Sunday, November 20, 2016

Al despertar me saciaré de tu semblante. Travesía por el Lago de Galilea, por el sacerdote Ángel Moreno de Buenafuente


Al despertar me saciaré de tu semblante. Travesía por el Lago de Galilea, por el sacerdote Ángel Moreno de Buenafuente




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Al despertar me saciaré de tu semblante. Travesía por el Lago de Galilea

Es la hora de la luz recién amanecida, de la brisa sonriente, que riza las aguas y las tiñe de color marino intenso.

Y le digo a mi memoria: “¡Despierta!” pues ante los ojos tienes el destello de la mirada creadora, el brillo de la gloria de Quien pasó por estas aguas atrayendo hacia sí el seguimiento de aquellos pescadores.

Y el cielo se refleja nítido en la anchura iluminada, certeza de la mirada del rostro amigo del Maestro Nazareno, Quien puso su morada a la orilla del Mar de Galilea.

Mas, si es verdad una presencia tan viva del Carpintero. ¿Por qué me olvido tantas veces del reflejo en mi vida de los ojos del mejor artesano? ¿Por qué me entretengo ensimismado en mis asuntos, o busco alivio humano, compañero?

Si en la travesía me abraza el viento, el mismo que sopló ya desde el principio, y la luz de plano es reverso del semblante de Quien hizo todo enamorado, ante mi experiencia olvidadiza, me asalta la sospecha de atravesar las aguas, la existencia, sin hondura. Sin embargo, ante la duda, prefiero celebrar, al alba, el paso mensajero de Quien dejó como testigo vivo el mar de Galilea. No quiero privarme del encuentro que me anuncia la ráfaga del viento, que me deja sentir la fuerza de la creación primera. No quiero caer en la trampa engañosa, y privarme por complejo de la hora de luz resucita, que anticipa, sin término, el sabor siempre nuevo de lo eterno.

Final del formulario

Por aquella mañana de la Pascua se ha quedado afectado el ritmo de los días y las horas, el tránsito de la noche al alba, por el que reinterpretar el discurrir del tiempo. Ya no cabe la sensación de ausencia. Desde la tercia a la undécima, desde el caer de la tarde a pleno día, cada momento se colma por el posible encuentro con quien nos demostró que es mayor el amor que la miseria; mayor la luz, que la herida; la presencia, aunque invisible, que la ausencia.

Y Jesús, al igual que aquel día primero, en el que se hizo encuentro con los suyos, me invita, hoy de nuevo, durante la travesía, a colmar cada jornada de esperanza, pues ya no hay hora sin señal hecha llamada de intimidad amiga, en un marco de entrega, donación, almuerzo, confesión de amor, certeza de presencia permanente, que aguarda mi respuesta decidida.





Monday, November 14, 2016

¡Lo Que “Yo Soy” ha hecho por mí!

¡Lo Que “Yo Soy” ha hecho por mí!



Queridos hermanos,
Continúa San Pedro de Alcántara:
Después de esto considera cuán estrecha será la cuenta que allí a cada uno se pedirá. “Verdaderamente, (dice Job 3, 3) no podrá ser el hombre justificado si se compara con Dios.” Y si se quiere poner con Él en juicio, de mil cargos que le haga no le podrá responder a solo uno. Pues ¿qué sentirá entonces cada uno de los malos, cuando entre Dios con él en este examen, y allá dentro de su conciencia diga así?: “Ven acá, hombre malo, ¿qué viste en mí, porque así me despreciaste y te pasaste al bando de mi enemigo? Yo te crié a mi imagen y semejanza. Yo te di la lumbre de la fe, y te hice cristiano, y te redimí con mi propia sangre. Por ti ayuné, caminé, velé, trabajé y sudé gotas de sangre. Por ti sufrí persecuciones, azotes, blasfemias, escarnios, bofetadas, deshonras, tormentos y cruz. Testigos son esta cruz y clavos que aquí parecen; testigos estas llagas de pies y manos, que en mi cuerpo quedaron; testigos el cielo y la tierra, delante de quien padecí. ¿Pues qué hiciste de esa ánima tuya, que yo con mi sangre hice mía; en cuyo servicio empleaste lo que yo compré tan caramente? ¡Oh, generación loca, adúltera! ¿por qué quisiste más servir a ese enemigo tuyo con trabajo, que a mí, tu Redentor y Criador, con alegría? Llaméos tantas veces, y no me respondisteis; toqué a vuestras puertas, y no despertasteis; extendí mis manos en la cruz, y no lo mirasteis; menospreciasteis mis consejos y todas mis promesas y amenazas; pues decid ahora vosotros, ángeles; juzgad vosotros, jueces, entre mí, y mi viña, ¿qué más debí yo hacer por ella de lo que hice?” (Is. 5) [Nota al Post: Hay palabras que cuyas formas hoy no se usan en el español moderno… las dejo sin actualizar para preservar lo que y como lo escribió San Pedro de Alcántara – las referencias a Isaías y Job de este post tal vez será mejor leerlo en nuestras Biblias de Jerusalén].
REF: Alcántara, San Pedro de. Tratado de la Oración y Meditación (Spanish Edition) (Kindle Locations 354-361). The Ivory Falls Book. Kindle Edition.

Gracias por visitar mi blog:
https://www.blogger.com/blogger.g?blogID=1677440507930721383#editor/target=post;postID=1672690914844974008

Con cariño aun aquí en la bella Guatemala,
Noel y Silvia 14/11/2016 [Vaya nuestro saludo muy especial a nuestros hermanos que visitan este blog desde Australia, Francia, Costa Rica, Nicaragua, y varias ciudades en USA Continental – Mañana salimos para Nicaragua con intenciones de también viajar a Cartago, Costa Rica al Monasterio Nuestra Señora de Los Ángeles - - todos están en nuestras oraciones cotidianas].

Thursday, November 10, 2016

La Devocion - San Pedro de Alcántara


Queridos hermanos,

Con sumo agrado comparto con ustedes esta joya de San Pedro de Alcántara en su Tratado de la Oración y Meditación en el capítulo donde habla de la devoción citando a San Buenaventura…

… la devoción, la cual, aunque no es más que una sola virtud, nos habilita y mueve a todas las otras virtudes, y es como un estímulo general para todas ellas. Y si quieres ver cómo esto es verdad, mira cuán abiertamente lo dice San Buenaventura (en De Vita Christi) por estas palabras: “Si quieres sufrir con paciencia las adversidades y miserias de esta vida, seas hombre de oración. Si quieres alcanzar virtud y fortaleza para vencer las tentaciones del enemigo, seas hombre de oración. Si quieres mortificar tu propia voluntad con todas sus aficiones y apetitos, seas hombre de oración. Si quieres conocer las astucias de Satanás, y defenderte de sus engaños, seas hombres de oración. Si quieres vivir alegremente y caminar con suavidad por el camino de la penitencia y del trabajo, seas hombre de oración. Si quieres ojear de tu ánima las moscas importunas de los vanos pensamientos y cuidados, seas hombre de oración. Si la quieres sustentar con la grosura de la devoción y traerla siempre llena de buenos pensamientos y deseos, seas hombre de oración. Si quieres fortalecer y confirmar tu corazón en el camino de Dios, seas hombre de oración. Finalmente, si quieres desarraigar de tu ánima todos los vicios y plantar en su lugar las virtudes, seas hombre de oración; porque en ella se recibe la unción y gracia del Espíritu Santo, la cual enseña todas las cosas. Y demás de esto, si quieres subir a la alteza de la contemplación y gozar de los dulces abrazos del Esposo, ejercítate en la oración, porque éste es el camino por donde sube el ánima a la contemplación y gusto de las cosas celestiales. ¿Ves, pues, de cuánta virtud y poder sea la oración? Y para prueba de todo lo dicho (dejado aparte el testimonio de las Escrituras Divinas), esto basta ahora por suficiente probanza que habremos oído y visto, y vemos cada día muchas personas simples, las cuales han alcanzado todas estas cosas susodichas y otras mayores mediante el ejercicio de la oración.” Hasta aquí son palabras de San Buenaventura.

Alcántara, San Pedro de. Tratado de la Oración y Meditación (Spanish Edition) (Kindle Locations 102-117). The Ivory Falls Book. Kindle Edition. www.amazon.com

 ¡Que la Paz del Espíritu Santo inunde nuestros corazones!

Con cariño,

Noel y Silvia

Thursday, November 3, 2016

Satanas = Adversario - Por David Emanuel – eTeacherBiblical 


Noel, Shalom desde Jerusalén,

Aún en la actualidad, el nombre Satanás crea un grado de aprehensión en el oyente. Se lo imagina como la encarnación misma de la maldad y la representación del mal. ¿Pero conoce usted el significado real que hay detrás del nombre hebreo?

David Emanuel – eTeacherBiblical 

Satanás: ¿qué se esconde detrás de su nombre?

En la Biblia Hebrea, Satanás aparece como un ser celestial, por lo menos, en tres ocasiones. En 1 Crónicas 21:1, éste incita a que David realice un censo en Israel. Posteriormente, en Job capítulos 1-3, éste aparece como uno de los mensajeros de Dios que acusa a Job ante el Señor e inflige destrucción a su familia, su propiedad y su salud personal. Y, por último, en Zacarías 3:1-2, aparece para acusar al sumo sacerdote Josué.

El significado práctico de “Satanás”

Curiosamente, el sustantivo שׂטן (satan) aparece muchas otras veces en la Biblia Hebrea, donde se traduce simplemente como un "adversario", describiendo a aquel que se opone o se interpone en el camino de otro. En 1 Reyes 11:14, por ejemplo, Dios pone a Hadad el edomita como un adversario (שׂטן) de Salomón. Por lo tanto, es este acto o comportamiento de oponerse el que encarna el personaje bíblico de Satanás.

 Estudie hebreo bíblico en línea

Al estudiar hebreo bíblico con los instructores calificados de eTeacher, usted puede descubrir algunas de las importantes funciones prácticas que están detrás de los nombres que reciben los personajes de la Biblia Hebrea. Si desea indagar más aún en un conocimiento profundo de la Biblia, inscríbase hoy mismo en nuestro curso de hebreo bíblico y podrá descubrir un mundo bíblico completamente nuevo.

Friday, October 28, 2016

Fiesta de San Simon y San Judas, apóstoles - ©Evangelizo.org 2001-2016


Fiesta de san Simón y san Judas, apóstoles
Leer el comentario del Evangelio por
Benedicto XVI, papa 2005-2013
Audiencia general del 11/10/2006
La unidad de los Doce, unidad de la Iglesia
      A los apóstoles Simón, el Cananeo, y Judas (Tadeo) –que no debemos confundir con Judas Iscariote- los consideramos juntos no tan sólo porque en la lista de los Doce se citan siempre uno detrás del otro (cf Mt 10,4; Mc 3,18; Lc 6,15; Hch 1,13) sino también porque los detalles que nos han llegado de ellos son muy pocos, a parte del hecho que en el Nuevo Testamento se conserva una carta atribuida a Judas.

      Simón recibe un epíteto variable según las cuatro listas; así, mientras Mateo y Marco lo llaman «el cananeo», Lucas lo llama «celotes». En realidad, los dos calificativos son equivalentes porque tienen el mismo significado. En efecto, en hebreo el verbo «kana» quiere decir «ser celoso, apasionado» ... Es, pues, muy posible que ese Simón, si no pertenecía propiamente al movimiento nacionalista de los celotes, por lo menos se haya caracterizado por un ardiente celo por la identidad judía, así pues, también por Dios, por su pueblo y por la ley divina. Si esto es así, Simón queda situado en las antípodas de Mateo, el cual, por el contrario y en tanto que publicano, ejercía una actividad considerada como del todo impura. Ello es un signo evidente de que Jesús llama como discípuos y colaboradores suyos a personas de las clases sociales y religiosas más diversas si ninguna clase de prejuicios. ¡Lo que le interesa son las personas y no las categorías sociales o las etiquetas!  

      Y lo bueno es que, en el grupo de sus discípulos, a pesar de ser tan diferentes, todos coexistían y superaban todas las dificultades imaginables; en efecto, era él mismo Jesús la razón de su cohesión y quien hacia que todos se encontraran unidos. Esto constituye una clara lección para nosotros, a menudo inclinados a subrayar las diferencias, y posiblemente las oposiciones, olvidando que, en Cristo Jesús, se nos da la fuerza para resolver nuestros conflictos. En nuestro interior no olvidemos que el grupo de los Doce es la prefiguración de la Iglesia en la que deben encontrar su lugar, todos los carismas, todos los pueblos y razas y todas las cualidades humanas, su identidad y su unidad en la comunión con Jesús
 




©Evangelizo.org 2001-2016

Thursday, October 27, 2016

Sukkot - Tiempo de Nuestra Alegria - Prof. Julia Blum


El tiempo de nuestra alegría

¡Shalom amigos!
Sukkot es un Festival Bíblico de Alegría, incluso es llamado zman simchateinu —“el tiempo de nuestra alegría”—. Las Escrituras nos mandan a estar alegres especialmente durante el Sukkot:

13 Celebrad el Festival de los Tabernáculos durante siete días después de recoger la cosecha de los frutos de vuestra tierra y de vuestras viñas. 14 Y te alegrarás en tus fiestas solemnes, tú, tu hijo, tu hija, tu siervo, tu sierva, y el levita, el extranjero, el huérfano y la viuda que viven en tus poblaciones. 15 Siete días celebrarás fiesta solemne a Jehová tu Dios en el lugar que Jehová tu Dios escogiere; porque te habrá bendecido Jehová tu Dios en todos tus frutos, y en toda la obra de tus manos, y estarás verdaderamente alegre (Deut. 16:13-15).

EL TIEMPO DE NUESTRA ALEGRÍA

In Blog @es by Julia Blum octubre 19, 2016

Sukkot es un Festival Bíblico de Alegría, incluso es llamado zman simchateinu —“el tiempo de nuestra alegría”—. Las Escrituras nos mandan a estar alegres especialmente durante el Sukkot:

13 Celebrad el Festival de los Tabernáculos durante siete días después de recoger la cosecha de los frutos de vuestra tierra y de vuestras viñas. 14 Y te alegrarás en tus fiestas solemnes, tú, tu hijo, tu hija, tu siervo, tu sierva, y el levita, el extranjero, el huérfano y la viuda que viven en tus poblaciones. 15 Siete días celebrarás fiesta solemne a Jehová tu Dios en el lugar que Jehová tu Dios escogiere; porque te habrá bendecido Jehová tu Dios en todos tus frutos, y en toda la obra de tus manos, y estarás verdaderamente alegre (Deut. 16:13-15).

¿Por qué? ¿Por qué Sukkot es un festival tan alegre? Hoy vamos a comentar la lectura de la Torá para el Sabbat que cae entre los días de Sukkot: Éxodo 33:12-34:26. El capítulo 33 de Éxodo describe eventos que sucedieron justo después del terrible pecado de Israel –el incidente del becerro de oro– justo después de que las tablas fueran rotas por Moisés. Al final del capítulo anterior, vimos a Moisés intercediendo por el pueblo y siendo capaz de convencer a Dios para que perdonase a Israel. Al principio de este capítulo, Moisés acaba de recibir la confirmación de Dios: ¡Sí! Él permitirá a Moisés continuar con su misión de guiar al pueblo de Israel a la Tierra Prometida, la tierra que fluye leche y miel. Sin embargo, en Sus palabras, todavía podemos escuchar el eco de Su reciente ira. Cuando ordenó a Moisés e Israel que salieran hacia la Tierra, Él les dice: “Ve a la tierra que fluye leche y miel; porque yo no iré en medio de vosotros, no sea que os consuma durante el camino porque sois un pueblo de dura cerviz”.

Esto parece ser una sentencia absoluta y definitiva, completamente clara y completamente esperada y justa después del terrible pecado que Israel acababa de cometer. Esta porción de la Torá efectivamente se refiere a eso –acerca de la santidad de Dios–, y sobre como Él y Su presencia, no pueden, bajo ningún concepto, habitar entre los pecadores. Yo no iré en medio de vosotros…

Qué enorme debe ser la sorpresa del lector, cuando sin embargo, algo más adelante, en algunos versículos, literalmente se dice: “Mi presencia irá con vosotros y yo os daré reposo”. ¿Cómo podría ser posible? Él no es un hombre para que deba cambiar de opinión (1 Sam.15:29), por lo tanto, ¿qué explicación puede haber para esta aparente contradicción y repentino cambio de Su decisión?

Este es el profundo misterio que estamos a punto de comentar en este capítulo. Así de súbito, nos damos cuenta de que las Escrituras nos hablan, no solo de la santidad de Dios, sino también de Su misericordia. Sí, Su santidad es tal que no puede habitar y no puede ir junto con un pueblo pecador y pecaminoso, aún y así, Él elige habitar y caminar con Su pueblo, porque tal es Su compasión. La frase: Mi presencia irá con vosotros, y yo os daré descanso, testifica que la mismísima compasión de Dios se extiende al hombre pecador y pecaminoso –indigno de estar cerca de Él, indigno delante de Dios, de caminar junto a Él–. Cada uno de nosotros sabe que se merece por completo que el Señor le diga: Pero no iré con vosotros, porque sois un pueblo duro de cerviz y quizá os destruya por el camino. Pero aquí está implícita la gran misericordia de Dios, que a pesar de ello, Él dice a cada persona dispuesta a clamarle: Mi presencia irá contigo y te daré descanso. He aquí la sorprendente y completa interrelación entre la santidad de Dios y Su misericordia –entre Su fuerza y poder y Su mansedumbre y sencillez–.

En muchas traducciones, encontramos ambos versículos 3 y 14 parafraseados: Yo mismo iré; Yo mismo no iré. Pero en la Escritura original hebrea, el versículo 14 es ligeramente diferente del versículo 3. Dice así: Mi rostro irá con vosotros. Si recordamos que a priori de esto, el Señor prometió enviar a Su Ángel, entonces entendemos que es el Ángel de Su rostro –Malach Panav– el cual irá con Israel y les guiará hasta la Tierra Prometida.

¿Quién es este Malach Panav? El nombre completo aparece solo una vez en un lugar –en el libro de Isaías–: En toda la aflicción con que fue afligido, y el Ángel de Su presencia (Ángel de Su rostro –Malach Panav–‎ וּמַלְאַ֤ךְ פָּנָיו֙ ) les salvó: en su amor y en su piedad se acordó de ellos; y él les preservó y les llevó todos los días de antaño (Is. 63:9-10). Sin embargo, actualmente encontramos muchas veces a este Ángel en particular en el Tanach –uno que habla en nombre de Dios como en primera persona–, como si fuese Dios, y permanece delante del pueblo en forma de hombre. Además, la Escritura es muy clara sobre el hecho de que, después de los encuentros con este Ángel, la gente se da cuenta de que ha visto a Dios y que sus vidas han sido restauradas. Le vemos en Génesis 18 cuando se le aparece a Abraham; le vemos batallando con Jacob en el lugar llamado Peniel (Rostro de Dios); Manoah encuentra al “Ángel del SEÑOR” y declara que ha visto a Dios. Este “mensajero” o “ángel” acepta sacrificios de sangre como adoración por parte de Manoah (Jueces 13:9-22). Y si regresamos a Éxodo 33, sin duda, le encontramos también allí: El rostro de Dios va con Israel; el Ángel de su Rostro, Malach Panav, está guiando a Israel hacia la Tierra Prometida: Mi presencia irá con vosotros, y os daré descanso.

Esta es la causa de que Sukkot sea una época de gozo. ¿Has pensado alguna vez que no eres digno de recibir la compañía de Dios? ¿Te has preguntado alguna vez cómo Dios ha podido ser tan paciente contigo y tan misericordioso cuando tú mismo habrías renunciado tiempo atrás? Piensa solo en eso –cada uno de nosotros conoce millones de motivos por los que el Señor podría y debería decirnos–: Yo no iré contigo, no sea que te consuma por el camino, porque tú eres… duro de cerviz. Este pensamiento es muy duro en la tradición judía: Cada uno de nosotros se merece estas palabras por completo; cada uno de nosotros se merece que Dios se niegue a que vayamos con Él –y cada uno de nosotros debe estar muy consciente de ello–. Aún y así, más que nada en el mundo, cada uno de nosotros desea profundamente escuchar algo completamente diferente por parte de Él: Mi presencia irá contigo, y Yo te daré descanso –y lo más maravilloso de esto es que justamente eso es lo que nos está diciendo–. Esta es Su sorprendente promesa para cada uno de nosotros, el incomprensible misterio de Su misericordia: somos duros de cerviz, no nos merecemos Su amor ni Su misericordia, aún y así, Él va con nosotros y nos da reposo.

Este es el misterio de Sukkot –el misterio de Su misericordia y Su renovada relación. En la tradición judía, es bien conocido el hecho de que Moisés regresó con un segundo juego de tablas en Yom Kippur. Sukkot empieza casi inmediatamente después del día de Awe, el día de temblor y arrepentimiento. Finalizamos Yom Kippur y en la misma noche empezamos a construir la Sukkah: zman simchateinu, el tiempo de nuestra alegría ha llegado –porque Dios en Su misericordia, vino al tabernáculo para estar con Su pueblo–.

Saturday, October 22, 2016

Las Dos Cabras del Yom Kipur - Prof. Julia Blum


LAS DOS CABRAS DE YOM KIPPUR

In Blog @es by Julia Blumoctubre 13, 2016Leave a Comment

Una parte muy importante de la liturgia en el Día del Sacrificio en el Tabernáculo y en el Templo, era la ofrenda del sacrificio que requería dos cabras: eran escogidas lo más parecido posible la una de la otra; luego eran llevadas ante el Sumo Sacerdote; y por último eran echadas a suerte, una llevaba escrito “Para el Señor” y la otra “Para Azazel”. La que llevaba escrito para el Señor era ofrecida como sacrificio. Respecto a la otra, el Sumo Sacerdote confesaba los pecados de Israel y era llevada a las montañas del desierto, lejos de Jerusalén donde se le despeñaba para que muriese.

La tradición nos dice que durante el periodo del segundo Templo, estas dos cabras se debían comprar al mismo tiempo y por el mismo precio: debían ser casi idénticas en apariencia y valor. Después de que se hubiesen sorteado para determinar qué rol tendría cada una, un hilo rojo era atado al cuero de la cabra que debía ser llevada al desierto. Entonces, la mitad del hilo era quitado antes de que el animal fuese liberado. ¿Por qué?

La cabra era conducida lejos, por un hombre designado a un lugar específico llamado “desierto” (este lugar estaba a una distancia de cinco días de viaje del Sabbat). Se tomaban las diversas precauciones para asegurarse de que la cabra no regresara nunca. A intervalos iguales, a lo largo del camino, desde el Monte de los Olivos, hasta el lugar indicado, se montaban diez estaciones (paradas). Después de que el hombre y la cabra llegaban a la décima estación, el hombre empujaba la cabra desde el acantilado, de manera que al caer, muriese[1].

Mientras tanto, el Sumo Sacerdote esperaba en el Templo a que la señal del sacrificio fuese completada. La Mishná nos dice que una vez que la cabra había muerto, el hilo rojo que había sido atado a la puerta del santuario se volvería blanco, simbolizando la promesa de Isaías:

“Aunque vuestros pecados fuesen como la grana,
Serán blancos como la nieve;
Aunque sean rojos como el carmesí,
Serán como la lana”.[2]

Las ofrendas por el pecado y la culpa, eran comunes en el antiguo Israel, pero esta ceremonia era absolutamente única. ¿Cuál es el significado de esto? Según escribió Charles Feinberg “no existen verdades más significativas que posiblemente podrían ocupar la mente del creyente, que aquellas descritas en este capítulo de Levítico”.[3] Y eso es lo que sucedió cuando yo escribí mi último libro, para poder abrir el antiguo misterio de Abraham y sus dos hijos, Dios me guió a la llave escritural de este capítulo de Levítico 16. En mi último post, compartí con ustedes mis reflexiones sobre la lectura en la Torá de Rosh-Ha-Shaná. Esta semana ha sido Yom Kippur –y aquí están algunos de los pensamientos de la lectura de la Torá para Yom Kippur–.

“Tan poderosa ha sido para mí la lectura de Rosh Hashaná, que quedé absolutamente asombrada cuando llegó Yom Kippur, con su lectura en Levítico 16 sobre las dos cabras. Por supuesto que no era la primera vez que lo escuchaba, ya conocía este pasaje desde hace años. La lectura matutina de Yom Kippur (Levítico 16:1-34) comenta el servicio especial del Santo Templo en este sagrado día del año y la culminación de este servicio: el sacrificio de la cabra como ofrenda por los pecados, la confesión del Sumo Sacerdote en beneficio de Israel, su entrada en el Santo de los Santos y el envío de la cabra Azazel. Durante muchos años, he conocido esto como la lectura de Yom Kippur, aún y así, que diferente me suena este año por completo.

Leamos estos versículos juntos:

Tomará por parte de la congregación de los hijos de Israel, dos cabras como sacrificio por el pecado, y un becerro como holocausto. Aarón ofrecerá el becerro como sacrificio por su propio pecado para obtener el perdón para sí mismo y para su familia. Tomará las dos cabras y las presentará delante del Señor a la puerta de la tienda del encuentro. Entonces Aarón las echará en suerte: una suerte será por el Señor y la otra por la cabra expiatoria. Y Aarón llevará la cabra sobre la que cayó la suerte por el Señor, y la ofrecerá como sacrificio por el pecado. Pero la cabra sobre la que cayó la suerte expiatoria, se presentará viva delante del Señor para obtener el perdón y después la enviarán al desierto.

Como suele suceder, el Señor me lo mostró una vez y me pareció obvio. Una vez hecho, no se podía deshacer. De repente, el solitario Episodio de Génesis 22 ya nunca más estaba tan solo. El Episodio de Génesis 21 creció a su vez, casi tan alto y aterrador como el de Génesis 22. Hay dos cabras para sacrificar en Levítico 16, no una. Hay dos historias del sacrificio en la vida de Abraham, no una. Hay dos sacrificios en el libro de Génesis, no uno, y los dos reflejan el plan de Dios.

Hace mucho tiempo, antes de Yom Kippur, el Señor me mostró el increíble parecido entre Levítico 16 y Génesis 21 y 22. Me sorprendí cuando vi perfectamente el doble sacrificio de Abraham y cómo estaba reflejado en las dos cabras. Aún y así, era completamente alucinante darse cuenta de que precisamente esta porción de la Escritura es leída en el día más santo y sagrado del año judío. Estas dos cabras, que nunca antes me habían tocado el corazón, de repente vinieron a estar aterradoramente vivas: hechas de carne y sangre, calientes y respirando, temblando con dolor y temor. De repente no fui capaz de desligarme emocionalmente o de no involucrarme en este proceso.

Tal como escuchaba esta Escritura en Yom Kippur, iba sintiéndome mareada, como si estas dos cabras se estuviesen fusionando con dos sacrificios humanos –también terriblemente vivos, también de carne y sangre, temblando también de dolor y miedo–. Fui sacudida tal como si todo ello viniese a ser indistinguible y me sentí como si, junto a las personas que me rodeaban, estuviese conteniendo el aliento y esperando que el Sumo Sacerdote hiciese el sorteo. Esperando saber cuál sería el sacrificado en el altar y cual sería enviado vivo al desierto.

Y Aarón llevará la cabra sobre la que cayó la suerte por el Señor, y la ofrecerá como sacrificio por el pecado. Pero la cabra sobre la que cayó la suerte expiatoria, se presentará viva delante del Señor para obtener el perdón y después la enviarán al desierto.[4]

La palabra “scapegoat” (cabra expiatoria en castellano) fue ideada por William Tyndale, viene de (e)scape + cabra como representación de la palabra hebrea עזאזל –“Azazel”– en Levítico 16:8, 10, 26. Azazel deriva de עז (ez, “cabra”) y אוזל (ozél, “escape”). En inglés moderno, la palabra scapegoat evoca su propia definición errónea, pero deberíamos leer esta palabra apropiadamente: La scapegoat es la cabra que escapa.

Levítico 16 y Génisis 21-22 están entremezclados. Estas Escrituras están interconectadas, entrelazadas y son reflejo y repetición la una de la otra. Una cabra expiatoria era enviada viva al desierto mientras que la otra era sacrificada, y en este sentido, Ismael debería estar contento de no ser el escogido para morir. Si Génesis 22 hubiera estado antes que Génesis 21, la historia de la humanidad hubiese sido muy diferente: en lugar de envidia y de celos, Ismael hubiese tenido compasión hacia su hermano y gratitud hacia su propio destino. La terrible hostilidad y tensión que ha marcado una gran parte de la relación Isaac-Ismael no hubiera tenido lugar desde un principio. Sin embargo, este no es el caso, y deberíamos preguntarnos: ¿Por qué?[5]

[1] Yoma 6:6

[2] Isaías 1:18

[3] Charles L. Feinberg, The Scapegoat of Leviticus Sixteen, p.320

[4] Levítico 16:7-10

[5] Si quieres saber algo más sobre este misterio, puedes descargar una copia gratuita de mi libro “Abraham had two sons” dando un clic en https://juliablumbooks.sendlane.com/view/julia-blum

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