Thursday, July 26, 2018

Enoc Y El Hijo Del Hombre (1) - Julia Blum - Israel Biblical Studies - julio 20, 2018


Enoc Y El Hijo Del Hombre (1)
By Julia Blum - julio 20, 2018
LAS SIMILITUDES
Por ahora sabemos que el libro de Daniel fue uno de los primeros apocalipsis escritos y también uno de los más influyentes. “Siempre que en los últimos trabajos ‘el hijo del hombre’, ‘este hijo del hombre’ o ‘el hijo del hombre’ es mencionado, la cita es de Daniel.”[1] Los últimos es critos apocalípticos hacen un creativo uso de Daniel 7 y desarrollan su propia expresión de fe y esperanza de justicia. Al comienzo del siglo II a.C., este cambio en el pensamiento religioso vino a ser evidente. Como las circunstancias en esta tierra eran injustas y los injustos estaban ganando, por primera vez, el concepto claramente definido de un reino trascendente y de una figura trascendental de los últimos tiempos, entró en el pensamiento judío.
Las primeras evidencias judías para la interpretación y reutilización de Daniel 7:13-14 se encuentran en el segundo subgrupo de I de Enoc: Las Similitudes.
La fecha de Las Similitudes ha sido una controversia, ya que ningún fragmento de este texto ha sido encontrado en Qumran. Algunos estudiosos, sin embargo, argumentan que la ausencia de Qumran no implica una fecha después del 70 d.C. “Ya que Las Similitudes no hacen alusión a la caída de Jerusalén, una fecha anterior al evento sería lo más probable”, escribe John Collins. [2]  Si este es el caso, podemos confirmar que es aquí, en Las Similitudesque se encuentran por primera vez algunos motivos importantes del Nuevo Testamento. Como veremos más adelante, “cuando utilizamos Enoc como contexto para el Nuevo Testamento, muchas ideas de los primeros cristianos toman un enfoque más claro y muchos de los vacíos del Nuevo Testamento pueden ser superados”.[3] Desde luego este texto es un recurso muy valioso para comprender la cultura y el trasfondo del público original de los Evangelios.
Las Similitudes consisten en tres parábolas (capítulos 38-44, 45-57, y 58-69) y un doble epílogo (capítulos 70-71). El capítulo 37 introduce la composición total como “la visión de la sabiduría”. La propia revelación empieza con el ascenso de Enoc al final del cielo. Allí se le muestran todos los secretos celestiales. Luego en el capítulo 42, la primera parábola es interrumpida por un breve y sabio poema. El contenido del poema es altamente característico y encaja bastante bien con el pensamiento de Las Similitudes: “la Sabiduría se adelantó para morar entre los hijos de los hombres y no encontró lugar donde habitar”,[4] así que regresó al cielo y tomó asiento con los ángeles. La Tierra se ha entregado a la iniquidad, la sabiduría no puede ser encontrada en la Tierra pero está con los ángeles en el cielo.
UNA NUEVA FIGURA
La segunda parábola de Las Similitudes es de gran interés para nosotros porque introduce una nueva figura: “En aquel lugar, vi al Único, a quien pertenece el tiempo anterior al tiempo. Y su cabeza era blanca como la lana, y junto a él había otro individuo cuyo rostro era parecido al de un ser humano”.[5] Enoc entonces pregunta a su guía angelical sobre él, y el ángel responde: “Este es el Hijo del Hombre a quien pertenece la justicia y en quien habita la justicia”.[6] El Hijo del Hombre está presente aquí como un ser celestial: aunque parece humano, es un ser sobrenatural, estando en una relación muy especial con el mismísimo Dios”.
No puede haber duda de que Las Similitudes de Enoc se refieren al Hijo del Hombre de Daniel 7. Más adelante en este libro, vemos que las expresiones “hijo del hombre”, “elegido”, y “el justo”, son todas identificaciones de la misma figura de los últimos días. Así pues, “Hijo del Hombre” viene a ser una imagen central. Este es el punto más importante para nosotros. Mientras que en el Libro de los Vigilantes, el que comentamos al principio de esta serie, el énfasis está en la realidad de la revelación celestial de Enoc —la realidad del mundo oculto, invisible, celestialen Las Similitudes, el foco no solo está en el reino celestial, sino en la imagen celestial del Salvador invisible, “el Justo”, quien ha estado oculto y será revelado al final de los días”. Aquí no es solo el mundo celestial que da esperanza a los escogidos, es el Hijo del Hombre celestial quien les asegura de su destino especial.
EL HIJO DEL HOMBRE Y EL MESÍAS
EL HIJO DEL HOMBRE Y EL MESÍAS
Aunque pueda sorprender a un estudiante moderno del Nuevo Testamento que “otros judíos hayan estado imaginando varias figuras humanas como alcanzando el estatus de divinidad y sentándose al lado de Dios o incluso en el lugar de Dios en el trono divino”,[7] Las Similitudes nos proporcionan una clara evidencia de que las expectativas del Hijo del Hombre como Redentor divino-humano existieron en los tiempos de Jesús. “En las Similitudes de Enoc, un escritor judío de por allá del siglo I d.C. hizo un uso extenso del término “hijo del hombre” al referirse a una figura de redentor divino-humano en particular…, exhibiendo así muchos de los elementos que construyen la historia de Cristo… Las Similitudes no parecen haber sido producto de una secta solitaria, sino parte de un mundo judío más general de pensamiento y escrito”.[8]  Podemos concluir, por lo tanto, que las especulaciones y expectativas del “hijo del hombre” estuvieron muy esparcidas al final del periodo del Segundo Templo.
Aquellos lectores que recuerdan mi serie de El Mesías Oculto (o quienes leyeron mi libro As Though Hiding His Face), podrían recordarme resaltando el hecho de que, mientras los lectores cristianos de los Evangelios llaman a Jesús el Mesías de Israel, Él mismo evitó continuamente, cualquier uso del título “Mesías” mientras duró su ministerio público. Él nunca se llamó a sí mismo “Mesías”, en su lugar, Él se llamó el Hijo del Hombre —y se han dado cuenta de que en todos los Evangelios, “nunca, nadie preguntó: ¿qué es un Hijo del Hombre? Ellos sabían de qué estaba hablando, creyeran o no en lo que decía”.[9] Esto significa que si verdaderamente queremos comprender el ministerio y el mensaje de Jesucristo en los Evangelios, necesitamos tener una comprensión completa del concepto “hijo del hombre”. La próxima vez, vamos a analizar las principales características del Hijo del Hombre en I de Enoc, y las compararemos con lo que encontramos en los Evangelios. Una vez más, se sorprenderán al escuchar un sonido muy “cristiano” en algunas de las citas de I de Enoc:
“Y de aquí en adelante no habrá nada corruptible; porque el Hijo del Hombre ha aparecido, Y se ha sentado en el trono de Su gloria, Y toda la maldad desaparecerá delante de Su rostro, Y la palabra de ese Hijo del Hombre saldrá adelante. Y será fuerte delante del Señor de los Espíritus”.[10]

Continuará…

Extractos de mis libros están incluidos en este artículo (y muchos otros posts también), por eso, si te gustan mis artículos, podrían gustarte también mis libros, puedes obtenerlos a través de mi página:  https://blog.israelbiblicalstudies.com/julia-blum/   


[1] Leo Baeck, Judaism and Christianity: Essays, Philadelphia, Jewish Publication Society of America, 1958 , 28-29
[2] John J. Collins, The Scepter and the Star, p.177
[3] Margaret Barker, The Lost Prophet, Abingdon Press, 1988, p.3
[4] I de Enoc 42:2
[5] I de Enoc 46:1
[6] I de Enoc 46:3
[7] Ibid
[8] Boyarin, Daniel. The Jewish Gospels (Kindle Locations 1178-1185). The New Press. Kindle Edition.
[9] Ibid.
[10] Enoc 69:29
Sinceramente,
Enoc Y El Hijo Del Hombre (1)

By Julia Blum - julio 20, 2018
LAS SIMILITUDES
Por ahora sabemos que el libro de Daniel fue uno de los primeros apocalipsis escritos y también uno de los más influyentes. “Siempre que en los últimos trabajos ‘el hijo del hombre’, ‘este hijo del hombre’ o ‘el hijo del hombre’ es mencionado, la cita es de Daniel.”[1] Los últimos escritos apocalípticos hacen un creativo uso de Daniel 7 y desarrollan su propia expresión de fe y esperanza de justicia. Al comienzo del siglo II a.C., este cambio en el pensamiento religioso vino a ser evidente. Como las circunstancias en esta tierra eran injustas y los injustos estaban ganando, por primera vez, el concepto claramente definido de un reino trascendente y de una figura trascendental de los últimos tiempos, entró en el pensamiento judío.
Las primeras evidencias judías para la interpretación y reutilización de Daniel 7:13-14 se encuentran en el segundo subgrupo de I de Enoc: Las Similitudes.
La fecha de Las Similitudes ha sido una controversia, ya que ningún fragmento de este texto ha sido encontrado en Qumran. Algunos estudiosos, sin embargo, argumentan que la ausencia de Qumran no implica una fecha después del 70 d.C. “Ya que Las Similitudes no hacen alusión a la caída de Jerusalén, una fecha anterior al evento sería lo más probable”, escribe John Collins. [2]  Si este es el caso, podemos confirmar que es aquí, en Las Similitudesque se encuentran por primera vez algunos motivos importantes del Nuevo Testamento. Como veremos más adelante, “cuando utilizamos Enoc como contexto para el Nuevo Testamento, muchas ideas de los primeros cristianos toman un enfoque más claro y muchos de los vacíos del Nuevo Testamento pueden ser superados”.[3] Desde luego este texto es un recurso muy valioso para comprender la cultura y el trasfondo del público original de los Evangelios.
Las Similitudes consisten en tres parábolas (capítulos 38-44, 45-57, y 58-69) y un doble epílogo (capítulos 70-71). El capítulo 37 introduce la composición total como “la visión de la sabiduría”. La propia revelación empieza con el ascenso de Enoc al final del cielo. Allí se le muestran todos los secretos celestiales. Luego en el capítulo 42, la primera parábola es interrumpida por un breve y sabio poema. El contenido del poema es altamente característico y encaja bastante bien con el pensamiento de Las Similitudes: “la Sabiduría se adelantó para morar entre los hijos de los hombres y no encontró lugar donde habitar”,[4] así que regresó al cielo y tomó asiento con los ángeles. La Tierra se ha entregado a la iniquidad, la sabiduría no puede ser encontrada en la Tierra pero está con los ángeles en el cielo.
UNA NUEVA FIGURA
La segunda parábola de Las Similitudes es de gran interés para nosotros porque introduce una nueva figura: “En aquel lugar, vi al Único, a quien pertenece el tiempo anterior al tiempo. Y su cabeza era blanca como la lana, y junto a él había otro individuo cuyo rostro era parecido al de un ser humano”.[5] Enoc entonces pregunta a su guía angelical sobre él, y el ángel responde: “Este es el Hijo del Hombre a quien pertenece la justicia y en quien habita la justicia”.[6] El Hijo del Hombre está presente aquí como un ser celestial: aunque parece humano, es un ser sobrenatural, estando en una relación muy especial con el mismísimo Dios”.
No puede haber duda de que Las Similitudes de Enoc se refieren al Hijo del Hombre de Daniel 7. Más adelante en este libro, vemos que las expresiones “hijo del hombre”, “elegido”, y “el justo”, son todas identificaciones de la misma figura de los últimos días. Así pues, “Hijo del Hombre” viene a ser una imagen central. Este es el punto más importante para nosotros. Mientras que en el Libro de los Vigilantes, el que comentamos al principio de esta serie, el énfasis está en la realidad de la revelación celestial de Enoc —la realidad del mundo oculto, invisible, celestialen Las Similitudes, el foco no solo está en el reino celestial, sino en la imagen celestial del Salvador invisible, “el Justo”, quien ha estado oculto y será revelado al final de los días”. Aquí no es solo el mundo celestial que da esperanza a los escogidos, es el Hijo del Hombre celestial quien les asegura de su destino especial.
EL HIJO DEL HOMBRE Y EL MESÍAS
EL HIJO DEL HOMBRE Y EL MESÍAS
Aunque pueda sorprender a un estudiante moderno del Nuevo Testamento que “otros judíos hayan estado imaginando varias figuras humanas como alcanzando el estatus de divinidad y sentándose al lado de Dios o incluso en el lugar de Dios en el trono divino”,[7] Las Similitudes nos proporcionan una clara evidencia de que las expectativas del Hijo del Hombre como Redentor divino-humano existieron en los tiempos de Jesús. “En las Similitudes de Enoc, un escritor judío de por allá del siglo I d.C. hizo un uso extenso del término “hijo del hombre” al referirse a una figura de redentor divino-humano en particular…, exhibiendo así muchos de los elementos que construyen la historia de Cristo… Las Similitudes no parecen haber sido producto de una secta solitaria, sino parte de un mundo judío más general de pensamiento y escrito”.[8]  Podemos concluir, por lo tanto, que las especulaciones y expectativas del “hijo del hombre” estuvieron muy esparcidas al final del periodo del Segundo Templo.
Aquellos lectores que recuerdan mi serie de El Mesías Oculto (o quienes leyeron mi libro As Though Hiding His Face), podrían recordarme resaltando el hecho de que, mientras los lectores cristianos de los Evangelios llaman a Jesús el Mesías de Israel, Él mismo evitó continuamente, cualquier uso del título “Mesías” mientras duró su ministerio público. Él nunca se llamó a sí mismo “Mesías”, en su lugar, Él se llamó el Hijo del Hombre —y se han dado cuenta de que en todos los Evangelios, “nunca, nadie preguntó: ¿qué es un Hijo del Hombre? Ellos sabían de qué estaba hablando, creyeran o no en lo que decía”.[9] Esto significa que si verdaderamente queremos comprender el ministerio y el mensaje de Jesucristo en los Evangelios, necesitamos tener una comprensión completa del concepto “hijo del hombre”. La próxima vez, vamos a analizar las principales características del Hijo del Hombre en I de Enoc, y las compararemos con lo que encontramos en los Evangelios. Una vez más, se sorprenderán al escuchar un sonido muy “cristiano” en algunas de las citas de I de Enoc:
“Y de aquí en adelante no habrá nada corruptible; porque el Hijo del Hombre ha aparecido, Y se ha sentado en el trono de Su gloria, Y toda la maldad desaparecerá delante de Su rostro, Y la palabra de ese Hijo del Hombre saldrá adelante. Y será fuerte delante del Señor de los Espíritus”.[10]

Continuará…

Extractos de mis libros están incluidos en este artículo (y muchos otros posts también), por eso, si te gustan mis artículos, podrían gustarte también mis libros, puedes obtenerlos a través de mi página:  https://blog.israelbiblicalstudies.com/julia-blum/   


[1] Leo Baeck, Judaism and Christianity: Essays, Philadelphia, Jewish Publication Society of America, 1958 , 28-29
[2] John J. Collins, The Scepter and the Star, p.177
[3] Margaret Barker, The Lost Prophet, Abingdon Press, 1988, p.3
[4] I de Enoc 42:2
[5] I de Enoc 46:1
[6] I de Enoc 46:3
[7] Ibid
[8] Boyarin, Daniel. The Jewish Gospels (Kindle Locations 1178-1185). The New Press. Kindle Edition.
[9] Ibid.
[10] Enoc 69:29
Sinceramente,

Julia Blum
Profesora Adjunta, Dept. de Estudios Bíblicos,
IsraelBiblicalStudies.com






Monday, July 23, 2018

El Hijo Del Hombre En La Escena Judia - Julia Blum - Israel Biblical Studies


El Hijo Del Hombre En La Escena Judía
By Julia Blum - julio 12, 2018
UNA LECCIÓN DE SEMIÓTICA
Ya sabemos que “el público de Jesús no estaba solo en la escena judía”.[1] Durante las últimas semanas, hemos intentado entender las ideas y conceptos que existían en esta escena en aquel tiempo —para ser capaces de leer los textos del Nuevo Testamento a través de los ojos de los judíos del Segundo Templo—. ¿Por qué queremos hacer esto?
Muchos años atrás, mientras estudiaba en la Universidad Tartu de Estonia, participé en las conferencias sobre el entonces popular y al mismo tiempo infame tema de semiótica. Sucedió que recordé la primera clase con perfecta claridad. El conferencista, el profesor de renombre mundial, Yuri Lotman, comenzó dibujando dos círculos en la pizarra. “Este es el emisor del mensaje y este es el receptor”, dijo. “En la comprensión de la semiótica, el texto” —entonces él dibujó una línea en zig-zag uniendo los dos puntos— “la comunicación es llevada de un emisor a un receptor”, es decir, no solo el texto  en el estricto sentido de la palabra, sino también cualquier fenómeno cultural podría ser referido como “texto”. (Esta es la manera en que lo entendí; no recomiendo utilizar esta descripción como una definición académica). El texto enviado no debe ser recibido solamente, sino también leído —decodificado o descifrado, por así decirlo—. Naturalmente, en algún lugar a lo largo de este camino, es posible que ocurran distorsiones o descifrados incorrectos. El destinatario del texto puede comprender completamente o no, lo que el mensajero-remitente quizo comunicar. Una de las tareas de un historiador cultural es descifrar fielmente los “textos” de siglos pasados, para que puedan ser leídos con el significado exacto que sus autores quisieron adjudicarles.
En este sentido, uno de los ejemplos más sorprendentes de la enorme disparidad entre la comprensión moderna y lo que el lector original hubiese entendido en los mismos textos, es el tema —e incluso el mismo término—de “Hijo del Hombre”. Hijo del Hombre es el título principal de Jesús en los Evangelios (especialmente en Marcos y Lucas) —y el hecho de que la expresión nunca se aplica a Jesús por otra persona como un título o nombramiento y siempre está adjudicado por los evangelistas en Sus propios labios —es un hecho muy remarcable y significativo—. ¿Qué quería decir Jesús y a qué aludía Él, cuando Él mismo se llamó “el Hijo del Hombre”? Hablando en el lenguaje de la semiótica, ¿qué envió el remitente que nosotros no fuimos capaces de “descifrar” y entender?
En la interpretación tradicional cristiana de hoy, la expresión “Hijo del Hombre” designa la naturaleza humana de Jesús. Para la inmensa mayoría de cristianos, Jesús se llamó a Sí mismo Hijo del Hombre porque Él no fue completamente divino, Él fue completamente humano, Él quiso articular este mensaje. Muchas veces, me he sorprendido al descubrir que incluso aquellos que poseen algún conocimiento del judaísmo del Segundo Templo, todavía se adhieren a esta opinión. De hecho, lo contrario es verdad —e intentaré demostrarlo en este y en los siguientes artículos—.
El mismo libro fascinante sobre el que comentamos el mes pasado —el Libro de Enoc— será de nuevo un recurso muy valioso en este caso. En nuestro comentario anterior, hablamos sobre el Libro de los Vigilantes, la primera parte del libro de Enoc. Para propósitos de nuestro estudio actual, leeremos el segundo sub-libro del libro de Enoc, conocido como las “Similitudes” (o Parábolas) de Enoc. Este texto, que según una opinión académica, fue escrito durante el primer siglo d.C., no está conectado con los Evangelios de ninguna forma directa, y por eso muestra completa independencia de “que allí hubo otros judíos palestinos que esperaron a un Redentor conocido como el Hijo del Hombre, que sería una figura divina encarnada en un humano exaltado”.[2]  ¿Cómo empezó esta expectativa? Permíteme decir unas pocas palabras sobre el predecesor y precursor del Hijo del Hombre de Enoc —y también del Nuevo Testamento—.
EL SALVADOR TRASCENDENTAL
Las Escrituras hebreas enseñaron el concepto de Dios reinando visible y tangiblemente en la historia de Su pueblo. Un rey era el ungido de Dios. Si el rey era justo, Dios bendeciría al pueblo, y esta bendición, al igual que el reino en sí, sería una realidad terrenal muy tangible. Sin embargo, ¿qué sucedía si el rey no era justo? Alguien tenía que remediar los errores perpetrados por un rey gobernando injustamente. Por lo tanto, dentro de la historia actual, la visión de un “ungido por venir” comenzó a surgir —un futuro salvador trascendental—. Cuanto peor se volvió la situación histórica actual, más fuerte surgió la esperanza del orden inverso que este salvador traería. Así pues, el género del Apocalipsis nació. En Apocalipsis, los textos bíblicos originales sobre “los ungidos” fueron colocados en un marco escatológico, y por lo tanto, transformados en textos mesiánicos escatológicos. Consecuentemente, este género vino a ser central en el proceso de volver a pensar y en la reinterpretación de la Biblia en el periodo del Segundo Templo.
A la cabeza de esta mentalidad apocalíptica, estuvo el libro bíblico de Daniel (Apocalipsis), con la famosa visión de Daniel de “uno parecido al Hijo del Hombre” en el capítulo 7. Este capítulo describe una visión en la cual el profeta ve cuatro bestias grandes saliendo del mar, cada una diferente de las otras. El “Anciano de Días” aparece en esta visión en toda Su gloria. Entonces, después de que la cuarta bestia sea destruida, aparece en escena “uno parecido al Hijo del Hombre” quien es transportado en las nubes delante del Concilio celestial de Dios donde permanece ante la presencia divina: “Miraba yo en la visión de la noche, y he aquí con las nubes del cielo venía uno como un hijo de hombre, que vino hasta el Anciano de días…Y le fue dado dominio, gloria y reino, para que todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieran; su dominio es dominio eterno, que nunca pasará, y su reino uno que no será destruido”.[3]
El Apocalipsis de Daniel nos da un nuevo paradigma para las expectactivas mesiánicas, bastante diferente de las de David. Así pues, el Apocalipsis de Daniel marca claramente el final del periodo orientado bíblicamente, y al mismo tiempo, permanece como el principio de un nuevo periodo apocalíptico, con un punto de vista totalmente nuevo de la historia y un nuevo paradigma mesiánico. En “El Hijo del Hombre” de Daniel, comienza un concepto totalmente nuevo de la participación de Dios en la vida terrenal: el representante de Dios viene a ser el “trascendental”. “El que es “parecido al Hijo del Hombre” que viene en las nubes del cielo en Daniel 7:13,dio fuerza a una clase diferente de expectativa mesiánica, la cual enfatizaba el carácter celestial, trascendente, de la figura salvadora”.[4]  En los siglos siguientes, esta clase trascendente de libertador celestial, jugará un rol muy importante en la escatología judía. La próxima vez, veremos que las “Similitudes” usa constantemente el término “Hijo del Hombre” —refiriéndose a una figura divina-humana del tiempo final del Salvador y a veces sonando casi “cristiano”—.



En este artículo están incluidos extractos de mis libros (y muchos otros post aquí), por eso, si te gustan mis artículos en este blog, puede que también te gusten mis libros, puedes obtenerlos a través de mi página:  https://blog.israelbiblicalstudies.com/julia-blum/   

[1] Boyarin, Daniel. The Jewish Gospels (Kindle Locations 1134-1139). The New Press. Kindle Edition.
[2] Boyarin, Daniel. The Jewish Gospels (Kindle Locations 1134-1139). The New Press. Kindle Edition.
[4] John J. Collins. The Scepter and the Star: the Messiah of the Dead Sea Scrolls and other ancient literature (The  Anchor Bible reference library, 1995), p.175


Sinceramente,
Noa_hebrew
Julia Blum
Profesora Adjunta, Dept. de Estudios Bíblicos,
IsraelBiblicalStudies.com