Thursday, June 8, 2017

LECTIO DIVINA – SOLEMNIDAD DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD - DIOS ES UNA FAMILIA


Queridos hermanos,

Estamos un poco atrasados en muchos aspectos de nuestro compromiso con la Iglesia… Yo diría que aun asi, estamos a tiempo para contrarrestar los pasos gigantes que han dado los que no descansan atacando la familia, la Iglesia, y todo el legado de cultura cristiana que la Iglesia ha protegido por siglos. Lo están haciendo desaparecer poco a poco… Pero la fuerza del Espíritu Santo y el Amor del Padre para con sus creaturas no se ha apartado de nuestro lado. Me inspira a reflexionar sobre el artículo 11 de la encíclica Ecclesiam Suam del Papa Pablo VI:



LA CIENCIA SOBRE EL CUERPO MÍSTICO

“11. Para corresponder a esta invitación, que consideramos todavía operante en nuestros espíritus, y de tal modo que expresa una de las necesidades fundamentales de la vida de la Iglesia en nuestro tiempo, la proponemos también aun hoy, a fin de que, ilustrados cada vez mejor con el conocimiento del mismo Cuerpo Místico, sepamos apreciar sus divinos significados, fortaleciendo así nuestro espíritu con incomparables alientos y procurando prepararnos cada vez mejor para corresponder a los deberes de nuestra misión y a las necesidades de la humanidad.

Y no nos parece tarea difícil cuando, por una parte vemos, como decíamos, una inmensa floración de estudios que tienen por objeto la santa Iglesia, y, por otra, sabemos que sobre ella principalmente ha fijado su mirada el Concilio Ecuménico Vaticano II. Deseamos tributar un vivo elogio a los hombres de estudio que, particularmente en estos últimos años, han dedicado al estudio eclesiológico con perfecta docilidad al magisterio católico y con genial aptitud de investigación y de expresión, fatigosos, largos y fructuosos trabajos, y que así en las escuelas teológicas como en la discusión científica y literaria, así en la apología y divulgación doctrinal como también en la asistencia espiritual a las almas de los fieles y en la conversación con los hermanos separados han ofrecido múltiples aclaraciones sobre la doctrina de la Iglesia, algunas de las cuales son de alto valor y de gran utilidad.

Por ello confiamos que la labor del Concilio será asistida con la luz del Espíritu Santo y será continuada y llevada a feliz término con tal docilidad a sus divinas inspiraciones, con tal tesón en la investigación más profunda e integral del pensamiento originario de Cristo y de sus necesarias y legítimas evoluciones en el correr de los tiempos, con tal solicitud por hacer de la verdad divina argumento para unir —no ya para dividir— los ánimos en estériles discusiones o dolorosas escisiones, sino para conducirlos a una mayor claridad y concordia, de donde resulte gloria de Dios, gozo en la Iglesia y edificación para el mundo.” ECCLESIAM SUAM


LECTIO DIVINA – SOLEMNIDAD DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD - DIOS ES UNA FAMILIA


LA PALABRA HOY: Deuteronomio 4,32-34.39-40; Salmo 32; Romanos 8,1417; Mateo 28,16-20 Ambientación: Un corazón grande de cartulina sobre el que se encenderán tres cirios con las palabras: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Cantos sugeridos: En nombre del Padre, Un solo Señor

AMBIENTACIÓN:

La fiesta de la Santísima Trinidad nos invita a sumergirnos en el misterio de Dios, misterio que sería incomprensible si él mismo no nos lo hubiera dado a conocer. Queremos descubrir a Dios como el Padre que a nadie olvida, a nadie abandona, siempre nos protege. A Jesús como el gran regalo de Dios a la humanidad. Y, al Espíritu Santo que nos está invitando a vivir como Jesús, pasando por la vida haciendo el bien y luchando contra el mal. 1. Oración inicial

Creo en Ti Dios Padre, creo en Ti Dios Hijo, creo en Ti Dios Espíritu Santo, pero aumenten mi fe. Espero en Ti Dios Padre, espero en Ti Dios Hijo, espero en Ti Dios Espíritu Santo, pero aumenten mi esperanza. Te amo Dios Padre, te amo Dios Hijo, mi Señor Jesucristo Dios y hombre verdadero, te amo Dios Espíritu Santo, pero aumenten mi amor. Padre omnipotente, ayuda mi fragilidad y sácame del abismo de mi miseria. Sabiduría del Hijo, endereza todos mis pensamientos, palabras y obras de este día. Amor del Espíritu Santo, sé el principio de todas mis obras, para que sean siempre conformes con la Voluntad del Padre. A Ti, Trinidad Santísima se te dé siempre, todo honor, gloria y alabanza por toda la eternidad. AMÉN.

Motivación: Como los discípulos de Jesús, quizás a nosotros a veces nos sobrevengan dudas sobre qué debemos hacer, cómo debemos hacerlo, cómo actuar… el bautismo que recibimos nos inició en un camino, que consiste en el de continuar ese camino mirándolo todo con los ojos de Dios, de su amor, y anunciar y compartir con el mundo la salvación que ser hijos suyos nos ha regalado. Dejemos que su Espíritu en nosotros abra nuestros corazones para escuchar su Palabra. Escuchemos.

Forma de leerlo: 1. Proclamar el texto en voz alta (todos de pie). 2. Cada uno puede leer en voz alta el versículo que más le llamó la atención (sentados). Preguntas para la lectura:  ¿Dónde convoca Jesús a los Once? ¿Cómo reaccionan los discípulos al verlo?  ¿Quiénes son los destinatarios de la misión a la que Jesús envía a los Once después de su resurrección?  ¿En qué consiste esta misión?  ¿Cuál es la promesa final que hace Jesús a los discípulos?

Motivación: Sumergidos en el misterio de la Trinidad desde el día de nuestro bautismo, estamos llamados a ser hijos como lo fue Jesús, y movidos por su Espíritu, atrevernos a ver en Dios a un Padre. Sólo así podremos construir un mundo de hermanos, donde nuestras relaciones estén fundadas en el Amor.

 ¿Cómo reconoces a Jesús en el camino de la vida?

Otros textos bíblicos para confrontar: Dn 7,14; Mc 16,1516; Lc 24,47; Hch 1,8

 Pónganse en camino... hagan discípulos a todos los pueblos... ¿Qué te sugieren estas palabras en este momento de tu vida? ¿A qué te comprometen?  Bautícenlos para consagrarlos al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo... ¿Qué significa para ti haber sido bautizado en el nombre de la Santísima Trinidad?  Yo estoy con ustedes todos los días hasta el final... ¿Qué sentimientos provoca en ti esta promesa de Jesús?

Luego de un tiempo de meditación personal, compartimos con sencillez nuestra reflexión, lo que el texto ME dice a mi propia realidad y situación personal.

Motivación: La oración cristiana es un acto de fe en la Trinidad. Unidos a Jesús y movidos por la fuerza del Espíritu que ora en nosotros, nos dirigimos al Padre con confianza.

 Luego de un tiempo de oración personal, podemos compartir en voz alta nuestra oración, siempre dirigiéndonos a Dios mediante la alabanza, la acción de gracias o la súplica confiada.  Se puede, también, recitar el salmo responsorial que corresponde a este domingo (Salmo 32).

Motivación: San Vicente encontró en la Santísima Trinidad el mejor modelo para la vida fraterna. A las Hijas de la Caridad les dice: En primer lugar, entre ustedes debe haber una gran unión y, si es posible, semejante a la de las tres personas de la santísima Trinidad; porque, ¿cómo, mis queridas hermanas, podrían ejercer la caridad y la mansedumbre con los pobres, si no la tuvieran con ustedes mismas? (IX, 66). Un medio para practicar este respeto cordial, es representarme con frecuencia a las tres personas de la santísima Trinidad, que forman una sola unidad. Ellas se tienen continuamente entre sí este respeto amoroso (IX, 147). A los misioneros les dice: Por tanto, en la santísima Trinidad se da la uniformidad; lo que el Padre quiere, lo quiere el Hijo; lo que hace el Espíritu Santo, lo hacen el Padre y el Hijo; todos obran lo mismo; no tienen más que un mismo poder y una misma operación. Allí está el origen de nuestra perfección y el modelo de nuestra vida. (XI,548)

 Compromiso: ¿Qué puedes hacer en tu vida personal y comunitaria para reflejar en ella la imagen de la Santísima Trinidad? Oración final

Quisiera despojar mi oración Padre, de toda palabra preconcebida, Quisiera adormecer mis sentidos para dejarme guiar tan sólo por Ti, y pensar que no soy nada. Quisiera que me empapes de Fe viva Jesús, para transmitir la Fe serena, la Fe de la esperanza y la Fe de la alegría a todo el mundo, y seguir pensando que no soy nada. Quisiera que me des, oh Espíritu Santo, el don del amor y la caridad, para recoger al caído y brindarle Tu mano y consuelo, y pensar aún, que no soy nada. A ti que con el Hijo y el Espíritu Santo, eres TRINIDAD, siendo unidad y comunión, te bendecimos y te glorificamos, porque conociéndote a ti, Tú nos vivificas con tu amor. A ti todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos. Amén

Fuentes: “Tú tienes palabras de vida, Ciclo “B”; obras completas de San Vicente de Paúl.; www.lectionautas.com; “Sígueme”, Ciclo B. Lectio Divina CELAM Lectio anteriores: www.cmperu.com.pe.
Con mucho cariño a todos, y en especial a los nuevos de mi lista de envíos. Les doy la mas cordial bienvenida a esta hojita nuestra donde todos compartimos tesoros eternos!
Sus hermanos en Cristo,

Noel y Silvia

Desde "La Porciúncula" en CSP

Calzada Atanasio Tzul - Zona 12

La Bella Guatemala

Tuesday, June 6, 2017

¡Dios es una Familia! ¡Es Amor! por Antoni Carol i Hostench, pbro.




Estimado/a amigo/a:
Nos disponemos a celebrar el misterio más grande, íntimo y profundo de Dios: un solo Dios y Tres Personas divinas. ¡Dios es una Familia! ¡Es Amor! ¿Quién hubiese podido antes siquiera sospechar esta maravillosa realidad? ¡Celebramos la belleza de Dios en sí misma!
En la antigüedad —teológicamente hablando, antes de la venida de Jesucristo todo es “antigüedad”— los hombres conocían a Dios sólo fragmentariamente. ¡Incluso se le tenía miedo! Peor todavía: se “les tenía” miedo, porque el politeísmo (creencia en varios o muchos “dioses”) ha sido una debilidad constante en el pensamiento antiguo. En el mundo pagano apenas unas pocas almas —como Aristóteles— fueron capaces de razonar que solamente era posible la existencia de un único Dios.
Sólo el pueblo judío —como pueblo elegido para regeneración de la Humanidad— estuvo “inmune” del error politeísta. Dios trató de preservar el monoteísmo (fe en un único Dios) entre los de Israel, preparándolos para el momento de la revelación trinitaria. ¡Es un tema muy serio! Cada vez que los israelitas fueron infieles a esta verdad sufrieron duramente sus consecuencias (guerras y derrotas, exilios, etc.). Hoy día nos puede parecer una barbaridad que Dios mismo se permitiera tal modo de proceder. ¡Aprendamos de la historia!: desconocer al verdadero Dios es lo peor que nos puede suceder en esta vida y en la del más allá.
Con la Encarnación de Dios Hijo se produce “un antes y un después. Todo cambia desde que Jesús nos desveló —poco a poco— la maravilla de que Él tiene un Padre eterno —con el cual se identifica plenamente— y cuyo Espíritu que les une es también otra Persona (no una “energía”) de categoría divina.
«Cuando venga el Paráclito que yo os enviaré de parte del Padre, el Espíritu de la verdad que procede del Padre, Él dará testimonio de mí» (Jn 15,26). Jesús habló de modo natural —familiar y personal— del Padre y del Espíritu Santo. Cristo no hizo una exposición teológica. Han sido los filósofos y teólogos cristianos quienes, con el paso de los años, han profundizado en el “ser” de cada una de las Personas Divinas.
Precisamente, la reflexión sobre las acciones espirituales de que somos capaces los seres humanos —entender y amar— nos ha permitido entender algo más del misterio trinitario. El conocimiento que el Padre tiene de sí mismo —su propia imagen— es tan perfecto, tan infinito que es substancialmente una Persona divina: el Hijo, totalmente semejante al Padre. A la vez, de este “infinito semejarse” procede una mutua complacencia —un Amor— que también es infinito: el Espíritu Santo es la divina personificación del amor entre el Padre y el Hijo.
Todo este desarrollo puede parecer abstracto, pero… ¿no hallamos en ello también un rastro de nuestro propio ser? ¡Somos su imagen! ¿No es cierto que cada uno de nosotros es capaz de pensar en sí mismo, de tener una imagen de sí mismo? La diferencia está en que la imagen que yo tengo de mí mismo no es substancial (no es una persona completa), ni infinita. En el caso de Dios sí que lo es (¡por eso es Dios!). Y, ¿qué decir del amor humano? ¿No es también cierto que somos capaces de amar e identificarnos con la persona que amamos? Sin embargo, no podemos hacerlo en grado infinito (frecuentemente, nuestro amor —siendo real—es frágil). ¿No son nuestros hijos una personificación del amor de los padres? En el caso de Dios todo esto es vivido a un nivel infinito: es la Tercera Persona de la Trinidad, el Espíritu Santo, Amor infinito que procede del Padre y del Hijo.
Estamos invitados a formar parte de esta “Familia”, de la cual somos hijos del Padre en el Hijo por el Espíritu Santo. Hablar con el Padre, hablar con el Hijo, hablar con el Espíritu Santo: ¡he ahí la rebeldía más grande de la que es capaz el ser humano!
Antoni Carol i Hostench, pbro. - (Coordinador General de evangeli.net)
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Monday, June 5, 2017

APOLOGETICUM - Apologética Católica


Para nuestros nuevos suscriptores, la revista Apologeticum


Estimados amigos y suscriptores de ApologeticaCatolica.org

Estamos llegando a los diez mil suscriptores y aunque ya muchos de ustedes recibieron los últimos números de esta revista, acostumbramos a reenviarla cada cierto tiempo para asegurarnos que aquellos que se han suscrito recientemente también puedan descargarla.

Por tanto, aquellos que ya la han recibido por favor ignoren este correo y disculpen la molestia. Los nuevos suscriptores pueden aprovechar de descargarla.

En esta ocasión el nuevo número de nuestra revista cuatrimestral Apologeticum correspondiente al mes de Abril del 2017 vino en una doble presentación buscando mejorar la experiencia de nuestros lectores:

1) Presentación por página: La presentación tradicional donde se visualiza página por página. Óptima para leerla en dispositivos móviles.

2) Presentación por pliegos: En esta presentación ves dos páginas a la vez, tal cual como si la tuvieras físicamente en tus manos. Cómoda para ser leída desde la PC.

Puedes descargarlas en los siguientes enlaces:

Pueden también leer una visualización en línea alojada en Calameo, en el siguiente enlace:

Revista Apologeticum - Abril 2017 (Visualización en Calameo)
 
También pueden descargar los números anteriores en los siguientes enlaces:







Espero la disfruten.

Atentamente
José Miguel Arráiz
ApologeticaCatolica.org

Queridos hermanos,
Vivimos rodeados por la Apologética… Siendo cristianos adultos en la fe, no es solamente decirlo y pensarlo… Tampoco, por mucho estudiar uno se convierte. Pero, por lo menos, ponernos en las manos de los que saben, es algo encomiable.
Que la suscripción a esta revista nos ayude a inspirar la Fuerza del Espíritu Santo en este tiempo “ordinario” (que de ordinario no tiene nada)…  El demonio, el mundo y la carne no descansan… en tiempo y a destiempo.
Con sumo agrado y mucho cariño,
Noel y Silvia
Desde “La Porciúncula” en la Calzada Atanasio Tzul del Centro San Pablo.
Zona 12, Guatemala – The Beautiful!!!


 

Saturday, June 3, 2017

Colonización Ideológica - ¿Que es?





PAPA FRANCISCO

“Hay una Guerra Mundial para destruir la familia. Debemos defendernos de la colonización ideológica.”

www.nro-wodefangshi.blogspot.com


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http://tinyurl.com/yco2onfr

La colonización ideológica de la familia

Actualizado el 02 de febrero de 2015 a las 12:00 am


El papa Francisco, en su encuentro con las familias en el Mall of Asia Arena de Filipinas (16/1/2015), afirmó que lo que amenaza a la familia es la “redefinición” de la misma institución del matrimonio, redefinición guiada por el “relativismo”, la “cultura de lo efímero” y la falta de “apertura a la vida”. Se trata –dice– de “una nueva colonización ideológica”. Colonización, porque viene de afuera. Ideológica, porque no le interesa la verdad, sino la imposición de su materialismo, de su estilo de vida que destruye la vida familiar y las más elementales exigencias de la moral cristiana. La familia está amenazada. Hay que estar atentos, ser sagaces, hábiles y fuertes, para decir no a cualquier intento de colonización, así como los pueblos se opondrán siempre a la colonización política.
Afirmó el Papa que del mismo modo en que el don de la familia de Nazaret –la de Jesús, María y José– fue confiada a José, a nosotros también nos ha sido confiado el don de la familia y su lugar en el plan de Dios.
Así como un ángel advirtió a José los peligros que amenazaban a Jesús y María –obligándolos a huir a Egipto–, así también Dios nos llama a “reconocer” los peligros que amenazan a nuestras familias para protegerlas de cualquier daño.
Para superar estos peligros, Francisco pidió a las familias que sean “fuertes, santas y unidas”, que sepan proteger la belleza y la verdad de la familia en el proyecto divino, y puedan ser un apoyo y ejemplo para otras familias. Está convencido de que toda amenaza para la familia es una amenaza para la sociedad civil. Recordó las palabras de Juan Pablo II: “El futuro de la humanidad pasa por la familia”. Los exhortó: ¡Protejan a vuestras familias! Vean en ellas el mayor “tesoro” de su país. Que las sustenten siempre con la oración y los sacramentos.
Con tono realista les advirtió: “Las familias siempre tendrán dificultades, así que no les añadan otras”. Las exhorta a que sean “ejemplo vivo” de amor , de perdón y de atención . Les impele a que sean “santuarios de respeto a la vida”, donde se proclame la sacralidad de la vida humana “desde su concepción hasta la muerte natural”. Les resaltó: “¡Que don para la sociedad si cada familia cristiana vive su noble vocación!”.


Con mucho cariño para todas nuestras familias consagradas al Corazón Inmaculado de la Virgen María y al Sagrado Corazón de Jesús!

Noel y Silvia

"La Porciúncula" en CSP - Guatemala




“ANNUM SACRUM” - Papa León XIII


Guatemala

Jueves, 1 de junio de 2017



Queridos hermanos,

La Consagración al Sagrado Corazón de Jesús ha sido tema de muchísima importancia para varios Papas… Los dejo con la Crónica del Fin de los Tiempos – y la referencia a Annum Sacrum del Papa León XIII. – ¡Tan real hoy como en 1899! -- También incluyo la Consagración al Inmaculado Corazon de Maria y la Consagración al Sagrado Corazon de Jesus... Ambos corazones llevan la misma sangre que fue derramada en la Pasion... La de la Virgen Madre de Dios!!! !Shalom!

CRONICA DEL FIN DE LOS TIEMPOS

miércoles, 1 de junio de 2011

“ANNUM SACRUM”

Encíclica del Papa LEÓN XIII


A LOS PATRIARCAS, PRIMADOS, ARZOBISPOS, OBISPOS Y OTROS ORDINARIOS, EN PAZ Y COMUNIÓN CON LA SEDE APOSTÓLICA

De la Consagración del Género Humano al Sagrado Corazón de Jesús

Hace poco, como sabéis, ordenamos por cartas apostólicas que próximamente celebraríamos un jubileo (annum sacrum), siguiendo la costumbre establecida por los antiguos, en esta ciudad santa. Hoy, en la espera, y con la intención de aumentar la piedad en que estará envuelta esta celebración religiosa, nos hemos proyectado y aconsejamos una manifestación fastuosa. Con la condición que todos los fieles Nos obedezcan de corazón y con una buena voluntad unánime y generosa, esperamos que este acto, y no sin razón, produzca resultados preciosos y durables, primero para la religión cristiana y también para el género humano todo entero.

Muchas veces nos hemos esforzado en mantener y poner más a la luz del día esta forma excelente de piedad que consiste en honrar al Sacratísimo Corazón de Jesús. Seguimos en esto el ejemplo de Nuestros predecesores Inocencio XII, Benedicto XIV, Clemente XIII, Pío VI, Pío VII y Pío IX. Esta era la finalidad especial de Nuestro decreto publicado el 28 de junio del año 1889 y por el que elevamos a rito de primera clase la fiesta del Sagrado Corazón.

Pero ahora soñamos en una forma de veneración más imponente aún, que pueda ser en cierta manera la plenitud y la perfección de todos los homenajes que se acostumbran a rendir al Corazón Sacratísimo. Confiamos que esta manifestación de piedad sea muy agradable a Jesucristo Redentor.

Además, no es la primera vez que el proyecto que anunciamos, sea puesto sobre el tapete. En efecto, hace alrededor de 25 años, al acercarse la solemnidad del segundo Centenario del día en que la bienaventurada Margarita María de Alacoque había recibido de Dios la orden de propagar el culto al divino Corazón, hubo muchas cartas apremiantes, que procedían no solamente de particulares, sino también de obispos, que fueron enviadas en gran número, de todas partes y dirigidas a Pío IX. Ellas pretendían obtener que el soberano Pontífice quisiera consagrar al Sagrado Corazón de Jesús, todo el género humano. Se prefirió entonces diferirlo, a fin de ir madurando más seriamente la decisión. A la espera, ciertas ciudades recibieron la autorización de consagrarse por su cuenta, si así lo deseaban y se prescribió una fórmula de consagración. Habiendo sobrevenido ahora otros motivos, pensamos que ha llegado la hora de culminar este proyecto.

Este testimonio general y solemne de respeto y de piedad, se le debe a Jesucristo, ya que es el Príncipe y el Maestro supremo. De verdad, su imperio se extiende no solamente a las naciones que profesan la fe católica o a los hombres que, por haber recibido en su día el bautismo, están unidos de derecho a la Iglesia, aunque se mantengan alejados por sus opiniones erróneas o por un disentimiento que les aparte de su ternura.

El reino de Cristo también abraza a todos los hombres privados de la fe cristiana, de suerte que la universalidad del género humano está realmente sumisa al poder de Jesús. Quien es el Hijo Único de Dios Padre, que tiene la misma substancia que El y que es “el esplendor de su gloria y figura de su substancia” (Hebreos 1:3), necesariamente lo posee todo en común con el Padre; tiene pues poder soberano sobre todas las cosas. Por eso el Hijo de Dios dice de sí mismo por la boca del profeta: “Ya tengo yo consagrado a mi rey en Sión mi monte santo… El me ha dicho: Tu eres mi Hijo, yo te he engendrado hoy. Pídeme y te daré en herencia las naciones, en propiedad los confines de la tierra” (Salmo 2: 6-8).

Por estas palabras, Jesucristo declara que ha recibido de Dios el poder, ya sobre la Iglesia, que viene figurada por la montaña de Sión, ya sobre el resto del mundo hasta los límites más alejados. ¿Sobre qué base se apoya este soberano poder? Se desprende claramente de estas palabras: “Tu eres mi Hijo.” Por esta razón Jesucristo es el hijo del Rey del mundo que hereda todo poder; de ahí estas palabras: “Yo te daré las naciones por herencia”. A estas palabras cabe añadir aquellas otras análogas de san Pablo: “A quien constituyó heredero universal.”

Pero hay que recordar sobre todo que Jesucristo confirmó lo relativo a su imperio, no sólo por los apóstoles o los profetas, sino por su propia boca. Al gobernador romano que le preguntaba:”¿Eres Rey tú?”, el contestó sin vacilar: “Tú lo has dicho: Yo soy rey!” (Juan 18:37)La grandeza de este poder y la inmensidad infinita de este reino, están confirmados plenamente por las palabras de Jesucristo a los Apóstoles: “Se me ha dado todo poder en el Cielo y en la tierra.” (Mt 28:18). Si todo poder ha sido dado a Cristo, se deduce necesariamente que su imperio debe ser soberano, absoluto, independiente de la voluntad de cualquier otro ser, de suerte que ningún poder no pueda equipararse al suyo. Y puesto que este imperio le ha sido dado en el cielo y sobre la tierra, se requiere que ambos le estén sometidos.

Efectivamente, El ejerció este derecho extraordinario, que le pertenecía, cuando envió a sus apóstoles a propagar su doctrina, a reunir a todos los hombres en una sola Iglesia por el bautismo de salvación, a fin de imponer leyes que nadie pudiera desconocer sin poner en peligro su eterna salvación. Pero esto no es todo. Jesucristo ordena no sólo en virtud de un derecho natural y como Hijo de Dios sino también en virtud de un derecho adquirido. Pues “nos arrancó del poder de las tinieblas” (Colos. 1:13) y también “se entregó a si mismo para la Redención de todos” (1 Tim 2:6).

No solamente los católicos y aquellos que han recibido regularmente el bautismo cristiano, sino todos los hombres y cada uno de ellos, se han convertido para El “en pueblo adquirido.” (1 P 2:9). También san Agustín tiene razón al decir sobre este punto: “¿Buscáis lo que Jesucristo ha comprado? Ved lo que El dio y sabréis lo que compró: La sangre de Cristo es el precio de la compra. ¿Qué otro objeto podría tener tal valor? ¿Cuál si no es el mundo entero? ¿Cuál sino todas las naciones? ¡Por el universo entero Cristo pagó un precio semejante!” (Tract., XX in Joan.).

Santo Tomás nos expone largamente porque los mismos infieles están sometidos al poder de Jesucristo. Después de haberse preguntado si el poder judiciario de Jesucristo se extendía a todos los hombres y de haber afirmado que la autoridad judiciaria emana de la autoridad real, concluye netamente: “Todo está sumido a Cristo en cuanto a la potencia, aunque no lo está todavía sometido en cuanto al ejercicio mismo de esta potencia” (Santo Tomás, III Pars. q. 30, a.4.). Este poder de Cristo y este imperio sobre los hombres, se ejercen por la verdad, la justicia y sobre todo por la caridad.

Pero en esta doble base de su poder y de su dominación, Jesucristo nos permite, en su benevolencia, añadir, si de nuestra parte estamos conformes, la consagración voluntaria. Dios y Redentor a la vez, posee plenamente y de un modo perfecto, todo lo que existe. Nosotros, por el contrario, somos tan pobres y tan desprovistos de todo, que no tenemos nada que nos pertenezca y que podamos ofrecerle en obsequio. No obstante, por su bondad y caridad soberanas, no rehusa nada que le ofrezcamos y que le consagremos lo que ya le pertenece, como si fuera posesión nuestra. No sólo no rehusa esta ofrenda, sino que la desea y la pide: “Hijo mío, dame tu corazón!” Podemos pues serle enteramente agradables con nuestra buena voluntad y el afecto de nuestras almas. Consagrándonos a El, no solamente reconocemos y aceptamos abiertamente su imperio con alegría, sino que testimoniamos realmente que si lo que le ofrecemos nos perteneciera, se lo ofreceríamos de todo corazón; así pedimos a Dios quiera recibir de nosotros estos mismos objetos que ya le pertenecen de un modo absoluto. Esta es la eficacia del acto del que estamos hablando, y este es el sentido de sus palabras.

Puesto que el Sagrado Corazón es el símbolo y la imagen sensible de la caridad infinita de Jesucristo, caridad que nos impulsa a amarnos los unos a los otros, es natural que nos consagremos a este corazón tan santo. Obrar así, es darse y unirse a Jesucristo, pues los homenajes, señales de sumisión y de piedad que uno ofrece al divino Corazón, son referidos realmente y en propiedad a Cristo en persona.

Nos exhortamos y animamos a todos los fieles a que realicen con fervor este acto de piedad hacia el divino Corazón, al que ya conocen y aman de verdad. Deseamos vivamente que se entreguen a esta manifestación, el mismo día, a fin de que los sentimientos y los votos comunes de tantos millones de fieles sean presentados al mismo tiempo en el templo celestial.

Pero, ¿podemos olvidar esa innumerable cantidad de hombres, sobre los que aún no ha aparecido la luz de la verdad cristiana? Nos representamos y ocupamos el lugar de Aquel que vino a salvar lo que estaba perdido y que vertió su sangre para la salvación del género humano todo entero. Nos soñamos con asiduidad traer a la vida verdadera a todos esos que yacen en las sombras de la muerte; para eso Nos hemos enviado por todas partes a los mensajeros de Cristo, para instruirles. Y ahora, deplorando su triste suerte, Nos los recomendamos con toda nuestra alma y los consagramos, en cuanto depende de Nos, al Corazón Sacratísimo de Jesús.

De esta manera, el acto de piedad que aconsejamos a todos, será útil a todos. Después de haberlo realizado, los que conocen y aman a Cristo Jesús, sentirán crecer su fe y su amor hacia El. Los que conociéndole, son remisos a seguir su ley y sus preceptos, podrán obtener y avivar en su Sagrado Corazón la llama de la caridad. Finalmente, imploramos a todos, con un esfuerzo unánime, la ayuda celestial hacia los infortunados que están sumergidos en las tinieblas de la superstición. Pediremos que Jesucristo, a Quien están sometidos “en cuanto a la potencia”, les someta un día “en cuanto al ejercicio de esta potencia”. Y esto, no solamente “en el siglo futuro, cuando impondrá su voluntad sobre todos los seres recompensando a los unos y castigando a los otros” (Santo Tomás, id, ibidem.), sino aún en esta vida mortal, dándoles la fe y la santidad. Que puedan honrar a Dios en la práctica de la virtud, tal como conviene, y buscar y obtener la felicidad celeste y eterna.

Una consagración así, aporta también a los Estados la esperanza de una situación mejor, pues este acto de piedad puede establecer y fortalecer los lazos que unen naturalmente los asuntos públicos con Dios. En estos últimos tiempos, sobre todo, se ha erigido una especie de muro entre la Iglesia y la sociedad civil. En la constitución y administración de los Estados no se tiene en cuenta para nada la jurisdicción sagrada y divina, y se pretende obtener que la religión no tenga ningún papel en la vida pública. Esta actitud desemboca en la pretensión de suprimir en el pueblo la ley cristiana; si les fuera posible hasta expulsarían a Dios de la misma tierra.

Siendo los espíritus la presa de un orgullo tan insolente, ¿es que puede sorprender que la mayor parte del género humano se debata en problemas tan profundos y esté atacada por una resaca que no deja a nadie al abrigo del miedo y el peligro? Fatalmente acontece que los fundamentos más sólidos del bien público, se desmoronan cuando se ha dejado de lado, a la religión. Dios, para que sus enemigos experimenten el castigo que habían provocado, les ha dejado a merced de sus malas inclinaciones, de suerte que abandonándose a sus pasiones se entreguen a una licencia excesiva.

De ahí esa abundancia de males que desde hace tiempo se ciernen sobre el mundo y que Nos obligan a pedir el socorro de Aquel que puede evitarlos. ¿Y quién es éste sino Jesucristo, Hijo Único de Dios, “pues ningún otro nombre le ha sido dado a los hombres, bajo el Cielo, por el que seamos salvados” (Act 4:12). Hay que recurrir, pues, al que es “el Camino, la Verdad y la Vida”.

El hombre ha errado: que vuelva a la senda recta de la verdad; las tinieblas han invadido las almas, que esta oscuridad sea disipada por la luz de la verdad; la muerte se ha enseñoreado de nosotros, conquistemos la vida. Entonces nos será permitido sanar tantas heridas, veremos renacer con toda justicia la esperanza en la antigua autoridad, los esplendores de la fe reaparecerán; las espadas caerán, las armas se escaparán de nuestras manos cuando todos los hombres acepten el imperio de Cristo y sometan con alegría, y cuando “toda lengua profese que el Señor Jesucristo está en la gloria de Dios Padre” (Fil. 2:11).

En la época en que la Iglesia, aún próxima a sus orígenes, estaba oprimida bajo el yugo de los Césares, un joven emperador percibió en el Cielo una cruz que anunciaba y que preparaba una magnífica y próxima victoria. Hoy, tenemos aquí otro emblema bendito y divino que se ofrece a nuestros ojos: Es el Corazón Sacratísimo de Jesús, sobre él que se levanta la cruz, y que brilla con un magnífico resplandor rodeado de llamas. En él debemos poner todas nuestras esperanzas; tenemos que pedirle y esperar de él la salvación de los hombres.

Finalmente, no queremos pasar en silencio un motivo particular, es verdad, pero legítimo y serio, que nos presiona a llevar a cabo esta manifestación. Y es que Dios, autor de todos los bienes, Nos ha liberado de una enfermedad peligrosa. Nos queremos recordar este beneficio y testimoniar públicamente Nuestra gratitud para aumentar los homenajes rendidos al Sagrado Corazón.

Nos decidimos en consecuencia, que el 9, el 10 y el 11 del mes de junio próximo, en la iglesia de cada localidad y en la iglesia principal de cada ciudad, sean recitadas unas oraciones determinadas. Cada uno de esos días, las Letanías del Sagrado Corazón, aprobadas por nuestra autoridad, serán añadidas a las otras invocaciones. El último día se recitará la fórmula de consagración que Nos os hemos enviado, Venerables Hermanos, al mismo tiempo que estas cartas.

Como prenda de los favores divinos y en testimonio de Nuestra Benevolencia, Nos concedemos muy afectuosamente en el Señor la bendición Apostólica, a vosotros, a vuestro clero y al pueblo que os está confiado.



Dado en Roma, el 25 de mayo de 1899, el 22 de Nuestro Pontificado. León XIII, papa










ACTO DE CONSAGRACION AL SAGRADO CORAZON DE JESUS



CONSAGRACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS  



¡Sacratísima Reina de los cielos y Madre mía amabilísima! Yo N.N., aunque lleno de miserias y ruindades, alentado sin embargo con la invitación benigna del Corazón de Jesús, deseo consagrarme a Él; pero, conociendo bien mi indignidad e inconstancia, no quisiera ofrecer nada sino por tus maternales manos, y confiando a tus cuidados el hacerme cumplir bien todas mis resoluciones.

Corazón dulcísimo de Jesús, Rey de bondad y de amor, gustoso y agradecido acepto con toda la decisión de mi alma ese suavísimo pacto de cuidar Tú de mí y yo de Ti, aunque demasiado sabes que vas a salir perdiendo. Lo mío quiero que sea tuyo; todo lo pongo en tus manos bondadosas: mi alma, salvación eterna, libertad, progreso interior, miserias; mi cuerpo, vida y salud; todo lo poquito bueno que yo haga o por mi ofrecieren otros en vida o después de muerto, por si algo puede servirte; mi familia, haberes, negocios, ocupaciones, etc., para que, si bien deseo hacer en cada una de estas cosas cuanto en mi mano estuviere, sin embargo, seas Tú el Rey que haga y deshaga a su gusto, pues yo estaré muy conforme, aunque me cueste, con lo que disponga siempre ese Corazón amante que busca en todo mi bien.

 Quiero en cambio, Corazón amabilísimo, que la vida que me reste no sea una vida baldía; quiero hacer algo, más bien quisiera hacer mucho, porque reines en el mundo; quiero con oración larga o jaculatorias breves, con las acciones del día, con mis penas aceptadas, con mis vencimientos chicos, y en fin, con la propaganda no estar a ser posible, ni un momento sin hacer algo por Ti. Haz que todo lleve el sello de tu reinado divino y de tu reparación hasta mi postrer aliento, que ¡ojalá! sea el broche de oro, el acto de caridad que cierre toda una vida de apóstol fervorosísimo. Amén.



  Hay concedida indulgencia parcial a todos los fieles que devotamente reciten esta CONSAGRACIÓN PERSONAL al Sagrado Corazón de Jesús.



Forma resumida de pacto con el Corazón de Jesús: "Corazón de Jesús yo cuidaré de tu honra y de tus cosas y tú cuida de mí y de las mías."

ACTO DE CONSAGRACION AL INMACULADO CORAZON DE MARIA
Rezarla junto con tu espos(o)a

 Oh, María, Madre de la Divina Gracia, para responder a los deseos de Tu Corazón Inmaculado, renuevo hoy, en Tus Manos, los compromisos de mi Bautismo.

Renuncio para siempre a Satanás, a sus seducciones, y a sus obras.

Me consagro enteramente a Jesús, Hijo Tuyo amado, para llevar detrás de Él mi cruz, día tras día siempre. Para ser más fiel que en mi vida pasada. Te elijo hoy, en la presencia de los Ángeles y de los Santos, como mi Madre y Dueña.

A Ti, como hijo esclavo, yo me abandono y consagro todo mi mismo, mi cuerpo y mi alma, mis bienes internos y externos, el valor de mis buenas obras pasadas, presentes y futuras.

Te dejo pleno derecho de disponer de mí y de cuanto me pertenece a Tu arbitrio, sin excepción, para que Tu, oh María, me hagas una alabanza de gloria de la Santísima Trinidad en el tiempo y en la eternidad.

Así establezco en plena libertad. Amén.