Thursday, August 9, 2018

Enoc Y El Hijo Del Hombre (2) By Julia Blum


Enoc Y El Hijo Del Hombre (2)
By Julia Blum - agosto 1, 2018
Regresamos a nuestro comentario sobre el Libro de Enoc y el sorprendente paralelismo entre este libro y los Evangelios. Ya hemos visto que “cuando utilizamos Enoc como contexto para el Nuevo Testamento, muchas ideas cristianas antiguas tienen un foco mucho más claro, y muchos de los vacíos en el Nuevo Testamento pueden ser superados”.[1] En el artículo anterior sobre el Libro de Enoc, hablé sobre las Similitudes (segundo sub libro de I de Enoc) introduciendo la figura del Hijo del Hombre, el salvador y redentor divino-humano. En este artículo pretendo mostrar que, de hecho, las Similitudes nos proporcionan evidencia clara de que el mismo concepto del Hijo del Hombre que Jesús utilizó en los Evangelios, también estuvo presente en otros círculos del judaísmo. Los parelelismos son realmente sorprendentes.
Primero, aquí encontramos la doctrina de la preexistencia del Hijo del Hombre. “Y en aquella hora en que el Hijo del Hombre fue llamado ante la presencia del Señor de los Espíritus, y su nombre ante el Principio de los Días. Incluso antes de que el sol y las constelaciones fueran creadas, antes de que las estrellas del cielo fueran hechas, su nombre fue nombrado delante del Señor de los Espíritus”.[2]
Segundo, al Hijo del Hombre se le ha hado todo el conocimiento celestial. Además, el Hijo del Hombre no solo recibe el conocimiento celestial aquí, sino que también es quien puede revelar su conocimiento a los justos. Los “vigilantes” de la primera sección (del Libro de los Vigilantes que comentamos en nuestro primer artículo sobre Enoc) no debían “revelar los secretos eternos” al pueblo, pero los revelaron y entonces corrompieron la tierra: “Estos son los ángeles que descendieron sobre la tierra y revelaron lo que estaba oculto a los hijos del pueblo y guiaron a los hijos del pueblo en el error a cometer pecado”’.[3] Como oposición a ellos, el Hijo del Hombre es precisamente Quien es elegido por Dios para revelar el conocimiento celestial a los elegidos:
“Este es el Hijo del Hombre, a quien pertenece la justicia, y en quien mora la justicia. Y él abrirá todos los almacénes ocultos; porque el Señor de los Espíritus lo ha escogido…[4] Y ha revelado la sabiduría del Señor de los Espíritus a los justos y a los santos…”[5]
Un componente muy importante del escenario escatológico —la salvación de los justos— también se encuentra en las Similitudes. Es muy importante notar que, la salvación no solo llega aquí a través del Hijo del Hombre, sino también a aquellos que le pertenecen —solo aquellos que son capaces de reconocer al Elegido (el Hijo del Hombre) —son salvos “a través de su nombre”—. Este motivo típico del Nuevo Testamento ocurre aquí por primera vez, en las Similitudes.
“En aquellos días, habrá un cambio para los santos y justos… a través de su nombre, serán salvos”.[6]
“Porque en su nombre [los justos] son salvos, y él es la justificación de sus vidas”.[7]
Todo el resto de los componentes escatológicos tradicionales también están aquí. Todo el Libro de las Similitudes es dominado, no solo por la liberación de los elegidos, sino también por la vision del Gran Juicio. El motivo del juicio venidero y la destrucción del mundo como resultado, es el mensaje central aquí. Aparece constantemente en las visiones celestiales de Enoc sobre el Hijo del Hombre:
“Y todos los reyes y poderosos y ensalzados y aquellos que gobiernan la tierra
Se humillarán y doblegarán su rostro ante él,
Y adorarán y pondrán su esperanza en el Hijo del Hombre,
Y le pedirán y suplicarán la misericordia de sus manos.
Sin embargo… Él los entregará a los ángeles para su castigo,
Para ejecutar venganza sobre ellos porque oprimieron a Sus criaturas y a su elegido”.[8]
Después del Gran Juicio, encontramos una descripción de la eterna bienaventuranza de los justos (esta visión cierra la tercera y última parábola del libro):
“(Luego) llegaron para ellos una gran alegría. Y bendijeron, glorificaron y exaltaron (al Señor) a causa del hecho de que el nombre de ese (Hijo del) hombre les fue revelado… A partir de ese momento no se encontrará nada que sea corruptible; porque el Hijo del Hombre ha aparecido y se ha sentado sobre el trono de su gloria; y todo el mal desaparecerá de su rostro…”[9]
Finalmente, aquellos lectores que recuerdan mis series sobre el “Mesías Oculto” estarán interesados por aprender que el texto dice claramente que este Hijo del Hombre ha estado oculto desde el principio:
“Para este propósito, él vino a ser el Elegido; fue ocultado ante la presencia del ( Señor de los Espíritus) antes de la creación del mundo, y por la eternidad”.[10]
“Porque el Hijo del Hombre ha estado oculto desde el principio, y el Altísimo lo preservó en la presencia de su poder; luego lo reveló a los santos y a los elegidos”.[11]
Así pues, podemos ver que es precisamente esta figura —el Hijo del Hombre, o el Justo— quien viene a ser el Salvador (el Salvador Oculto) en este libro. “Parece bastante claro, sin embargo, que muchas de las ideas religiosas que se mantuvieron sobre… Jesús, estuvieron presentes en el judaísmo de donde emergieron, tanto el círculo de Enoc como los círculos alrededor de Jesús”.[12] E incluso hay algunos lugares donde el Hijo del Hombre es llamado el Ungido, en general, el libro habla sobre el Hijo del Hombre celestial y muestra poca conexión con la idea del mesías.
Ahora podemos responder a la pregunta que hicimos: ¿Por qué Jesús se llamó a sí mismo Hijo del Hombre y no Mesías? Según el Libro de Enoc, la respuesta es obvia: Se llamó a sí mismo Hijo del Hombre precisamente porque vino como Hijo del Hombre. No vino para encajar con el esperado Mesías judío: muchas expectativas mesiánicas que Israel tenía no se cumplieron durante la primera llegada de Jesús porque él no fue ‘el Mesías’ del concepto judío. Él fue, sin embargo, el “Hijo del Hombre” del concepto judío: llegó como el Hijo del Hombre transcendental, eterno y universal y “ningún término fue más adecuado tanto para ocultar como para revelar a aquellos que tuvieran oídos para escuchar, la identidad real del Hijo del Hombre”.[13]
Estos son extractos de mis libros que están incluidos en este artículo (y en muchos otros posts), por eso si te gustan los artículos de este blog, podrías también disfrutar de mis libros, puedes obtenerlos a través de mi página:  https://blog.israelbiblicalstudies.com/julia-blum/   
[1] Margaret Barker, The Lost Prophet, Abingdon Press, 1988, p.3
[2] I de Enoc 46:2-3
[3] Ibid., 64.2
[4] Ibid., 46.2
[5] Ibid., 48.7
[6] Ibid., 50:1,3
[7] Ibid. 48.7
[8] Ibid.6.7,8
[9] Ibid.69.26-29
[10] I de Enoc 48:2,6
[11] I de Enoc 62:7
[12] Boyarin, Daniel. The Jewish Gospels (Kindle Locations 1303-1307). The New Press. Kindle Edition.
[13] Matthew Black, The Son of Man in the teaching of Jesus, Expository Times, lx, pp.32

Sinceramente,
Noa_hebrew

Julia Blum
Profesora Adjunta, Dept. de Estudios Bíblicos,
IsraelBiblicalStudies.com



Wednesday, August 8, 2018

“La idolatría nace de nuestra incapacidad de fiarnos de Dios” Papa Francisco

Audiencia general: “La idolatría nace de nuestra incapacidad de fiarnos de Dios”

Palabras del Papa en español
(ZENIT – 8 agosto 2018).- “La idolatría nace de nuestra incapacidad de fiarnos de Dios, –ha anunciado Francisco en la audiencia general– de reconocerlo como el Señor de nuestra vida, él único que nos puede dar la verdadera libertad”.
El Papa ha continuado esta mañana, 8 de agosto de 2018, con la reflexión sobre el primer mandamiento del Decálogo, profundizando en la idolatría con la escena bíblica del becerro de oro, que representa el ídolo por excelencia.
“Los ídolos nos prometen libertad pero, en cambio, nos hacen sus esclavos”: ha expresado el Pontífice en la segunda catequesis del mes de agosto. “Jesucristo se hizo pobre por nosotros, abriendo la puerta de nuestra salvación, que pasa por aceptar nuestra fragilidad y rechazar los ídolos de nuestro corazón”, ha enseñado el Santo Padre.
Becerro de oro
Así, el Papa Francisco ha narrado cómo surgió la idea de construir el becerro de oro: El Pueblo de Israel estaba en el desierto, donde experimentaba una angustia vital, no tenía agua, ni alimento y esperaba a Moisés que había subido al monte para encontrar al Señor. El pueblo quería certezas y se construyó un ídolo hecho a su medida y mudo, que no le exigiera salir de sus propias seguridades.
Veían en la imagen del becerro un signo de fecundidad y de abundancia y a la vez de energía y fuerza, “que se adaptaba perfectamente a sus necesidades”. Además, lo fabricaron de oro, como “símbolo de riqueza, éxito y poder, que son las tentaciones de siempre”, ha señalado el Obispo de Roma.
El Santo Padre, como tiene por costumbre, ha saludado en la audiencia general, a los peregrinos de lengua española, en modo particular a los grupos provenientes de España y América Latina.

¿Quién Es Mi Prójimo? By Julia Blum - junio 7, 2018

¿Quién Es Mi Prójimo?

EL SERMÓN DEL MONTE Y LA PORCIÓN DE LA TORÁ
Incluso entre los no cristianos, hay un consenso general en que el Sermón del Monte de Jesús, es el mayor discurso moral que se haya podido dar. ¿Alguna vez han pensado en la posibilidad de que el Sermón del Monte podía haber sido un sermón sobre una porción específica de la Torá incluso probablemente leído ese mismo sabbat?El público de Jesús conocía muy bien las porciones de la Torá, y por eso, sabían exactamente a qué se refería. Del Nuevo Testamento sabemos que, allá por el primer siglo, existían sinagogas en la mayoría de las ciudades y pueblos de Galilea. El libro de Hechos nos dice explícitamente que la lectura pública de la Torá se practicaba cada sabbat en cada sinagoga: Porque Moisés… quien lo predique en las sinagogas, donde es leído cada día de reposo”. [1] Aunque en aquel tiempo habían muchas orientaciones y enseñanzas diferentes en el judaísmo, la Torá dada por Dios a Moisés era fundamento inalterable e incuestionable para todas esas orientaciones. Por eso, en cualquier sinagoga que Jesús entraba en sabbat, conforme a su costumbre” [2],  tanto si eran las lecturas semanales de la Torá, siguiendo un ciclo anual en el que los cinco Libros de Moisés eran leídos en un año, como el ciclo “trienal” que duraba aproximadamente tres años, en cualquier caso, Jesús habría escuchado allí la Torá. Creo que el último versículo de Mateo 5 “sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto” deja clara la conexión: La porción de la Torá que se llama Kedoshim [3] en el ciclo anual de hoy en día, empieza casi con las mismas palabras: “Sed santos porque Yo el Señor vuestro Dios, soy Santo”. Es en esta porción que encontramos las famosas palabras que no solo Jesús, sino muchos sabios judíos antes y después de Él, consideraron que son el centro de toda la enseñanza judía: “Ama a tu prójimo como a ti mismo”. Estas palabras, sin embargo, podían ser leídas y comprendidas de formas completamente distintas, dependiendo de la interpretación de la palabra “prójimo”. Por ejemplo, cuando Jesús dice en Mateo 5:43 oísteis que fue dicho: Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo” probablemente Él se estaba refiriendo a los escritos de la secta del Mar Muerto. En el párrafo inicial del Manual del Discípulo, se lee: “… odiar todo lo que Él ha rechazado”. Así pues, ¿cuál era la interpretación de Jesús con referencia al prójimo?
¿QUIÉN ES MI PRÓJIMO?
Las famosas palabras de Levítico 19 son citadas en todos los evangelios sinópticos. Sin embargo, solo el Evangelio de Lucas contiene la famosa parábola del Buen Samaritano, donde la pregunta “¿quién es mi prójimo?” está formulada. El episodio comienza con un “abogado” que le pregunta a Jesús cómo heredará la vida eterna. De una forma judía tradicional, Jesús le responde con una pregunta: “¿Qué hay escrito en la ley?” El abogado cita versículos de la Torá conocidos por todos los judíos de su tiempo —Deuteronomio 6:5 y Levítico 19:18—. En aquel tiempo, estos versículos ya estaban introducidos en el pensamiento judío, y por supuesto, eran considerados como el fundamento de toda la Torá; así que en esta etapa observamos solamente la continuidad entre los pactos.
Aunque la conversación no se detuvo aquí. El diálogo y la famosa parábola continúan. La novedad y el golpe de esta parábola podría pasar desapercibida para el lector no judío, pero es importante comprender que “judíos en general, de entonces y de ahora, encajan dentro de uno de los tres grupos: los sacerdotes (kohanim) descendientes de Aarón; los levitas (levi’im) descendientes de otros hijos de Leví; y los israelitas descendientes de los hijos de Jacob que no son los de Leví. Nombrar primero a los dos anteriores anticipa nombrar al tercero”. [4] Después del sacerdote y el levita en esta historia, un judío del primer siglo habría esperado a que se mencionara a alguien del tercer grupo —un israelita—. Sin embargo, la tercera persona en la parábola no es el israelita esperado, sino un samaritano inesperado —el enemigo de los judíos—. Las tensiones entre judíos y samaritanos eran especialmente fuertes en las primeras décadas del siglo I, por eso la parábola de Jesús habría parecido escandalosa para el público judío. No es solo la apariencia de este samaritano absolutamente sorprendente, sino el hecho de que este samaritano mostrase compasión y atención mientras que el sacerdote y el levita no, desafía directamente la interpretación judía contemporánea respecto a la palabra “prójimo”. Así pues, es evidente no solo la continuidad, sino también la novedad de la enseñanza de Jesús.
NO PARA DESTRUIR, SINO PARA CUMPLIR
¿Sí o no? Basándose en esta parábola y en el mandamiento de Jesús “amad a vuestros enemigos” (Mateo 5:44; Lucas 6:27-35) muchos lectores cristianos “acusan al judaísmo de tener una ética exclusivista: los judíos solo aman a sus semejantes judíos; los cristianos esparcen la definición de prójimo y han de amar a todos, judíos y gentiles, amigos y enemigos”. [5] ¿Es posible que haya algo que se escape de nuestro entendimiento?
Primero que todo, intentemos ver de dónde viene la idea de ordenar a los judíos amarse los unos a los otros. Levítico 19 empieza con un imperativo dirigido a “toda la congregación de los hijos de Israel… santos seréis, porque santo soy yo JEHOVÁ vuestro Dios” (19:2). En el pensamiento judío, Levítico 19, y desde luego toda la Torá, está dirigida solamente a la congregación del pueblo de Israel. Por eso, el mandamiento de “ama a tu prójimo”tanto en el contexto original como en las interpretaciones judías tiempo despuésestá inevitablemente limitado a los miembros de esta congregación. “Estas son las leyes particulares de esta nación, en lugar de un conjunto de normas universales; en este contexto prójimo’ (rea) se refiere a una persona que se encuentra dentro del marco de relaciones pactadas”. [6]
Segundo, en hebreo la palabra “prójimo” (rea) y “[elmalo” (la palabra también puede designar a “un enemigo”) comparte las mismas consonantes: רע (resh ayin). La diferencia está solamente en las vocales que no están en el texto. Por lo tanto, cuando en la parábola Jesús le pregunta al abogado: “¿Qué lees ahí?”, le está preguntando: “¿Eres capaz de ver, en las palabras de la Torá, el mandato de amar tanto al prójimo (estrechamente definido) y a aquellos que tu ves como enemigos?” [7]
Así pues, si pensamos en Jesús como de quien “no vino a destruir, sino a cumplir” la Ley, veremos que su uso de Levítico 19:18 y su comprensión de prójimo, aunque fuese un desafío para sus oyentes, aún estaba basado en la Torá.

Me gustaría recordarles, mis queridos lectores, que ofrecemos un nuevo curso llamado Porción Semanal de la Torá, y aquellos que estén interesados en estudiar en profundidad la Parashat Shavua, junto con episodios del Nuevo Testamento, están invitados a solicitar este curso (o contactarme para más información y para un descuento). También, para aquellos interesados en mis libros, aquí está el link de mi páginahttps://blog.israelbiblicalstudies.com/julia-blum/.


[1] Hechos 15:21
[2] Lucas 4:16
[3] “Pueblo santo” (Levítico 19:1-20:27 )
[4] The Jewish Annotated New Testament (p. 123). Oxford University Press. Kindle Edition.
[5] THE CONCEPT OF NEIGHBOR IN JEWISH AND CHRISTIAN ETHICS,  Michael Fagenblat, in : The Jewish Annotated New Testament (p. 541). Oxford University Press. Kindle Edition.
[6] Ibid.
[7] The Jewish Annotated New Testament (p. 123). Oxford University Press. Kindle Edition.

Tuesday, August 7, 2018

El Libro De Enoc (2): El Pecado De Los Vigilantes - Julia Blum


El Libro De Enoc (2): El Pecado De Los Vigilantes
Julia BlumJulia is a teacher and an author of several books on biblical topics. She teaches two biblical courses at the Israel Institute of Biblical Studies, “Discovering the Hebrew Bible” and “Jewish Background of the New Testament”, and writes Hebrew insights for these courses.

By Julia Blum - junio 21, 2018
EL LIBRO DE LOS VIGILANTES
La última vez comenzamos hablando sobre “la escena judía en los tiempos de Jesús”[1] y la necesidad de saber quien más estaba en esa escena aparte de los seguidores de Jesús, y captar las ideas y conceptos que existieron en la escena en aquellos tiempos. Todos entenderíamos que los escritores del Nuevo Testamento estuvieron influenciados por esas ideas y conceptos, simplemente porque ellos pertenecieron a ese periodo y a esa comunidad. Ningún texto del Nuevo Testamento puede entenderse perfectamente fuera de ese contexto —nos perdemos demasiado si lo leemos sin el conocimiento del trasfondo histórico y cultural—; sin ser conscientes de las teologías que predominaban entonces, sin saber quien más, aparte del “público de Jesús”,[2] estuvo en esa escena.
Tal como prometí, hoy comentaremos la primera parte del Libro de Enoc: el Libro de los Vigilantes. Permítanme recordarles, el Primer Libro de Enoc, o Enoc el etíope, de hecho es una recopilación de varios libros, cada uno de ellos aparece con su título y normalmente con su conclusión. Estos libros, conocidos como el Libro de los Vigilantes (capítulos 1-36) las Similitudes (conocido también como Parábolas, capítulos 37-71), el Libro de las Luminarias (capítulos 72-82), el Libro de los Sueños (capítulos 83-90) y la Epístola de Enoc (capítulos 92-105), están combinados en una obra única en la versión etíope, en la cual todo está preservado.
Así pues, el Libro de los Vigilantes es la primera parte de I de Enoc. Hay una extensa porción remarcable de contenido común con la Biblia hebrea en este libro: por ejemplo, Adán y Eva; Caín y Abel; el matrimonio de los ángeles con las hijas de los hombres. Aún así, son precisamente las diferencias y lo añadido en el recuento de las famosas narrativas bíblicas, lo que capta nuestra atención, y posiblemente pueden señalar algún patrón específico y conceptos en el pensamiento judío del Segundo Templo. El ejemplo más sorprendente de esta discrepancia la encontramos en el desconocido comienzo del capítulo 6 del libro de Génesis. Mientras que la historia ocupa tan solo unos pocos versículos en el Génesis, viene a ser la principal narrativa en el Libro de los Vigilantes, donde los capítulos 6-9 cuentan la historia (de hecho, dos historias entrelazadas) sobre la caída de los ángeles malos. Leamos juntos unos pocos versículos de I de Enoc 6-7 para que podamos ver cómo el escritor explica Génesis 6:1-4:
I de Enoc 6:1 Y cuando los hijos de los hombres se multiplicaron, en aquellos días, les nacieron hijas hermosas y atractivas. 2 Y los vigilantes, los hijos del cielo, las vieron y las desearon. Y se dijeron unos a otros: “Vayamos, escojamos esposas para nosotros de entre las hijas de los hombres, y engendremos hijos para nosotros”… 5 Entonces ellos juraron entre ellos y se comprometieron mediante maldición. 6 Y todos ellos eran doscientos, quienes descendieron en los días de Jared hasta la cima del Monte Hermón [ 53]… I de Enoc 7:1 Estos y todos los otros con ellos tomaron esposas de entre ellas según las escogieron. Y empezaron a allegarse a ellas, y a contaminarse a través de ellas, y les enseñaron sortilegios y encantamientos, y les revelaron cómo cortar las raíces y las plantas. 2 Y ellas concibieron de ellos y les parieron gigantes enormes. Y los gigantes engendraron a los Nephilim…
EL PECADO DE LOS VIGILANTES
Antes de ir más lejos, me gustaría mencionar una vez más, y también recomendar a mis lectores, un maravilloso libro de un erudito brillante, Dr. Michael Heiser, “Reversing Hermon: Enoch, the Watchers, and the Forgotten Mission of Jesus Christ”. Este artículo en particular está basado en ese libro.
En mi último post mencioné que, aunque la interpretación sobrenatural de Génesis 6:1-4 (que los “hijos de Dios” eran ángeles o alguna clase de seres divinos) no es muy popular ni el cristianismo moderno ni en el judaísmo moderno, no fue el caso en el judaísmo del Segundo Templo. Según el Libro de Enoc, los Vigilantes (los “hijos de Dios” de Génesis) “son claramente seres celestiales (no humanos) cuyas actitudes son consideradas no solo como moralmente perversas, sino como espiritualmente destructivas”.[3] El Libro de los Vigilantes describe la revuelta de los vigilantes celestiales, que trae el mal sobre la tierra y predice el juicio de Dios. Los vigilantes traen gigantes sobre la tierra como consecuencia de la unión con mujeres humanas, y esos gigantes son malvados. Entonces, en el capítulo 10, Dios finalmente interviene y la historia familiar de Noé comienza.
Sin embargo, el judaísmo del Segundo Templo vio no solo la historia de la rebelión sobrenatural en Génesis 6:1-4, sino uno de los pasajes centrales de la teología bíblica y en comprender el plan de Dios en la historia. Aquí hay una cita muy importante de Michael Heiser en la introducción de su libro, explicando por qué este tema es tan importante: “Si alguien fuese a preguntar a un cristiano moderno: “¿Por qué el mundo y toda la humanidad es tan malvada?” Existirían grandes posibilidades de que la respuesta sea por “la caída”. Hemos estado condicionados por la historia de la Iglesia (antigua y moderna) en mirar solo Génesis 3 para tal teología. Pero si le hacemos la misma pregunta a un judío viviendo en el periodo del Segundo Templo, la respuesta sería dramáticamente diferente. Sí, la entrada del pecado en el mundo bueno de Dios, ocurrió en el Edén, pero el testimonio unánime del judaísmo del Segundo Templo, es que los vigilantes son culpables de la proliferación del mal sobre la Tierra”.[4]
Ya que los escritores del Nuevo Testamento pertenecen al judaísmo del Segundo Templo, esta comprensión de los vigilantes como responsables de propagar el mal sobre la Tierra, ha sido parte de su teología. “Consecuentemente, para los escritores del Nuevo Testamento, la llegada de Jesús… significó no solo revertir la maldición de la muerte traída sobre la humanidad por causa del pecado de Adán, sino también deshacer la depravación”.[5] La próxima vez intentaremos leer el Nuevo Testamento a través de los ojos judíos del Segundo Templo, y ver los trazos de este concepto en sus propias páginas.


Si te gustaron mis artículos en este blog, también te podrían gustar mis libros, puedes obtenerlos a través de mi página: https://blog.israelbiblicalstudies.com/julia-blum/   



[1] Boyarin, Daniel. The Jewish Gospels (Kindle Location 1103). The New Press. Kindle Edition.
[2] Ibid.
[3] Heiser, Michael S. Reversing Hermon: Enoch, the Watchers, and the Forgotten Mission of Jesus Christ (Kindle Locations 302).
[4] Ibid., Kindle  location 101-107
[5] Ibid. Kindle location 931-933