Dios mantiene el universo cada segundo, cada criatura, cada hoja. Dios hace que tu corazón palpite. Te provee con comida. Crea el sol con calor y luz. No hay nada que pueda detener a Dios. Tus padres, maestros y jefes son los mensajeros. Cada cosa que tienes es enviada por Dios.
Saber esto te da la confianza de que Dios va a continuar dándote todo lo que necesitas.
Cuarto Paso - Lo Mejor de Todo
Dios no necesita nada de ti. No necesita que comas comida casher ni que cumplas shabat.
Dios sólo quiere dar. Todo lo que hay en el mundo es para tu bien.
Si Dios no te da lo que deseas debes preguntarte por qué. ¿Por qué Dios no te ha dado 100 millones de dólares?
Tal vez no es para ti. Probablemente te volverías terco, arrogante, tacaño... Tal vez intentarías contratar a otros para que hagan tus objetivos, y te perderías de hacer el esfuerzo de intentarlo.
Dios sabe lo que es bueno para nosotros. Tener confianza en Dios significa entender que el no darte algo es un mensaje. Está tratando de levantarte, de que reevalúes tus objetivos.
Buenos padres hacen lo mismo con sus hijos. Si tu hijo quiere cinco galletas; tú le das una. O lo llevas al doctor para darle una vacuna, aunque el niño llorará y preguntará: "¿por qué me estás haciendo esto?". Tú sabes que es para su bien.
Cuando algo "malo" te ocurra debes preguntarte: "¿Para qué?". Entiende que Dios sabe lo que está haciendo. Nos está tratando de levantar. Él sabe lo que es bueno para nosotros y quiere que tengamos lo mejor de lo mejor.
Levántate Cuando las Cosas se Ponen Difíciles
La tendencia auto-destructiva del hombre (ietzer hará) lo sobrepasa diariamente y lo amenaza de muerte. Si no fuera por la ayuda de Dios, el hombre no podría sobrevivir (Talmud – Kidushin 30).
Cada aspecto de nuestra existencia depende de Dios. Ya sea que nos paremos, levantemos nuestras manos, usemos nuestro cerebro, hagamos una mitzvá o batallemos el deseo de hacer algo incorrecto, nuestra habilidad es un regalo de Dios. No tenemos fuerzas sin Él.
Consecuentemente, cualquier meta es posible sólo si Dios nos da el poder.
Entonces ¿cómo es que las palabras "no puedo" entraron en nuestro léxico?
El Talmud dice que Moshé reprendió al pueblo judío: "Cuando estuvieron en el Monte Sinai, Dios preguntó: ¿Quién me asegurará que siempre temerán a Dios? Y ustedes deberían haber respondido: Dios Tú nos asegurarás. Deberían haber aprovechado la oportunidad para pedir que Dios les de Temor del Cielo".
Los judíos querían ser capaces de tomarse todo el crédito del temor a Dios, por lo tanto no lo pidieron.
Si hubieran entendido que cada cosa que viene es el resultado de la ayuda de D-os, entonces obviamente también le hubieran pedido a D-os, temor del cielo.
Esto demostró una falta de apreciación y de gratitud por todo lo que Dios había hecho con ellos hasta ese momento.
Este deseo de ignorar el papel de Dios en nuestros logros y tomar crédito en nosotros, es lo que hace que la gente diga: "Esto puedo hacer y esto no". Evitamos reconocer que todo es un regalo. Preferimos sentir que hemos peleado y logrado las cosas con nuestra propia fuerza. Entonces decimos: "No puedo" cuando preferimos no hacer el esfuerzo de hacer algo difícil.
Si estuviéramos realmente agradecidos, si cada mañana le agradeceríamos al Todopoderoso por nuestros ojos, nuestras manos, nuestro cerebro, entonces también le agradeceríamos por el entendimiento, y diríamos, "Dios, por favor dame más!" Si reconocemos que cada logro es de Dios, entonces nos daríamos cuenta de que no hay nada que no podamos lograr... si Dios nos da el poder.
La Responsabilidad de Cambiar el Mundo
¿Qué puede hacer la persona? Una persona puede lograr lo que sea y lo que quiera - ya que de cualquier forma todo es un regalo de Dios! Ahora podemos entender por qué la Torá nos obliga a cada uno de nosotros a cambiar el mundo.
El Código de Ley Judía (O.J. 1:3) dice: "Es adecuado para todos aquellos que temen a Dios, estar en constante dolor por la destrucción del Sagrado Templo". Pero ¿por qué debo sentir dolor por algo que pasó hace 2,000 años?
El Talmud dice: "Cualquier generación en la que el Sagrado Templo no se ha reconstruido se le hará responsable por su destrucción". En otras palabras, si no tomamos responsabilidad en cambiar nosotros y cambiar el mundo, entonces somos igual de culpables que todos aquellos cuyas acciones causaron que el Templo se haya destruido.
Entonces, ¿qué podemos hacer al respecto? Dice el Talmud (Yoma 86b): "Si una persona hace tshuvá (se arrepiente) en forma verdadera, entonces el mundo se merecerá el perdón".
El Pueblo Judío es una unidad. Por lo tanto, las acciones de una persona pueden cambiar la fe del pueblo entero. Tú tienes el poder de cambiar el mundo entero por medio de la tshuvá. Y ya que tienes el poder... también tienes la responsabilidad.
¿Opio de las Masas?
Marx dijo que "la religión es el opio de las masas". Pero Marx estaba hablando de la religión que dice: "No te resistas al mal, pon la otra mejilla".
El Judaísmo, por otro lado, enseña a la gente que se levanten y tomen la responsabilidad del mundo. Es por eso que el secularismo es el opio de las masas pues promueve la inactividad.
Imagínate preguntándole a los conquistadores Romanos: "Los griegos se están muriendo de hambre, ¿no es eso terrible?". Ellos dirían: "De que hablas, es la mejor noticia que hemos escuchado! Vamos a la guerra!".
Pregúntale a un típico estudiante universitario: "¿No es terrible que los africanos se estén muriendo de hambre? ¿Qué harás al respecto?". El dirá: "¿Qué puedo hacer al respecto? ¿Quién soy yo? Sólo soy una persona. No puedo hacer nada al respecto".
Sin creer en Dios, simplemente te darías por vencido.
El Judaísmo dice que puedes hacer algo al respecto. Si crees que Dios está haciendo todo, y si ves cuánto ha hecho por ti, entonces sabrás que te ayudará.
Todo lo que tienes que hacer es tomarte la responsabilidad y hacer un esfuerzo. Dios se hará cargo del resto.
El Hombre Propone y Dios Dispone
¿Alguna vez has visto un edificio en construcción? Los constructores utilizan grúas para recoger un cargamento lleno de ladrillos para que después uno o dos hombres pongan sus manos bajo la grúa y empujen el cargamento al lugar adecuado.
Un tonto ve a dos personas empujando el cargamento de ladrillos y cree que son tan fuertes como Hércules. Una persona sabia entiende que la grúa es la que lo está moviendo.
La Torá nos dice explícitamente que al final de los días, el Pueblo Judío va a regresar a Dios. Y eso ya está pasando.
Los Judíos han regresado a Israel, un hecho increíble. Hemos sido testigos de milagros impresionantes en Israel - ya sea la Guerra de la Independencia, la Guerra de los Seis Días, la Guerra del Golfo. Hemos vivido con milagros. El Todopoderoso nos está regresando a casa. La grúa se está moviendo.
La gente a veces dice: "Me encantaría hacer aliá (viajar a Israel), pero no tengo el dinero". ¿Cuál es la solución? Yo les digo: pon un dólar semanal en una cuenta de banco separada. Me miran como si estuviese loco. "¿De qué hablas, son $52 dólares al año. En 10 años, tendré $520 dólares. De que me ayudará?". Les digo: si pones un dólar a la semana, el Todopoderoso va a ver que eres sincero y se encargará del resto.
Aquellos que ya han empezado a estudiar Torá o a respetar Shabat, ¿recuerdan lo difícil que fue cuando empezaron a hacerlo? Ahora recuerden el progreso que han tenido, ¿no es cierto que estaban poniendo un dólar en el banco? Estaban haciendo el esfuerzo y el Todopoderoso los llevó hasta su meta.
La Cubeta y la Montaña
El Midrash dice que tanto a la persona sabia como al tonto se les dice: "Toma la Torá y apréndetela toda". El tonto ve a la Torá y dice: "Eso es como tratar de mover una montaña hacia el mar! Inclusive que trabajes día y noche, no es posible que acabes algún día". Entonces, ¿qué es lo que hace? Llena la cubeta de tierra y después se va a dormir.
El sabio dice: "Si hago el esfuerzo, me pagarán. No puedo imaginar cómo voy a mover esta montaña al mar pero si el Todopoderoso me lo dijo, no está mal intentarlo". Entonces toma una cubeta llena de tierra y la mete al mar; otra cubeta y la pone en el mar; otra cubeta....
"Hey, meshuguene!, ¿qué estás haciendo? Grita el tonto.
"Escucha, me están pagando", contesta el sabio. Y sigue trabajando. Otra cubeta al mar. Hasta que se topa con una piedra. Empuja la piedra y empieza como un corrimiento de tierras y en eso toda la montaña se deshace y se cae en el mar.
Eso es lo que estamos haciendo. Un dólar a la semana y toda la montaña caerá al mar.
Dios es tu Padre, Creador del universo. Te quiere dar todo. Al hacer el esfuerzo, le estás dando la oportunidad de hacerlo. Lo estás aceptando. Aprecia cuánto ha hecho por ti hasta ahora. Quiere hacer mucho más. Sólo sigue poniendo las cubetas en el mar; un dólar a la semana en el banco. Los premios te están esperando.
Dios Nos Dio la Habilidad
La Torá dice que lograr saber toda la Torá está cercano a nosotros, muy a nuestro alcance (Deuteronomio 30:14).
Nuestro problema es que no queremos intentarlo. No hacemos el esfuerzo.
Si escuchaste sobre la oportunidad de un negocio que te traería millones, ¿habría un límite en tu esfuerzo para hacer el trabajo? Si te diría que te voy a dar un millón de dólares si te memorizas una hoja del directorio telefónico para la siguiente semana, ¿lo podrías hacer?
Date cuenta de que la recompensa, inclusive por una sola mitzvá vale más que cualquier cosa que puedas ganarte en este mundo. Entonces, no veas al esfuerzo como dolor; obsérvalo como una oportunidad. Tienes la habilidad de ser grandioso, y no hay nada mejor que puedas hacer con tu energía.
El Midrash (Tana DeBe Eliahu) cuenta la historia del profeta Elishá cuando se encontró con un pescador. ¿Estudias Torá? - Elishá preguntó. "No" - replicó el pescador - "Soy un hombre simple. No estoy dotado con talento o inteligencia".
"Dime" - dijo Elishá, "¿Cómo preparas tu red de pescar?". "Bueno" - dijo el hombre - "Es muy complicado. Primero tengo que escoger la medida adecuada de la red, después tengo que tejer la red de una manera particular para asegurarme de que tenga el equilibrio adecuado en fuerza y flexibilidad".
"¿Cómo haces realmente para pescar al pez?" - dijo Elishá. "Oh" - dijo el hombre - "Eso también es muy complicado. Hay muchos factores involucrados - incluyendo la estación del año, la hora, el tipo de pez, la profundidad del agua, la temperatura, la velocidad de la corriente".
"Cuando llegues al cielo" - dijo Elishá - "Vas a testificar que no estudiaste Torá porque fuiste un hombre simple, sin ningún talento o inteligencia. Pero ¿realmente crees que Dios te dio la cabeza para ser un pescador y no para estudiar Torá?".
El pescador se dio cuenta de que Elishá tenía razón. Él quedó devastado y empezó a llorar desconsoladamente.
Elishá le dijo: "No estés tan triste. Te voy a decir un secreto. Todos usan esta excusa de una manera u otra. Todos esperamos llegar al cielo y decir: Dios, yo quería cambiar el mundo; yo quería saber toda la Torá; quería amar a la humanidad. Pero no me diste la suficiente inteligencia, fuerza o personalidad. Y el Todopoderoso te va a contestar: Tus acciones contradicen tus palabras. Cuando se trataba de algo que te importaba, ya sea ganar dinero o construir una casa, te las ingeniabas para hacerlo. Pero obviamente la Torá no te importaba lo suficiente".
Ese es nuestro problema. No tomamos a la Torá seriamente. La mitzvá constante de "saber que existe un Dios" significa reconocer que cambiar el mundo es nuestra responsabilidad. Y ya que el poder de D-os está detrás de nosotros, no estamos absueltos de hacer el esfuerzo.
Recursos Ilimitados
"Abre tu boca y te la llenaré" (Salmos).
El Jafetz Jaim (Polonia, siglo XX) dice: Si irás a pedir dinero, la cantidad de dinero que pidas dependerá del estatus del otro. Si le estás hablando a un vendedor de periódicos no le pedirás $500; el señor está intentando salir adelante. Pero si le pides un centavo lo vas a insultar. Entonces le pides $50. Discutirá un poco, pero si te da $20 estará bien.
Si le pides a un hombre de negocios exitoso $5 dólares, lo estarás insultando. Pídele un millón de dólares y te dirá que estás loco. Entonces le pedirás $5,000 dólares, discutirás un poco y saldrás con $500 dólares.
Ahora llegas a lo de un billonario. (Si te da una cita!) Si le pides $500, estás perdiendo su tiempo. Si le pides $5 millones, le discutes y demás, te dará $500,000.
Cuando te acercas a Dios, no lo insultes. Es tu padre; te quiere. Es el Creador del universo. ¿Qué es un billón de dólares? Dice Dios: "Abre tu boca y te la llenaré".
Si prestas atención a los rezos judíos, te darás cuenta de que le pedimos a Dios por todo - comida, vivienda, salud, familia, sabiduría, Torá, Israel, paz, espiritualidad y mitzvot. Así es como un judío reza. Dios te quiere dar todo.
Todo es Para Bien
Si realmente entiendes que el Todopoderoso te quiere y tiene todo el poder, entonces cuando algo no está saliendo como quieres, debes buscar saber por qué. Ya que todo lo que hace Dios es por nuestro bien, nunca se enoja, nunca te castiga, nunca se venga. Todo es por nuestro beneficio. Muchas veces no nos damos cuenta hasta un tiempo después...
El Talmud cuenta la historia de Rabí Akivá, que era un alumno de Rav Najum Ish Gamzu - y se lo llamaba Gamzu porque siempre decía "gam zu letová" que significa "esto también es para bien". Rabí Akivá estaba viajando una vez hacia un pueblo distante. Llevaba con él un gallo para que lo despierte, un burro para transportarse y una vela para alumbrar. Cuando la noche empezaba a caer, llegó a una aldea y todas las posadas estaban llenas. No teniendo donde dormir se fue al bosque a acampar. Mientras estudiaba Torá, un viento apagó su vela, dejándolo en la oscuridad. Un rato después vino un león y mató a su burro, y un gato se comió a su gallo.
Ahí estaba Rabí Akivá, solo en el bosque... y acababa de perderlo todo! Pero dijo: "esto debe ser para bien".
Rabí Akivá se levantó en la mañana y continuó su travesía a pie. Pasó a través de la aldea y vio que una banda de malhechores había llegado en la noche y quemó toda la ciudad, matando a la gente y tomando sus posesiones.
"Ahora veo cómo Dios me protegió. Si hubiera tenido un cuarto en la posada me hubieran llevado a mí también. Si mi burro o mi gallo hubieran hecho ruido los bandidos me hubieran encontrado, y si mi vela no se hubiera apagado me hubieran visto. Todo lo que hace Dios es para bien".
Dios creó este mundo y nos dio la Torá. Es un regalo bellísimo. Debes estar agradecido por ello. Y si haces el esfuerzo para obtener lo "imposible" - Dios seguro te ayudará.
por Rav Noaj Weinberg zt"l

Friday, July 14, 2017

La serpiente de bronce - Tomado del blog de Prof. Julia Blum


Guatemala
14 de jul. de 2017
Queridos hermanos,
Con sumo agrado comparto con ustedes este precioso post del blog de la Prof. Julia Blum, cuyos méritos ya he mencionada en blogs anteriores. He copiado el blog tal como ella lo ha escrito para que tomen referencias y puedan explorar las riquezas que se pueden encontrar en dicho blog. Tengo fuentes (en Latinoamérica) bastantes parecidas a las de la Prof. Blum, pero encuentro una frescura auténtica en estos que ella escribe y que comparto con ustedes. La Paz. Shalom! [nro-introducción].

Parasha chukkat – la serpiente de bronce – Prof. Julia Blum

Varias veces me han pedido hacer un comentario sobre la porción de la Torá (Parashat Shavua). Hoy he decidido compartir con ustedes este comentario de una de mis porciones favoritas de la Torá –Parashat Shavua Chukkat– (la lectura del Sabbat pasado).

La historia de la serpiente de bronce es una de las historias más gráficas y expresivas en la Torá. Incluso cuando miramos a través del maravilloso y vibrante trasfondo de la Palabra de Dios, esta sorprendente historia aún se destaca. Vamos a reflexionar juntos sobre estos versículos.

El comienzo de la historia es muy tradicional. Por ahora, estamos acostumbrados a, incluso cansados, de las rebeliones sin fin de nuestros antepasados en el desierto. Aun y así, los israelitas están llegando a la Tierra y el viaje está casi superado, una vez más, como muchas veces antes (solo sucede por segunda vez en esta porción de la Torá), y habló el pueblo contra Dios y contra Moisés: “¿Por qué nos hiciste subir de Egipto para que muramos en este desierto? Pues no hay pan ni agua, y nuestra alma tiene fastidio de este pan tan liviano” Como respuesta, Dios envió serpientes venenosas sobre la gente y muchos murieron a causa de sus mordeduras. “Entonces el pueblo vino a Moisés y dijo: “Hemos pecado por haber hablado contra Jehová, y contra ti; ruega a Jehová que quite de nosotros estas serpientes. Y Moisés oró por el pueblo”.

Presta mucha atención a estas palabras: Ruega a Jehová que quite de nosotros estas serpientes.




PARASHA CHUKKAT – LA SERPIENTE DE BRONCE
In Blog @es by Julia Blumjulio 6, 20170 Comments
Varias veces me han pedido hacer un comentario sobre la porción de la Torá (Parashat Shavua). Hoy he decidido compartir con ustedes este comentario de una de mis porciones favoritas de la Torá –Parashat Shavua Chukkat– (la lectura del Sabbat pasado).
La historia de la serpiente de bronce es una de las historias más gráficas y expresivas en la Torá. Incluso cuando miramos a través del maravilloso y vibrante trasfondo de la Palabra de Dios, esta sorprendente historia aún se destaca. Vamos a reflexionar juntos sobre estos versículos.
El comienzo de la historia es muy tradicional. Por ahora, estamos acostumbrados a, incluso cansados, de las rebeliones sin fin de nuestros antepasados en el desierto. Aun y así, los israelitas están llegando a la Tierra y el viaje está casi superado, una vez más, como muchas veces antes (solo sucede por segunda vez en esta porción de la Torá), y habló el pueblo contra Dios y contra Moisés: “¿Por qué nos hiciste subir de Egipto para que muramos en este desierto? Pues no hay pan ni agua, y nuestra alma tiene fastidio de este pan tan liviano”[1] Como respuesta, Dios envió serpientes venenosas sobre la gente y muchos murieron a causa de sus mordeduras. “Entonces el pueblo vino a Moisés y dijo: “Hemos pecado por haber hablado contra Jehová, y contra ti; ruega a Jehová que quite de nosotros estas serpientes. Y Moisés oró por el pueblo”.[2]
Presta mucha atención a estas palabras: Ruega a Jehová que quite de nosotros estas serpientes. Era su ruego y su deseo —un deseo bastante natural y comprensible, diría yo— que el Señor les salvase de las serpientes. Y el Señor les salvó de las víboras, pero Su salvación llegó en una forma completamente inesperada. ¿No esperarías que Él simplemente desaparezca las serpientes si perdonó al pueblo  y decidió salvarlos de cualquier modo? En vez de eso, le da una orden extremadamente extraña a Moisés: “Hazte una serpiente ardiente, y ponla sobre una asta; y cualquiera que fuere mordido y mirare a ella, vivirá“. [3]
La Torá es como una radiografía espiritual: lo que es invisible a nivel superficial, viene a ser visible aquí. Con nuestros razonamientos mentales, nos preguntamos ¿por qué? ¿Por qué esos extraños preparativos? ¿Por qué todo ese trabajo en bronce, en lugar de eliminar las serpientes? Sin embargo, esta historia nos muestra, de la forma más gráfica posible, uno de los principios básicos de la vida espiritual. El pueblo de Israel, después de haber pecado, se encontró con una nueva y distinta realidad —una realidad donde todos son mordidos y todos necesitan ser salvos—. Aquí está la lección: cuando pecamos, cuando elegimos alejarnos de Dios, nuestra elección siempre tiene consecuencias muy reales e inevitables. Cambia y distorsiona la realidad, tanto en nuestro interior como en nuestro exterior (a menudo en ambas), aunque estos cambios no siempre son visibles como en nuestra historia de la Torá. Después, cuando las consecuencias de nuestro pecado inevitablemente empiezan a ‘mordernos’, comenzamos a clamar al Señor, pidiendo que nos salve —que elimine las serpientes, que aparte las consecuencias—. Sin embargo, incluso Dios mismo, no restaura simplemente las cosas como si nuestras elecciones pecaminosas nunca hubiesen acontecido; incluso Él mismo simplemente no borra nuestro pecado o el mal que causó.
Si leyésemos nuestro texto en hebreo, nos sorprenderíamos por la abundancia de silencios y sonidos silbantes de aquí: Nashach (morder), Nechash (serpiente), Nechoshet (bronce)… como si efectivamente el silbido de las serpientes llenasen estos versículos. No es del todo accidental que hayan serpientes en esta historia: en el principio, el pecado entró por la víbora —la serpiente— y qué más, si no pecado —arrastrándose, silbando y mordiendo— ¿está representado por esas serpientes en nuestra porción de la Torá? Sí, no es suficiente eliminar las serpientes, el veneno ya está haciendo su efecto, y por eso, Dios tiene que traer un remedio para que todos los que fueron mordidos, vivan.
***
¿Cuál es ese remedio? Nos estamos aproximando a la parte más asombrosa de la historia. Para poder curar hoy en día la mordedura de serpiente, confiaremos completamente en un práctico remedio: alguna medicina, tratamiento, acción. En su lugar, a los hijos de Israel se les dice que miren a la serpiente de bronce —solo mirarla, para poder vivir—. No necesitaban acercarse, tocarla o hacer algo con ella, solo tienen que mirarla,  “y cualquiera que fuere mordido y mirare a ella, vivirá”.[4]
Puedo imaginar  que alguno de ellos dudó, incluso se quejó: ‘¿Qué bien puede hacerme, si solo miro a la serpiente?’ Pero este es exactamente el eje de esta historia: no importa si Su remedio cumple con nuestras expectativas. ¿Recuerdas a Naamán, el comandante del ejército sirio, que era leproso? Él fue a Eliseo para ser sanado, pero se enfureció y casi se marchó después de que Eliseo no llenó sus expectativas. Él dijo: He aquí, yo pensé… Y casi pierde su propia sanación, tan solo porque pensó que debía haberse efectuado de forma diferente. Cuan a menudo la gente se pierde algo de lo que Dios está haciendo, solo porque ellos piensan que debería ser hecho de manera diferente: He aquí, yo pensé
Allí en el desierto, Dios ofrece su sanación a todos. Por más extraño e inesperado que pudiera parecerles, era su único medio para sobrevivir —para ser salvados—. Aquellos que escogieron mirar a la serpiente de bronce, vivieron —todos los demás, perecieron—. Probablemente ninguno de ellos lo entendió. Supongo que Moisés mismo estaba desconcertado y no podía entender por qué necesitaba hacerlo, pero eso es exactamente de lo que trata la fe: obedecer al Señor, incluso cuando no le entendemos.
¿Cómo entendieron esta imagen las generaciones siguientes? Debemos recordar que hubo muchos “judaísmos”, (sub-grupos religiosos dentro del judaísmo) en los tiempos de Jesús, cada uno ofreciendo su propia interpretación de la Torá. Una interpretación posible del simbolismo de la serpiente de bronce se encuentra en el Nuevo Testamento, en las mismas palabras de Jesús: “Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado”. [5] Y aquí tengo muy buenas noticias para ustedes, mis queridos lectores y seguidores: aquí en eTeacher estamos preparando un nuevo curso maravilloso —y muy pronto estará disponible para ofrecerles a ustedes comentarios sobre la Parashot Shavua a través de interpretaciones del Nuevo Testamento—. Como siempre, están bienvenidos a contactarme para más información (¡y para un descuento!).
[1] Números 21:5
[2] Números 21:7
[3] Números 21:8,9
[4] Números 21:9
[5] Juan 3:14

Sinceramente,



Noa_hebrew
Julia Blum
Profesora Adjunta, Dept. de Estudios Bíblicos,
IsraelBiblicalStudies.com

Thursday, July 13, 2017

Catequistas Ser Creativos para Anunciar a Cristo - Papa Francisco



El Papa invita a los catequistas a ser creativos y buscar las formas para anunciar a Cristo

Mensaje enviado al Simposio Internacional de Catequética que se desarrolla del 11 al 14 de julio en Buenos Aires




ZENIT  – Roma, 12 Jul. 2017).- El papa Francisco envió un mensaje a los participantes del Simposio Internacional de Catequética que se desarrolla desde ayer martes 11 de julio hasta el viernes 14, recordándoles que ser catequistas “no es un trabajo” sino que “es un don”, e invitándolos “a ser creativos”, y “buscar diferentes medios y formas para anunciar a Cristo”. El simposio se está realizando en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica Argentina (UCA), en el barrio de Villa Devoto, informó la agencia de noticias Aica.
El texto del mensaje fue difundido hoy por la Oficina de prensa de la Santa Sede. El encuentro tiene como tema: “Bienaventurados los que creen” y cuenta entre los conferencistas con el prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el arzobispo Luis Francisco Ladaria sj., y  el secretario del Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización, Mons. José Ruiz Arenas.

A continuación el texto de la misiva
A Su Excelencia Mons. Ramón Alfredo Dus, Arzobispo de Resistencia,
Presidente de la Comisión Episcopal de Catequesis y Pastoral Bíblica
Vaticano, 5 de julio de 2017
Querido hermano:
Un cordial saludo a vos y a todos los que participarán en los diferentes encuentros de formación que ha organizado la Comisión Episcopal de Catequesis y Pastoral Bíblica.
San Francisco de Asís, cuando uno de sus seguidores le insistía para que le enseñara a predicar, le respondió de esta manera: «Hermano, [cuando visitamos a los enfermos, ayudamos a los niños y damos comida a los pobres] ya estamos predicando». En esta bella lección se encuentra encerrada la vocación y la tarea del catequista.
En primer lugar, la catequesis no es un «trabajo» o una tarea externa a la persona del catequista, sino que se «es» catequista y toda la vida gira entorno a esta misión. De hecho, «ser» catequista es una vocación de servicio en la Iglesia, lo que se ha recibido como don de parte del Señor debe a su vez transmitirse.
De aquí que el catequista deba volver constantemente a aquel primer anuncio o «kerygma» que es el don que le cambió la vida. Es el anuncio fundamental que debe resonar una y otra vez en la vida del cristiano, y más aún en aquel que está llamado a anunciar y enseñar la fe. «Nada hay más sólido, más profundo, más seguro, más denso y más sabio que ese anuncio» (Evangelii Gaudium, 165).
Este anuncio debe acompañar la fe que está ya presente en la religiosidad de nuestro pueblo. Es necesario hacerse cargo de todo el potencial de piedad y amor que encierra la religiosidad popular para que se transmitan no sólo los contenidos de la fe, sino para que también se cree una verdadera escuela de formación en la que se cultive el don de la fe que se ha recibido, a fin de que los actos y las palabras reflejen la gracia de ser discípulos de Jesús.
El catequista camina desde y con Cristo, no es una persona que parte de sus propias ideas y gustos, sino que se deja mirar por él, por esa mirada que hace arder el corazón. Cuanto más toma Jesús el centro de nuestra vida, tanto más nos hace salir de nosotros mismos, nos descentra y nos hace ser próximos a los otros.
Ese dinamismo del amor es como el movimiento del corazón: «sístole y diástole»; se concentra para encontrarse con el Señor e inmediatamente se abre, saliendo de sí por amor, para dar testimonio de Jesús y hablar de Jesús, predicar a Jesús.
El ejemplo nos lo da él mismo: se retiraba para rezar al Padre e inmediatamente salía al encuentro de los hambrientos y sedientos de Dios, para sanarlos y salvarlos. De aquí nace la importancia de la catequesis «mistagógica» que es el encuentro constante con la Palabra y con los sacramentos y no algo meramente ocasional previo a la celebración de los sacramentos de iniciación cristiana. La vida cristiana es un proceso de crecimiento y de integración de todas las dimensiones de la persona en un camino comunitario de escucha y de respuesta (cf. Evangelii Gaudium, 166).
El catequista es además creativo; busca diferentes medios y formas para anunciar a Cristo. Es bello creer en Jesús, porque él es «el camino, y la verdad y la vida» (Jn 14, 6) que colma nuestra existencia de gozo y de alegría. Esta búsqueda de dar a conocer a Jesús como suma belleza nos lleva a encontrar nuevos signos y formas para la transmisión de la fe.
Los medios pueden ser diferentes pero lo importante es tener presente el estilo de Jesús, que se adaptaba a las personas que tenía ante él para hacerles cercano el amor de Dios. Hay que saber «cambiar», adaptarse, para hacer el mensaje más cercano, aun cuando es siempre el mismo, porque Dios no cambia sino que renueva todas las cosas en él. En la búsqueda creativa de dar a conocer a Jesús no debemos sentir miedo porque él nos precede en esa tarea. Él ya está en el hombre de hoy, y allí nos espera.
Queridos catequistas, les doy las gracias por lo que hacen, pero sobre todo porque caminan con el Pueblo de Dios. Los animo a que sean alegres mensajeros, custodios del bien y la belleza que resplandecen en la vida fiel del discípulo misionero.
Que Jesús los bendiga y la Virgen santa, verdadera «educadora de la fe», los cuide.
Y, por favor, no se olviden de rezar por mí.
Francisco.


FRUTOS DEL ESPIRITU SANTO -Royo Marín, Teología de la Perfección Cristiana, BAC

FRUTOS DEL ESPÍRITU SANTO

Del Catecismo:1832 Los frutos del Espíritu son perfecciones que forma en nosotros el Espíritu Santo como primicias de la gloria eterna. La tradición de la Iglesia enumera doce: ‘caridad, gozo, paz, paciencia, longanimidad, bondad, benignidad, mansedumbre, fidelidad, modestia, continencia, castidad’ (Ga 5,22-23, vg.).



 Los 12 frutos del Espíritu Santo:
 Caridad | Gozo | Paz | Paciencia | Mansedumbre | Bondad | Benignidad | Longanimidad | Fe | Modestia | Templanza |
Castidad  
Ver abajo: 12 frutos
"El fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio de sí; contra tales cosas no hay ley."  -Gálatas 5:22-23 
Cuando el Espíritu Santo da su frutos en el alma, vence las tendencias de la carne. Cuando el Espíritu opera libremente en el alma, vence la debilidad de la carne y da fruto.
"Velad y orad, para que no caigáis en tentación; que el espíritu está pronto, pero la carne es débil" Mateo 26:41 
Obras de la carne: Fornicación, impureza, libertinaje, idolatría, superstición, enemistades, peleas, rivalidades, violencias, ambiciones, discordias, sectarismo, disensiones, envidias, ebriedades, orgías y todos los excesos de esta naturaleza. (Gálatas 5, 19)
Naturaleza de los frutos Espíritu Santo y la santificación

Al principio nos cuesta mucho ejercer las virtudes. Pero si perseveramos dóciles al Espíritu Santo, Su acción en nosotros hará cada vez mas fácil ejercerlas, hasta que se llegan a ejercer con gusto. Las virtudes serán entonces inspiradas por el Espíritu Santo y se llaman frutos del Espíritu Santo.
 

Cuando el alma, con fervor y dócil a la acción del Espíritu Santo, se ejercita en la práctica de las virtudes, va adquiriendo facilidad en ello. Ya no se sienten las repugnancias que se sentían al principio. Ya no es preciso combatir ni hacerse violencia. Se hace con gusto lo que antes se hacía con sacrificio. 
Les sucede a las virtudes lo mismo que a los árboles: los frutos de éstos, cuando están maduros, ya no son agrios, sino dulces y de agradable sabor. Lo mismo los actos de las virtudes, cuando han llegado a su madurez, se hacen con agrado y se les encuentra un gusto delicioso. Entonces estos actos de virtud inspirados por el Espíritu Santo se llaman frutos del Espíritu Santo, y ciertas virtudes los producen con tal perfección y tal suavidad que se los llama bienaventuranzas, porque hacen que Dios posea al alma planamente.

La FelicidadCuanto más se apodera Dios de un alma más la santifica; y cuanto más santa sea, más feliz es.
Seremos mas felices a medida que nuestra naturaleza va siendo curada de su corrupción. Entonces se poseen las virtudes como naturalmente.
Los que buscan la perfección por el camino de prácticas y actos metódicos, sin abandonarse enteramente a la dirección del Espíritu Santo, no alcanzarán nunca esta dulzura. Por eso sienten siempre dificultades y repugnancias: combaten continuamente y a veces son vencidos y cometen faltas. En cambio, los que, orientados por el Espíritu Santo, van por el camino del simple recogimiento, practican el bien con un fervor y una alegría digna del Espíritu Santo, y sin lucha, obtienen gloriosas victorias, o si es necesario luchar, lo hacen con gusto. De lo que se sigue, que las almas tibias tienen doble dificultad en la práctica de la virtud que las fervorosas que se entregan de buena gana y sin reserva. Porque éstas tienen la alegría del Espíritu Santo que todo se lo hace fácil, y aquéllas tienen pasiones que combatir y sienten las debilidades de la naturaleza que impiden las dulzuras de la virtud y hacen los actos difíciles e imperfectos.
La comunión frecuente perfecciona las virtudes y abre el corazón para recibir los frutos del Espíritu Santo porque nuestro Señor, al unir su Cuerpo al nuestro y su Alma a la nuestra, quema y consume en nosotros las semillas de los vicios y nos comunica poco a poco sus divinas perfecciones, según nuestra disposición y como le dejemos obrar. Por ejemplo: encuentra en nosotros el recuerdo de un disgusto, que aunque ya pasó, ha dejado en nuestro espíritu y en nuestro corazón una impresión, que queda como simiente de pesar y cuyos efectos sentimos en muchas ocasiones. ¿Qué hace nuestro Señor? Borra el recuerdo y la imagen de ese descontento, destruye la impresión que se había grabado en nuestras potencias y ahoga completamente esta semilla de pecados, poniendo en su lugar los frutos de caridad, de gozo, de paz y de paciencia. Arranca de la misma manera las raíces de cólera, de intemperancia y de los demás defectos, comunicándonos las virtudes y sus frutos.

Los 12 Frutos del Espíritu Santo
De los frutos de caridad, de gozo y de pazVer también caridad, gozo y paz
Los tres primeros frutos del Espíritu Santo son la caridad, el gozo y la paz, que pertenecen especialmente al Espíritu Santo.
-La caridad, porque es el amor del Padre y del Hijo
-El gozo, porque está presente al Padre y al Hijo y es como el complemento de su bienaventuranza.
-La paz, porque es el lazo que une al Padre y al Hijo.

Estos tres frutos están unidos y se derivan naturalmente uno del otro.
-La caridad o el amor ferviente nos da la posesión de Dios
-El gozo nace de la posesión de Dios, que no es otra cosa que el reposo y el contento que se encuentra en el goce del bien poseído.
-La paz que, según San Agustín; es la tranquilidad en el orden. Mantiene al alma en la posesión de la alegría contra todo lo que es opuesto. Excluye toda clase de turbación y de temor.
La santidad y la caridad valen mas que todoLa caridad es el primero entre los frutos del Espíritu Santo, porque es el que más se parece al Espíritu Santo, que es el amor personal, y por consiguiente el que más nos acerca a la verdadera y eterna felicidad y el que nos da un goce más sólido y una paz más profunda. Dad a un hombre el imperio del universo con la autoridad más absoluta que sea posible; haced que posea todas las riquezas, todos los honores, todos los placeres que se puedan desear; dadle la sabiduría más completa que se pueda imaginar; que sea otro Salomón y más que Salomón, que no ignore nada de toda lo que una inteligencia pueda saber; añadidle el poder de hacer milagros: que detenga al sol, que divida los mares, que resucite los muertos, que participe del poder de Dios en grado tan eminente como queráis, que tenga además el don de profecía, de discernimiento de espíritus y el conocimiento interior de los corazones. El menor grado de santidad que pueda tener este hombre, el menor acto de caridad que haga, valdrá mucho más que todo eso, porque lo acercan al Supremo bien y le dan una personalidad más excelente que todas esas otras ventajas si las tuviera; y esto, por dos razones:

1- Porque participar de la santidad de Dios, es participar de todo lo más importante, por decirlo así, que hay en Él. Los demás atributos de Dios, como la ciencia, el poder, pueden ser comunicados a los hombres de tal manera que les sean naturales. Unicamente la santidad no puede serles nunca natural (sino por gracia).

2- Porque la santidad y la felicidad son como dos hermanas inseparables y porque Dios no se da ni se une más que a las almas santas y no a las que sin poseer la santidad, poseen la ciencia, el poder y todas las demás perfecciones imaginables.

Por lo tanto, el grado más pequeño de santidad o la menor acción que la aumente, es preferible, a los cetros y coronas. De lo que se deduce que perdiendo cada día tantas ocasiones de hacer actos sobrenaturales, perdemos incontables felicidades, casi imposibles de reparar.
No podemos encontrar en las criaturas el gozo y la paz, que son frutos del Espíritu Santo, por dos razones.
1- Porque únicamente la posesión de Dios nos afianza contra las turbaciones y temores, mientras que la posesión de las criaturas causa mil inquietudes y mil preocupaciones. Quien posee a Dios no se inquieta por nada, porque Dios lo es todo para él, y todo lo demás solo vale en relación a El y según El lo disponga.

2- Porque ninguno de los bienes terrenos nos puede satisfacer ni contentar plenamente. Vaciad el mar y a continuación, echad en él una gota de agua: ¿llenaría este vacío inmenso? Todas las criaturas son limitadas y no pueden satisfacer el deseo del alma por Dios. La paz hace que Dios reine en el alma y que solamente Él sea el dueño. La paz mantiene al alma en la perfecta dependencia de Dios. Por la gracia santificante, Dios se hace en el alma como una fortaleza donde habita. Por la paz se apodera de todas las facultades, fortificándolas tan poderosamente que las criaturas ya no pueden llegar a turbarlas. Dios ocupa todo el interior. Por eso los santos están tan unidos a Dios lo mismo en la oración que en la acción y los acontecimientos más desagradables no consiguen turbarlos.

De los frutos de Paciencia y Mansedumbre
Ver también: Paciencia  y mansedumbre
Paciencia modera la tristeza
Mansedumbre modera la cólera

Los frutos anteriores disponen al alma a la de paciencia, mansedumbre y moderación. Es propio de la virtud de la paciencia moderar los excesos de la tristeza y de la virtud de la mansedumbre moderar los arrebatos de cólera que se levanta impetuosa para rechazar el mal presente. El esfuerzo por ejercer la paciencia y la mansedumbre como virtudes requiere un combate que requiere violentos esfuerzos y grandes sacrificios. Pero cuando la paciencia y la mansedumbre son frutos del Espíritu Santo, apartan a sus enemigos sin combate, o si llegan a combatir, es sin dificultad y con gusto. La paciencia ve con alegría todo aquello que puede causar tristeza. Así los mártires se regocijaban con la noticia de las persecuciones y a la vista de los suplicios. Cuando la paz está bien asentada en el corazón, no le cuesta a la mansedumbre reprimir los movimientos de cólera; el alma sigue en la misma postura, sin perder nunca su tranquilidad. Porque al tomar el Espíritu Santo posesión de todas sus facultades y residir en ellas, aleja la tristeza o no permite que le haga impresión y hasta el mismo demonio teme a esta alma.

De los frutos de bondad y benignidadVer también: bondad y benignidad
Estos dos frutos miran al bien del prójimo.
La bondad y la inclinación que lleva a ocuparse de los demás y a que participen de lo que uno tiene.
La Benignidad. No tenemos en nuestro idioma la palabra que exprese propiamente el significado de benígnitas. La palabra benignidad se usa únicamente para significar dulzura y esta clase de dulzura consiste en tratar a los demás con gusto, cordialmente, con alegría, sin sentir la dificultad que sienten los que tienen la benignidad sólo en calidad de virtud y no como fruto del Espíritu Santo.

Del fruto de longanimidad(perseverancia)Ver también longanimidad
La longanimidad o perseverancia nos ayudan a mantenernos fieles al Señor a largo plazo. Impide el aburrimiento y la pena que provienen del deseo del bien que se espera, o de la lentitud y duración del bien que se hace, o del mal que se sufre y no de la grandeza de la cosa misma o de las demás circunstancias. La longanimidad hace, por ejemplo, que al final de un año consagrado a la virtud seamos más fervorosos que al principio.

Del fruto de la feVer también: fe
La fe como fruto del Espíritu Santo, es cierta facilidad para aceptar todo lo que hay que creer, firmeza para afianzarnos en ello, seguridad de la verdad que creemos sin sentir repugnancias ni dudas, ni esas oscuridades y terquedades que sentimos naturalmente respecto a las materias de la fe.
Para esto debemos tener en la voluntad un piadoso afecto que incline al entendimiento a creer, sin vacilar, lo que se propone. Por no poseer este piadoso afecto, muchos, aunque convencidos por los milagros de Nuestro Señor, no creyeron en Él, porque tenían el entendimiento oscurecido y cegado por la malicia de su voluntad. Lo que les sucedió a ellos respecto a la esencia de la fe, nos sucede con frecuencia a nosotros en lo tocante a la perfección de la fe, es decir, de las cosas que la pueden perfeccionar y que son la consecuencia de las verdades que nos hace creer.
No es suficiente creer, hace falta meditar en el corazón lo que creemos, sacar conclusiones y responder coherentemente. Por ejemplo, la fe nos dice que Nuestro Señor es a la vez Dios y Hombre y lo creemos. De aquí sacamos la conclusión de que debemos amarlo sobre todas las cosas, visitarlo a menudo en la Santa Eucaristía, prepararnos para recibirlo y hacer de todo esto el principio de nuestros deberes y el remedio de nuestras necesidades.
Pero cuando nuestro corazón esta dominado por otros intereses y afectos, nuestra voluntad no responde o está en pugna con la creencia del entendimiento. Creemos pero no como una realidad viva a la que debemos responder. Hacemos una dicotomía entre la "vida espiritual" (algo solo mental) y nuestra "vida real" (lo que domina el corazón y la voluntad). Ahogamos con nuestros vicios los afectos piadosos. Si nuestra voluntad estuviese verdaderamente ganada por Dios, tendríamos una fe profunda y perfecta.

De los frutos de Modestia, Templanza y CastidadVer también: Modestia, Templanza y Castidad

La modestia regula los movimientos del cuerpo, los gestos y las palabras. Como fruto del Espíritu Santo, todo esto lo hace sin trabajo y como naturalmente, y además dispone todos los movimientos interiores del alma, como en la presencia de Dios. Nuestro espíritu, ligero e inquieto, está siempre revoloteando par todos lados, apegándose a toda clase de objetos y charlando sin cesar. La modestia lo detiene, lo modera y deja al alma en una profunda paz, que la dispone para ser la mansión y el reino de Dios: el don de presencia de Dios. Sigue rápidamente al fruto de modestia, y ésta es, respecto a aquélla, lo que era el rocío respecto al maná. La presencia de Dios es una gran luz que hace al alma verse delante de Dios y darse cuenta de todos sus movimientos interiores y de todo lo que pasa en ella con más claridad que vemos los colores a la luz del mediodía.
La modestia nos es completamente necesaria, porque la inmodestia, que en sí parece poca cosa, no obstante es muy considerable en sus consecuencias y no es pequeña señal en un espíritu poco religioso.
Las virtudes de templanza y castidad atañen a los placeres del cuerpo, reprimiendo los ilícitos y moderando los permitidos.
-La templanza refrena la desordenada afición de comer y de beber, impidiendo los excesos que pudieran cometerse
-La castidad  regula o cercena el uso de los placeres de la carne.

Mas los frutos de templanza y castidad desprenden de tal manera al alma del amor a su cuerpo, que ya casi no siente tentaciones y lo mantienen sin trabajo en perfecta sumisión.
El Espíritu Santo actúa siempre para un fin: nuestra santificación que es la comunión con Dios y el prójimo por el amor.
REF: http://www.corazones.org/espiritualidad/espiritu_santo/frutos_espiritu_santo.htm

Fuentes principales:
-Catecismo de la Iglesia Católica
-Royo Marín, Teología de la Perfección Cristiana, BAC

Wednesday, July 12, 2017


ECCLESIAM SUAM (TERCERA PARTE)-17-07-12

Queridos hermanos,

Hago entrega de la 3ª Parte de la encíclica de Sumo Pontífice Pablo VI: [Las Notas son parte de los textos correspondientes a la Apologética…] – Los dejo con la última parte (cortita) de la encíclica:

EL "MANDATO" DE LA IGLESIA
EN EL MUNDO CONTEMPORÁNEO




[SIGUE]

AUSPICIOS Y ESPERANZAS

42. Con gozo y alegría, Venerables Hermanos, hemos de hacer notar que este tan variado como muy extenso sector de los Cristianos separados está todo él penetrado por fermentos espirituales que parecen preanunciar un futuro y consolador desarrollo para la causa de su reunificación en la única Iglesia de Cristo.

Queremos implorar el soplo del Espíritu Santo sobre el "movimiento ecuménico". Deseamos repetir nuestra conmoción y nuestro gozo por el encuentro —lleno de caridad no menos que de nueva esperanza— que tuvimos en Jerusalén con el Patriarca Atenágoras; queremos saludar con respeto y con reconocimiento la intervención de tantos representantes de las Iglesias separadas en el Concilio Ecuménico Vaticano II; queremos asegurar una vez más con cuánta atención y sagrado interés observamos los fenómenos espirituales caracterizados por el problema de la unidad, que mueven a personas, grupos y comunidades con una viva y noble religiosidad. Con amor y con reverencia saludamos a todos estos cristianos, esperando que, cada vez mejor, podamos promover con ellos, en el diálogo de la sinceridad y del amor, la causa de Cristo y de la unidad que El quiso para su Iglesia.

DIÁLOGO INTERIOR EN LA IGLESIA

43. Y, finalmente, nuestro diálogo se ofrece a los hijos de la Casa de Dios, la Iglesia una, santa, católica y apostólica, de la que ésta, la romana es "mater et caput". ¡Cómo quisiéramos gozar de este familiar diálogo en plenitud de la fe, de la caridad y de las obras! ¡Cuán intenso y familiar lo desearíamos, sensible a todas las verdades, a todas las virtudes, a todas las realidades de nuestro patrimonio doctrinal y espiritual! ¡Cuán sincero y emocionado, en su genuína espiritualidad, cuán dispuesto a recoger las múltiples voces del mundo contemporáneo! ¡Cuán capaz de hacer a los católicos hombres verdaderamente buenos, hombres sensatos, hombres libres, hombres serenos y valientes!.

CARIDAD, OBEDIENCIA

44. Este deseo de moldear las relaciones interiores de la Iglesia en el espíritu propio de un diálogo entre miembros de una comunidad, cuyo principio constitutivo es la caridad, no suprime el ejercicio de la función propia de la autoridad por un lado, de la sumisión por el otro; es una exigencia tanto del orden conveniente a toda sociedad bien organizada como, sobre todo, de la constitución jerárquica de la Iglesia. La autoridad de la Iglesia es una institución del mismo Cristo; más aún: le representa a El, es el vehículo autorizado de su palabra, es un reflejo de su caridad pastoral; de tal modo que la obediencia arranca de motivos de fe, se convierte en escuela de humildad evangélica, hace participar al obediente de la sabiduría, de la unidad, de la edificación y de la caridad, que sostienen al cuerpo eclesial, y confiere a quien la impone y a quien se ajusta a ella el mérito de la imitación de Cristo que se hizo obediente hasta la muerte(66).

Así, por obediencia enderezada hacia el diálogo, entendemos el ejercicio de la autoridad, todo él impregnado de la conciencia de ser servicio y ministerio de verdad y de caridad; y entendemos también la observancia de las normas canónicas y la reverencia al gobierno del legítimo superior, con prontitud y serenidad, cual conviene a hijos libres y amorosos. El espíritu de independencia, de crítica, de rebelión, no va de acuerdo con la caridad animadora de la solidaridad, de la concordia, de la paz en la Iglesia, y transforma fácilmente el diálogo en discusión, en altercado, en disidencia: desagradable fenómeno —aunque por desgracia siempre puede producirse— contra el cual la voz del apóstol Pablo nos amonesta: Que no haya entre vosotros divisiones(67).

FERVOR EN SENTIMIENTOS Y EN OBRAS

45. Estemos, pues, ardientemente deseosos de que el diálogo interior, en el seno de la comunidad eclesiástica, se enriquezca en fervor, en temas, en número de interlocutores, de suerte que se acreciente así la vitalidad y la santificación del Cuerpo Místico terrenal de Cristo. Todo lo que pone en circulación las enseñanzas de que la Iglesia es depositaria y dispensadora es bien visto por Nos; ya hemos mencionado antes la vida litúrgica e interior y hemos aludido a la predicación. Podemos todavía añadir la enseñanza, la prensa, el apostolado social, las misiones, el ejercicio de la caridad; temas éstos que también el Concilio nos hará considerar. Que todos cuantos ordenadamente participan, bajo la dirección de la competente autoridad, en el diálogo vitalizante de la Iglesia, se sientan animados y bendecidos por Nos; y de modo especial los sacerdotes, los religiosos, los amadísimos seglares que por Cristo militan en la Acción Católica y en tantas otras formas de asociación y de actividad.

HOY, MÁS QUE NUNCA, VIVE LA IGLESIA

46. Alegres y confortados nos sentimos al observar cómo ese diálogo tanto en lo interior de la Iglesia como hacia lo exterior que la rodea ya está en movimiento: ¡La Iglesia vive hoy más que nunca! Pero considerándolo bien, parece como si todo estuviera aún por empezar; comienza hoy el trabajo y no acaba nunca. Esta es la ley de nuestro peregrinar por la tierra y por el tiempo. Este es el deber habitual, Venerables Hermanos, de nuestro ministerio, al que hoy todo impulsa para que se haga nuevo, vigilante e intenso.

Cuanto a Nos, mientras os damos estas advertencias, nos place confiar en vuestra colaboración, al mismo tiempo que os ofrecemos la nuestra: esta comunión de intenciones y de obras la pedimos y la ofrecemos cuando apenas hemos subido con el nombre, y Dios quiera también que con algo del espíritu del Apóstol de las Gentes, a la cátedra del apóstol Pedro; y celebrando así la unidad de Cristo entre nosotros, os enviamos con esta nuestra primera Carta, in nomine Domini, nuestra fraterna y paterna Bendición Apostólica, que muy complacido extendemos a toda la Iglesia y a toda la humanidad.

Dado en Roma, junto a San Pedro, en la fiesta de la Transfiguración de Nuestro Señor Jesucristo, 6 de agosto del año 1964, segundo de nuestro Pontificado.

PABLO PP VI





NOTAS

(1) Io. 7, 16.

(2) Cf. Eph. 3, 9-10.

(3) Cf. Act. 20, 28.

(4) Cf. Eph. 5, 27.

(5) Hebr. 1, 1.

(6) Cf. Mat. 26, 41.

(7) Cf. Luc. 17, 21.

(8) Cf. Mat. 26, 75; Luc. 24. 8; Io. 14, 26 et 16, 4.

(9) Phil. 1, 9.

(10) Io. 9, 38.

(11) Ibid. 11, 27.

(12) Mat. 16, 16.

(13) Eph. 3, 17.

(14) Io. 14, 26.

(15) AL 16 (1896) 157-208.

(16) A. A. S. 35 (1943) 193-248.

(17) Ibid. 193.

(18) Ibid. 238.

(19) Cf. Io. 15, 1 ss.

(20) Gal. 3, 28.

(21) Eph. 4, 15-16.

(22) Col. 3, 11.

(23) In Io. tr. 21, 8 PL 35, 1568.

(24) Eph. 3, 17.

(25) Cf. 1 Pet. 2, 9.

(26) Cf. Gal. 4, 19; 1 Cor. 4, 15.

(27) Mat. 16, 18.

(28) Rom. 8, 16.

(29) Cf. Eph. 5, 20.

(30) Cf. 1 Tim. 6, 20.

(31) Cf. Hebr. 7, 25.

(32) Io. 17, 15.

(33) Cf. 1 Thes. 5, 21.

(34) Cf. Mat. 7, 13.

(35) Apoc. 2, 2.

(36) Phil. 2, 5.

(37) 1 Cor. 13, 7.

(38) Rom. 12, 2.

(39) Ibid. 6, 3-4.

(40) 2 Cor. 6, 14-15.

(41) Io. 17, 15-16.

(42) 1 Tim. 6, 20.

(43) Mat. 28, 19.

(44) Ibid. 13, 52.

(45) Io. 3, 17.

(46) Cf. Bar. 3, 38.

(47) 1 Io. 4, 19.

(48) Io. 3, 16.

(49) Luc. 5, 31.

(50) Cf. Mat. 11, 21.

(51) Cf. ibid. 12, 38 ss.

(52) Cf. ibid. 13, 13 ss.

(53) Cf. Col. 3, 11.

(54) Cf. Mat. 13, 31.

(55) Cf. Eph. 5, 16.

(56) Mat. 11, 29.

(57) Mat. 7, 6.

(58) 1 Cor. 9, 22.

(59) Cf. Io. 13, 14-17.

(60) Cf. Ier. 1, 6.

(61) Cf. Rom. 10, 17.

(62) Cf. Ps. 18, 5; Rom. 10, 18.

(63) Marc. 1, 3.

(64) Cf. A. A. S. 55 (1963) 300.

(65) Cf. Dial. contra Luciferianos 9 PL 23, 173.

(66) Phil. 2, 8.

(67) 1 Cor. 1, 10.





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