Wednesday, April 11, 2018

CAPÍTULO V UNIVERSAL VOCACIÓN A LA SANTIDAD EN LA IGLESIA - Lumen Gentium - P. Paulo VI









CAPÍTULO V
UNIVERSAL VOCACIÓN A LA SANTIDAD
EN LA IGLESIA
39. La Iglesia, cuyo misterio está exponiendo el sagrado Concilio, creemos que es indefectiblemente santa. Pues Cristo, el Hijo de Dios, quien con el Padre y el Espíritu Santo es proclamado «el único Santo» [121], amó a la Iglesia como a su esposa, entregándose a Sí mismo por ella para santificarla (cf. Ef 5,25-26), la unió a Sí como su propio cuerpo y la enriqueció con el don del Espíritu Santo para gloria de Dios. Por ello, en la Iglesia, todos, lo mismo quienes pertenecen a la Jerarquía que los apacentados por ella, están llamados a la santidad, según aquello del Apóstol: «Porgue ésta es la voluntad de Dios, vuestra santificación» (1 Ts 4, 3; cf. Ef 1, 4). Esta santidad de la Iglesia se manifiesta y sin cesar debe manifestarse en los frutos de gracia que el Espíritu produce en los fieles. Se expresa multiformemente en cada uno de los que, con edificación de los demás, se acercan a la perfección de la caridad en su propio género de vida; de manera singular aparece en la práctica de los comúnmente llamados consejos evangélicos. Esta práctica de los consejos, que, por impulso del Espíritu Santo, muchos cristianos han abrazado tanto en privado como en una condición o estado aceptado por la Iglesia, proporciona al mundo y debe proporcionarle un espléndido testimonio y ejemplo de esa santidad.
40. El divino Maestro y Modelo de toda perfección, el Señor Jesús, predicó a todos y cada uno de sus discípulos, cualquiera que fuese su condición, la santidad de vida, de la que El es iniciador y consumador: «Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto» (Mt 5, 48) [122]. Envió a todos el Espíritu Santo para que los mueva interiormente a amar a Dios con todo el corazón, con toda el alma, con toda la mente y con todas las fuerzas (cf. Mt 12,30) y a amarse mutuamente como Cristo les amó (cf. Jn 13,34; 15,12). Los seguidores de Cristo, llamados por Dios no en razón de sus obras, sino en virtud del designio y gracia divinos y justificados en el Señor Jesús, han sido hechos por el bautismo, sacramento de la fe, verdaderos hijos de Dios y partícipes de la divina naturaleza, y, por lo mismo, realmente santos. En consecuencia, es necesario que con la ayuda de Dios conserven y perfeccionen en su vida la santificación que recibieron. El Apóstol les amonesta a vivir «como conviene a los santos» (Ef 5, 3) y que como «elegidos de Dios, santos y amados, se revistan de entrañas de misericordia, benignidad, humildad, modestia, paciencia» (Col 3, 12) y produzcan los frutos del Espíritu para la santificación (cf. Ga 5, 22; Rm 6, 22). Pero como todos caemos en muchas faltas (cf. St 3,2), continuamente necesitamos la misericordia de Dios y todos los días debemos orar: «Perdónanos nuestras deudas» (Mt 6, 12) [123].
Es, pues, completamente claro que todos los fieles, de cualquier estado o condición, están llamados a la plenitud de la vida cristiana y a la perfección de la caridad [124], y esta santidad suscita un nivel de vida más humano incluso en la sociedad terrena. En el logro de esta perfección empeñen los fieles las fuerzas recibidas según la medida de la donación de Cristo, a fin de que, siguiendo sus huellas y hechos conformes a su imagen, obedeciendo en todo a la voluntad del Padre, se entreguen con toda su alma a la gloria de Dios y al servicio del prójimo. Así, la santidad del Pueblo de Dios producirá abundantes frutos, como brillantemente lo demuestra la historia de la Iglesia con la vida de tantos santos.
41. Una misma es la santidad que cultivan, en los múltiples géneros de vida y ocupaciones, todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, y obedientes a la voz del Padre, adorándole en espíritu y verdad, siguen a Cristo pobre, humilde y cargado con la cruz, a fin de merecer ser hechos partícipes de su gloria. Pero cada uno debe caminar sin vacilación por el camino de la fe viva, que engendra la esperanza y obra por la caridad, según los dones y funciones que le son propios.
En primer lugar es necesario que los Pastores de la grey de Cristo, a imagen del sumo y eterno Sacerdote, Pastor y Obispo de nuestras almas, desempeñen su ministerio santamente y con entusiasmo, humildemente y con fortaleza. Así cumplido, ese ministerio será también para ellos un magnífico medio de santificación. Los elegidos para la plenitud del sacerdocio son dotados de la gracia sacramental, con la que, orando, ofreciendo el sacrificio y predicando, por medio de todo tipo de preocupación episcopal y de servicio, puedan cumplir perfectamente el cargo de la caridad pastoral [125]. No teman entregar su vida por las ovejas, y, hechos modelo para la grey (cf.1 P 5,3), estimulen a la Iglesia, con su ejemplo, a una santidad cada día mayor.
Los presbíteros, a semejanza del orden de los Obispos, cuya corona espiritual forman [126] al participar de su gracia ministerial por Cristo, eterno y único Mediador, crezcan en el amor de Dios y del prójimo por el diario desempeño de su oficio. Conserven el vínculo de la comunión sacerdotal, abunden en todo bien espiritual y sean para todos un vivo testimonio de Dios [127], émulos de aquellos sacerdotes que en el decurso de los siglos, con frecuencia en un servicio humilde y oculto, dejaron un preclaro ejemplo de santidad, cuya alabanza se difunde en la Iglesia de Dios. Mientras oran y ofrecen el sacrificio, como es su deber, por los propios fieles y por todo el Pueblo de Dios, sean conscientes de lo que hacen e imiten lo que traen entre manos [128]; las preocupaciones apostólicas, los peligros y contratiempos, no sólo no les sean un obstáculo, antes bien asciendan por ellos a una más alta santidad, alimentando y fomentando su acción en la abundancia de la contemplación para consuelo de toda la Iglesia de Dios. Todos los presbíteros y en especial aquellos que por el peculiar título de su ordenación son llamados sacerdotes diocesanos, tengan presente cuánto favorece a su santificación la fiel unión y generosa cooperación con su propio Obispo.
También son partícipes de la misión y gracia del supremo Sacerdote, de un modo particular, los ministros de orden inferior. Ante todo, los diáconos, quienes, sirviendo a los misterios de Cristo y de la Iglesia [129] deben conservarse inmunes de todo vicio, agradar a Dios y hacer acopio de todo bien ante los hombres (cf. 1 Tm 3,8-10 y 12-13). Los. clérigos, que, llamados por el Señor y destinados a su servicio, se preparan, bajo la vigilancia de los Pastores, para los deberes del ministerio, están obligados a ir adaptando su mentalidad y sus corazones a tan excelsa elección: asiduos en la oración, fervorosos en el amor, preocupados de continuo por todo lo que es verdadero, justo y decoroso, realizando todo para gloria y honor de Dios. A los cuales se añaden aquellos laicos elegidos por Dios que son llamados por el Obispo para que se entreguen por completo a las tareas apostólicas, y trabajan en el campo del Señor con fruto abundante [130].
Los esposos y padres cristianos, siguiendo su propio camino, mediante la fidelidad en el amor, deben sostenerse mutuamente en la gracia a lo largo de toda la vida e inculcar la doctrina cristiana y las virtudes evangélicas a los hijos amorosamente recibidos de Dios. De esta manera ofrecen a todos el ejemplo de un incansable y generoso amor, contribuyen al establecimiento de la fraternidad en la caridad y se constituyen en testigos y colaboradores de la fecundidad de la madre Iglesia, como símbolo y participación de aquel amor con que Cristo amó a su Esposa y se entregó a Sí mismo por ella [131]. Ejemplo parecido lo proporcionan, de otro modo, quienes viven en estado de viudez o de celibato, los cuales también pueden contribuir no poco a la santidad y a la actividad de la Iglesia. Aquellos que están dedicados a trabajos muchas veces fatigosos deben encontrar en esas ocupaciones humanas su propio perfeccionamiento, el medio de ayudar a sus conciudadanos y de contribuir a elevar el nivel de la sociedad entera y de la creación. Pero también es necesario que imiten en su activa caridad a Cristo, cuyas manos se ejercitaron en los trabajos manuales y que continúan trabajando en unión con el Padre para la salvación de todos. Gozosos en la esperanza, ayudándose unos a otros a llevar sus cargas, asciendan mediante su mismo trabajo diario, a una más alta santidad, incluso con proyección apostólica.
Sepan también que están especialmente unidos a Cristo, paciente por la salvación del mundo, aquellos que se encuentran oprimidos por la pobreza, la enfermedad, los achaques y otros muchos sufrimientos, o los que padecen persecución por la justicia. A ellos el Señor, en el Evangelio, les proclamó bienaventurados, y «el Dios de toda gracia, que nos llamó a su eterna gloria en Cristo Jesús, después de un breve padecer, los perfeccionará y afirmará, los fortalecerá y consolidará» (1 P 5, 10).
Por tanto, todos los fieles cristianos, en las condiciones, ocupaciones o circunstancias de su vida, y a través de todo eso, se santificarán más cada día si lo aceptan todo con fe de la mano del Padre celestial y colaboran con la voluntad divina, haciendo manifiesta a todos, incluso en su dedicación a las tareas temporales, la caridad con que Dios amó al mundo.
42. «Dios es caridad, y el que permanece en la caridad permanece en Dios y Dios en él» (1 Jn 4, 16). Y Dios difundió su caridad en nuestros corazones por el Espíritu Santo, que se nos ha dado (cf. Rm 5, 5). Por consiguiente, el primero y más imprescindible don es la caridad, con la que amamos a Dios sobre todas las cosas y al prójimo por El. Pero, a fin de que la caridad crezca en el alma como una buena semilla y fructifique, todo fiel debe escuchar de buena gana la palabra de Dios y poner por obra su voluntad con la ayuda de la gracia. Participar frecuentemente en los sacramentos, sobre todo en la Eucaristía, y en las funciones sagradas. Aplicarse asiduamente a la oración, a la abnegación de sí mismo, al solícito servicio de los hermanos y al ejercicio de todas las virtudes. Pues la caridad, como vínculo de perfección y plenitud de la ley (cf. Col 3, 14; Rm 3, 10), rige todos los medios de santificación, los informa y los conduce a su fin [132]. De ahí que la caridad para con Dios y para con el prójimo sea el signo distintivo del verdadero discípulo de Cristo.
Dado que Jesús, el Hijo de Dios, manifestó su amor entregando su vida por nosotros, nadie tiene mayor amor que el que entrega su vida por El y por sus hermanos (cf. 1 Jn 3,16; Jn 15,13). Pues bien: algunos cristianos, ya desde los primeros tiempos, fueron llamados, y seguirán siéndolo siempre, a dar este supremo testimonio de amor ante todos, especialmente ante los perseguidores. Por tanto, el martirio, en el que el discípulo se asemeja al Maestro, que aceptó libremente la muerte por la salvación del mundo, y se conforma a El en la efusión de su sangre, es estimado por la Iglesia como un don eximio y la suprema prueba de amor, Y, si es don concedido a pocos, sin embargo, todos deben estar prestos a confesar a Cristo delante de los hombres y a seguirle, por el camino de la cruz, en medio de las persecuciones que nunca faltan a la Iglesia.
La santidad de la Iglesia también se fomenta de una manera especial con los múltiples consejos que el Señor propone en el Evangelio para que los observen sus discípulos [133]. Entre ellos destaca el precioso don de la divina gracia, concedido a algunos por el Padre (cf. Mt 19, 11; 1 Co 7, 7) para que se consagren a solo Dios con un corazón que en la virginidad o en el celibato se mantiene más fácilmente indiviso (cf. 1 Co 7, 32-34) [134]. Esta perfecta continencia por el reino de los cielos siempre ha sido tenida en la más alta estima por la Iglesia, como señal y estímulo de la caridad y como un manantial extraordinario de espiritual fecundidad en el mundo.
La Iglesia medita la advertencia del Apóstol, quien, estimulando a los fieles a la caridad, les exhorta a que tengan en sí los mismos sentimientos que tuvo Cristo, el cual «se anonadó a sí mismo tomando la forma de esclavo..., hecho obediente hasta la muerte» (Flp 2, 7-8), y por nosotros «se hizo pobre, siendo rico» (2 Co 8, 9). Y como es necesario que los discípulos den siempre testimonio de esta caridad y humildad de Cristo imitándola, la madre Iglesia goza de que en su seno se hallen muchos varones v mujeres que siguen más de cerca el anonadamiento del Salvador y dan un testimonio más evidente de él al abrazar la pobreza en la libertad de los hijos de Dios y al renunciar a su propia voluntad. A saber: aquellos que, en materia de perfección, se someten a un hombre por Dios más allá de lo mandado, a fin de hacerse más plenamente conformes a Cristo obediente [135].
Quedan, pues, invitados y aun obligados todos los fieles cristianos a buscar insistentemente la santidad y la perfección dentro del propio estado. Estén todos atentos a encauzar rectamente sus afectos, no sea que el uso de las cosas del mundo y un apego a las riquezas contrario al espíritu de pobreza evangélica les impida la prosecución de la caridad perfecta. Acordándose de la advertencia del Apóstol: Los que usan de este mundo no se detengan en eso, porque los atractivos de este mundo pasan (cf. 1 Co 7, 31 gr.) [136].


Wednesday, April 4, 2018

¡A regocijarse! - Jonathan Lipnick


La Porciúncula”
Guatemala – 4/4/2018



Queridos hermanos,
He recibido esta preciosa invitación de parte de: Jonathan Lipnick
Decano de la facultad de los Estudios de la Tierra Santa,
IsraelBiblicalStudies.com - Con sumo agrado la comparto con ustedes.






Noel, Shalom desde Jerusalén,

Tiene sentido que la palabra "alegría" aparezca con mucha frecuencia en la Biblia. Después de todo, está llena de historias en las que Dios demuestra la manera de llevar una vida recta y feliz. En el hebreo original de la Biblia, la palabra para "felicidad" es
simcha, pero este es solo uno de los diez términos hebreos diferentes que significan varios tipos de alegría. ¡En realidad, hay una palabra muy especial reservada únicamente para la felicidad máxima!
 








A



Atentamente,










Jonathan Lipnick
Decano de la facultad de los Estudios de la Tierra Santa,
IsraelBiblicalStudies.com







Diez maneras de ser bíblicamente feliz

    La Biblia hebrea contiene una sorprendente cantidad de palabras que significan felicidad. Lo que a menudo se traduce simplemente como "alegría" en español, puede ser una de las diez palabras hebreas que denotan una forma diferente de emoción positiva. Entre estos términos, uno de los más poderosos es la palabra sasson ששון, que significa "exultación". Viene de la raíz SIS שיש, que está claramente relacionada con la felicidad: ¡solo trate de decir esta palabra sin sonreír!
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      El significado de la felicidad

    El profeta Isaías usó la palabra sos שׂוֹשׂ en su famosa profecía de la liberación de Sión: "En gran manera me regocijaré en el SEÑOR, mi alma se alegrará en mi Dios" (Isaías 61:10). Las palabras "regocijarse en gran manera" en hebreo original son sos asis שׂוֹשׂ אָשִׂישׂ, por lo que esto no es solo un sentimiento de felicidad: Isaías usa específicamente la raíz especial SIS para connotar un sentimiento de celebración triunfante después de una catástrofe. 
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      La alegría de los estudios hebreos

    Isaías reservó este término especial para la felicidad máxima que vendrá con la liberación por parte de Dios, pero al leer una traducción de la Biblia, nunca sabrá que el lenguaje de Isaías es único. La simpleza de las palabras "regocijarse en gran manera" en español ocultan la verdad, por lo que es necesario volver a la fuente vital de las Escrituras: el idioma hebreo. Inscríbase hoy en nuestro curso en línea y en vivo, aprenda a leer la Biblia auténtica y descubra el verdadero significado de la felicidad. 




Con mucho cariño,
Noel y Silvia
La Porciúncula”
CSP – Calzada Atanasio Tzul
Zona 12 - Guatemala













Monday, April 2, 2018

¿Existe el Cielo?

Queridos hermanos,
Esto lo recibimos de una hermana que está terminando el Camino este año! Se lo agradecemos, y Lo comparto con todos ustedes... 
Con mucho cariño,
Noel y Silvia ("La Poriúncula") Guatemala.

"En el vientre de una mamá había dos bebés. Uno preguntó al otro:
-¿Tú crees en la vida después del parto? El otro respondió:
-Claro que sí. Tiene que haber algo después del parto. Tal vez estamos aquí para prepararnos para lo que vendrá más tarde.
-Tonterías -dice el primero-. No hay vida después del parto. ¿Qué clase de vida sería esa?
El segundo dice:
-No lo sé, pero habrá más luz que la hay aquí. Tal vez podremos caminar con nuestras propias piernas y comer con nuestras bocas. Tal vez tendremos otros sentidos, que no podemos entender ahora.
El primero contestó:
-Eso es un absurdo. Caminar es imposible. ¿Y comer con la boca? ¡Ridículo! El cordón umbilical nos nutre y nos da todo lo demás que necesitamos. El cordón umbilical es demasiado corto. La vida después del parto es imposible.
El segundo insistió:
-Bueno, yo pienso que hay algo y tal vez sea diferente de lo que hay aquí. Tal vez ya no necesitemos de este tubo físico. 
El primero contestó:
-Tonterías, además, de haber realmente vida después del parto, entonces ¿por qué nadie jamás regresó de allá? El parto es el fin de la vida y en el pos parto no hay nada más allá de lo oscuro, silencio y olvido. Él no nos llevará a ningún lugar.
-Bueno, yo no lo sé, -dice el segundo- pero con seguridad vamos a encontrarnos con Mamá y ella nos cuidará.
El primero respondió:
-¿Mamá? ¿Tú realmente crees en Mamá? Eso es ridículo. Si Mamá existe, entonces, ¿dónde está ella ahora?
El segundo dice:
-Ella está alrededor nuestro. Estamos cercados por ella. De ella, nosotros somos. Es en ella que vivimos. Sin Ella, este mundo no sería y no podría existir.
Dice el primero:
-Bueno, yo no puedo verla, entonces, es lógico que ella no existe.
El segundo le responde a eso:
-A veces, cuando tú estás en silencio, si te concentras y realmente escuchas, tú podrás percibir su presencia y escuchar su voz amorosa allá arriba." 

Así es como un escritor húngaro explicó la existencia de Dios.



🙏 Bendiciones y un gran abrazo 🙅‍♂ de paz ✌ y bien 😇 en el amor del Señor.

Ya pasó la Semana Mayor 2018

Queridos hermanos,
Ya pasó la Semana Mayor... no comparto mucho de esos dias porque algo de este post va para detras de la muralla... O sea, el material es sobrio de temas que no son aceptables universalmente.
Pero quiero concluir con los email que le he mandado a mis lectores del grado primero... mi última lista que incluye a mis "socios"; en especial a los mas recientes... lectores del blog...

Para hacer justicia a los productores, traductores, editores, etc., viene este post:


Queridos hermanos,

Termino con el Fin de estas meditaciones para la Cuaresma... - de este año, y el próximo:





 Fin de estas meditaciones para la Cuaresma
El domingo siguiente, si no me equivoco, vi a los judíos lavar y purificar el templo. Ofrecieron sacrificios expiatorios, sacaron los escombros, y tapando las señales del terremoto con tablas y alfombras, continuaron las ceremonias de la Pascua, que no se habían podido acabar el mismo día. Declararon que la fiesta se había interrumpido por la asistencia de los impuros al sacrificio, y aplicaron, no sé cómo, a lo que había pasado, una visión de Ezequiel sobre la resurrección de los muertos. Además, amenazaron con penas graves a los que hablaran o murmuraran; sin embargo, no calmaron sino a aquella parte del pueblo más ignorante y más inmoral: los mejores se convirtieron primero con sigilo, y después de Pentecostés abiertamente. Los príncipes de los sacerdotes perdieron una gran parte de su osadía al ver la rápida propagación de la doctrina de Jesús. En el tiempo del diaconado de San Esteban, Ofel y la parte oriental de Sión no podían contener a la comunidad cristiana, y tuvo que ocupar el espacio que se extiende desde la ciudad hasta Betania. Vi a Anás como poseído del demonio; lo encerraron, y no volvió a aparecer. Caifás estaba como loco furioso: ¡tal era la violencia de la ira secreta que lo devoraba! El jueves, después de Pascua, Ana Catalina dijo: Hoy he visto a Pilatos hacer buscar inútilmente a su mujer. Estaba escondida en casa de Lázaro, en Jerusalén. No podían adivinarlo, pues ninguna mujer habitaba en aquella casa. Esteban, que no era conocido por discípulo, le llevaba la comida y las noticias de fuera. Esteban era primo de Pablo: ambos, hijos de dos hermanos. (Anotación de Brentano: Aquí se acaba la relación de estas visiones, que duró desde el 18 de febrero hasta el 6 de abril de 1823). Nota del Traductor: ¡Gracias por descargar o comprar mi libro y por el tiempo que le dedicaste! Si lo has disfrutado, por favor deja tu opinión en Amazon. Estaré muy agradecido. Tengo otros libros igualmente interesantes en:



Ref:
Emmerick, Anna Catalina. La pasión y muerte de nuestro señor Jesucristo (Spanish Edition) (pp. 112-114). UNKNOWN. Kindle Edition.



Con mucho cariño,
Noel y Silvia
Desde “La Porciúncula”
CSP
Calzada Atanasio Tzul
Zona 12, Guatemala






Wednesday, March 28, 2018

Cristianos falsos... alma muerta y el corazon podrido... Papa Francisco en ACI Prensa 28/3/2018


28 de marzo de 2018 4:25 am | ÚLTIMA ACTUALIZACIÓN HOY 4:31 am

Hay cristianos falsos que tienen el alma muerta y el corazón podrido, advierte el Papa

POR ÁLVARO DE JUANA | ACI Prensa



El Papa en el papamóvil al comienzo de la Audiencia. Foto: Vatican Media
El Papa en el papamóvil al comienzo de la Audiencia. Foto: Vatican Media

Un mafioso no puede ser cristiano. Lo ha vuelto a decir el Papa Francisco durante su catequesis en la Audiencia General de este miércoles.
Francisco habló de la Semana Santa, y más en concreto, del Triduo pascual. “Pensemos, para no irnos muy lejos de casa, en los considerados cristianos mafiosos: estos de cristiano no tienen nada”, afirmó con contundencia.
Se dicen cristianos, pero llevan la muerte en el alma y a los otros. Oremos por ellos”, añadió.

El Pontífice reconoció que “existen falsos cristianos, esos que dicen: ‘Jesús ha resucitado, yo he sido justificado por Jesús y estoy en la vida nueva’, pero después viven una vida corrupta”.
“Y estos cristianos falsos terminarán mal. El cristiano es un pecador, todos lo sabemos, yo lo soy, pero tenemos la seguridad del perdón. El corrupto hace como que es una persona honrada, pero en el fondo tiene su corazón podrido”. Y esto es una realidad “triste y dolorosa”.
Francisco destacó que la Pascua “no termina con la paloma (un dulce típico italiano que se come en este tiempo), con los huevos (de chocolate también tradicionales)”. “Es hermoso, en familia”, pero con la Pascua “comienza el anuncio a la misión. El anuncio es el centro, es el kerygma, una palabra difícil pero que dice todo”.
También recordó que en muchos países es tradición saludarse estos días diciendo “Cristo ha resucitado”. “El único que justifica, que nos hace renacer de nuevo, es Jesucristo, ningún otro, y para esto no se debe pagar nada porque la justificación, el hacerse justos, es gratuito”.
Francisco anunció además que en la noche de Pascua bautizará "en San Pedro a ocho personas adultas que comenzarán la vida cristiana”.

Monday, March 26, 2018

Compartir en el Séder de Pésaj - Rav Iosef B. Soloveitchik


10 ideas para compartir en el Séder de Pésaj

10 ideas para compartir en el Séder de Pésaj

Ideas inspiradoras de Rav Abraham Itzjak Kook y Rav Iosef B. Soloveitchik.

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1. Debemos considerar los 15 pasos del Séder como 15 escalones de una escalera cuyo objetivo es elevarnos espiritualmente. En una ocasión le preguntaron a Rav Abraham Itzjak Kook: "¿Quién está en un mejor nivel espiritual, el que está en un escalón bajo de la escalera espiritual o el que está en un escalón alto?" Él respondió: "Depende en qué dirección se esté moviendo la persona. Si la del escalón inferior está ascendiendo y creciendo día a día, está viva y comprometida a nivel espiritual. Por otro lado, si una persona está en un escalón alto pero va en descenso, perdió su entusiasmo espiritual y puede seguir hundiéndose".
2. Le preguntaron al Rebe de Viznitz por qué al quemar el jametz también se acostumbra a quemar la vela utilizada en la búsqueda del jametz. No hay ninguna razón para sospechar que haya jametz adherido a ella. Él respondió: "Esa vela se usó con un solo objetivo: buscar el jametz. Una vela cuya única razón de ser es buscar lo negativo debe ser quemada".
3. ¿Por qué a la noche de Pésaj se la llama la noche del Séder? Esto alude a que todo lo que nos pasa no es coincidencia ni casualidad. En realidad, lo que experimentamos en la vida tiene un séder, un orden, incluso cuando no nos resulta obvio. Dios supervisa nuestras vidas. Esta verdad la descubrimos en la noche del séder (Maharal de Praga).
4. El grandioso maestro jasídico Rav Levi Itzjak de Berditchev preguntó por qué la Torá llama a esta festividad la "Fiesta de las matzot", Jag hamatzot, pero nosotros la llamamos Pésaj. ¿Cuál es la razón de esta discrepancia?
Rav Levi Itzjak explicó que esos términos representan el amor que Dios siente por el pueblo judío y el amor que el pueblo judío siente por Dios, donde cada uno reconoce plenamente al otro por su acto de amor y fe.
Pésaj muestra la fe que Dios tiene en nosotros al saltear los hogares del pueblo judío en Egipto y elegirnos para ser Su pueblo. En reconocimiento a esto llamamos a la festividad Pésaj, para mostrarle a Dios nuestra gratitud por Su gentileza y bondad. Al seguir a Dios hacia el desierto, el pueblo judío demostró una fe inquebrantable en su Creador. La Torá le llama a la festividad Jag hamatzot, la festividad de las matzot, sugiriendo que Dios “aplaude” al pueblo judío y reconoce su grandeza y su fe en Él al ir al desierto. Dios prefiere llamar a la festividad por el nombre que acredita al pueblo judío por su fe y lealtad.
De esta forma, los dos nombres de la festividad reflejan la fe eterna de Dios en Israel y la de Israel en Dios. Sin esto, no nos hubiese sido posible sobrevivir hasta la actualidad.
5. El Séder comienza con una invitación para que los necesitados se unan a nuestra mesa. Este es un acto de bondad y tzedaká. Rav Abraham Itzjak Kook enseñó que comenzamos el Séder de esta forma porque en el momento en que fuimos liberados de la esclavitud pudo emerger nuestra verdadera esencia. En el instante en que revivimos la historia de nuestra liberación, realizamos el acto que más nos caracteriza como pueblo: alimentar a los hambrientos.
6. Con las antiguas palabras arameas del texto de la Hagadá convocamos a unirse a nuestro Séder a kol dijfin, a todos los hambrientos. A continuación convocamos a kol detzarij, a todos los necesitados. Esta segunda invitación no se refiere sólo a quienes necesitan comida, a ellos ya los invitamos con la primera frase. En cambio, aquí invitamos a quienes están solos, a quienes necesitan compañía y amistad. Los judíos, que fuimos esclavos en Egipto y sufrimos en manos de incontables opresores, lamentablemente conocemos bien la sensación de estar desamparados y abandonados. En la noche del Séder abrimos nuestra puerta con calidez y amor para recibir a todos los necesitados (Rav Iosef B. Soloveitchik).
7. ¿Por qué al comenzar el Séder partimos la matzá? Rav Iosef Soloveitchik sugirió que rompemos la matzá para emular la conducta de nuestros ancestros en Egipto. Quienes tenían más alimento, partían su pan y lo compartían con quienes tenían menos. Iájatz, el acto de partir la matzá al medio, simboliza el jésed, la bondad. Incluso bajo las condiciones más difíciles, los judíos fueron misericordiosos y compartieron sus magras raciones con sus hermanos y hermanas.
8. "En toda generación debemos vernos a nosotros mismos como si hubiéramos salido de Egipto". En general se entiende que esto significa que en la noche del Séder debemos imaginarnos que salimos de Egipto. Rav Kook entendió esta frase de otra forma y le dio un significado más contemporáneo: "En toda generación, cada persona debe ver cuál es su rol en la redención de Israel y de la humanidad". Egipto fue sólo el comienzo del proceso, la redención continúa en cada generación. Cada uno es responsable de cumplir un rol único y de contribuir para que llegue ese gran día.
9. La Torá dice que la plaga de oscuridad fue tan severa que "una persona era incapaz de ver a quien estaba a su lado". El Jidushei Harim dice que la peor plaga es cuando no logramos ver a nuestros hermanos que están abandonados o sufriendo dolor; cuando no logramos acercarnos a ellos.
10. Daieinu, la amada canción del Séder, culmina con las líneas: Si nos hubiera traído al Monte Sinaí y no nos hubiese dado la Torá, habría sido suficiente. ¿Qué sentido tiene ir al Monte Sinaí y no recibir la Torá?
Rav Levi Itzjak de Berdichev dice que la respuesta yace en lo que ocurrió en los preciosos momentos previos a la entrega de la Torá. Todas las personas presentes se abrieron tan sincera y profundamente a Dios y a la Torá que pudieron descubrir que la Torá, la voluntad de Dios, ya estaba implantada en sus mentes y en sus corazones. La Torá está en cada uno de nosotros. El problema, dice Rav Levi Itzjak, es que a menudo nos preocupan tanto las superficialidades de la vida que nos impiden mirar hacia el interior y descubrir lo que es realmente significativo y correcto.
por Rav Aharón Goldscheider







Friday, March 23, 2018

Aprovechando la magia de Pésaj - por Rav Tzvi Nightingale

Aprovechando la magia de Pésaj


Cómo hacer milagros en tu vida


por
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Shar

e
Uno de los temas principales en la historia de Pésaj son los milagros que fueron una parte integral de la redención de los israelitas en Egipto. Las Diez Plagas, la partición del mar, las referencias al maná. En Pésaj relatamos milagro tras milagro.
En estos días no vemos tantos de estos eventos supernaturales, aunque podríamos argumentar que la existencia del pueblo judío y su retorno a la Tierra de Israel es un gran milagro por sí mismo. De todas maneras, el tema es que Pésaj trata de milagros y que el nombre del mes en el que cae Pésaj, Nisán, tiene la raíz hebrea que significa milagro, nes.
¿Cómo podemos aprovechar esa energía para lograr algún acto milagroso en nuestras propias vidas? ¿Acaso es posible que logremos hacer algo en este sentido? ¿Los milagros no pertenecen tan sólo al dominio de Dios?
De hecho, podemos hacer algo para traer milagros a nuestras vidas. Quizás no milagros directos, pero sin duda hechos extraordinarios. ¿De qué manera? Muy simple. Una de mis frases favoritas del Talmud es: “El camino por el que uno decide seguir es el camino por el cual Dios lo va a guiar”. De acuerdo con el pensamiento judío, Dios sigue nuestras señales, y sólo a posteriori nos ayuda a ir en la dirección que nosotros ya hemos escogido. Nada es más poderoso que el libre albedrío, y sin importar la dirección que escojamos, Dios nos ayudará a seguir por ese camino, para bien o para mal.
Por lo tanto, si deseas una vida extraordinaria, eso es lo que Dios te dará. Y si no quieres tener una vida mágica, también eso es lo que Él te dará. Todo depende de ti. Por eso, el mayor destructor de los milagros y la magia es… la mezquindad.
Por definición, los milagros están por encima y más allá. Ellos superan lo ordinario, se elevan por encima de lo normal y nos llevan a nuevas alturas que nunca hubiéramos pensado humanamente que son posibles. Pero si una persona está encerrada en lo mundano, en lo pequeño, lo trivial y lo poco importante, entonces no hay lugar para que haya milagros. La magia puede tener lugar justo en frente de tu nariz, pero si tienes los ojos cerrados para verlo, pasará de largo.
Si escoges lo extraordinario y lo mágico, entonces Dios hará toda clase de milagros en tu vida.
Somos culpables de esto todo el tiempo que ignoramos los milagros en nuestras vidas cotidianas. Damos por obvio el maravilloso estado de salud de nuestros cuerpos o la naturaleza, porque estamos demasiado ocupados concentrados en la pequeña pantalla de nuestro celular. No vemos los increíbles talentos latentes en cada persona porque nos distraemos por los pequeños defectos del carácter de los demás, o por la forma en que se ven o cómo se visten.
Una persona puede estar en una boda lujosa y alegre, junto al océano, con las flores más bellas y rodeada de amor, emoción y entusiasmo, pero ignorar todo porque no hay sal en su mesa. “¿Puedes creer esto? ¡No hay sal! ¡No hay sal! ¿Me oyes? ¡NO HAY SAL!”. Todos nos hemos encontrado con personas así, que se perdían por completo la magia. O, todavía peor, todos hemos sido esa persona.
Me siento afortunado de haber crecido con dos hombres que tenían un sentido de lo extraordinario y vivieron sus vidas de esa forma. El fundador de Aish HaTorá, Rav Nóaj Weinberg, era un hombre de visión que siempre veía más lejos y más allá. Él no soportaba nada mezquino o poco importante. Su única preocupación era el bien y el bienestar del pueblo judío y hacer todo lo posible para traer de regreso al judaísmo a aquellos judíos que no conocían la belleza, la sabiduría y la grandeza de nuestro pueblo y de nuestra herencia. A él no le importaba a qué “rama” del judaísmo alguien pertenecía, si usabas un sombrero negro, una kipá tejida o ninguna kipá. Todo lo que le importaba era: “¿Estás haciendo tu parte para que el pueblo judío sea más fuerte, de cualquier forma que te sea posible?”
La otra persona fue mi padre. Crecer en el hogar de un sobreviviente del Holocausto te da una perspectiva respecto a qué es importante y qué no lo es. Al crecer con mi padre, había cosas que no se decían, cosas comunes que la gente suele decir pero que no se pueden pronunciar al estar cerca de alguien que pasó tiempo en un campo de concentración.
Por ejemplo, no podía entrar a la casa y declarar: “¡El tráfico era una pesadilla!”, porque sabía que me dirían: “¿Una pesadilla? Déjame contarte qué es realmente una pesadilla”. O: “Esta comida no tiene gusto”, o “La escuela es difícil”. No había paciencia ni simpatía para las quejas habituales y los lamentos menores. Crecer en la misma casa con alguien que había experimentado el infierno y salido del mismo, ayuda a entender qué son verdaderamente los problemas.
En tu vida pueden ocurrir cosas extraordinarias si tú vives una vida extraordinaria y tienes una perspectiva extraordinaria. Esto no se logra visitando lugares exóticos del mundo, sino al ver lo extraordinario en cada día. Esto ocurre cuando fijas la vista más arriba y miras más allá de lo pequeño, tonto, poco importante y trivial. Esto ocurre cuando focalizas la atención en asuntos de verdad, en el bien y en hacer el mundo un lugar mejor, e ignoras aquello que no significa demasiado a largo plazo.
El camino que escojas seguir es aquél por el cual Dios te guiará. Si eliges lo extraordinario y lo mágico, entonces Dios hará toda clase de milagros en tu vida. En los deportes lo llaman crear tu propio destino. En el judaísmo lo llamamos crear tus propios milagros.