Wednesday, October 19, 2016

Cantar de los Cantares - Resonancias Biblicas - P. Emiliano Jimenez Hernandez


CANTAR DE LOS CANTARES -RESONANCIAS BIBLICAS: Presentación e Índice
Autor: EMILIANO JIMENEZ HERNADEZ

 Feliz el que comprende
y canta los cánticos de la Escritura,
pero mucho más feliz el que canta
y comprende el Cantar de los cantares.
ORIGENES

                Cantar de los Cantares - Cántico sobre el Amor de Dios y la Iglesia y los hombres
       
El Cantar de los cantares es un canto sublime al amor del hombre y la mujer, como reflejo, imagen y signo del amor de Dios a los hombres. Es un cancionero de bodas, que canta la belleza de la esposa y del esposo, y la alegría de su amor. Lo que canta no es ciertamente el amor erótico de un encuentro ocasional, sino el amor permanente, "más fuerte que la muerte", el amor  matrimonial con todos sus encantos y todas las peripecias cotidianas de un amor para siempre y sin vuelta atrás posible. (continúa)

            2. NEGRA, PERO HERMOSA: 1,5-8
a) Geografía e historia del Cantar
b) Negra, pero hermosa
c) Casta meretriz
d) ¡Mi propia viña no he sabido guardar!
e) Tras las huellas


3.MUTUA CELEBRACION DE LOS DOS: 1,9-2,7
a) Palabra celebrativa
b) A mi yegua te comparo
c) Tu cuello entre collares
d) ¡Palomas son tus ojos!
e) Narciso de Sarón
f) Manzano entre los árboles del bosque
g) En la bodega del amado

4. LA VOZ DEL AMADO: 2,8-17
a) Lenguaje simbólico
b) ¡La voz de mi amado!
c) Como un joven cervatillo
d) Levántate, amada mía
e) Paloma mía
f) Las raposas
g) Mi amado es mío y yo soy suya

5. BUSQUEDA DEL AMADO EN LA NOCHE: 3,1-5
a) Del Aleluya al Maranathá
b) La noche oscura
c) Busqué al amor de mi alma
d) Me encontraron los centinelas
e) La alcoba de la que me concibió

6. ¿QUIEN ES ESA QUE SUBE DEL DESIERTO: 3,6-11 71
a) ¿Quién es ésa?
b) La columna de humo
c) La litera de Salomón
d) Los sesenta valientes
e) La tienda de Salomón
            7. ¡QUE HERMOSA ERES, AMADA MIA!: 4,1-5,1
a) Celebración de la belleza de la amada
b) ¡Qué hermosa eres, amada mía, qué hermosa!
c) Tu hablar es melodioso
d) Ven del Líbano
e) Panal que destila son tus labios
f) Jardín cerrado

8. AUSENCIA Y BUSQUEDA DEL AMADO: 5,2-8
a) Mientras dormía, micorazón velaba
b) La voz del amado
c) La mano en la cerradura
d) Le busqué y no le hallé
e) Herida de amor

9. ¡ASÍ ES MI AMADO!: 5,9-6,3 105
a) Eres el más bello de los hombres
b) Su cabeza es oro finísimo
c) Sus ojos como palomas
d) Sus labios destilan mirra
e) Sus manos, aros de oro
f) Sus piernas, columnas de alabastro
g) Ven y lo verás
h) Yo soy para mi amado

10. ¡BENDITA TU ENTRE TODAS LAS MUJERES!: 6,4-7,11
a) ¡Qué hermosa eres, amada mía!
b) Unica es mi paloma
c) ¿Quién es ésa que asoma como el alba?
d) Bajé a mi nogueral
e) Danza de dos coros
f) ¡Qué hermosos son tus pies!
g) Subiré a la palmera

11. EL ESPIRITU Y LA NOVIA DICEN: ¡VEN!: 7,12-8,4
a) ¡Aleluya! ¡Maranathá!
b) ¡Ven, amado mío!
c) ¡Ay! ¡Si fueras mi hermano!
d) Apoyada en el amado
e) Debajo del manzano
f) Sello sobre el corazón

EPILOGO
a) Nuestra hermana pequeña
b) Mi viña está ante mí
c) Huye, amado mío


             PRESENTACION

El Cantar de los cantares es un canto sublime al amor del hombre y la mujer, como reflejo, imagen y signo del amor de Dios a los hombres. Es un cancionero de bodas, que canta la belleza de la esposa y del esposo, y la alegría de su amor. Lo que canta no es ciertamente el amor erótico de un encuentro ocasional, sino el amor permanente, "más fuerte que la muerte", el amor  matrimonial con todos sus encantos y todas las peripecias cotidianas de un amor para siempre y sin vuelta atrás posible.
Este amor es el que se hace signo e imagen del amor de Dios. Es así realmente como el Dios vivo ama a su pueblo y como Israel conoce y recibe a su Señor: con esta novedad, con este asombro, con este vigor insólito, como en el primer día de la creación, como el día del Mar Rojo, de Pascua o del Bautismo. Lo mismo que nadie se instala en el amor verdadero, tampoco hay rutina en la vida ante el Dios vivo. Todo es nuevo, renovado sin cesar. Se comprende que el pueblo del éxodo y del destierro nos haya transmitido este cántico de amor nunca rutinario y siempre joven. ¡Así es como ama el Dios de la alianza, con esa pasión, con esa impaciencia y con ese gozo!
El amor, en toda su belleza, como lo presenta el Cantar, es una invitación a un amor matri­monial plenamente humano, reflejo del amor de Dios, símbolo del amor de Cristo, que lo hace posible, pues tal amor sólo se puede vivir iluminado y fundado en el único amor perfecto: "Quien no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor" (1Jn 4,8). Y Dios, al principio, "creó al hombre a imagen suya, a imagen de Dios lo creó, hombre y mujer los creó" (Gén 1,27). "Llamando al hombre a la existencia por amor, lo ha llamado al mismo tiempo al amor. Dios, al crear al hombre a su imagen, inscribe en la humanidad del hombre y de la mujer la vocación del amor y de la comunión" (Familiaris consortio 11). "Dios es unidad en la comunión. El hombre y la mujer, creados como unidad de los dos, reflejan en el mundo la comunión de amor que se da en Dios. Solamente así se hace comprensi­ble la verdad de que Dios es amor (1Jn 4,16)" (Mulieris dignitatem 7). Juan Pablo II, hablando de la familia, concluye: "No hay en este mundo otra imagen más perfecta, más completa de lo que es Dios: unidad, comunión. No hay otra realidad humana que corresponda mejor al misterio de Dios". El hombre y la mujer unidos en una sola carne son el sacramento primordial de Dios, reflejo del amor trinitario y del amor incondicional de Dios al hombre. Es la imagen de Dios, creada por el mismo.
Los profetas, boca de Dios, nos iluminan el misterio del amor de Dios, presentando su amor con el símbolo del amor del hombre y la mujer. El matrimonio es el signo e imagen de la alianza de Dios con su pueblo. Dios es el esposo que ama a Israel con un amor nupcial. En su experiencia conyugal, el profeta Oseas descubre y manifiesta el misterio del amor esponsal de Dios e Israel. El matrimonio de Oseas se ha convertido en signo e imagen de la alianza de Dios con su pueblo. El amor inquebrantable de Oseas a Gomer es un gesto elocuente del amor de Dios a Israel.
Este simbolismo nupcial del amor de Dios para con su pueblo lo repiten Jeremías, Ezequiel e Isaías. El esposo del Cantar se identifica con Yahveh que se dirige a su esposa Israel. El Cantar evoca la historia de las relaciones de Dios con su pueblo orientada hacia el día de la salvación. La cautividad de Babilonia, la liberación y el retorno a la tierra constituyen el trasfondo del Cantar, que canta lo anunciado por los profetas: "Me desposaré contigo para siempre" (Os 2,21); "lo mismo que un joven se casa con su novia, también tu creador se casará contigo. Y el gozo del esposo por la esposa lo sentirá tu Dios contigo" (Is 62,15), "Yahveh crea una novedad en la tierra: la mujer abraza al varón" (Jr 31,22).
Después de la visión inicial de la Escritura, que muestra al hombre y a la mujer en la belleza de su ser y de su encuentro, el Génesis evoca la ruptura entre el hombre y Dios y, consiguientemente, entre el hombre y la mujer. La bondad original se tiñe de violencia. El engaño, astucias, infidelidades y violencias marcan la relación del hombre y la mujer. Este amor, con su marca de miedo, de deseo de dominio, necesita una salvación que lo recree, lo devuelva a lo que era en el designio de Dios. La alianza, vivida por Israel con sus infidelida­des, llega a su plenitud en Jesucristo, donde se da la recreación del "principio". En el Cantar se vislumbra al Mesías que viene a Sión. Jesucristo, con el don del Espíritu, renueva el corazón duro del hombre, para que pueda vivir el amor indisoluble con Dios y entre el hombre y la mujer, sacramento del amor de Dios.
El símbolo llega a su plenitud en el Nuevo Testamento. Lo mismo que Dios, al principio, conduce la mujer al hombre, en la plenitud de los tiempos, une a su Hijo con la Iglesia, su esposa, haciendo de ella su cuerpo. Cristo, nuevo Adán, tiene una esposa, la comunidad cristiana. El matrimonio es presentado por San Pablo como sacramento del amor de Cristo a la Iglesia (2Cor 11,2-3; Ef 5,25-27). Cristo renueva a la Iglesia y la prepara para las bodas definitivas en la escatología (Ap 19,7-8; 21,2-9; 22,17). El simbolismo esponsal, aplicado a la alianza de Cristo con la Iglesia, llena todo el Evangelio. El Reino de Dios se describe bajo la alegoría de las bodas o como banquete que prepara el rey para su hijo.[1][1] En el Nuevo Testamento el mismo término gamos, no designa directamente el matrimonio humano, sino más bien las bodas escatológicas de Cristo y los rescatados.
Como hay un amor carnal, llamado eros, y quien ama según él siembra en la carne (Gál 6,8), así existe también un amor espiritual, llamado agape, y el hombre interior, al amar según él, siembra en el espíritu (Gál 6,8). El portador de la imagen del hombre terreno, según el hombre exterior, se mueve por el deseo y el amor terrenos; en cambio, el portador de la imagen del hombre celeste (1Cor 15,49) según el hombre interior se mueve por el amor celeste. Este amor viene de Dios, que es amor (1Jn 4,7-8); se ha manifestado en Jesucristo, que dice: "Salí del Padre y vine a estar en el mundo" (Jn 16,27s). Si este "amor permanece en nosotros, Dios permanece en nosotros" (1Jn 4,12), según la palabra del mismo Señor: "El Padre y yo vendremos a él y haremos morada en él" (Jn 14,23).
Y como Dios es amor y el Hijo, que procede de Dios, es también amor, está exigiendo en nosotros algo semejante, de modo que nos unamos a El con una especie de parentesco, de afinidad por amor, haciéndonos un solo espíritu con Cristo, como esposo y esposa se unen en una sola carne. De este amor habla el Cantar de los Cantares. En él arde y se inflama por el Verbo de Dios el alma bienaventurada, y canta este cantar de bodas, movida por el Espíritu Santo, por quien la Iglesia se enlaza y une con su esposo celeste, Cristo, ansiosa de juntarse con El y así salvarse gracias a esta casta maternidad (1Tim 2,15). El Paráclito, que procede del Padre (Jn 15,26), que conoce lo que hay en Dios (1Cor 2,11), anda rondando en busca de almas a las que pueda revelar la grandeza de este amor que viene de Dios (1Jn 4,7).
Bajo esta luz se entiende la interpretación rabínica del Cantar: alegoría del amor de Dios a su pueblo. Esta interpretación es recogida por los Padres, vista en su culminación: el amor de Cristo a la Iglesia. En el Cantar se esconde el designio de Dios y el destino del hombre. Un lazo de fuego une al hombre con Dios. Dios, fuego ardiente, incendia el corazón del hombre, ilumina su mente y marca el camino de sus pasos. "Amar a Dios con todo el corazón, con toda la mente y con todas las fuerzas" es la vida del hombre.

 Cantar de los Cantares: El Amor de pareja como alegoría del amor de Dios
Las múltiples alusiones, que hay en el Cantar  a toda la Escritura,  ha llevado fácilmente a esta interpretación alegórica. El Dios vivo del Sinaí se comprometió un día con su esposa para darle su vida y su amor, y este amor sigue caminando, a través de los siglos, hasta el momento de la gracia final, del amor definitivo en Cristo. El Cantar se encuentra entre el Génesis y el Apocalipsis. La primera mujer del Génesis camina de generación en generación hasta hacerse, por Jesucristo, la nueva Jerusalén, que baja del cielo "como novia adornada para su esposo". Es el "gran misterio" (Ef 5,32) del amor del hombre y la mujer, de Dios e Israel, de Cristo y la Iglesia.
El lugar del encuentro, tálamo de las bodas de la asamblea de Israel con Dios, es el Templo, que acompaña toda la historia de Israel: primero es el Tabernáculo erigido en el desierto, luego el Templo de Salomón, el "segundo Templo" de Esdras y Nehemías y, finalmente, el Santuario mesiánico, en el que la liturgia será totalmente agradable a Dios con su "incienso de aromas de suavísimo perfume". Sólo en él llegará a plenitud el amor y la unión entre Dios y su esposa.
La comunión nupcial del esposo y la esposa se consuma en la oración: la bendición que desciende de Dios y la alabanza que sube del pueblo. La oración hace a la esposa bella y amable a los ojos de Dios. La bendición de Dios hace de ella la "perfecta paloma", de modo que, cuando abre su boca con cantos de alabanza, destila dulzura como leche y miel. Dios anhela oír su voz. Y como Dios anhela oír la voz de la esposa en la oración, así la esposa anhela escuchar la Palabra de Dios. La Palabra es el don de Dios a su esposa. En la escucha de la Palabra Israel logra la más dulce intimidad con su Señor: "El Señor ha hablado con nosotros cara a cara, como quien besa a alguien", dice el Midrás
El Cantar es un Midrás alegórico que prolonga los textos nupciales de los profetas para conducirlos hacia el cumplimiento de la alianza y de la plenitud del amor: el día en que Dios será conocido por Israel y será verdaderamente amado, como anuncia el profeta Oseas. En la interpretación rabínica, dada por el Targum y el Midrás, el Cantar ofrece, versículo por versículo, la alegoría de toda la historia del Israel, la pasada y la futura. Se dice en el Zohar: "Este Cantar comprende toda la Torá, toda la obra de la creación, el misterio de los Padres; comprende el exilio en Egipto y el cántico del mar; comprende la esencia del decálogo y la alianza del monte Sinaí y el peregrinar de Israel por el desierto, hasta la entrada en la tierra prometida y la construcción del templo; comprende la coronación del santo nombre celeste en el amor y la alegría; comprende la resurrección de los muertos, hasta el día que es el sábado del Señor".
La historia de Israel es inter­pretada como un diálogo de amor entre Dios y su pueblo. El Cantar se convierte en epopeya y epitalamio. El esposo del Cantar es rey y pastor, correspondiendo a la figura del pastor real que anuncia Ezequiel. El Cantar evoca los momentos concretos de esa historia de amor y profetiza los acontecimien­tos futuros en que ese mismo amor se va a manifestar. En el Midrás y en el Targum, al precisar el momento histórico al que mejor se adecua cada palabra del Cantar, la espera mesiánica adquiere un relieve singular. El deseo de la restauración escatológi­ca, llevada a cabo por el Mesías, se entiende como una vuelta a la perfección de los orígenes. Por ello son tan frecuentes las alusiones al Edén, con el canto a la belleza de los árboles (1,17), de las flores (2,1), de sus frutos (2,5), de su "agua viva" (4,12;7,3), de sus perfumes (4,13;7,9). El Cantar se impregna de los frutos, olores y cantos del Edén, y también de la espera, el deseo, el sobresalto y la admiración de Adán frente a Eva, de Dios frente a su imagen: "Y vio Dios que era muy bueno cuanto había hecho" (Gén 1,31). El Cantar celebra la gloria y llora los pecados de su pueblo, conjugando la nostalgia del Edén perdido con la espera de la redención mesiánica. De este modo, la historia se transforma en el canto de amor entre Dios y su pueblo.
La historia pasada, los prodigios de Dios para con su pueblo primogénito, en el Cantar, comentado por el Targum y el Midrás, se transforman en signo y profecía de los días mesiánicos. Por eso, todo tiende a esa espera; de este modo, la promesa del Mesías informa toda la historia de la salvación, desde Moisés al último destierro; a Moisés ya le fue revelado el Mesías e Israel en el destierro no hace sino escrutar el tiempo de la redención. Sólo entonces los pobres serán consolados, alzarán la cabeza de su humillación y se vestirán de púrpura (7,6). Entonces se cantará en Israel el último cántico y callará la penúltima alabanza, el Cantar de los Cantares. El Mesías está, pues, presente en todo el Cantar como protagonista del último acontecimiento de la historia de la salvación. El es el Rey al que, desde siempre, en el plan de Dios, está reservado el dominio sobre Israel y sobre el mundo; el reunificará a Israel reconduciéndolo al templo y quien enseñará a su pueblo, de modo nuevo e infinitamente más dulce y eficaz, las palabras de la Torá; El nutrirá a los elegidos con la carne del Leviatán, con el vino primordial y con los frutos deliciosos del paraíso; por medio de El le será dada a Israel, como puro don suyo, la salvación.
Los Padres, apoyados en esta tradición rabínica, han leído el Cantar en el mismo sentido, comenzando por Orígenes: "El esposo es Cristo, la esposa es la Iglesia sin mancha ni arruga". San Agustín dice a los catecúmenos: "Ya conocéis al esposo: Jesucristo. Y conocéis a la esposa: es la Iglesia. Honrad a la que se ha desposado como honráis a su esposo, y así seréis hijos suyos". El Concilio Vaticano II nos presenta el misterio de la Iglesia a través de las imágenes que aparecen en el Cantar: pueblo, viña, rebaño, cuerpo, esposa. Lo mismo que el hombre y la mujer están unidos en una sola carne, también lo están Cristo y la Iglesia, ya que "él se entregó por ella para santificarla, purificándola con el baño del agua acompañado de la palabra; porque quería presentársela a sí mismo resplandeciente, sin mancha ni arruga, ni nada semejante, sino santa e inmaculada" (Ef 5,25-27). La confesión de fe cristiana identifica con Cristo al amado, mientras que la amada se convierte en figura de la Iglesia, comprendida en su totalidad o vista de un modo singular, pues la Iglesia se realiza en cada bautizado. La interpretación espiritual, dice Orígenes, aplica estas palabras a la relación de la Iglesia con Cristo, bajo la denominación de esposa y de esposo, y a la unión del alma con el Verbo de Dios.
Cristo dejó la casa del Padre para unirse a su esposa, haciéndose con ella un solo espíritu (1Cor 6,17). "Grande misterio es éste, lo digo respecto a Cristo y la Iglesia" (Ef 5,32). La alusión a la unión de Adán y Eva (Gén 2,21-22), le lleva a Pablo a descubrir el misterio de la unión de Cristo, nuevo Adán, y la Iglesia, su esposa. En efecto, como de Adán dormido fue formada la mujer, así de Cristo dormido en la cruz fue formada la Iglesia e incorporada a él. Como la mujer fue formada del costado de Adán, así también la Iglesia lo fue del costado abierto de Cristo (Jn 19,34-35). Del costado de Cristo brotó sangre y agua. Quien lo vio da testimonio de ello (Jn 19,35). Con el agua, que brotaba de la roca de Cristo (1Cor 10,4), la Iglesia fue santificada, purificada en el bautismo, para ser presentada al Esposo resplandeciente, sin mancha ni arruga, sino santa e inmaculada (Ef 5,26-27). Con la sangre del costado traspasado por la lanza fue redimida y unida a Cristo en alianza nueva y eterna (Lc 22,20; 1Cor 11,23).
Cuando Dios condujo la mujer a Adán, éste exclamó: "Esta sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne. Por eso deja el hombre a su padre y a su madre y se une a su mujer, y se hacen una sola carne" (Gén 2,22-23). Pablo dice de Cristo y de la Iglesia lo mismo, pues somos miembros del cuerpo de Cristo: carne de su carne y hueso de sus huesos. Cristo tomó nuestra carne humana y, al mismo tiempo, se dio totalmente a la Iglesia, a la que dice: "Tomad y comed, esto es mi cuerpo", "tomad y bebed, ésta es mi sangre" (Mt 26,26-28). Unidos a Cristo, nos hacemos un solo espíritu con él (1Cor 6,17). Este es el amor, el beso de su boca, con el que la esposa, cual casta virgen, ha sido desposada con un solo Esposo, Cristo (2Cor 11,1). En el bautismo el rey de la gloria viste a su esposa con el habito nupcial (Mt 22,11-12), la túnica blanca con la que seguirá al Esposo al banquete de la Jerusalén celestial (Ap 3,4; 21,2ss). Entre la inaugura­ción y la consumación, las nupcias de Cristo con la Iglesia se celebran en la vida sacramental. Dice Teodoreto: "Al comer los miembros del Esposo y beber su sangre, realizamos una unión nupcial".

 Cantar de los Cantares - hermosura del amor
Hay que leer o mejor oír el Cantar dejando que broten las analogías que evoca. Nos hallamos, más que ante unas palabras escritas, ante unas voces que cantan. La palabra está modulada por la música del amor. En él resuenan todas las modulaciones de la palabra oral en el encuentro de los amantes, que se interpelan y se responden con todos los tonos de voz que el amor sabe inventar. El cantar es cantar: "la música callada, la soledad sonora en el silbo de los aires amorosos" (S. Juan de la Cruz). No habla simplemente del amor. ¡Canta al amor! El amor inefable se desborda del corazón a los labios, con sus llamadas, ecos, preguntas, réplicas, deseos y gozos. Cada momento de presencia reanima las brasas del amor, para mantener vivo el corazón en la ausencia, en vela para un nuevo encuentro.
El cantar es un diálogo personal. Todo es expresión de un yo que se dirige a un , o que evoca a ese tu en el interior durante la ausencia. El oyente del Cantar está invitado a entrar con su yo personal en diálogo con el tú, que le busca, le interpela, desea su presencia o, con su ausencia, suscita el anhelo del encuentro. El oyente es la amada, la hermana, la novia, la esposa, que celebra el amor y anhela la comunión plena con el Amado. Quien no se sienta "enferma de amor" (2,5) no gustará el encanto del Cantar.
Para penetrar en el misterio del Cantar, advierte Orígenes, es necesario tener iluminados los ojos del corazón: "Aquellos que, en cuanto al hombre interior, son aún de edad tierna e infantil y se nutren de la leche de Cristo y no de comida sólida" (1Cor 3,2), y apenas han comenzado a "bramar por la leche espiritual y sin engaño" (1Pe 2,2), no pueden comprender estas palabras. Porque en las palabras del Cantar se contiene la comida de la que dice el apóstol: "La comida sólida, por el contrario, es de perfectos" (Hb 5,12); y esta comida exige que cuantos escuchan, "para poder participar, tengan los sentidos ejercitados en discernir el bien del mal" (Hb 5,14), "habiendo alcanzado el estado de hombre adulto, la talla de la plenitud de Cristo" (Ef 4,13). Este hombre espiritual tiene su propia comida, que es "el pan bajado del cielo" (Jn 6,33.41), y su bebida, que es el agua ofrecida por Jesús: "El que beba del agua que yo le daré nunca más tendrá sed" (Jn 4,14).
 Como amonesta Gregorio de Nisa, quien se encuentre aún sometido a las pasiones no puede escuchar la palabra del Cantar. Para poder penetrar en los escondidos misterios que se revelan en este libro necesita salir de sí mismo, dar muerte al hombre de pecado. Para acercarse a la montaña santa, donde resuena la voz del Amado, es necesario lavar antes los vestidos del corazón (Ex 19,10ss). Sólo así será posible escuchar, sin morir, el sonido de la trompeta, que resuena con fuerza (Ex 19,13.16), pues es la voz de Dios, que humea como fuego devorador (Ex 19,18). La voz santa, que nos llega desde el santo de los santos, sólo puede escucharla quien ya ha sido caldeado por el fuego que el Señor ha venido a traer a la tierra (Lc 12,49). "Vosotros, los que siguiendo el consejo de Pablo, os habéis despojado, como de un vestido miserable, del hombre viejo con sus obras y ambiciones, y que os habéis vestido por la pureza de vuestra vida con los vestidos espléndidos que el Señor mostró el día de su transfiguración en el monte, o mejor dicho, que os habéis revestido de nuestro Señor Jesucristo, con su santa túnica, y os habéis transfigurado con él para veros libres de pasión, oíd los misterios del Cantar de los cantares. Entrad en la incorruptible cámara nupcial, vestidos de la túnica blanca de pensamientos puros y sin mancha".
Lo mismo dice San Gregorio Magno, uniendo el Evangelio de las bodas y el Cantar: "Hemos de venir a estas santas bodas del Esposo y la Esposa con el traje nupcial, pues si no nos hemos vestido con el traje nupcial seremos expulsados de este banquete nupcial a las tinieblas exteriores, es decir, a la ceguera de la ignorancia". Cuantos, siguiendo el consejo de Pablo, se han despojado del hombre viejo (Col 3,9) y se han revestido de las cándidas vestiduras del Señor, con las que él se mostró durante la transfiguración (Mt 17,2), mejor aún, se han revestido del mismo Señor Jesucristo (Rom 13,14;Ap 6,11) y se han transfigurado con él (Flp 3,10.21), ellos pueden escuchar los misterios del Cantar de los Cantares. Sólo se entra en el interior de la inmaculada estancia nupcial revestidos de vestiduras blancas (Mt 22,10-13). Vestido de esposa, el bautizado puede unirse con Cristo en el amor. No se entra en la cámara nupcial con el espíritu de temor (1Jn 4,18), ni movido por interés, en busca de dones, sino buscando al que es la fuente de todos los dones. Entra quien ama al esposo con todo el corazón, con toda la mente y con todas sus fuerzas (Dt 6,5).

Cantar de los Cantares AT
Este comentario lo hago guiado, en primer lugar, por el olfato de los rabinos de Israel, siguiendo sobre todo el Targum y el Midrás. Y, en segundo lugar, sigo el rastro de los Padres de la Iglesia: Orígenes, Gregorio de Nisa, Filón de Carpasia y San Bernardo... Merece la pena seguir este múltiple rastreo para acercarnos a la intimidad del amor de Dios a los hombres, al misterio del amor de Cristo a la Iglesia.
Orígenes confiesa que, a veces, es difícil descubrir todos los significados de las palabras de la Escritura: "Me parece encontrarme en situación parecida a la de quien sale a rastrear la caza, valiéndose del olfato de un buen galgo. Ocurre alguna vez que, mientras el cazador, atento sólo a las huellas, cree estar ya cerca de las ocultas madrigueras,  de repente el perro pierde el rastro y tiene que volver sobre sus pasos por las sendas ya recorridas, aguzando aún más el olfato, hasta que halla el punto en que la caza tomó, sin que la vieran, otro sendero; y cuando el cazador da con éste, lo sigue más animado por la esperanza cierta de la presa. También nosotros, cuando perdemos el rastro de la explicación, volvemos un poco sobre nuestros pasos, con la esperanza de que el Señor  ponga en nuestras manos la caza y que nosotros, preparán­dola y sazonándola según la ciencia de la madre Raquel, con la salsa de la palabra, merezcamos obtener las bendiciones del padre Jacob (Gén 49,1ss). Esto supone repetir a veces lo mismo para dar con el significado más adecuado".
 Con el Midrás es posible dar interpretaciones diversas de un texto, leído en el contexto de otros, que se arrastran mutuamente, como cerezas sacadas de una cesta, formando una cadena interminable. La Escritura es una, toda ella englobada en el único plan de Dios. De aquí que los hechos se hagan eco entre sí; se preparan y se desvelan mutuamente. La luz de la fe da vueltas a la palabra en el corazón, escrutando cada palabra dentro de la cadena de palabras que la preceden o la siguen. Así la Escritura se ilumina con la misma Escritura. "El Nuevo Testamento está latente en el Antiguo y el Antiguo se hace patente en el Nuevo" (DV 16). El Antiguo Testamento está, como Moisés (Ex 34,34), cubierto por un velo, que sólo desaparece en Cristo. Cuando alguien se convierte al Señor, se arranca el velo, porque el Señor es el Espíritu, y donde está el Espíritu del Señor, allí está la libertad" (2Cor 3,14-17). Por eso se dice que "la letra mata, pero el espíritu vivifica" (2Cor 3,6).
Fray Luis de León reconoce que muchas veces la lengua no alcanza al corazón cuando trata de expresar el entrañable amor de Cristo a su Iglesia: "Bajo los amorosos requiebros explica el Espíritu Santo la encarnación de Cristo y el entrañable amor que tuvo siempre a su Iglesia". Este amor es el corazón del Cantar de los cantares. Amor escondido bajo la corteza de la letra. Quien no ha gustado este amor de Dios no rompe la corteza, quedándose como quien contempla un baile sin escuchar la música que mueve los pies.
Gregorio de Nisa, sin embargo, nos anima: "Quienes emprenden un viaje más allá del mar, movidos por la esperanza de una ganancia, cuando se hallan en alta mar, elevan una oración a Dios, pidiéndole que un viento suave y favorable hinche las velas y envista, según el deseo del timonel, por la popa. Pues, si el viento sopla según sus deseos, es agradable el mar, que espléndidamente se encrespa con sus plácidas olas, mientras la nave se desliza con facilidad sobre las aguas. Ante los ojos de todos fulguran las riquezas que esperan alcanzar, pues la bonanza del mar es buen presagio de ello. Así a nosotros nos esperan grandes riquezas, mediante esta navegación en la barca de la Iglesia. Para ello, también nosotros elevamos a Dios nuestra plegaria, pidiéndole el viento suave y favorable del Espíritu Santo, para deslizarnos por las olas del texto y llegar al conocimiento del amor de Dios hacia nosotros, manifestado en la unión de Cristo con su Iglesia".
Orígenes nos exhorta con las palabras que dirigía a sus oyentes: "Escucha el Cantar de los cantares y apresúrate a repetir con la Esposa lo que dice la Esposa, para poder oír lo que ella misma oyó". Sólo el hombre "espiritual", es decir, el hombre dócil al Espíritu de Dios, puede oír el Cantar como revelación del amor más alto, pues el Espíritu le abre el acceso al misterio del corazón de Dios. Como dice San Bernardo: "El amor habla aquí por doquier. Y si alguno quiere adquirir alguna inteligencia de él, ha de amar. El que no ama, en vano escuchará o leerá este Cantar de amor, pues sus palabras inflamadas no pueden ser comprendidas por un alma fría". Quienes lo viven reconocen "lo que pasa entre Dios y el alma", dice Santa Teresa a sus hermanas, comentándolas el Cantar.
No se trata, pues, de explicar intelectualmente el Cantar, sino de hablarlo en nombre propio. La vocación cristiana consiste en ser esa amada en la que se realiza el plan inicial de Dios. Cristo ha venido a salvar a la Iglesia con su amor, haciéndola capaz de amar también ella con amor pleno.

Cantar de los Cantares inspirado por el Espíritu Santo


            PROLOGO




Cantar de los cantares de Salomón (1,1). En la Biblia hay muchos cánticos. Hay cantos de gozo y de duelo, cantos de siembra y de recolección o de vendimia, cantos triunfales y cantos de amor, cantos de peregrinación y cantos de alabanza. Pero entre todos sobresale el Cantar de los Cantares. Según el Targum y el Midrás, diez cánticos se han dicho en este mundo, de los cuales éste es el más glorioso de todos.

El primer cántico lo entonó Adán cuando fue absuelto de su pecado, ya que llegó el Sábado y lo defendió. Entonces Adán abrió su boca y dijo: "Salmo, cántico para el día del Sábado" (Sal 92,1). El segundo cántico lo cantó Moisés con lo hijos de Israel cuando Yahveh les abrió el Mar Rojo: "Entonces Moisés y los hijos de Israel cantaron la alabanza" (Ex 15,1). El tercer cántico lo cantaron los hijos de Israel cuando les fue dado el pozo de agua: "Entonces Israel cantó la alabanza" (Nú 21,17). El cuarto cántico lo dijo Moisés, profeta, cuando le llegó el tiempo de partir de este mundo. Con el canto amonestó a la casa de Israel, como está escrito: "Escuchad, cielos, y hablaré" (Dt 32,1). El quinto cántico lo entonó Josué cuando luchó contra Gabaón y el sol y la luna se pararon treinta y dos horas,  cesando en su cántico. Josué pidió al sol que se callase y el sol dijo a Josué: Y mientras yo calle, ¿quién dirá la alabanza del Santo? Josué le respondió: Tú, calla, y seré yo quien diga un canto en tu lugar. Entonces "Josué cantó la alabanza delante del Señor" (Jos 10,12). El sexto cántico lo entonaron Barac y Débora el día en que el Señor puso a Sísara y a su siervos en manos de los hijos de Israel: "Y Débora y Barac cantaron la alabanza" (Jos 5,1). El séptimo cántico lo dijo Ana, cuando le fue dado un hijo de parte del Señor: "Y Ana oró en profecía y dijo" (1Sam 2,1). El octavo cántico lo entonó David, rey de Israel, por todos los prodigios que el Señor había hecho en su favor: "David en profecía cantó la alabanza delante del Señor" (2Sam 22,1).

El noveno cántico lo dijo Salomón, rey de Israel, en Espíritu Santo, delante del Soberano de todo el mundo, el Señor (Cant 1,1). ¿Con qué se puede comparar esto? Con un barril lleno de piedras preciosas y perlas, cubierto con un cobertor de hilo y escondido en un rincón, sin que nadie supiera lo que había dentro. Llegó uno y lo volcó y todos descubrieron el tesoro. Es lo que hizo Salomón, cuyo corazón rebosaba sabiduría. Cuando la santa inspiración se posó sobre él nos descubrió el tesoro escondido en la Torá, los amores entrañables del Rey a la asamblea de Israel. Hasta que surgió Salomón nadie pudo penetrar en el misterio del amor de Dios, oculto bajo las palabras de la Torá.

 El décimo cántico lo entonarán los redimidos cuando sean rescatados del exilio, como está escrito: "Los rescatados del Señor volverán a Sión con un cántico de triunfo, una alegría perpetua coronará su cabeza" (Is 51,11). "Aquel cántico será alegría para vosotros, como la noche en que se celebra la fiesta de Pascua y hay alegría en el corazón del pueblo que aparece delante del Señor tres veces al año con varias especies de instrumentos y al son del tímpano, sobre el monte del Señor, para dar culto al Señor, el fuerte de Israel (Is 30,29)".[2][2]

R. Aqiba dijo "que toda la historia no vale lo que el día en que fue compuesto el Cantar de los Cantares. ¿Por qué así? Porque si todos los Escritos son santos, el Cantar de los Cantares es el Santo de los Santos". Como el santo de los santos, el Cantar es una palabra incandescente. El Cantar es como harina candeal, es el mejor de los cantares, el más excelso, el más exquisito. En todas las canciones de la Escritura o Dios alaba a Israel (Dt 32,13) o Israel alaba a Dios (Ex 15,2); pero en el Cantar de los Cantares Israel alaba a Dios y Dios alaba a Israel. El dice: "¡qué hermosa eres, mi amor!" (1,15), e Israel dice: "¡Qué hermoso eres, amado mío, qué delicioso!" (1,16).

En el Zohar encontramos el elogio más sublime del Cantar: "Este cántico lo profirió el rey Salomón cuando fue construido el Templo a imagen del Templo celeste. Cuando el Templo inferior fue construido hubo tal alegría ante el Santo como no la había habido desde el día en que fue creado el mundo hasta aquel día. Entonces el mundo fue puesto sobre su fundamento y todas las ventanas del cielo se abrieron de par en par para irradiar luz; nunca antes hubo tanta alegría como la de aquel día; entonces todos los seres del cielo y de la tierra entonaron un canto: el Cantar de los cantares. Este himno de alabanza, santo de los santos, comprende toda la Torá; en él participan los seres del cielo y los de la tierra. Es el canto imagen del mundo celeste, que es el sábado supremo; es el canto con el que el santo Nombre celeste es coronado: por ello es el 'santo de los santos'. Este es el canto de alabanza de la Asamblea de Israel cuando es coronada en el cielo; en ningún himno del mundo se complace el Santo cuanto en este himno".



Cantar de los Cantares


También Orígenes indaga sobre los cantares de los que éste se dice ser el Cantar: "Pienso que estos cantares son aquellos que desde hacía tiempo se venían cantando por obra de los profetas y de los ángeles, es decir, por los amigos del Esposo. En cambio éste es el Cantar propio del Esposo a punto de recibir a su esposa. En él la esposa no quiere ya que le canten los amigos del Esposo, sino que anhela las palabras del Esposo en persona, presente ya cuando dice: Que me bese con besos de su boca. Los demás cantares, que la ley y los profetas cantaron, parecen haber sido cantados a la esposa todavía niña, cuando aún no había pasado los umbrales de la edad madura, mientras que este Cantar parece estar cantado a la esposa adulta, apta para el vigor fecundante del varón. Por ello se dice de ella que es paloma única y perfecta, y así, en cuanto esposa perfecta de un esposo perfecto, ha concebido palabras de doctrina perfecta".

El primer cantar lo cantaron Moisés y los hijos de Israel cuando vieron a los egipcios muertos en la orilla del mar; al ver la mano fuerte y el tenso brazo del Señor entonaron: "Cantemos al Señor, pues gloriosamente se ha cubierto de gloria" (Ex 15,1). Este canto lo cantará todo el que haya sido liberado de la esclavitud de Egipto. Pero aún no puede cantar el Cantar de los Cantares. Para ello, deberá antes caminar a pie enjuto por en medio del mar, vivir todo lo que describen el Exodo y el Levítico, ser incorporado al censo divino, entonando entonces el segundo cantar junto al pozo de Zared (Nú 21,16)...[3][3] Con todos estos cánticos la esposa va avanzando paso a paso hasta llegar al tálamo del Esposo, "al lugar de la tienda admirable, hasta la casa de Dios, entre gritos de júbilo y alabanza, entre el bullicio de gente en fiesta" (Sal 41,5). De etapa en etapa, llega al tálamo mismo del Esposo, para escuchar y cantar el Cantar de los Cantares.

Cantar de los cantares de Salomón. Es el cantar de Salomón, a quien Dios colmó de su sabiduría (1Re 3,12;5,9-14). Quizás pienses, dice Gregorio de Nisa, que estoy hablando de aquel Salomón nacido de Betsabé en Belén (1Re 3,4; 11,6-8). No, hay otro Salomón, del que aquel era figura. También éste nació según la carne en Belén del linaje de David (Rom 1,3); su nombre es paz y es el verdadero Israel (Heb 7,2), el constructor del templo de Dios (1Re 5,19; Mt 23,61). El posee la sabiduría de Dios (1Cor 1,30). El es el autor del Cantar, que es el canto de su amor, sin el que nada existiría, pues todo es fruto de su amor (Sab 11,24s). Su amor hizo arder el sol y los astros del cielo. El dio el ser a la pequeña hija de Sión y la enriqueció de gracia y belleza, elevándola hasta su trono, como reina. Y, como canto del amado, es también el eco del amor de Dios en el corazón de la amada que, desde la tierra se eleva al cielo como exhalación de gratitud. La amada, por ser amada, hace suyo el canto del amado.

San Bernardo comenta: "Yo creo justa la designación de Cantar de los cantares por ser fruto de todos los demás. Es un canto que inspira sólo devoción y sólo enseña experiencia. No es un simple sonido de la boca, sino júbilo del corazón; no es un retintín de los labios, sino una pulsación de la alegría; es un acorde de voluntades y no sólo de voces. No es allá fuera donde se oye, no es en la calle donde suena; tan sólo lo oye aquella que lo canta; tan sólo aquel a quien se canta: la esposa y el esposo. Es un canto de bodas y celebra el abrazo puro, encantador, de corazones, el acorde de un arte de sentir y de vivir, su unísona y recíproca tensión de amor. Es el canto apropiado para el que, bajo la guarda y cuidado de Dios, ha llegado a la mayoría de edad, ha madurado hasta la edad del matrimonio y está preparado para la unión nupcial con el esposo celeste".

El Cantar de Salomón, el Pacífico, comienza con un signo de paz, con un beso. Es el beso casto de los fieles, que han sido purificados por Cristo del tumulto de las pasiones. Como canto nupcial, que celebra las dulzuras inefables del amor de Cristo y la Iglesia, se cubre de símbolos y figuras, como Moisés cubrió con un velo su rostro (Ex 3,6), porque de otro modo no se podrían resistir los fulgurantes rayos de su luz. Es el Cantar de los Cantares, cantado al Rey de reyes y Señor de señores (1Tim 6,15) por aquellos que, antes, han cantado los cánticos graduales, es decir, han ido subiendo grado a grado hacia el tálamo nupcial del Señor y ahora viven para cantar su gloria: "Cantad en vuestro corazón salmos, himnos y cánticos espirituales" (Ef 5,19). Tras el largo camino hacia la unión con el esposo, se oyen "voces de júbilo y de salvación en las moradas de los justos" (Sal 117,15). Es el cantar de quienes han recibido el beso de su boca. Boca del Padre es el Hijo, la Palabra hecha carne, que besa a sus discípulos con el soplo del Espíritu Santo: "Jesús sopló sobre ellos y les dijo: Recibid el Espíritu Santo" (Jn 20,22).

El Espíritu Santo, beso mutuo del Padre y el Hijo, es quien inspira el Cantar y quien lo hace cantar a la esposa del Padre y del Hijo, a Israel y a la Iglesia, que piden a su esposo: ¡Que me bese con el beso de su boca! Sólo en el beso la esposa conoce al esposo, en quien halla vida eterna: "Esta es la vida eterna: conocerte a ti, único Dios verdadero, y al que tú has enviado, Jesucristo" (Jn 17,3). "El Espíritu, que sondea hasta las profundidades de Dios, es quien nos lo ha revelado" (1Cor 2,10).































































Obras  del Rvdo. Presbítero Profesor Dr. Emiliano Jiménez Hernández (1961-2007)


































     [1] [1] Mt 8,11; 9,15; 22,2-14; 25,1-12; Lc 5,34-35; 12,35-36; 14,16-24;  Jn 3,29.
[2] [2] Las citas bíclicas corresponden al texto ampliado del Targum.
[3] [3] Así recorre Orígenes los seis cánticos, que para él, preceden al Cantar de los Cantares, que es el séptimo        y perfecto Cantar.

El Rey Salomon ¿fue el rey mas sabio?



Salomón, ¿fue el rey más sabio?
Los once primeros capítulos de 1 Reyes describen unos de los personajes más importantes de la Biblia hebrea, el amigo del Señor, el que debería haber tenido paz en su vida, el Rey Salomón. Cuando estudias la Biblia hebrea, puedes entender el significado de nombres como Salomón y la conexión entre el nombre y el destino de la figura. Cuando leemos los primeros capítulos la imagen nos queda clara: se trata de un rey extraordinario. Aunque él no era el primogénito de su padre, David, se convirtió en rey gracias a una manipulación de su madre Betsabé y el profeta Natán. El que debería haber sido el rey, Adonías, que significa: el dueño de El Señor, fue únicamente dueño de sí mismo durante un corto periodo de tiempo hasta que Salomón, como todos los reyes de su zona, mató a todos sus adversarios. En el tercer capítulo de 1 Reyes podemos aprender que Salomón tuvo una visión o un sueño, en el cual se le pidió que le dijera al Señor lo que quería de él. La respuesta se encuentra en 1 Reyes 3:5-9

"בְּגִבְעוֹן, נִרְאָה יְהוָה אֶל-שְׁלֹמֹה--בַּחֲלוֹם הַלָּיְלָה; וַיֹּאמֶר אֱלֹהִים, שְׁאַל מָה אֶתֶּן-לָךְ. וַיֹּאמֶר שְׁלֹמֹה, אַתָּה עָשִׂיתָ עִם-עַבְדְּךָ דָוִד אָבִי חֶסֶד גָּדוֹל, כַּאֲשֶׁר הָלַךְ לְפָנֶיךָ בֶּאֱמֶת וּבִצְדָקָה וּבְיִשְׁרַת לֵבָב, עִמָּךְ; וַתִּשְׁמָר-לוֹ, אֶת-הַחֶסֶד הַגָּדוֹל הַזֶּה, וַתִּתֶּן-לוֹ בֵן יֹשֵׁב עַל-כִּסְאוֹ, כַּיּוֹם הַזֶּה. וְעַתָּה, יְהוָה אֱלֹהָי, אַתָּה הִמְלַכְתָּ אֶת-עַבְדְּךָ, תַּחַת דָּוִד אָבִי; וְאָנֹכִי נַעַר קָטֹן, לֹא אֵדַע צֵאת וָבֹא. וְעַבְדְּךָ--בְּתוֹךְ עַמְּךָ, אֲשֶׁר בָּחָרְתָּ: עַם-רָב, אֲשֶׁר לֹא-יִמָּנֶה וְלֹא יִסָּפֵר מֵרֹב. וְנָתַתָּ לְעַבְדְּךָ לֵב שֹׁמֵעַ, לִשְׁפֹּט אֶת-עַמְּךָ, לְהָבִין, בֵּין-טוֹב לְרָע: כִּי מִי יוּכַל לִשְׁפֹּט, אֶת-עַמְּךָ הַכָּבֵד הַזֶּה"
<<"Y se le apareció el SEÑOR a Salomón en Gabaón una noche en sueños, y le dijo Dios: Pide lo que quisieres que yo te dé.” Y Salomón dijo: Tú hiciste gran misericordia a tu siervo David mi padre, según la manera que él anduvo delante de ti con verdad, con justicia, y con rectitud de corazón para contigo; y tú le has guardado ésta tu grande misericordia, que le diste hijo que se sentase en su trono, como sucede en este día. Ahora pues, el SEÑOR Dios mío, tú has puesto a mí tu siervo por rey en lugar de David mi padre; y yo soy joven, que no sé cómo entrar ni salir. Y tu siervo está en medio de tu pueblo al cual tú elegiste; un pueblo grande, que no se puede contar ni numerar por su multitud. Da pues a tu siervo corazón dócil para juzgar a tu pueblo, para que pueda juzgar entre lo bueno y lo malo; porque ¿quién podrá gobernar éste tu pueblo tan grande?>>

Después de que Salomón obtuviera la sabiduría de El Señor, tuvo que demostrar no sólo que era el único que había conseguido la paz sino que también era el que más sabiduría tenía, como podemos ver en el famoso juicio a las dos mujeres al final de este capítulo. Los siguientes versículos describen a Salomón como el hombre de la paz y la sabiduría, como se puede leer en 1 Reyes 4:21, 24-25, 29-30
"וּשְׁלֹמֹה הָיָה מוֹשֵׁל בְּכָל-הַמַּמְלָכוֹת מִן-הַנָּהָר אֶרֶץ פְּלִשְׁתִּים וְעַד גְּבוּל מִצְרָיִם: מַגִּשִׁים מִנְחָה וְעֹבְדִים אֶת-שְׁלֹמֹה כָּל-יְמֵי חַיָּיו... כִּי-הוּא רֹדֶה בְּכָל-עֵבֶר הַנָּהָר מִתִּפְסַח וְעַד-עַזָּה--בְּכָל-מַלְכֵי עֵבֶר הַנָּהָר; וְשָׁלוֹם הָיָה לוֹ מִכָּל-עֲבָרָיו מִסָּבִיב. וַיֵּשֶׁב יְהוּדָה וְיִשְׂרָאֵל לָבֶטַח אִישׁ תַּחַת גַּפְנוֹ וְתַחַת תְּאֵנָתוֹ מִדָּן וְעַד-בְּאֵר שָׁבַע--כֹּל יְמֵי שְׁלֹמֹה... וַיִּתֵּן אֱלֹהִים חָכְמָה לִשְׁלֹמֹה וּתְבוּנָה הַרְבֵּה מְאֹד וְרֹחַב לֵב כַּחוֹל אֲשֶׁר עַל-שְׂפַת הַיָּם. וַתֵּרֶב חָכְמַת שְׁלֹמֹה מֵחָכְמַת כָּל-בְּנֵי-קֶדֶם וּמִכֹּל חָכְמַת מִצְרָיִם"
<<"Y Salomón señoreaba sobre todos los reinos, desde el río de la tierra de los filisteos, hasta el término de Egipto; y traían presentes, y sirvieron a Salomón todos los días que vivió… Porque él señoreaba en toda la región que estaba al otro lado del río, desde Tifsa hasta Gaza, sobre todos los reyes del otro lado del río; y tuvo paz por todos lados en derredor suyo . Y Judá e Israel vivían seguros, cada uno debajo de su vid y debajo de su higuera, desde Dan hasta Beerseba, todos los días de Salomón. … Y dio Dios a Salomón sabiduría, y prudencia muy grande, y magnanimidad de corazón, como la arena que está a la orilla del mar. Que fue mayor la sabiduría de Salomón que la de todos los orientales, y que toda la sabiduría de los egipcios.">>
Lamentablemente, estos no son los únicos versículos que describen a Salomón. El libro del Cantar de los Cantares fue escrito, según la tradición, por Salomón, y al final de este hermoso libro se lee:
"כֶּרֶם הָיָה לִשְׁלֹמֹה בְּבַעַל הָמוֹן נָתַן אֶת-הַכֶּרֶם לַנֹּטְרִים: אִישׁ יָבִא בְּפִרְיוֹ אֶלֶף כָּסֶף. כַּרְמִי שֶׁלִּי לְפָנָי הָאֶלֶף לְךָ שְׁלֹמֹה וּמָאתַיִם לְנֹטְרִים אֶת-פִּרְיוֹ."
<<"Salomón tuvo una viña en Baal-hamón, la cual entregó a guardas, cada uno de los cuales debía traer mil monedas de plata por su fruto. Mi viña, que es mía, está delante de mí; las mil serán tuyas, oh Salomón, y doscientas, de los que guardan su fruto.”>> (Cantar de los Cantares 8:11-12).
Estos dos versículos junto con la descripción del pueblo de Siquem en 1 Reyes 12 sobre los impuestos que Salomón impuso a los israelitas, nos dicen que Salomón era rico, pero que no fue lo suficientemente inteligente como para calmar a su pueblo, especialmente a las tribus del norte. Los pecados de Salomón llegaron a ser cada vez más activos y significativos tras decidir casarse con mujeres extranjeras como podemos leer en 1 Reyes 11:1-8
 "וְהַמֶּלֶךְ שְׁלֹמֹה אָהַב נָשִׁים נָכְרִיּוֹת רַבּוֹת וְאֶת-בַּת-פַּרְעֹה: מוֹאֲבִיּוֹת עַמֳּנִיּוֹת אֲדֹמִיֹּת צֵדְנִיֹּת חִתִּיֹּת. מִן-הַגּוֹיִם אֲשֶׁר אָמַר-יְהוָה אֶל-בְּנֵי יִשְׂרָאֵל לֹא-תָבֹאוּ בָהֶם וְהֵם לֹא-יָבֹאוּ בָכֶם אָכֵן יַטּוּ אֶת-לְבַבְכֶם אַחֲרֵי אֱלֹהֵיהֶם--בָּהֶם דָּבַק שְׁלֹמֹה לְאַהֲבָה.וַיְהִי לוֹ נָשִׁים שָׂרוֹת שְׁבַע מֵאוֹת וּפִלַגְשִׁים שְׁלֹשׁ מֵאוֹת וַיַּטּוּ נָשָׁיו אֶת-לִבּוֹ .וַיְהִי לְעֵת זִקְנַת שְׁלֹמֹה נָשָׁיו הִטּוּ אֶת-לְבָבוֹ אַחֲרֵי אֱלֹהִים אֲחֵרִים וְלֹא-הָיָה לְבָבוֹ שָׁלֵם עִם-יְהוָה אֱלֹהָיו כִּלְבַב דָּוִיד אָבִיו.וַיֵּלֶךְ שְׁלֹמֹה אַחֲרֵי עַשְׁתֹּרֶת אֱלֹהֵי צִדֹנִים וְאַחֲרֵי מִלְכֹּם שִׁקֻּץ עַמֹּנִים. וַיַּעַשׂ שְׁלֹמֹה הָרַע בְּעֵינֵי יְהוָה; וְלֹא מִלֵּא אַחֲרֵי יְהוָה כְּדָוִד אָבִיו. אָז יִבְנֶה שְׁלֹמֹה בָּמָה לִכְמוֹשׁ שִׁקֻּץ מוֹאָב בָּהָר אֲשֶׁר עַל-פְּנֵי יְרוּשָׁלִָם; וּלְמֹלֶךְ שִׁקֻּץ בְּנֵי עַמּוֹן. וְכֵן עָשָׂה לְכָל-נָשָׁיו הַנָּכְרִיּוֹת מַקְטִירוֹת וּמְזַבְּחוֹת לֵאלֹהֵיהֶן."
<<"Pero el rey Salomón amó a muchas mujeres extranjeras junto con la hija de Faraón; a las de Moab, a las de Amón, a las de Idumea, a las de Sidón, y a las heteas; de los gentiles de las cuales el SEÑOR había dicho a los hijos de Israel: No entraréis a ellas, ni ellas entrarán a vosotros; porque ciertamente ellas harán inclinar vuestros corazones tras sus dioses. A éstas pues se juntó Salomón con amor. Y tuvo setecientas mujeres reinas, y trescientas concubinas; y sus mujeres hicieron inclinar su corazón. Y ya que Salomón era viejo, sus mujeres inclinaron su corazón tras dioses ajenos; y su corazón no era perfecto con el SEÑOR su Dios, como el corazón de su padre David. Porque Salomón siguió a Astoret, diosa de los sidonios, y a Milcom, abominación de los amonitas. E hizo Salomón lo malo en los ojos del SEÑOR, y no fue cumplidamente tras el SEÑOR como David su padre. Entonces edificó Salomón un alto a Quemos, abominación de Moab, en el monte que está enfrente de Jerusalén; y a Moloc, abominación de los hijos de Amón. Y así hizo para todas sus mujeres extranjeras, las cuales quemaban perfumes, y sacrificaban a sus dioses.">>
El Señor castigó al rey que debería haber conseguido la paz con sus adversarios, como se puede observar en este capítulo. De hecho, este junto con Nehemías 13:23-26 contradicen a 1 Reyes 1-10 y nos muestran que incluso el rey más sabio no supo que no podías obedecer al Señor, ¡¡¡quién te dio la sabiduría!!!
Como profesor de hebreo bíblico trato de enseñar a mis alumnos que el nombre es solo una de las cosas a las que tenemos que prestar atención antes de interpretar el texto. ¡La otra es las acciones que lleva cabo dicho personaje!

Tuesday, October 18, 2016

¿Qué es la sinagoga de Satanás? (Apocalipsis 3: 9-13) - Dr. Eli Lizorkin-Eyzenberg - Oct. 5, 2015


¿Qué es la sinagoga de Satanás? (Apocalipsis 3: 9-13)

In by Dr. Eli Lizorkin-Eyzenbergoctubre 5, 201519 Comments

9 He aquí yo entrego de la sinagoga de Satanás a los que se dicen ser judíos y no lo son, si no que mienten; he aquí yo haré que vengan y se postren a tus pies, y reconozcan que yo  te he amado.

Usar una frase como “es uno de los versículos más mal interpretados de toda la Biblia” es como usar un cliché, pero en este caso, tal afirmación es actualmente verdadera. La interpretación tradicional es la siguiente:

Los judíos en la ciudad de Filadelfia odiaban y se oponían a los cristianos, pero según Dios, los cristianos eran ahora el verdadero pueblo de Dios (judíos espirituales) y no ellos (judíos carnales). Los judíos, a causa de su incredulidad en Jesús, ya no son judíos espirituales, los cristianos sí lo son. Llegará un día cuando los cristianos perseguidos vencerán (serán triunfadores), y de una manera u otra, los judíos incrédulos se someterán a ellos porque Dios dejará bien claro a todos, que Él está a favor  de los cristianos. Los judíos simplemente mintieron sobre su identidad. La Iglesia ahora ha llegado a ser lo que en un tiempo fue Israel.

Está claro que mi justo y simplificado sumario de la interpretación de estos textos es “por excelencia” un ejemplo de cómo funcionan las sustituciones o súper-cursos teológicos. ¿Y si esta lectura debería ser la apropiada de este texto? Hay algunos temas a considerar aquí.

Primero, las Biblias cristianas (bien intencionadas y traducciones fieles) caen todavía en la trampa del antiguo cristianismo anti-judío cuando decisiones de traducción se toman del texto judeo-griego Koiné del Nuevo Testamento, cuando es traducido al lenguaje moderno. Tomemos por ejemplo la palabra griega συναγωγῆς traducida aquí como sinagoga (de Satanás), mientras que en Santiago 2:2, cuando se da la orden para tratar a los adoradores pobres, a la par de los ricos, la misma palabra (συναγωγῆς ) es traducida como (su) asamblea. La palabra sinagoga (συναγωγῆς) en el Siglo I sigue lo que era en realidad una institución greco-romana que surgió y funcionó durante la época del exilio babilónico. Se convirtió en un lugar de reuniones judías para estudiar, orar, y confraternizar. Realmente significó algo así como una asamblea o encuentro. Santiago 2:2 es la traducción adecuada, pero en lugar de aplicar la misma lógica cuando un contexto completamente negativo estaba a la vista en Apocalipsis 3:9 (de Satanás), la inmensa mayoría de los traductores cristianos optaron por no llamarlo una asamblea, sino sinagoga de Satanás. En la mente de toda la gente moderna (judíos y similares) esta palabra evoca una clara afiliación con la religión que hoy llamamos judaísmo. Algo que no siempre las instituciones greco-romanas del primer siglo llamaron una συναγωγῆς (sinagoga) libremente usada por los judíos y no judíos por igual.

Segundo, y esto es absolutamente asombroso, Jesús en realidad dijo a los creyentes de Filadelfia que la gente que dice y hace esas cosas no son judíos. Pare y piense sobre esto por un segundo. Si no aceptamos la interpretación tradicional de que los judíos carnales no son los judíos espirituales, podríamos aceptar lo que puede ser llamado como el significado claro de las palabras de Jesús, es decir, que las personas que se oponían a ellos, no eran del todo judíos. Si no eran judíos, ¿qué eran? Dada la práctica generalizada de conversión a las ancestrales prácticas judías (conversión de prosélitos) o acercándose a ellos, como en el caso de los temerosos de Dios, podríamos estar tratando con gente súper-celosa, quienes eran completamente nuevos en las formas de vida judía, o quienes estaban superficialmente familiarizados con las tradiciones, y por lo tanto, no les representaban. Tenemos que pensar mediante otras posibilidades interpretativas de si las palabras de Jesús (que esa gente no eran judía) pudieron ser tomadas literal o seriamente.

Las siete asambleas del Asia Menor fueron compuestas por un gran número de temerosos de Dios (gentiles) que se unieron a la fe de Israel por medio del recibimiento de Jesús como el Cristo (Mesías) y las asambleas incluyeron a aquellos israelitas que siguieron a Jesús como Mesías antes que ellos. Es muy probable que algunos de los preceptos de no-conversión en Hechos 15:29 tuviesen la culpa. El grupo de gente guiada por convertidos súper-celosos en la forma ancestral de vida judía, y que, hasta hace poco, no eran miembros del pueblo judío, eran los que estaban detrás de la persecución de los creyentes en Filadelfia. Ellos, fuertemente se opusieron a que los gentiles se uniesen al pueblo judío sin una anterior conversión prosélita, algo que el Concilio de Jerusalén no requería (Hechos 15:29) y que el Apóstol Pablo claramente prohibió (I Cor. 7:17-24). Jesús aseguró a los gentiles que le seguían según las decisiones del Concilio de Jerusalén (vs. aquellos que escogieron el camino de conversión prosélita al Dios de Israel) que ellos hacían lo correcto y que serían final y públicamente aprobados por Él (Apocalipsis. 3:9b). También les alabó por su buen desempeño.

10 Por cuanto has guardado la palabra de mi paciencia, yo también te guardaré de la hora de la prueba que ha de venir sobre el mundo entero, para probar a los que moran en la tierra.

En el Imperio Romano, los judíos eran una numerosa minoría muy privilegiada. Desde que los seguidores de Jesucristo, de todas las naciones, fueron advertidos de no aceptar el proselitismo judío de conversión, vinieron a ser un estorbo para ambos, para la prevalente cultura romana y para la mayoría de judíos que no entendían por qué se contaban a ellos mismos entre el pueblo del Dios de Israel sin unirse oficialmente al propio pueblo. Este era el principal significado de conversión en la reciente antigüedad. Jesús, prometió a estos valiosos creyentes, que desde que aceptaron sus mandatos a pesar de las enormes dificultades, Él, en recompensa, los preservaría de los momentos de gran dificultad que pronto llegarían. Es muy posible que la amplia persecución imperial a los gentiles seguidores del Cristo judío estuviera en mente. Esta particular persecución tuvo lugar bajo el gobierno del Emperador Nerón (64-68 D.C).

11 He aquí yo vengo pronto; retén lo que tienes, para que ninguno tome tu corona. 12-Al que venciere, yo lo haré columna en el templo de mi Dios, y nunca más saldrá de allí;  y escribiré sobre él el nombre de mi Dios, y el nombre de la ciudad de mi Dios, la nueva Jerusalém, la cual desciende del cielo, de mi Dios, y mi nombre nuevo.13-El que tiene oídos, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias.

En el Imperio Romano, los judíos, incluidos los judíos seguidores de Jesús, eran una minoría protegida por la ley. Los gentiles seguidores del Cristo judío no lo eran. Los paganos anteriormente romanos que se unieron a esta coalición judía sin una actual conversión a las ancestrales tradiciones judías y a su forma de vida, eran vulnerables a los ataques de sus enemigos por ambos lados– por los paganos romanos que les despreciaban y por los anteriores paganos romanos que habían pasado por una conversión prosélita al judaísmo (los que decían “son judíos, pero no lo son” en Apocalipsis 3:9).

Aún con la promesa de preservación (Apocalipsis. 3:10) durante la persecución que había de llegar y la supervivencia/superación no sería fácil. Sin embargo, una vez conseguida la recompensa del reino israelita para los gentiles, miembros de esta coalición judía, sería enorme. Los miembros de las naciones del mundo que se unieron al Jesús judío, no como judíos, sino como miembros de las naciones, serían reconocidos y tratados como ciudadanos de primera clase en el Reino del Dios de Israel.
Con cariño,
Noel y Silvia

Monday, October 17, 2016

La Voz de la Biblia - Yacov Rosemberg


Noel, Shalom desde Jerusalén,

Hace miles de años, las palabras hebreas antiguas de la Biblia original fueron escritas de una manera difícil: sin vocales y sin espacios entre las palabras. Esto hizo que fuera muy difícil de leer. Las palabras estaban compuestas sólo por consonantes y, para leer un versículo de la Biblia, la persona tenía que ser una experta muy instruida. Entonces,
¿cómo se leía la Biblia?

¿Cómo se escribió la Biblia?

Uno de los fenómenos más notables de la Biblia Hebrea es su escritura. Cuando leemos la Biblia en hebreo, vemos que las letras están rodeadas de pequeños puntos. Estos puntos sirven para ayudarnos a pronunciar las palabras correctamente. En la antigüedad, el sistema de escritura del idioma hebreo no incluía vocales. Por lo tanto, la lectura era una tarea muy difícil. Durante muchos siglos, un pequeño grupo de sabios eruditos conservó los sonidos auténticos de la Biblia - que fueron transmitidos en forma oral desde Moisés -.

¡Cualquier persona puede leer la Biblia!

En el siglo IX D.C., tuvo lugar un cambio impactante en la ciudad de Tiberias. ¡Un grupo de sabios conocido como los Masoretas ("los tradicionalistas") añadió vocales al texto bíblico! Estas vocales no son letras reales tales como las vocales en español (A, E, I, O, U), sino que se trata de pequeños puntos colocados alrededor de cada letra. Las personas ya no tenían que dedicar varios años de aprendizaje para memorizar la forma correcta de pronunciar la Biblia. Al agregar las vocales, los Masoretas hicieron que la auténtica tradición de Moisés estuviera al alcance de todos.

Lo realmente extraordinario sobre la obra de los Masoretas no es simplemente la invención de las vocales, sino que la forma en que conservaron y expusieron la pronunciación correcta de la Biblia Hebrea.
Extracto tomado del blog de: Yakov Rosenberg
Profesor de Hebreo Bíblico, eTeacherbiblical 

Friday, October 14, 2016

Leon de Juda - Jonathan Lipnick


Noel, Shalom desde Jerusalén,

En el libro del Apocalipsis, se menciona explícitamente al Mesías como “el León de la tribu de Judá”, el único “digno de abrir el libro”, el que ha vencido y cuya procedencia es de la raíz de David (5:5). Como bien sabemos, Jesús era hijo de José y descendía del linaje de David. Precisamente, en eso erradicaba su vínculo con la tribu de Judá. ¿Pero que se esconde tras la figura simbólica del león? ¿Por qué un león?

Del último al primero

Para comprender el vínculo entre el león y la tribu de Judá que se menciona en el libro del Apocalipsis, hemos de acudir al libro del Génesis. El patriarca Jacob, en su lecho de muerte, bendice a su cuarto hijo, Judá y exclama: “Cachorro de león, Judá; de la presa subiste, hijo mío. Se encorvó, se echó como león, así como león viejo: ¿quién lo despertará?” (Gen. 49:9).

Los reyes del antiguo Israel

En tiempos bíblicos, los leones recorrían la tierra de Israel. Se les podía ver entre los densos juncos de las riberas del río Jordán. Como esta región pertenecía a la tribu de Judá, el león se convirtió en su símbolo. Y así, de igual forma que un león se iniciaba en la vida como un felino adorable para transformarse luego en un fiero depredaor, Judá nacía en la humilde posición del cuarto en la descendencia haciendo sombra a todos sus hermanos.

El hebreo, león de Dios

La palabra hebrea para león es Ari (ארי). Esto nos permite comprender por qué el profeta Isaías llama en numerosas ocasiones a Jerusalén Ariel (אריאל) ya que su significado es “león de Dios”. En la actualidad, el sello oficial de Jerusalén, la ciudad fundada por David y en la que Jesús fue crucificado, se caracteriza por tener representado un imponente león, rodeado de ramas de olivo. REF: Jonathan Lipnick
Jefe del Dep. de Estudios de la Tierra Santa de eTeacherbiblical

Thursday, October 13, 2016

La fiesta de las trompetas y el sacrificio de Isaac - Julia Blum


la fiesta de las trompetas y el sacrificio de Isaac

¡Shalom amigos!

Aquí en Israel, estamos en un tiempo llamado Chagim: Fiestas o Vacaciones. Hay dos palabras hebreas que escuchamos infinidad de veces durante estos días: Acherey Hachagim –“después de las fiestas”–. Todo está “congelado”, pospuesto, detenido durante estos días (muy parecido al tiempo de Navidad/Año Nuevo, pero con una pequeña diferencia, que Navidad/Año Nuevo dura dos días y nuestro Chagim dura casi un mes –el mes judío de Tishrei–).
Aquí en este blog, también queremos celebrar estos Días Santos. Aún cuando en nuestro último post, les hicimos la pregunta principal y final sobre nuestro estudio del Mesías Oculto: ¿Por qué Yeshua estaba oculto de Israel? – buscaremos una respuesta– “Acherey Hachagim”–después de las fiestas–. Por ahora, vamos a hablar sobre las Fiestas y ya que esta semana es la Fiesta de las Trompetas (este es el nombre bíblico y el significado de esta Fiesta), ese será nuestro tema para hoy.
El nombre bíblico judío para esta fecha es Yom Teruah (יוֹם תְּרוּעָה‎‎), literalmente “día [de] gritar/explotar”, traducido como la Fiesta de Trompetas. Seguramente conoces esta fiesta como Rosh HaShanah –Año Nuevo Judío–. “Rosh” es la palabra hebrea para “cabeza”, “Ha” es el artículo definitivo (el/la)y “shanah” significa “año”. Así Rosh HaShanah quiere decir Cabeza [de] Año, refiriéndose al año nuevo judío (a propósito, uno de nuestros “cuatro años nuevos” en Israel).
El término “Rosh HaShanah” en su significado actual, no aparece en la Torá. Levítico 23:24 se refiere al festival del primer día del séptimo mes como Zikhron Teru’ah  ([un] memorial [de] soplar [las trompetas]); también en la misma parte de Levítico se refiere como ‘שַׁבַּת שַׁבָּתוֹן’ (shabbat shabbaton) y un “día santo para Dios”. En Números 29:1 se le llama festival de Yom Teru’ah (“Día [de] soplar [las trompetas]”), y especifica las diferentes ofrendas que debían ser ofrecidas.
Rosh HaShanah es también el Día del Juicio: Yom HaDin. Según el tratado del Talmud referente a Rosh HaShanah, tres libros son abiertos este día: el Libro de la Vida, para los justos, el Libro de la Muerte para los malvados, quienes reciben el sello de la muerte y un tercer libro para la clase intermedia. A la clase intermedia le es concedido un periodo de diez días, hasta Yom Kippur, para reflexionar y arrepentirse –así el juicio final no tendría lugar hasta Yom Kippur–.
La lectura de la Torá para Rosh HaShanah son los capítulos 21 y 22 del Génesis. Es imposible ignorar el significado de estos capítulos en el misterio de Dios. En el pasado, mi atención había sido atraída por Akedat Yitzhak en Génesis 22 y por el hecho de que Génesis 22 se lee cada Año Nuevo Judío. ¿Por qué leemos la historia del sacrificio de Isaac cada Rosh HaShanah? Una de las explicaciones tradicionales dice que el shofar, hecho con el cuerno de un carnero, nos recuerda la vinculación que hay entre Isaac y el carnero provisto por Dios para ser sacrificado en su lugar. Personalmente creo que la conexión es mucho más profunda. Escribí un libro basado en esta historia y aquí hay unos párrafos sobre el prólogo:
“Te pido que visualices la montaña, el lugar de uno de los más extraños eventos en la historia de Israel. Mira al anciano padre, quien con sus propias manos ata a su hijo y quien con sus propias manos le pone sobre el altar. Con cuchillo en mano, está preparado para alargar el brazo y matarle, pero… detenido por una voz desde el cielo, eleva la vista y ve un carnero enredado por sus cuernos en un matorral, el cual ofrece como ofrenda quemada en el lugar donde originalmente intentaba ofrecer a su hijo como sacrificio. Cuando milenios después recordamos esta montaña y estas tres figuras, nuestros corazones literalmente palpitan, siendo conscientes del cercano contacto físico con este secreto especial, con la anticipación de un misterio de Dios increíblemente importante, solo comprendido parcialmente, y todavía no revelado. Aquí nos rozamos contra alguna cosa que sin duda, todavía le pertenece a Dios, pero las incomprensibles turbulencias interiores, que nos agitan hasta el punto de incluso temblar exteriormente, manifiestan que este cuadro es algo así como un episodio de Sus planes y previsiones para la historia del mundo, modelados para nuestra visión. Esta antigua matanza del sacrificio del cordero, que tuvo lugar, quizás incluso antes del comienzo de los tiempos, pero que de alguna manera todavía resuena, excede todos los límites de la historia, tiempo y el fin del mundo. Algo increíblemente importante está tomando lugar aquí. Algo está tomando forma en el contexto de todos los largos siglos de la historia humana: un misterio sin solventar permanece detrás de estos hechos. ¿Te das cuenta de que cada año, durante las fiestas de Rosh HaShanah, al principio de cada año judío, esta historia nombrada “Akedah”, la historia de la vinculación y el sacrificio de Isaac, se lee en las sinagogas? ¿Por qué? ¿Qué es tan importante para nosotros, que cada vez que entramos a un nuevo año de nuestro caminar terrenal, todavía recordamos la historia? ¿Por qué el padre tenía que sacrificar a su hijo? ¿Quién era ese hijo puesto sobre el altar por su padre? Y ese cordero enredado por los cuernos en el matorral –¿qué simboliza?–. Encontré un pasaje interesante en la Haggadah: “Y oí desde más allá del Velo Celestial, estas palabras: ‘No Isaac, sino el carnero predestinado para la ofrenda quemada…’”
Con esta escena, en este prólogo, no solo de la historia de Israel, sino en efecto de toda la historia de la humanidad, se encapsula la totalidad del diseño de Dios por los siglos, Su plan completo para la humanidad. No es coincidencia que el lugar donde todo esto sucedió, haya venido a ser el principal punto focal de Dios en el mundo visible. Es el Monte Moriah, el Monte del Templo en Jerusalén, en donde el Templo será construido para que el Señor, un día lo llene con Su gloria. ‘Dios proveerá para Sí mismo un cordero como ofrenda quemada,’[1] Abraham le dice a Isaac, y aunque allí en la montaña, en un principio se vean dos figuras –Abraham e Isaac, padre e hijo– poco después aparece alguien más en escena: el carnero, enredado por los cuernos en el matorral.[2] El cordero, el que Dios proveyó por Sí mismo para ser quemado como ofrenda. Ni Abraham ni tampoco nosotros los lectores, podríamos ver cómo y cuando llegó allí; simplemente estaba allí, y había estado desde el principio. En fuentes judías se dice que el carnero, este cordero, había sido sacrificado antes de la creación del mundo. Este es el por qué, cada vez a principios del año, leemos esta historia que de alguna manera nos trae ecos desde más allá del reino del tiempo. A la luz de esto, podemos discernir cómo, en el plan de Dios para la Salvación de la humanidad, en el principio eran dos: Dios e Israel que es llamado el hijo y primogénito, pero en la dispensación de la plenitud de los tiempos[3] aparece que también existe ‘el Cordero’, quien desde la creación del mundo estaba destinado para el sacrificio. Recuerda la porción que he citado anteriormente de la Haggadah: “Y oí desde más allá del Velo Celestial estas palabras: ‘No Isaac, sino el carnero predestinado para la ofrenda quemada’”. El Cordero sacrificado desde la fundación del mundo toma el lugar en el altar, aquel a quien Dios Mismo ha llamado Su Hijo primogénito”.[4]
[1] Génesis 22:8
[2] Génesis 22:13
[3] Efesios 1:10
[4] Si tu eres el Hijo de Dios, desciende de la cruz; este es el link del libro: https://www.amazon.com/Julia-Blum/e/B00LUY0JN8/ref=sr_ntt_srch_lnk_8?qid=1474990243&sr=8-8
Yo los invito a visitar la página de Julia Blum en Amazon.   Yo he quedado encantado siempre que leo sus artículos en el blog de eTeaherBiblial; y me he atrevido a postear sus artículos para compartir con el número limitado de lectores (todos del Camino Neo-Catecumenal – Siempre atribuyendo el crédito a la autora, Julia Blum).
Julia Blum
Profesora Adjunta, Dept. de Estudios Bíblicos, eTeacherBiblical.