Tuesday, April 17, 2018

Consejos para padres - Rav Baruj Leff - AishLatino.com


Tazriá(Levítico 12-13)

Consejos para padres
Todos tratamos de ser padres perfectos. Todos sabemos lo difícil que es ser un padre perfecto. Y, eventualmente, comprendemos que nunca podremos ser padres perfectos. Pero constantemente podemos y debemos crecer y mejorar como padres. Sólo hay una manera de hacer esto. Debemos invertir tiempo y esfuerzo para mejorar nuestro rol de padres.
Ser padre es una habilidad como cualquier otra. Sin un esfuerzo consciente y consistente para mejorar como padres, sin leer libros, artículos y ensayos, sin hablar con amigos y expertos y, fundamentalmente, sin hacer muchas preguntas, nunca llegaremos a ser mejores padres.
La parashat Tazría, con su análisis de algunas de las leyes de pureza y nacimiento, nos brinda la oportunidad de tomarnos un momento para reflexionar sobre nuestro monumental rol como padres. A continuación quiero compartir algunas preguntas sobre la paternidad que formuló Rav Iaakov Weinberg, de bendita memoria, incluyendo un resumen de sus respuestas a cada pregunta. Estas preguntas fueron parte de unas clases especiales sobre educación que dictó Rav Iaakov.
Pregunta 1: ¿Cuál es el aspecto más importante en el que se debe enfocar la pareja en lo referente a la educación de los niños?
Respuesta: La base fundamental es la consistencia. Sin consistencia no se puede lograr nada. El niño debe saber que hablas en serio.
No puedes decir hoy no y mañana sí. El niño necesita saber qué esperar. Debes mostrar la misma insatisfacción que mostraste ayer ante una mala acción. Esto, por supuesto, incluye que los esposos también sean consistentes entre ellos. De otra forma, el niño jugará con la opinión de un padre sobre la del otro. Como padres, es mucho mejor no hacer nada que tener disputas sobre temas parentales delante del niño.
Incluso cuando un padre esté en fuerte desacuerdo con la forma en que el otro manejó una situación, nunca puede verbalizarlo frente al niño.
Pregunta 2: ¿Cuál es la opinión de la Torá sobre el castigo a los niños? ¿Debemos vivir con la actitud de: lo superará cuando madure?
Respuesta: Es inevitable reconocer que el castigo es algo necesario. Como dice el Rey Shlomó: El que escatima la vara odia a su hijo, y quien lo ama lo disciplina cuando es joven (Mishlei 13:24). Sin embargo, el castigo no necesariamente debe ser físico. En nuestra época es poco recomendable golpear al niño, porque cualquier cachetada se considera un rechazo severo. Hacer que el niño se sienta severamente rechazado es una pésima forma de educar, porque transmite el mensaje de que el padre se dio por vencido con el niño, que el niño es completamente malo.
El castigo incluye toda forma de reacción de desaprobación, incluso fruncir el ceño o suspirar. Otras formas de castigo son enviar al niño al cuarto por unos minutos o prohibirle temporalmente el uso de ciertos juguetes o juegos. Si no se los castiga, los niños crecen sin un sentido de valores y sin saber cuál es el comportamiento aceptable.
Los padres deben ser conscientes del sentimiento que generan al castigar. Un padre no puede castigar por enojo y frustración. El niño debe sentir que el castigo emana del amor y la preocupación que su padre siente por él. Los padres deben hablar brevemente con el niño durante y después de castigarlo, decirle exactamente la razón por la que recibe el castigo y que la única razón del castigo es enseñarle los valores adecuados.
Esta expresión de amor incluso al castigar, no sólo es importante para la relación padre/hijo sino que también afecta la manera en que el niño se relacionará con Dios.
Dado que llamamos a Dios Nuestro Padre, la imagen y el entendimiento que el niño tiene de un padre se crea en base a la forma en que ve a sus padres biológicos. Si los niños ven el amor y la preocupación de sus padres y desarrollan con ellos una relación fuerte y amorosa, se relacionarán con Dios de la misma forma. Si alguien tiene una relación negativa y estresante con sus padres, le resultará más difícil desarrollar una conexión positiva con Dios.
Por lo tanto, la responsabilidad parental es asunto serio y es la base esencial para todo servicio a Dios.
Pregunta 3: ¿Qué es lo más importante que podemos enseñarles a nuestros hijos?
Respuesta: Queda claro que lo más importante en lo que debe concentrarse un padre son las buenas cualidades personales. La ley judía declara inequívocamente que está prohibido enseñarle Torá a un estudiante que no tiene buen carácter (ver Rambam, Talmud Torá, Cap. 4). Debemos trabajar con el niño para dirigirlo por un camino de buenas cualidades antes de poder estudiar con él Torá.
Antes de enseñarle al niño a observar cualquier mitzvá debemos desarrollar las buenas cualidades.
Pregunta 4: Si un niño no disfruta al cumplir ciertas mitzvot, ¿debemos forzarlo? Al fin de cuentas se supone que debemos enseñarle a observar las mitzvot.
Respuesta: Nunca lo obligues. Si lo haces, el niño odiará las mitzvot. Convéncelo, persuádelo, recompénsalo, pero nunca lo fuerces.
Pregunta 5: ¿Cómo puedo enseñarle a mi hijo sobre la espiritualidad?
Respuesta: Enseñarle a tu hijo a leer es un comienzo maravilloso. Pero debes asegurarte de que lean temas que desafíen la mente. Tendemos a darles libros de historietas y misterio que simplemente los entretienen. Debemos monitorear con gran cuidado los libros que leen, para que lean material significativo que abre la mente. De aquí emana el mensaje de que la vida es más que comer comida gourmet y ver televisión. Hay una mente que debe ser satisfecha.
Enfatizar la mente es el comienzo para enseñarle espiritualidad. A partir de ello, el niño progresará para descubrir que la gratificación física no es todo lo que la vida tiene para ofrecer. No hay forma de enseñar ni de predicar espiritualidad de manera que llegue a impactar al niño. Los niños (y también los adultos) deben descubrir la espiritualidad por sí mismos para que esta perdure.
Que continuemos esforzándonos para ser los mejores padres que podamos llegar a ser.
Ref: <http://www.aishlatino.com/tp/i/kol-yaakov/Consejos-para-padres.html>



Saturday, April 14, 2018

Sacrosanctum Concilium - P. Pablo VI


Sacrosanctum Concilium
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La constitución Sacrosanctum Concilium sobre la sagrada liturgia es una de las cuatro constituciones conciliares emanadas del Concilio Vaticano II. Fue aprobada por la asamblea de obispos con un voto de 2,147 a 4, siendo promulgada por el papa Pablo VI el 4 de diciembre de 1963. El objetivo principal de esta constitución fue aumentar la participación de los laicos en la liturgia de la Iglesia Católica y a su vez llevar a cabo la actualización de la misma.
Contenidos[editar]
Los números entre paréntesis corresponden a los números de los párrafos del documento.
·         Proemio (1-4).
·         Capítulo I. Principios generales para la reforma y fomento de la sagrada liturgia (5-46).
·         I. Naturaleza de la sagrada liturgia y su importancia en la vida de la Iglesia (5-13).
·         II. Necesidad de promover la educación litúrgica y la participación activa (14-20).
·         III. Reforma de la sagrada liturgia (21-40).
·         A) Normas generales (22-25).
·         B) Normas derivadas de la índole de la liturgia como acción jerárquica y comunitaria (26-32).
·         C) Normas derivadas del carácter didáctico y pastoral de la Liturgia (33-36).
·         D) Normas para adaptar la Liturgia a la mentalidad y tradiciones de los pueblos (37-40).
·         IV. Fomento de la vida litúrgica en la diócesis y en la parroquia (41-42).
·         V. Fomento de la acción pastoral litúrgica (43-46).
·         Capítulo II. El sacrosanto misterio de la eucaristía (47-58)
  • Capítulo III. Los demás sacramentos y los sacramentales (59-82).
  • Capítulo IV. El Oficio divino (83-101).
  • Capítulo V. El año litúrgico (102-111).
  • Capítulo VI. La música sagrada (112-121).
  • Capítulo VII. El arte y los objetos sagrados (122-130).
  • Apéndice. Declaración del sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II sobre la revisión del calendario.
Nota: Nosotros, los que estamos de Camino en el Neocatecumenado, siempre hemos oído que nuestro caminar está basado en el cumplimiento de lo establecido en el Concilio Vaticano II. Pero, dudo que todos hayan ojeado este documento medular del Concilio. Para tener una oportunidad de repasarlo, con sumo agrado les envío el Link:
Apreciaría los comentarios sobre este tema.
Gracias, hermanos muy queridos.
Noel y Silvia
“La Porciúncula”
Guatemala

Thursday, April 12, 2018

Mystici Corporis Christi - P. Pio XII

Queridos hermanos,

Nos faltaba hacer el enlace con los origenes del Concilio... y una de las fuentes principales de adonde se nutrió. Aqui una anotación tomada de Wikipedia.com; y también, al final, el link de la encíclica Mystici Corporis Christi. Estoy seguro que ya algunos estan familiarizado con ella y/o la han leido.

Con sumo agrado y mucho cariño,
Noel y Silvia
"La Porciúncula"
CSP - Calzada Atanasio Tzul
Zona 12, Guatemala

Mystici Corporis Christi

Mystici Corporis Christi (29 de junio de 1943) es una encíclica papal emitida por el Papa Pío XII durante la Segunda Guerra Mundial, sobre la Iglesia como Cuerpo Místico de Cristo.1​ Es una de las más importantes encíclicas del Papa Pío XII, no solo porque su concepto de Iglesia se ha incluido totalmente en la Lumen Gentium sino porque también fue muy debatida durante y después del Concilio Vaticano II. La Iglesia es llamada cuerpo, porque es un ente vivo, de Cristo, porque Cristo es su Cabeza y Fundador, y se llama místico, porque no es ni puramente físico, ni una unidad puramente espiritual, sino sobrenatural.2​

Índice


El nuevo rol de los laicos

La encíclica enseña, que mientras los laicos animan la sociedad humana, los sucesores de los apóstoles (los obispos) deben ser responsables en materia de religión y la moral. Hasta esta encíclica de Pío XII, la Iglesia era considerada como societas perfecta, una sociedad perfecta, que consiste principalmente del Papa, los obispos, el clero y los religiosos. Mystici Corporis incluye a los laicos como elementos igualmente importantes del cuerpo de Cristo. Los fieles están unidos a Cristo en la Iglesia. Cristo ama y vive en ellos. Cristo está vivo a través del Espíritu Santo. La unificación de Cristo se lleva a cabo en la Sagrada Eucaristía.
  • Dentro de la Iglesia, no existe un elemento activo y pasivo, el liderazgo y los laicos. Todos los miembros de la Iglesia están llamados a trabajar en la perfección del cuerpo de Cristo.... Los fieles laicos están en la primera línea de la vida eclesial, para ellos la Iglesia es el principio vital de la sociedad humana. Por lo tanto, en particular, debería haber una conciencia cada vez más clara, no sólo de pertenecer a la Iglesia, sino de ser la Iglesia, es decir, la comunidad de los fieles en la tierra, bajo el liderazgo del Papa, el Jefe común, y de los obispos en comunión con él. Ellos son la Iglesia.3​

Errores y condenas

La exclusión sobre la base de raza o nacionalidad

  • Tenemos que, en primer lugar imitar la anchura del amor de Cristo. Para la Iglesia, la Esposa de Cristo, es una, y sin embargo tan grande es el amor del esposo divino que abarca en su esposa todo el género humano sin excepción. Nuestro Salvador derramó su sangre precisamente para que se pudiera reconciliar a los hombres y a Dios a través de la Cruz, y no se puede afectar su capacidad para unirnos en un solo cuerpo, por mucho que difiramos en la nacionalidad y la raza. El verdadero amor de la Iglesia, por lo tanto, requiere no sólo un amor mutuo y solícito para otros4​ como miembros de la Iglesia,4​ sino que también debemos reconocer en los demás hombres, a pesar de que aún no están unidos a nosotros en el cuerpo de la Iglesia, a nuestros hermanos en Cristo según la carne, llamados, junto con nosotros, para la misma salvación eterna.5​
Hay quienes exaltan la enemistad, el odio y el rencor como si se mejorara la dignidad y el valor del hombre. Nosotros, sin embargo, al mismo tiempo vemos con tristeza las desastrosas consecuencias de esta enseñanza, debemos seguir a nuestro rey pacífico que nos enseñó a amar no sólo a quienes son de una nación o raza diferentes,6​ sino también a los enemigos.7​

Asesinar a las personas con discapacidad

  • Consciente de las obligaciones de nuestros altos cargos consideramos que es necesario reiterar esta afirmación grave hoy, cuando a nuestro profundo dolor vemos a veces la deformación, que sufren los enfermos mentales, y los de enfermedad hereditaria privados de su vida, como si se tratara de una carga inútil para la sociedad, y este procedimiento es considerado por algunos como una manifestación del progreso humano, y como algo que está totalmente de acuerdo con el bien común. Sin embargo, ¿quién está en posesión de la sana crítica que no reconoce que esto no sólo viola el derecho natural y la ley divina8​ escrita en el corazón de cada hombre?

Conversiones forzadas

El papa Pío XII condenó las conversiones forzadas en términos fuertes. A esto se habían opuesto los Papas anteriores, como León XIII,9​ y se encuentran como violación del Derecho Canónico vigente.10​ Las conversiones para los miembros de la Iglesia deben ser voluntarias. En cuanto a conversión "Somos conscientes de que esto se debe hacer con la propia voluntad, porque nadie cree a menos que quiera creer".11​ De ahí que ciertamente no son verdaderos cristianos, que en contra de sus creencias se ven obligados a entrar en una iglesia, a acercarse al altar y al recibir los sacramentos,12​ porque "la fe sin la cual es imposible agradar a Dios" es una completamente libre "sumisión de la inteligencia y la voluntad".13​
  • Por lo tanto, cada vez que ocurre, a pesar de la constante enseñanza de la Sede Apostólica,14​ que alguién está obligado a abrazar la fe católica contra su voluntad, nuestro sentido del deber exige condenar el acto.15​

Aspectos destacados de la encíclica

  • Nuestro propósito es mostrar la belleza de la Iglesia en su plena luz, la nobleza de los fieles, que en el cuerpo de Cristo están unidos con la cabeza.16​
  • No somos ignorantes del hecho de que su verdad profunda -de nuestra unión con el divino Redentor y, en particular, de la morada del Espíritu Santo en nuestras almas- está envuelta en la oscuridad por un velo que impide nuestra capacidad de entender y explicar, por la naturaleza oculta de la doctrina misma, y de las limitaciones de nuestra mente humana.17​
  • Cristo no quiso excluir a los pecadores de su Iglesia, por lo que si algunos de sus miembros están sufriendo de enfermedades espirituales, no tenemos por qué disminuir nuestro amor a la Iglesia, sino más bien es una razón por la cual debemos aumentar nuestra devoción a sus miembros.18​
  • A veces, aparece en la Iglesia algo que indica la debilidad de nuestra naturaleza humana, esto no debe ser atribuido a su constitución jurídica, sino más bien a la lamentable inclinación al mal que se encuentra en cada individuo, que su Divino Fundador permite aun en ocasiones en los más altos miembros de su Cuerpo Místico, con el propósito de probar la virtud de los pastores, nada menos que de los rebaños, y que todos puedan aumentar el mérito de su fe cristiana.18​

Véase también

Referencias

  • Mystici Corporis Christi Pius XII, Encyclical Mystici Corporis Christi, Vatican City, 1943
  • AAS 1943, 193
  • Pius XII, Discourse, February 20, 1946:AAS 38 (1946) 149; quoted by John Paul II, CL 9.
  • Cf. Rom., XII, 5; I Cor., XII, 25.
  • Pius XII, Enc. Mystici Corporis Christi, 96
  • Cf. Luke, X, 33-37
  • Cf. Luke, VI, 27-35; Matth.,V, 44-48.
  • Cf. Decree of the Holy Office, 2 Dec. 1940: A.A.S., 1940, p. 553.
  • Cf. Leo XIII, Immortale Dei: A.S.S., XVIII, pp. 174-175
  • Cod. Iur. Can., c. 1351
  • Cf. August., In Ioann. Ev. tract., XXVI, 2: Migne, P.L. XXX, 1607.
  • Cf. August., In Ioann. Ev. tract., XXVI, 2: Migne, P.L. XXX, 1607
  • Vat. Counc. Const. de fide Cath., Cap. 3
  • Cf. Leo XIII, Immortale Dei: A.S.S., XVIII, pp. 174-175; Cod. Iur. Can., c. 1351
  • Pius XII, Enc. Mystici Corporis Christi, 104
  • Pius XII, Enc. Mystici Corporis Christi, 11
  • Pius XII, Enc. Mystici Corporis Christi, 78
  • Pius XII, Enc. Mystici Corporis Christi, 62


    Link de la encíclica:
    http://www.mscperu.org/biblioteca/1magisterio/1Pio%20XII/blcuerpo_mistico_Pio12.htm

    Wednesday, April 11, 2018

    CAPÍTULO V UNIVERSAL VOCACIÓN A LA SANTIDAD EN LA IGLESIA - Lumen Gentium - P. Paulo VI









    CAPÍTULO V
    UNIVERSAL VOCACIÓN A LA SANTIDAD
    EN LA IGLESIA
    39. La Iglesia, cuyo misterio está exponiendo el sagrado Concilio, creemos que es indefectiblemente santa. Pues Cristo, el Hijo de Dios, quien con el Padre y el Espíritu Santo es proclamado «el único Santo» [121], amó a la Iglesia como a su esposa, entregándose a Sí mismo por ella para santificarla (cf. Ef 5,25-26), la unió a Sí como su propio cuerpo y la enriqueció con el don del Espíritu Santo para gloria de Dios. Por ello, en la Iglesia, todos, lo mismo quienes pertenecen a la Jerarquía que los apacentados por ella, están llamados a la santidad, según aquello del Apóstol: «Porgue ésta es la voluntad de Dios, vuestra santificación» (1 Ts 4, 3; cf. Ef 1, 4). Esta santidad de la Iglesia se manifiesta y sin cesar debe manifestarse en los frutos de gracia que el Espíritu produce en los fieles. Se expresa multiformemente en cada uno de los que, con edificación de los demás, se acercan a la perfección de la caridad en su propio género de vida; de manera singular aparece en la práctica de los comúnmente llamados consejos evangélicos. Esta práctica de los consejos, que, por impulso del Espíritu Santo, muchos cristianos han abrazado tanto en privado como en una condición o estado aceptado por la Iglesia, proporciona al mundo y debe proporcionarle un espléndido testimonio y ejemplo de esa santidad.
    40. El divino Maestro y Modelo de toda perfección, el Señor Jesús, predicó a todos y cada uno de sus discípulos, cualquiera que fuese su condición, la santidad de vida, de la que El es iniciador y consumador: «Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto» (Mt 5, 48) [122]. Envió a todos el Espíritu Santo para que los mueva interiormente a amar a Dios con todo el corazón, con toda el alma, con toda la mente y con todas las fuerzas (cf. Mt 12,30) y a amarse mutuamente como Cristo les amó (cf. Jn 13,34; 15,12). Los seguidores de Cristo, llamados por Dios no en razón de sus obras, sino en virtud del designio y gracia divinos y justificados en el Señor Jesús, han sido hechos por el bautismo, sacramento de la fe, verdaderos hijos de Dios y partícipes de la divina naturaleza, y, por lo mismo, realmente santos. En consecuencia, es necesario que con la ayuda de Dios conserven y perfeccionen en su vida la santificación que recibieron. El Apóstol les amonesta a vivir «como conviene a los santos» (Ef 5, 3) y que como «elegidos de Dios, santos y amados, se revistan de entrañas de misericordia, benignidad, humildad, modestia, paciencia» (Col 3, 12) y produzcan los frutos del Espíritu para la santificación (cf. Ga 5, 22; Rm 6, 22). Pero como todos caemos en muchas faltas (cf. St 3,2), continuamente necesitamos la misericordia de Dios y todos los días debemos orar: «Perdónanos nuestras deudas» (Mt 6, 12) [123].
    Es, pues, completamente claro que todos los fieles, de cualquier estado o condición, están llamados a la plenitud de la vida cristiana y a la perfección de la caridad [124], y esta santidad suscita un nivel de vida más humano incluso en la sociedad terrena. En el logro de esta perfección empeñen los fieles las fuerzas recibidas según la medida de la donación de Cristo, a fin de que, siguiendo sus huellas y hechos conformes a su imagen, obedeciendo en todo a la voluntad del Padre, se entreguen con toda su alma a la gloria de Dios y al servicio del prójimo. Así, la santidad del Pueblo de Dios producirá abundantes frutos, como brillantemente lo demuestra la historia de la Iglesia con la vida de tantos santos.
    41. Una misma es la santidad que cultivan, en los múltiples géneros de vida y ocupaciones, todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, y obedientes a la voz del Padre, adorándole en espíritu y verdad, siguen a Cristo pobre, humilde y cargado con la cruz, a fin de merecer ser hechos partícipes de su gloria. Pero cada uno debe caminar sin vacilación por el camino de la fe viva, que engendra la esperanza y obra por la caridad, según los dones y funciones que le son propios.
    En primer lugar es necesario que los Pastores de la grey de Cristo, a imagen del sumo y eterno Sacerdote, Pastor y Obispo de nuestras almas, desempeñen su ministerio santamente y con entusiasmo, humildemente y con fortaleza. Así cumplido, ese ministerio será también para ellos un magnífico medio de santificación. Los elegidos para la plenitud del sacerdocio son dotados de la gracia sacramental, con la que, orando, ofreciendo el sacrificio y predicando, por medio de todo tipo de preocupación episcopal y de servicio, puedan cumplir perfectamente el cargo de la caridad pastoral [125]. No teman entregar su vida por las ovejas, y, hechos modelo para la grey (cf.1 P 5,3), estimulen a la Iglesia, con su ejemplo, a una santidad cada día mayor.
    Los presbíteros, a semejanza del orden de los Obispos, cuya corona espiritual forman [126] al participar de su gracia ministerial por Cristo, eterno y único Mediador, crezcan en el amor de Dios y del prójimo por el diario desempeño de su oficio. Conserven el vínculo de la comunión sacerdotal, abunden en todo bien espiritual y sean para todos un vivo testimonio de Dios [127], émulos de aquellos sacerdotes que en el decurso de los siglos, con frecuencia en un servicio humilde y oculto, dejaron un preclaro ejemplo de santidad, cuya alabanza se difunde en la Iglesia de Dios. Mientras oran y ofrecen el sacrificio, como es su deber, por los propios fieles y por todo el Pueblo de Dios, sean conscientes de lo que hacen e imiten lo que traen entre manos [128]; las preocupaciones apostólicas, los peligros y contratiempos, no sólo no les sean un obstáculo, antes bien asciendan por ellos a una más alta santidad, alimentando y fomentando su acción en la abundancia de la contemplación para consuelo de toda la Iglesia de Dios. Todos los presbíteros y en especial aquellos que por el peculiar título de su ordenación son llamados sacerdotes diocesanos, tengan presente cuánto favorece a su santificación la fiel unión y generosa cooperación con su propio Obispo.
    También son partícipes de la misión y gracia del supremo Sacerdote, de un modo particular, los ministros de orden inferior. Ante todo, los diáconos, quienes, sirviendo a los misterios de Cristo y de la Iglesia [129] deben conservarse inmunes de todo vicio, agradar a Dios y hacer acopio de todo bien ante los hombres (cf. 1 Tm 3,8-10 y 12-13). Los. clérigos, que, llamados por el Señor y destinados a su servicio, se preparan, bajo la vigilancia de los Pastores, para los deberes del ministerio, están obligados a ir adaptando su mentalidad y sus corazones a tan excelsa elección: asiduos en la oración, fervorosos en el amor, preocupados de continuo por todo lo que es verdadero, justo y decoroso, realizando todo para gloria y honor de Dios. A los cuales se añaden aquellos laicos elegidos por Dios que son llamados por el Obispo para que se entreguen por completo a las tareas apostólicas, y trabajan en el campo del Señor con fruto abundante [130].
    Los esposos y padres cristianos, siguiendo su propio camino, mediante la fidelidad en el amor, deben sostenerse mutuamente en la gracia a lo largo de toda la vida e inculcar la doctrina cristiana y las virtudes evangélicas a los hijos amorosamente recibidos de Dios. De esta manera ofrecen a todos el ejemplo de un incansable y generoso amor, contribuyen al establecimiento de la fraternidad en la caridad y se constituyen en testigos y colaboradores de la fecundidad de la madre Iglesia, como símbolo y participación de aquel amor con que Cristo amó a su Esposa y se entregó a Sí mismo por ella [131]. Ejemplo parecido lo proporcionan, de otro modo, quienes viven en estado de viudez o de celibato, los cuales también pueden contribuir no poco a la santidad y a la actividad de la Iglesia. Aquellos que están dedicados a trabajos muchas veces fatigosos deben encontrar en esas ocupaciones humanas su propio perfeccionamiento, el medio de ayudar a sus conciudadanos y de contribuir a elevar el nivel de la sociedad entera y de la creación. Pero también es necesario que imiten en su activa caridad a Cristo, cuyas manos se ejercitaron en los trabajos manuales y que continúan trabajando en unión con el Padre para la salvación de todos. Gozosos en la esperanza, ayudándose unos a otros a llevar sus cargas, asciendan mediante su mismo trabajo diario, a una más alta santidad, incluso con proyección apostólica.
    Sepan también que están especialmente unidos a Cristo, paciente por la salvación del mundo, aquellos que se encuentran oprimidos por la pobreza, la enfermedad, los achaques y otros muchos sufrimientos, o los que padecen persecución por la justicia. A ellos el Señor, en el Evangelio, les proclamó bienaventurados, y «el Dios de toda gracia, que nos llamó a su eterna gloria en Cristo Jesús, después de un breve padecer, los perfeccionará y afirmará, los fortalecerá y consolidará» (1 P 5, 10).
    Por tanto, todos los fieles cristianos, en las condiciones, ocupaciones o circunstancias de su vida, y a través de todo eso, se santificarán más cada día si lo aceptan todo con fe de la mano del Padre celestial y colaboran con la voluntad divina, haciendo manifiesta a todos, incluso en su dedicación a las tareas temporales, la caridad con que Dios amó al mundo.
    42. «Dios es caridad, y el que permanece en la caridad permanece en Dios y Dios en él» (1 Jn 4, 16). Y Dios difundió su caridad en nuestros corazones por el Espíritu Santo, que se nos ha dado (cf. Rm 5, 5). Por consiguiente, el primero y más imprescindible don es la caridad, con la que amamos a Dios sobre todas las cosas y al prójimo por El. Pero, a fin de que la caridad crezca en el alma como una buena semilla y fructifique, todo fiel debe escuchar de buena gana la palabra de Dios y poner por obra su voluntad con la ayuda de la gracia. Participar frecuentemente en los sacramentos, sobre todo en la Eucaristía, y en las funciones sagradas. Aplicarse asiduamente a la oración, a la abnegación de sí mismo, al solícito servicio de los hermanos y al ejercicio de todas las virtudes. Pues la caridad, como vínculo de perfección y plenitud de la ley (cf. Col 3, 14; Rm 3, 10), rige todos los medios de santificación, los informa y los conduce a su fin [132]. De ahí que la caridad para con Dios y para con el prójimo sea el signo distintivo del verdadero discípulo de Cristo.
    Dado que Jesús, el Hijo de Dios, manifestó su amor entregando su vida por nosotros, nadie tiene mayor amor que el que entrega su vida por El y por sus hermanos (cf. 1 Jn 3,16; Jn 15,13). Pues bien: algunos cristianos, ya desde los primeros tiempos, fueron llamados, y seguirán siéndolo siempre, a dar este supremo testimonio de amor ante todos, especialmente ante los perseguidores. Por tanto, el martirio, en el que el discípulo se asemeja al Maestro, que aceptó libremente la muerte por la salvación del mundo, y se conforma a El en la efusión de su sangre, es estimado por la Iglesia como un don eximio y la suprema prueba de amor, Y, si es don concedido a pocos, sin embargo, todos deben estar prestos a confesar a Cristo delante de los hombres y a seguirle, por el camino de la cruz, en medio de las persecuciones que nunca faltan a la Iglesia.
    La santidad de la Iglesia también se fomenta de una manera especial con los múltiples consejos que el Señor propone en el Evangelio para que los observen sus discípulos [133]. Entre ellos destaca el precioso don de la divina gracia, concedido a algunos por el Padre (cf. Mt 19, 11; 1 Co 7, 7) para que se consagren a solo Dios con un corazón que en la virginidad o en el celibato se mantiene más fácilmente indiviso (cf. 1 Co 7, 32-34) [134]. Esta perfecta continencia por el reino de los cielos siempre ha sido tenida en la más alta estima por la Iglesia, como señal y estímulo de la caridad y como un manantial extraordinario de espiritual fecundidad en el mundo.
    La Iglesia medita la advertencia del Apóstol, quien, estimulando a los fieles a la caridad, les exhorta a que tengan en sí los mismos sentimientos que tuvo Cristo, el cual «se anonadó a sí mismo tomando la forma de esclavo..., hecho obediente hasta la muerte» (Flp 2, 7-8), y por nosotros «se hizo pobre, siendo rico» (2 Co 8, 9). Y como es necesario que los discípulos den siempre testimonio de esta caridad y humildad de Cristo imitándola, la madre Iglesia goza de que en su seno se hallen muchos varones v mujeres que siguen más de cerca el anonadamiento del Salvador y dan un testimonio más evidente de él al abrazar la pobreza en la libertad de los hijos de Dios y al renunciar a su propia voluntad. A saber: aquellos que, en materia de perfección, se someten a un hombre por Dios más allá de lo mandado, a fin de hacerse más plenamente conformes a Cristo obediente [135].
    Quedan, pues, invitados y aun obligados todos los fieles cristianos a buscar insistentemente la santidad y la perfección dentro del propio estado. Estén todos atentos a encauzar rectamente sus afectos, no sea que el uso de las cosas del mundo y un apego a las riquezas contrario al espíritu de pobreza evangélica les impida la prosecución de la caridad perfecta. Acordándose de la advertencia del Apóstol: Los que usan de este mundo no se detengan en eso, porque los atractivos de este mundo pasan (cf. 1 Co 7, 31 gr.) [136].


    Wednesday, April 4, 2018

    ¡A regocijarse! - Jonathan Lipnick


    “La Porciúncula”
    Guatemala – 4/4/2018



    Queridos hermanos,
    He recibido esta preciosa invitación de parte de: Jonathan Lipnick
    Decano de la facultad de los Estudios de la Tierra Santa,
    IsraelBiblicalStudies.com - Con sumo agrado la comparto con ustedes.






    Noel, Shalom desde Jerusalén,

    Tiene sentido que la palabra "alegría" aparezca con mucha frecuencia en la Biblia. Después de todo, está llena de historias en las que Dios demuestra la manera de llevar una vida recta y feliz. En el hebreo original de la Biblia, la palabra para "felicidad" es
    simcha, pero este es solo uno de los diez términos hebreos diferentes que significan varios tipos de alegría. ¡En realidad, hay una palabra muy especial reservada únicamente para la felicidad máxima!
     








    A



    Atentamente,










    Jonathan Lipnick
    Decano de la facultad de los Estudios de la Tierra Santa,
    IsraelBiblicalStudies.com







    Diez maneras de ser bíblicamente feliz

      La Biblia hebrea contiene una sorprendente cantidad de palabras que significan felicidad. Lo que a menudo se traduce simplemente como "alegría" en español, puede ser una de las diez palabras hebreas que denotan una forma diferente de emoción positiva. Entre estos términos, uno de los más poderosos es la palabra sasson ששון, que significa "exultación". Viene de la raíz SIS שיש, que está claramente relacionada con la felicidad: ¡solo trate de decir esta palabra sin sonreír!
    • #

        El significado de la felicidad

      El profeta Isaías usó la palabra sos שׂוֹשׂ en su famosa profecía de la liberación de Sión: "En gran manera me regocijaré en el SEÑOR, mi alma se alegrará en mi Dios" (Isaías 61:10). Las palabras "regocijarse en gran manera" en hebreo original son sos asis שׂוֹשׂ אָשִׂישׂ, por lo que esto no es solo un sentimiento de felicidad: Isaías usa específicamente la raíz especial SIS para connotar un sentimiento de celebración triunfante después de una catástrofe. 
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        La alegría de los estudios hebreos

      Isaías reservó este término especial para la felicidad máxima que vendrá con la liberación por parte de Dios, pero al leer una traducción de la Biblia, nunca sabrá que el lenguaje de Isaías es único. La simpleza de las palabras "regocijarse en gran manera" en español ocultan la verdad, por lo que es necesario volver a la fuente vital de las Escrituras: el idioma hebreo. Inscríbase hoy en nuestro curso en línea y en vivo, aprenda a leer la Biblia auténtica y descubra el verdadero significado de la felicidad. 




    Con mucho cariño,
    Noel y Silvia
    “La Porciúncula”
    CSP – Calzada Atanasio Tzul
    Zona 12 - Guatemala













    Monday, April 2, 2018

    ¿Existe el Cielo?

    Queridos hermanos,
    Esto lo recibimos de una hermana que está terminando el Camino este año! Se lo agradecemos, y Lo comparto con todos ustedes... 
    Con mucho cariño,
    Noel y Silvia ("La Poriúncula") Guatemala.

    "En el vientre de una mamá había dos bebés. Uno preguntó al otro:
    -¿Tú crees en la vida después del parto? El otro respondió:
    -Claro que sí. Tiene que haber algo después del parto. Tal vez estamos aquí para prepararnos para lo que vendrá más tarde.
    -Tonterías -dice el primero-. No hay vida después del parto. ¿Qué clase de vida sería esa?
    El segundo dice:
    -No lo sé, pero habrá más luz que la hay aquí. Tal vez podremos caminar con nuestras propias piernas y comer con nuestras bocas. Tal vez tendremos otros sentidos, que no podemos entender ahora.
    El primero contestó:
    -Eso es un absurdo. Caminar es imposible. ¿Y comer con la boca? ¡Ridículo! El cordón umbilical nos nutre y nos da todo lo demás que necesitamos. El cordón umbilical es demasiado corto. La vida después del parto es imposible.
    El segundo insistió:
    -Bueno, yo pienso que hay algo y tal vez sea diferente de lo que hay aquí. Tal vez ya no necesitemos de este tubo físico. 
    El primero contestó:
    -Tonterías, además, de haber realmente vida después del parto, entonces ¿por qué nadie jamás regresó de allá? El parto es el fin de la vida y en el pos parto no hay nada más allá de lo oscuro, silencio y olvido. Él no nos llevará a ningún lugar.
    -Bueno, yo no lo sé, -dice el segundo- pero con seguridad vamos a encontrarnos con Mamá y ella nos cuidará.
    El primero respondió:
    -¿Mamá? ¿Tú realmente crees en Mamá? Eso es ridículo. Si Mamá existe, entonces, ¿dónde está ella ahora?
    El segundo dice:
    -Ella está alrededor nuestro. Estamos cercados por ella. De ella, nosotros somos. Es en ella que vivimos. Sin Ella, este mundo no sería y no podría existir.
    Dice el primero:
    -Bueno, yo no puedo verla, entonces, es lógico que ella no existe.
    El segundo le responde a eso:
    -A veces, cuando tú estás en silencio, si te concentras y realmente escuchas, tú podrás percibir su presencia y escuchar su voz amorosa allá arriba." 

    Así es como un escritor húngaro explicó la existencia de Dios.



    🙏 Bendiciones y un gran abrazo 🙅‍♂ de paz ✌ y bien 😇 en el amor del Señor.

    Ya pasó la Semana Mayor 2018

    Queridos hermanos,
    Ya pasó la Semana Mayor... no comparto mucho de esos dias porque algo de este post va para detras de la muralla... O sea, el material es sobrio de temas que no son aceptables universalmente.
    Pero quiero concluir con los email que le he mandado a mis lectores del grado primero... mi última lista que incluye a mis "socios"; en especial a los mas recientes... lectores del blog...

    Para hacer justicia a los productores, traductores, editores, etc., viene este post:


    Queridos hermanos,

    Termino con el Fin de estas meditaciones para la Cuaresma... - de este año, y el próximo:





     Fin de estas meditaciones para la Cuaresma
    El domingo siguiente, si no me equivoco, vi a los judíos lavar y purificar el templo. Ofrecieron sacrificios expiatorios, sacaron los escombros, y tapando las señales del terremoto con tablas y alfombras, continuaron las ceremonias de la Pascua, que no se habían podido acabar el mismo día. Declararon que la fiesta se había interrumpido por la asistencia de los impuros al sacrificio, y aplicaron, no sé cómo, a lo que había pasado, una visión de Ezequiel sobre la resurrección de los muertos. Además, amenazaron con penas graves a los que hablaran o murmuraran; sin embargo, no calmaron sino a aquella parte del pueblo más ignorante y más inmoral: los mejores se convirtieron primero con sigilo, y después de Pentecostés abiertamente. Los príncipes de los sacerdotes perdieron una gran parte de su osadía al ver la rápida propagación de la doctrina de Jesús. En el tiempo del diaconado de San Esteban, Ofel y la parte oriental de Sión no podían contener a la comunidad cristiana, y tuvo que ocupar el espacio que se extiende desde la ciudad hasta Betania. Vi a Anás como poseído del demonio; lo encerraron, y no volvió a aparecer. Caifás estaba como loco furioso: ¡tal era la violencia de la ira secreta que lo devoraba! El jueves, después de Pascua, Ana Catalina dijo: Hoy he visto a Pilatos hacer buscar inútilmente a su mujer. Estaba escondida en casa de Lázaro, en Jerusalén. No podían adivinarlo, pues ninguna mujer habitaba en aquella casa. Esteban, que no era conocido por discípulo, le llevaba la comida y las noticias de fuera. Esteban era primo de Pablo: ambos, hijos de dos hermanos. (Anotación de Brentano: Aquí se acaba la relación de estas visiones, que duró desde el 18 de febrero hasta el 6 de abril de 1823). Nota del Traductor: ¡Gracias por descargar o comprar mi libro y por el tiempo que le dedicaste! Si lo has disfrutado, por favor deja tu opinión en Amazon. Estaré muy agradecido. Tengo otros libros igualmente interesantes en:



    Ref:
    Emmerick, Anna Catalina. La pasión y muerte de nuestro señor Jesucristo (Spanish Edition) (pp. 112-114). UNKNOWN. Kindle Edition.



    Con mucho cariño,
    Noel y Silvia
    Desde “La Porciúncula”
    CSP
    Calzada Atanasio Tzul
    Zona 12, Guatemala